Cabalgando al Tigre

Martes, 31 Octubre, 2006

Oriente también degenera…

Guardado en: Notas "editoriales" — by Aspirante a domador @ 8:40 pm

tecnohindu.jpg… y a una velocidad que parece querer recuperarse de su “retraso”; me congratulo a través de este artículo de El Mundo de lo fácil que resulta ahora comunicarse con la Divinidad gracias a las nuevas tecnologías. No tiene desperdicio: una prueba más de cómo oriente se des-orienta, asumiendo valores occidentales como propios sin estar preparado, ni cultural ni psicológicamente, para ello. Resultado: algunos están ya más occidentalizados que los occidentales. Algo parecido pasa en China, donde la devoción de una gran parte del país tiene como objeto de culto el dinero, en una carrera por alcanzar los niveles de capitalismo más ultramontano; eso sí, encubierto por la habitual profusión de gramática parda del Establishment. No voy a entrar en la tópica crítica a ciertos valores occidentales modernos, ya que todo lo que se me podría ocurrir lo han dicho ya otros mucho mejor de lo que yo podría, pero lo que sí diré es que, desde un punto de vista estrictamente antropológico, cuando un pueblo asume unos valores que son extraños a su cultura, y además lo hace a gran velocidad y con complacencia, gracias al poder hipnótico de los medios de difusión masivos, el resultado es siempre… grotesco.

Para muestra, valga este botón; transcribo el artículo a continuación (¡vaya ripio inmundo!).

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MIGUEL ÁNGEL GAYO (EFE)
NUEVA DELHI.-
Ser espiritual en la India es cada día más cómodo gracias a ofertas tales como bendiciones vía SMS, templos multimedia, ciudades dedicadas a sectas o telepredicadores que invitan, simplemente, a hacer lo que a uno le ‘dé la gana’.

Cuando el famoso actor de Bollywood Amitabh Bachchan se recuperaba de una delicada intervención quirúrgica hizo una promesa: si salía vivo regalaría ‘algo único’ al templo Venkateswara de Tirumala, en el estado indio de Andra Pradesh.

Acostumbrados a tales ofrecimientos, los administradores del templo enviaron a un equipo de auditores que valoró el patrimonio de la estrella y le instaron a que su ofrenda no fuese inferior a los dos millones de dólares.

Otro de los ocho millones de devotos que entregan sus donativos cada año en esta fábrica de bendiciones, el también actor Rajnikut, prefirió agradecer la ayuda divina en forma de pantallas de plasma que fueron muy bien recibidas por los sacerdotes hindúes.

Devoción electrónica

La tecnología parece una ayuda venida del cielo que los dioses hindúes no han tardado en aprovechar.

Desde hace poco es posible hacer ofrendas económicas vía SMS y obtener a cambio la bendición del dios que a uno le despierte más devoción e incluso ingresar en un cajero automático la cantidad deseada para disfrutar instantáneamente de la predilección divina.

Luego se va al templo, se deposita el resguardo junto al altar de Krishna… y listo.

Aunque, puestos a elegir un altar, hay pocos más espectaculares que el del flamante templo Akshardham de Nueva Delhi.
Inaugurado hace un año por el presidente Abdul Kalam, podría tomarse por uno de los monumentos construidos hace cientos de años que hay en este país… si no fuera por los efectos especiales, rayos láser y hasta robots que convierten la visita al recinto sagrado en una experiencia más tecnológica que religiosa.

Ciudades wifi

Y es que la fe, o el misticismo, pueden llegarle a uno de la manera más insospechada, hasta sin cables de por medio.

La pequeña ciudad de Dharamsala, en la falda de los Himalayas, es desde hace mucho tiempo la capital del gobierno del Tíbet en el exilio. Y es además la capital wifi del budismo.

En 2005, un israelí proveniente de Silicon Valley decidió instalar, junto a un monje budista, una red inalámbrica de acceso a internet de la que ya disfrutan hoy más de 2.000 usuarios sin tener que pagar nada.

Su objetivo es ampliar la cobertura de la red a otros lugares cercanos y puede que la nutrida comunidad budista, ‘neo-hippy’ y mística en general, en gran parte occidental, decida cargar con su ordenador portátil la próxima vez que viaje allí para explicar a sus amigos por correo electrónico cómo progresa su espiritualidad.

Fe a la carta

Hay quien, sin embargo, prefiere ir a donde está la fe en lugar de esperar a que le llegue.

En las afueras de Pune, cerca de Bombay, está el Resort Internacional de Meditación de Osho, una auténtica ciudadela con su propio auditorio, una biblioteca, un complejo residencial, muchas tiendas e incluso su propio periódico, que publica puntualmente el ‘no-pensamiento’ del día.

Para integrarse en esa comunidad es imprescindible comprar túnicas blancas de meditación, un cojín para meditar, calcetines para andar descalzo, comer solamente en los restaurantes del Resort y adquirir un pase en forma de pegatina que ‘autoriza’ a su afortunado poseedor a reflexionar en una de las sesiones comunales.

Eso sí, hay pegatinas válidas para cinco sesiones a un precio especial.

Para los bolsillos más modestos siempre queda la televisión, donde se puede ver cada mañana al inefable gurú Sai Baba citando en la misma frase al Corán, a Sócrates y a Marx, o sacándose joyas de la boca sin parar.

Su máxima ‘Haz lo que quieras’, pero de una manera consciente y libre.

En cualquier caso, si uno intenta alguna de estas fórmulas de espiritualidad a la carta y se siente decepcionado, no debe preocuparse: su caso no será el primero.

Lunes, 30 Octubre, 2006

Sobre la oración hesicasta

Guardado en: Tradición Cristiana — by Aspirante a domador @ 10:17 am

foto5a.jpgPermitidme que abra un nuevo tema continuando con la charla suscitada en Gurdjieff a la luz de la tradición. En mi opinión, pensar que el camino del hesicasmo abre alguna puerta (operativa, se entiende) para alguno de nosotros, que somos, queramos o no, occidentales modernos, es una ilusión baladí, por supuesto si negar la posibilidad, por muy remota que sea, de que pueda existir una persona que verdaderamente se identifique con este camino. No hay más que ojear alguno de los tomos de la Filocalia (aquí podéis leer algunos fragmentos colgados hace ya tiempo en este blog) para comprobar el tipo de vida que llevaban los padres del desierto: absolutamente inconcebible e irreconciliable con nuestras posibilidades, me parece. Ya no es sólo la extrema dureza de sus condiciones de vida, en las antípodas de nuestro mundo, sino, y esto es aún más definitivo, su particular estructura psíquica, los convierte en seres de otra pasta en relación a nosotros. A mí esto me parece muy claro: la visión del mundo, los valores por los que se rigen, la interpretación de los acontecimientos, todo en ellos está ligado a una cultura, a una forma de vida y a un entorno que nos son a fortiori absolutamente impenetrables. Por supuesto, esto no quita un ápice de la fuerza y la verdad que destilan sus vidas y sus planteamientos, muy atractivos además por encarnar el extremo opuesto de lo que vivimos; sólo digo que pensar en el hesicasmo como un camino para el “occidental occidentalizado” es, yo creo, algo cándido, prescindiendo además de otras consideraciones problemáticas, pero tan imprescindibles, como sería, por poner un sólo ejemplo y no extenderme, encontrar una comunidad y un maestro hesicasta.

De todos modos, aquí os dejo un texto de lo que parece una de las excepciones. Seguro que os gustará.



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EL METODO DE ORACION HESICASTA
según la enseñanza del padre Serafín del Monte Athos

Cuando X, un joven filósofo, llegó al Monte Athos, había leído ya un cierto número de libros sobre la espiritualidad ortodoxa, particularmente la pequeña filocalia de la oración del corazón en los relatos del peregrino ruso. Estaba seducido sin estar verdaderamente convencido. Una liturgia vivida en su ciudad le había inspirado el deseo de pasar algunos días en el Monte Athos, con ocasión de sus vacaciones en Grecia, para saber un poco más sobre el método de la oración de los hesicastas, esos silenciosos a la búsqueda de “hesychia”, es decir, de paz interior.
Contar con detalle cómo llegó al padre Serafín, que vivía en un eremitorio próximo a San Pantaleón, sería demasiado largo. Digamos únicamente que el joven filósofo estaba un poco cansado. No encontraba a los monjes a la altura de sus libros. Digamos también que, si bien había leído varios libros sobre la meditación y la oración, no había rezado verdaderamente ni practicado una forma particular de meditación y lo que pedía en el fondo no era un discurso más sobre la oración o la meditación sino una “iniciación” que le permitiera vivirlas y conocerlas desde dentro por experiencia y no sólo de “oídas”.
El padre Serafín tenía una reputación ambigua entre los monjes de su entorno. Algunos le acusaban de levitar, otros de que gritaba y gemía, algunos le consideraban como un campesino ignorante, otros como un venerable staretz inspirado por el Espíritu Santo y capaz de dar profundos consejos así como de leer en los corazones.
Cuando se llegaba a la puerta de su eremitorio, el padre Serafín tenía la costumbre de observar al recién llegado de la manera más impertinente: de la cabeza a los pies, durante cinco largos minutos, sin dirigirle ni una palabra. Aquéllos a quienes ese examen no hacía huir, podían escuchar el áspero diagnóstico del monje:
En usted no ha descendido más abajo del mentón.
De usted, no hablemos. Ni siquiera ha entrado.
Usted… no es posible… que maravilla. Ha bajado hasta sus rodillas…
Hablaba del Espíritu Santo y de su descenso más o menos profundo en el hombre. Algunas veces a la cabeza, pero no siempre al corazón ni a las entrañas… Así es como juzgaba la santidad de alguien, según su grado de encarnación del espíritu. El hombre perfecto, el hombre transfigurado era para él, el habitado todo entero por la presencia del Espíritu Santo de la cabeza a los pies. “Esto no lo he visto sino una vez en el staretz Silvano, decía, era verdaderamente un hombre de Dios, lleno de humildad y de majestad”.
El joven filósofo no estaba aún ahí. El Espíritu Santo sólo había encontrado paso en él “hasta el mentón”. Cuando pidió al padre Serafín que le hablase de la oración del corazón y de la oración pura según Evagiro Póntico, el padre Serafín comenzó a gemir. Esto no desanimó al joven, que insistió. Entonces el padre Serafín le dijo: “Antes de hablar de la oración del corazón, aprende primero a meditar como la montaña…”. Y le mostró una enorme roca: “Pregúntale cómo hace para rezar. Después vuelve a verme”.

Meditar como una montaña
Así comenzó para el joven una verdadera iniciación al método de oración hesicasta. La primera meditación que le habían propuesto se refería a la estabilidad, al enraizamiento de un buen cimiento.
En efecto, el primer consejo que se puede dar al que quiere meditar no es de orden espiritual sino físico: siéntate. Sentarse como una montaña quiere decir tomar peso, estar grávido de presencia. Los primeros días al joven le costaba mucho quedarse inmóvil, con las piernas cruzadas, con la pelvis ligeramente más alta que las rodillas. Una mañana sintió realmente lo que quería decir meditar como una montaña. Estaba allí con todo su peso, inmóvil. Formaba una sola cosa con ella, silencioso bajo el sol. Su noción del tiempo había cambiado ligeramente. Las montañas tienen un tiempo distinto, otro ritmo. Estar sentado como una montaña es tener la eternidad delante, es la actitud justa para el que quiere entrar en la meditación: saber que está la eternidad detrás, adentro y delante de sí.
Antes de construir una iglesia es necesario ser piedra y sobre esta piedra (esta solidez imperturbable de la roca) Dios podría construir su Iglesia y hacer del cuerpo del hombre su templo. Así comprendía el sentido de la palabra evangélica: “Tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Se quedó así varias semanas. Lo más duro era pasar varias horas “sin hacer nada”. Era menester volver a aprender a estar, simplemente estar, sin objeto ni motivo. Meditar como una montaña era la meditación misma del Ser, “del simple hecho de Ser”, antes de cualquier pensamiento, cualquier placer o dolor.
El padre Serafín le visitaba cada día, compartía con él sus tomates y algunas aceitunas. A pesar de este régimen tan frugal, el joven parecía haber ganado peso. Su paso era más tranquilo. La montaña parecía haberle entrado en la piel. Sabía acoger su tiempo, acoger las estaciones, estar silencioso y tranquilo, a veces como la tierra árida y dura, otras veces como el flanco de una colina que espera la cosecha.
Meditar como una montaña había modificado igualmente el ritmo de sus pensamientos. Había aprendido a “ver” sin juzgar, como si diese a todo lo que crece en la montaña “el derecho de existir”.
Un día, unos peregrinos, impresionados por la calidad de su presencia, le tomaron por un monje y le pidieron la bendición. Al enterarse de esto, el padre Serafín comenzó a molerle a golpes… El joven empezó a gemir.
“Menos mal, creía que te habías hecho tan estúpido como los guijarros del camino… La meditación hesicasta tiene el enraizamiento, la estabilidad de las montañas, pero su objetivo no es hacer de ti un tocho muerto sino un hombre vivo”.
Tomó al joven del brazo y le condujo hasta el fondo del jardín donde, entre las hierbas salvajes, se podían ver algunas flores.
“Ahora ya no se trata de meditar como una montaña estéril. Aprende a meditar como una amapola, aunque no olvides por eso la montaña”.

Meditar como una amapola
Así fue como el joven aprendió a florecer.
La meditación es ante todo un cimiento y eso es lo que le había enseñado la montaña. Pero la meditación es también una “orientación” y es lo que ahora le enseñaba la amapola: volverse hacia el sol, volverse desde lo más profundo de sí mismo hacia la luz. Hacer de ello la aspiración de toda su sangre, de toda su savia.
Esta orientación hacia lo bello, hacia la luz, le hacía a veces enrojecer como una amapola. Aprendió también que para permanecer bien orientada, la flor debía tener el tallo erguido. Comenzó, pues, a enderezar su columna vertebral.
Esto le planteaba algunas dificultades porque había leído en ciertos textos de la filocalia que el monje debía estar ligeramente curvado, con la mirada vuelta al corazón y las entrañas.
Cuando pidió una explicación al padre Serafín, los ojos del staretz le miraron con malicia. “Eso era para los forzudos de otros tiempos. Estaban llenos de energía y había que recordarles la humildad de la condición humana. Doblarse un poco el tiempo de la meditación no les hacía ningún daño… pero tú más bien tienes necesidad de energía y por tanto, en el tiempo de la meditación, enderézate, estáte vigilante, ponte derecho vuelto hacia la luz, pero sin orgullo… por otro lado, si observas bien la amapola, te enseñará no sólo el enderezamiento del tallo sino además una cierta flexibilidad bajo las inspiraciones del viento y también una gran humildad”.
En efecto la enseñanza de la amapola consistía también en su fugacidad, en su fragilidad. Había que aprender a florecer pero también a marchitarse. El joven comprendía mejor las palabras del profeta: “Toda carne es como la hierba y su delicadeza es la de la flor de los campos. La hierba se seca, la flor se marchita… Las naciones son como una gota de agua de rocío en el borde de un cubo… Los jueces de la tierra apenas plantados, apenas arraigados…, se secan y la tempestad se los lleva como paja” (Is 40).
La montaña le había enseñado el sentido de la eternidad, la amapola le enseñaba la fragilidad del tiempo: meditar es conocer lo Eterno en la fragilidad del instante, un instante recto, bien orientado. Es florecer el tiempo en que se nos ha dado florecer, amar en el tiempo en que se nos ha dado amar, gratuitamente, sin por qué; puesto que ¿por qué florecen las amapolas?
Aprendía así a meditar “sin objeto ni beneficio”, por el placer de ser y de amar la luz. “El amor tiene en sí mismo su propia recompensa”, decía San Bernardo. “La rosa florece porque florece, sin por qué”, decía también Angelus Silesius. La montaña florece en la amapola, pensaba el joven, todo el universo medita en mí. Ojal pueda enrojecer de alegría todo el tiempo que dure mi vida”. Este pensamiento era sin duda excesivo. El padre Serafín comenzó a sacudir a nuestro filósofo y de nuevo le cogió por el brazo.
Lo llevó por un camino abrupto hasta el borde del mar, a una pequeña cala desierta. “Deja ya de rumiar como una vaca el sentido de las amapolas. Adquiere también el corazón marino. Aprende a meditar como el océano.

Meditar como el océano
El joven se acercó al mar. Había adquirido un buen cimiento y una orientación recta; estaba en buena postura. ¿Qué le faltaba? ¿Qué podía enseñarle el chapoteo de las olas?. El viento se levantó. El flujo y reflujo del mar se hizo más profundo y eso despertó en él el recuerdo del océano. En efecto, el viejo monje le había aconsejado meditar “como el océano” y no como el mar. Cómo había adivinado que el joven había pasado largas horas al borde del Atlántico, sobre todo de noche, y que conocía ya el arte de poner de acuerdo su respiración con la gran respiración de las olas. Inspiro, expiro… y luego soy inspirado, soy expirado. Me dejo llevar por el soplo como alguien que se deja llevar por las olas. Hacía el muerto, llevado por el ritmo de las respiraciones del océano. Eso le había conducido a veces al borde de extraños desvanecimientos. Pero la gota de agua, que en otro tiempo “se desvanecía en el mar” guardaba hoy su forma, su consciencia. ¿Era efecto de su postura?, ¿de su enraizamiento en la tierra?. Ya no era el ritmo profundizado de su respiración quién le llevaba. La gota de agua conservaba su identidad y sin embargo sabía “ser una” con el océano. De este modo el joven aprendió que meditar es respirar profundamente, dejar ir el flujo y reflujo del aliento.
Aprendió igualmente que aunque hubiese olas en la superficie, el fondo del océano seguía estando tranquilo. Los pensamientos van y vienen, nos llenan de espuma, pero el fondo del ser permanece inmóvil. Meditar a partir de las olas que somos para perder pie y echar raíces en el fondo del océano. Todo esto se hacía cada día un poco más vivo en él y se acordaba de las palabras de un poeta que le habían impresionado en su adolescencia: “La existencia es un mar lleno de olas que no cesan. De este mar la gente normal sólo percibe las olas. Mira cómo de las profundidades del mar aparecen en la superficie innumerables olas mientras que el mar queda oculto en ellas”.
Hoy el mar le parecía menos “oculto en la olas”, la unidad de las cosas parecía más evidente sin que esto aboliera la multiplicidad. Tenía menos necesidad de oponer el fondo y la forma, lo visible y lo invisible. Todo constituía el océano único de su vida.
En el fondo de su alma, ¿no estaba el ruah, el pneuma, el gran soplo de Dios?
“El que escucha atentamente su respiración, le dijo entonces el monje Serafín, no está lejos de Dios. Escucha quién está ahí, al final de tu expiración, quién está en el origen de tu inspiración”. En efecto, había momentos de silencio más profundos entre el flujo y reflujo de las olas, había allí algo que parecía llevar en sí el océano.

Meditar como un pájaro
Estar sobre un buen cimiento, estar orientado hacia la luz, respirar como un océano no es todavía la meditación hesicasta, le dijo el padre Serafín; ahora debes aprender a meditar como un pájaro. Y le llevó a una pequeña celda cercana a su eremitorio donde vivían dos tórtolas. El arrullo de los dos animalitos le pareció de momento encantador pero no tardó en ponerle nervioso. Parece que escogían el momento en que caía dormido para arrullarse con las palabras más tiernas. Preguntó al viejo monje que significaba todo aquello y si esa comedia iba a durar mucho. La montaña, la amapola, el océano, podían pasar (aunque uno pueda preguntarse qué hay de cristiano en todo ello), pero proponerle ahora este pájaro lánguido como maestro de meditación era demasiado.
El padre Serafín le explico que en el Antiguo Testamento la meditación se expresa con la raíz traducida en general al griego por m‚l‚t‚ -meletan- y en latín por meditari-meditatio. En su forma primitiva la raíz significa “murmurar a media voz”. Igualmente se emplea para designar gritos de animales, por ejemplo el rugido del león (Is 31,4), el piar de la golondrina y el canto de la paloma (Is 38,14), pero también el gruñido del oso.
“En el monte Athos no hay osos. Por eso te he traído junto a una tórtola, pero la enseñanza es la misma. Hay que meditar con la garganta, no sólo para acoger el aliento, sino para murmurar el nombre de Dios día y noche… Cuando eres feliz, casi sin darte cuenta canturreas, murmuras a veces palabras sin significado y ese murmullo hace vibrar todo tu cuerpo con una alegría sencilla y serena. Meditar es murmurar como una tórtola, dejar subir ese canto que viene del corazón, como tú has aprendido a dejar que suba a ti el perfume de la flor… Meditar es respirar cantando. Sin quedarnos mucho en su significado, te propongo que repitas, murmures, canturrees lo que está en el corazón de todos los monjes del monte Athos: “Kyrie eleison, Kyrie eleison… “
Esto no le gustaba mucho al joven filósofo. En algunas bodas o entierros lo había oído traducido por: “Señor, ten piedad”.
El monje se puso a sonreir: “Sí, es uno de los significados de esta invocación, pero hay otros muchos. Quiere decir también “Señor, envía tu Espíritu”, que tu ternura esté sobre mi y sobre todos”, “que tu nombre sea bendito”, etc, pero no busques demasiado el sentido de la invocación. Ella se te revelar por sí misma. De momento sé sensible y estáte atento a la vibración que despierta en tu cuerpo y en tu corazón. Procura armonizarla apaciblemente con el ritmo de tu respiración. Cuando te atormenten tus pensamientos recurre suavemente a esta invocación, respira más profundamente, manténte erguido y conocerás el comienzo de la hesiquia, la paz que da Dios sin engaño a los que le aman”.
Al cabo de algunos días el “Kyrie eleison” se le hizo más familiar. Le acompañaba como el zumbido acompaña a la abeja cuando hace la miel. No lo repetía siempre con los labios. El zumbido se hacía entonces más interior y su vibración más profunda.
El “Kyrie eleison” cuyo sentido había renunciado a “pensar” le conducía a veces al silencio desconocido y se encontraba en la actitud del apóstol Tomás cuando descubrió a Cristo resucitado: “Kyrie eleison”, mi Señor es mi Dios.
La invocación le llevaba poco a poco a un clima de intenso respeto por todo lo que existe. Pero también de adoración por lo que está oculto en la raíz de toda existencia.
El padre Serafín le dijo entonces: “Ya no estás lejos de meditar como un hombre. Tengo que enseñarte la meditación de Abraham”.

Meditar como Abraham
Hasta aquí la enseñanza del staretz era de orden natural y terapéutico. Según el testimonio de Filón de Alejandría, los antiguos monjes eran “terapeutas”. Más que conducir a la iluminación, su papel consistía en curar la naturaleza; ponerla en las mejores condiciones para que pudiera recibir la gracia, que no contradecía la naturaleza sino que la restauraba y cumplía. Es lo que hacía el monje con el joven filósofo enseñándole un método de meditación que algunos podrían llamar “puramente natural”. La montaña, la amapola, el océano, el pájaro, eran otros tantos elementos de la naturaleza que recuerdan al hombre que debe ir más lejos, recapitular, los diferentes niveles del ser o incluso los diferentes reinos que componen el macrocosmos: el reino mineral, el reino vegetal, el reino animal… A menudo el hombre ha perdido el contacto con el cosmos, con la roca, con los animales y esto ha provocado en él desazones, enfermedades, inseguridades, ansiedad. La persona humana se siente “de más”, extranjera en el mundo. Meditar era comenzar a entrar en la meditación y la alabanza del universo porque, como dicen los Padres, “todas las cosas saben rezar antes que nosotros”. El hombre es el lugar en que la oración del mundo toma consciencia de ella misma; está para nombrar lo que balbucean las criaturas. Con la meditación de Abraham entramos en una consciencia nueva y más alta que se llama fe, es decir, la adhesión de la inteligencia y del corazón en ese “tú” que se transparenta en el tuteo múltiple de todos los seres.
Esa es la experiencia de Abraham: detrás del titilar de las estrellas hay algo más que estrellas, una presencia difícil de nombrar, que nada puede nombrar y que sin embargo posee todos los nombres.
Es algo más que el universo y que sin embargo no puede ser aprehendido fuera del universo. La diferencia que hay entre el azul del cielo y el azul de una mirada, más allá de todos los azules. Abraham iba a la búsqueda de esa mirada.
Después de haber aprendido el cimiento, el enraizamiento, la orientación positiva hacia la luz, la respiración apacible de los océanos, el canto interior, el joven estaba invitado a despertar el corazón. “He aquí que de repente tú eres alguien”. Lo propio del corazón es, en efecto, personalizarlo todo y en este caso, personalizar al Absoluto, la fuente de todo lo que es y respira, nombrarlo, llamarle “mi Dios, mi Creador” e ir en su Presencia. Para Abraham meditar es mantener bajo las apariencias más variadas el contacto con esta Presencia. Esta forma de meditación entra en los detalles concretos de la vida cotidiana. El episodio de la encina de Mambr nos muestra a Abraham “sentado a la entrada de la tienda, en lo más cálido del día”; allí acoger a tres extranjeros que van a revelarse como enviados de Dios. Meditar como Abraham, decía el padre Serafín, es “practicar la hospitalidad: el vaso de agua que das al que tiene sed, no te aleja del silencioso son que te acerca a la fuente. Meditar como Abraham, ya lo entiendes, no sólo despierta en ti paz y luz sino también el amor por todos los hombres”. El padre Serafín leyó al joven el famoso pasaje del libro del Génesis en que se trata de la intercesión de Abraham.
“Abraham estaba delante de Yahvé… se acercó y le dijo: ¿Vas a suprimir al justo con el pecador? ¿Acaso hay cincuenta justos en la ciudad y no perdonarás a la ciudad por los cincuenta justos que hay en su seno…?” Poco a poco Abraham fue reduciendo el número de los justos para que Gomorra no fuera destruida. “Que mi Señor no se irrite y hablaré una vez más: ¿Acaso se encontrarán Diez?” (Gen 18,16)
Meditar como Abraham es interceder por la vida de los hombres, no ignorar su corrupción pero sin embargo no desesperar jamás de la misericordia de Dios.
Este estilo de meditación libera el corazón de cualquier juicio y condena, en todo tiempo y lugar. Aunque sean muchos los horrores que pueda contemplar, llama al perdón y a la bendición.
Meditar como Abraham lleva aún más lejos. Las palabras pugnaban por salir de la garganta del padre Serafín, como si quisiera ahorrar al joven una experiencia por la que él mismo había debido pasar y que despertaba en su memoria un temblor casi sutil… esto puede llevar hasta el sacrificio… y le citó el pasaje del Génesis en que Abraham se muestra dispuesto a sacrificar a su propio hijo Isaac: “Todo es de Dios, murmuró el padre Serafín, Todo es de Él, por Él y para Él. Meditar como Abraham te lleva a una total desposesión de ti mismo y de lo que te es más querido… Busca lo que valoras más, lo que identifica tu yo… para Abraham era su hijo único. Si eres capaz de esta donación, de ese abandono moral, de esa confianza infinita en lo que trasciende toda razón y todo sentido común, todo te será devuelto centuplicado. “Dios proveerá”. Meditar como Abraham es adherirse por la fe a lo que trasciende el universo, es practicar la hospitalidad, interceder por la salvación de todos los hombres. Es olvidarse de uno mismo y romper los lazos más legítimos para descubrirnos a nosotros mismos, a nuestros prójimos y al universo habitado por la infinita presencia del “Único que es”.

Meditar como Jesús
El padre Serafín se mostraba cada vez más discreto. Notaba los progresos que hacía el joven en su meditación y oración. Varias veces le había sorprendido con el rostro bañado en lágrimas, meditando como Abraham e intercediendo por los hombres: “Dios mío, misericordia. ¿Que será de los pecadores?”. Un Día, el joven fue hacia él y le preguntó: padre ¿por qué no me hablas nunca de Jesús? ¿Cómo era su oración, su forma de meditar?. En la liturgia y en los sermones sólo se habla de él. En la oración del corazón, tal como se describe en la filocalia, hay que invocar su nombre. ¿Por qué no me dices nada de eso?”.
El padre Serafín pareció turbarse; como si el joven le preguntara algo indecente, como si tuviera que revelar su propio secreto. Cuanto más grande es la revelación recibida, más grande debe ser nuestra humildad para transmitirla. Sin duda no se sentía tan humilde: “Eso sólo el Espíritu Santo te lo puede enseñar. “Quién es el Hijo lo sabe sólo el Padre; quién es el Padre, lo sabe sólo el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Lc 10, 22)”. Tienes que hacerte hijo para rezar como el Hijo y tener con quién él llama su Padre, las mismas relaciones de intimidad que él y esto es obra del Espíritu Santo. El te recordará todo lo que Jesús ha dicho. El evangelio se hará vivo en ti y te enseñará a rezar como hay que hacerlo”.
El joven insistió: “Pero dime algo más”. El viejo sonrió: “Ahora, lo que mejor podría hacer sería gemir, pero tú lo tomarías como un signo de santidad; por lo tanto mejor ser decirte las cosas con sencillez. Meditar como Jesús recapitula todas las formas de meditación que te he transmitido hasta ahora. Jesús es el hombre cósmico… sabía meditar como la montaña, como la amapola, como el océano, como la paloma. Sabía meditar como Abraham. Su corazón no tenía límites, amando hasta a sus enemigos, sus verdugos: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Practicando la hospitalidad con los que se llamaban enfermos y pecadores, los paralíticos, las prostitutas, los colaboracionistas… Por la noche se retiraba a orar en secreto y allí murmuraba como un niño “abba”, que quiere decir “papá”… Esto puede parecer insignificante, llamar “papá” al Dios transcendente, infinito, innombrable, más allá de todo. El cielo y la tierra se acercan terriblemente. Dios y el hombre se hacen una sola cosa… quizás hace falta que alguien te haya llamado “papá” en la oscuridad para comprenderlo… Pero tal vez hoy estas relaciones íntimas de un padre y una madre con su hijo ya no signifiquen nada. Quizás sea una mala imagen. Por eso yo prefería no decirte nada, no usar imágenes y esperar a que el Espíritu Santo pusiera en ti los sentimientos y el conocimiento de Jesucristo para que ese “abba” no saliera de la punta de los labios sino del fondo de tu corazón. Ese día empezar s a comprender lo que es la oración, la meditación de los hesicastas”.

Ahora vete
El joven se quedó algunos días más en el monte Athos. La oración de Jesús le llevaba a los abismos, a veces al borde de una cierta “locura”. “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”, podía decir con san Pablo. Delirio de humildad, de intercesión, de deseo de que “todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad”. Se hacía amor, se hacía fuego. La zarza ardiente ya no era para él una metáfora sino una realidad: “Ardía pero sin consumirse”. Fenómenos extraños de luz visitaban su cuerpo. Algunos decía que le había visto andar sobre el agua o estar inmóvil a treinta centímetros del suelo…
Esta vez el padre Serafín se puso a gemir: “¡­Ya está bien! Ahora vete”. Y le pidió que dejara Athos, que volviera a su casa y que viese allí lo que quedaba de esas bellas meditaciones hesicastas.
El joven se fué. Volvió a su país. Lo encontraron más delgado y no vieron nada espiritual en su barba más bien sucia ni en su aspecto más bien descuidado… Pero la vista de su ciudad no le hizo olvidar la enseñanza de su staretz.
Cuando estaba muy agobiado, sin nada de tiempo, se sentaba como una montaña en la terraza del café.
Cuando sentía en él orgullo o vanidad, se acordaba de la amapola (”toda flor se marchita”) y de nuevo su corazón se volvía hacia la luz que no pasa nunca.
Cuando la tristeza, la cólera, el disgusto, invadía su alma, respiraba profundamente, como un océano, volvía a tomar aliento en el soplo de Dios, invocaba su nombre y murmuraba: “Kyrie Eleison”.
Cuando veía el sufrimiento de los seres humanos, su maldad y su impotencia para cambiar nada, se acordaba de la meditación de Abraham.
Cuando le calumniaban, cuando decían de él todo tipo de infamias, era feliz meditando con Cristo…
Exteriormente era un hombre como los demás. No intentaba tener “aire de santo”…
Había olvidado incluso que practicaba el método de oración hesicasta; simplemente intentaba amar a Dios cada momento y caminar en su presencia.

Miércoles, 25 Octubre, 2006

Second Life: más virtual, más real

Guardado en: Notas "editoriales" — by Aspirante a domador @ 8:16 am

sl.jpgLeo de nuevo en una de las entradas del 24 de octubre del Blog de Enrique Dans algunas anotaciones muy interesantes y actualizadas sobre Second Life, el mundo virtual sobre el que ya comenté algo aquí. A continuación las transcribo; las negritas son mías. También os dejo la grabación de la entrevista que le hicieron a este respecto en la SER.

# Creado por Linden Lab en 2003. Linden Lab fue fundada por el Chief Technology Officer (CTO) de RealNetworks, Philip Rosedale
# Su objetivo es demostrar la viabilidad de una economía virtual (“no estoy construyendo un juego, estoy construyendo un nuevo país”)
# Massively Multiplayer Online Game (MMOG)
# La infraestructura reside en un parque de servidores conocido como “The Grid”, donde están definidos los simulators o “sims”. Un sim es un cuadrado de 256×256m. (65.536 m2) que contiene todo lo que existe en SL (tierra, avatares y objetos). Los dos grids principales son Agni (main grid) y Siva (beta tests públicos). Cada servidor Class 4, los más habituales (con dos CPUs dual-core corriendo Debian Linux) puede alojar hasta 4 sims.
# Tecnológicamente, todo está desarrollado mediante estándares abiertos, de manera que puede programarse sobre ello, crearse cosas, etc. lo que da lugar a un ecosistema interesantísimo.
# Tierra (land) es casi como en el mundo real, pero más flexible. La puedes comprar y vender, pero también definir (altura, condiciones, etc.). Puede dividirse en parcelas, que pueden ser poseídas por un residente o un grupo, lo que ha dado origen a un mercado “inmobiliario” muy activo.
# Avatares, son los residentes. Originalmente tienen forma humanoide, y aunque pueden redefinirse hasta el extremo y en cualquier momento (hoy quiero los ojos azules…), por el momento no suelen perderla. Suelen llevar ropa, que puede definirse, comprarse, intercambiarse o venderse, y puede tener texturas. Pueden animarse (animations) para permitirles hacer cosas, y se les pueden añadir attachments de casi cualquier tipo. Pueden pertenecer a grupos, con los que pueden comunicarse en cualquier momento. Pueden volar.
# Objetos son construcciones hechas con prims, o bloques primordiales de formas determinadas. Hay miles, de todo tipo.
# Oportunidades de negocio: lo que se te ocurra, pero típicamente trabajos y profesiones (DJ, bailarina, profesor, conferenciante, periodista, etc.), proveedor de productos o servicios que vendes (ropa, objetos, programas para hacer cosas, etc.) o dedicándote a la compraventa (terrenos, edificios, etc.). Reebok, Sony o American Apparel han creado y vendido líneas de productos en SL, hay conciertos, clases, etc. y existe un importante mercado para el sexo digital.
# En este momento, unos $3.2 millones de dólares reales fluyendo en SL. Cada día, $70.000 se intercambian en Linden dollars (L$) o LindeX.
# 272.1 L$/USD, 100 Linden dollars eran 29 céntimos de Euro esta mañana. En las últimas 24 horas, $610.076 intercambiados por los residentes de SL. La cotización del L$ ha fluctuado entre los 240 y 350 por dólar en el último año.
# Hay un Teen Grid para usuarios menores de 18 años en la que se persigue rigurosamente cualquier comportamiento obsceno o peligroso (juego, etc.) y en donde no puedes entrar si eres mayor de edad (te castigan con prohibición de acceso a todo SL). Cuando un residente del Teen Grid cumple 18 años, se le transfiere al Main Grid con todas sus propiedades. El tamaño del Teen Grid es significativamente más pequeño que el del Main Grid.
# Reuters abrió redacción en SL el pasado 16 de Octubre, Adam Reuters (Adam Pasick, periodista londinense) es un periodista virtual que cubre las noticias de SL. Reuters desarrolla además cuadros cotizaciones del L$ con respecto a otras monedas, seguimiento del PIB y la economía, etc.
# Cuando entras como cuenta gratuita recibes L$250 si das tus detalles de tarjeta de crédito y dirección. Si te suscribes como usuario de pago, recibes además L$1000. Además, hay asignaciones semanales, que han variado con el tiempo. Al principio, un residente gratuito recibía L$50 por semana, ahora nada. Un Premium ha pasado de recibir L$500 hasta hace poco (Julio) a L$400 (hasta Noviembre) y próximamente L$300. Ha habido muchas variaciones, y existe una cierta correlación laxa entre antigüedad y riqueza.
# Una cuenta de pago son $9.95/mes si pagas mensualmente, $22.50/trimestre ($7.50/mes), o $72/año ($6/mes). En su momento, hubo otras posibilidades (una suscripción permanente pagando $225, o 4.096m2 libres, etc.)
# Puedes poseer tierras, desde 512m2 sin cargos, hasta una isla completa (65,536m2 por $195/mes), en una estructura escalonada que empieza en $5/mes. Muchas empresas han comprado islas para todo tipo de actividades, algunos grupos musicales como Duran Duran tienen isla y dan conciertos en ella.
# El 18 de Octubre, hace una semana, se alcanzó el millón de residentes, esta mañana había 1.097.243. Más de medio millón son activos (han entrado en los últimos seis meses), esta mañana a las 8AM (11PM en “hora SL”) había unas 8.700 personas metidas en el sistema.
# El sistema económico de SL generó transacciones por valor de $3.596.674 durante el pasado mes de Septiembre. El PIB del mundo virtual se estima en $64 millones (Santo Tomé y Príncipe tiene $70 millones, las Seychelles, con todo su turismo, tienen sólo diez veces más). Más de tres mil emprendedores ganan más de $20.000 al año en SL. Una residente, Anshe Chung, ha ganado varios cientos de miles de dólares reales con actividades inmobiliarias y ha sido protagonista de un reportaje en Business Week.
# Hay todo tipo de actividades en SL:

* 20th Century Fox estrenó X-Men: The Last Stand en SL
* Adidas tiene presencia permanente, American Apparel vende ropa similar a sus modelos reales
* La American Cancer Society recauda fondos para sus actividades mediante eventos en SL
* Sun Microsystems ha dado una conferencia de prensa en SL
Disney ha usado SL para crear contenidos en varias de sus películas
* Mark Warner ha usado SL para su campaña al Senado norteamericano, con mítines y reuniones de su comité
* Leo Burnett Worldwide usa SL para reuniones de personas que trabajan dispersas en diferentes oficinas del mundo
* Suzanne Vega y Duran Duran han dado conciertos. La liga de Béisbol norteamericana ha retransmitido eventos y partidos en SL. La MTV ha desarrollado un programa de moda desde SL.

Lunes, 16 Octubre, 2006

Râbi’a, dichos y canciones de una mística sufí

Guardado en: Textos recomendados, Tradición Islámica — by Aspirante a domador @ 12:43 pm

rabia.jpgPerteneciente a la colección de Olañeta “Los pequeños libros de la sabiduría”, textos breves en un formato muy aquilatado (11×14 cm.), María Tabuyo edita, traduce y prologa esta selección de una de las grandes santas del Islam, Râbi’a al-’Adawiyya, que vivió el el siglo VIII (siglo II de la Hégira). A lo largo de estas páginas se pone en evidencia que el papel de la mujer en la espiritualidad musulmana, de gran importancia, nos resulta prácticamente desconocido, y como figuras muy relevantes en su época han caído en un injusto olvido: “Râbi’a es el ejemplo más célebre, pero no la única, y sin duda su renombre ha tenido el efecto colateral de mantener en la sombra la valiosa contribución de muchas otras. Por otra parte, subrayar su excepcionalidad ha servido también para mantener el tópico de la supuesta incapacidad de las mujeres para alcanzar ciertas metas de sabiduría y, muy especialmente, para alimentar las falsas imágenes del discurso occidental sobre el mundo islámico en general.” (Pág. 20)

Abundando en esto último, la idea más extendida sobre la forma de vida de aquella época no se ajusta a la realidad: “Porque lo que sí parece cierto es que, al menos en los primeros siglos de la Hégira, las mujeres vivían en el centro del espacio público, participando plenamente en la vida de la comunidad, [... y] se cuenta que incluso participaron en campañas guerreras, como Umm Haram, de la familia de Muhammad, que murió en el curso de una batalla (649). Además, y ya desde el principio, las mujeres desempeñaron papeles importantes en la historia del Islam: sus nombres aparecen en las cadenas de transmisión de los hadices proféticos, forman parte del linaje espiritual de los calígrafos, son ensalzadas como gnósticas y poetas, sin olvidar a las mujeres gobernantes, y a las que aparecen como amigas, maestras y discípulas de grandes espirituales musulmanes, como Fátima de Nishapur, maestra de Bâyazîd al-Bistâmî y Dhû’n-Nû’n al-Misrî, a la que as-Sulamî dedica encendidos elogios; Sha’wâna (s. II/VIII), «que vivía en al Ubulla [...] Predicaba y recitaba el Corán a la gente. A sus sesiones acudían ascetas, espirituales, adoradores, todos los que estaban cerca de Dios, y los maestros de los corazones y de la abnegación»; Al-Wahatiyya Umm al-Fadl (s. IV-V/X), «única en su discurso, su conocimiento y su estado espiritual. Era compañera de la mayor parte de los maestros espirituales de su tiempo [...]. El shaykh e imam Abû Sahl Muhammad ibn Sulaymân acudía a sus sesiones de enseñanza y escuchaba sus lecciones, como hacía también un grupo de shaykhs sufíes, como Abû al-Qâsim ar Râzî, Muhammad al Farrâ, ‘Abdallâh al-Mu’allim (el Maestro), y otros de su generación», o Fátima bint al-Muthanna (s. XIII e.c.), a la que Ibn ‘Arabî ensalza como maestra y sitúa entre las grandes mujeres ascetas de Córdoba. La lista sería interminable [...]. Importantes no sólo en el sufismo, sino en la espiritualidad y la sociedad musulmana en general, resultaría imposible escribir una historia del Islam sin contar con ellas, aunque poco a poco, con el transcurrir del tiempo, se fuera asistiendo a su apartamiento a la esfera privada, en lo que algunas investigadoras musulmanas designan como «la gran ocultación» [Nelly Amri] y otras «una tradición velada» [Rkia E. Cornell].” (Págs. 48-50)

Otro prejuicio del que nos advierte Tabuyo es el que presenta a Râbi’a como un ser extraordinariamente emocional en su concepción del amor: [...] parece conveniente situar ese amor en su verdadera dimensión, es decir, un amor que no se confunde con sensiblería ni es proyección de perturbaciones mentales o trastornos afectivos, sino amor sabio, recio, vigoroso, incondicional.” (Pág. 26)

A continuación os dejo algunos de los dichos que aparecen en este volumen.

Un día la gente vio a Râbi’a corriendo apresurada con una antorcha en una mano y un cubo de agua en la otra; le preguntaron:

-Señora del Otro mundo, ¿a dónde vas? ¿Qué andas buscando?

Y ella contestó:

-Voy al cielo. Quiero prender fuego al Paraíso y apagar el fuego del Infierno. Así, Infierno y Paraíso desaparecerán y sólo quedará Aquel al que se busca. Entonces pensarán en Dios sin esperanza ni temor y, de este modo, Le adorarán verdaderamente. Pues, si no existiera la esperanza del Paraíso ni el temor al Infierno, ¿acaso no adorarían al Veraz? ¿No le obedecerían? ¿No le amarían a Él solo por Él solo?” (Pág. 59)

 

-Tú- le dijo Hasan- conoces el porqué de las cosas, pero a nosotros no nos es dado conocerlo. Háblame de lo que se te ha revelado.

-Hoy- respondió Râbi’a- fui al mercado con dos rollos de cuerda; los vendí por dos monedas, para comprar comida. Cogí una moneda en cada mano; no quise ponerlas juntas no fuera a ser que me desviaran de la vía recta.” (Págs. 77-7 8)

 

Decía Râbi’a:

¡Oh Dios mío!

Cuantos bienes me hayas destinado en este mundo,

dáselos a tus enemigos,

y cuanto me hayas reservado en el otro mundo,

dáselo a tus amigos.

Porque a mí, Tú me bastas.(Pág. 81)

 

Se le preguntó a Râbi’a en qué momento el servidor de Dios se encuentra en un estado de abandono:

-Cuando la desgracia le alegra tanto como la felicidad- contestó” (Pág. 86)

 

Râbi’a preguntó un día a al-Thawrî:

-Qué es para ti la generosidad?

-Para los hijos de este mundo- respondió él- es dar abundantemente de los propios bienes. Para los hijos del otro mundo, es darse abundantemente ellos mismos.

-No, te equivocas- dijo ella.

-¿Qué es entonces para ti?

-Es servirle por amor, sin esperar por ello ventaja ni recompensa ninguna.” (Págs. 95-96)

 

Se cuenta que Râbi’a envió a Hasan al-Basrî estas tres cosas: cera, una aguja y un cabello. Y mandó al mensajero que le dijera:

«Hasan, arde como esta vela, e ilumina a los hombres. Comienza por estar desnudo como esta aguja, y solamente entonces entrégate a la acción. Cuando hayas hecho estas dos cosas, hazte tan fino [imperceptible] como este cabello si quieres que tu esfuerzo no haya sido en vano.” (Pág. 97)

 

Se cuenta que un día Râbi’a se encontró con el ángel de la muerte:

-¿Quién eres?- preguntó.

-¡Soy el demoledor de las delicias, quien deja tras de sí viudas y huérfanos!- dijo.

Râbi’a le respondió:

-¿Por qué te presentas en tus aspectos más crueles? ¿No podías decir: soy aquel que une al amante y al amado?” (Pág. 133)

Viernes, 6 Octubre, 2006

Second Life, una segunda… ¿vida?

Guardado en: Notas "editoriales" — by Aspirante a domador @ 3:48 pm

secondlife_main_485.jpgLa creación de un grupo con intereses comunes que se relaciona a través de Internet no es, ni de lejos, una ocurrencia novedosa: es de hecho incuestionable que cada vez avanzamos más hacia esa idea denominada “Internet 2.0”, consistente en la creación de una gran comunidad no-jerárquica (o “democrática”) que permita un intercambio constante y fluido de información de toda índole y en cuyo desarrollo cooperen todos los internautas, según las habilidades de cada uno. En este hilo quisiera centrarme en un fenómeno relacionado con esta “psicoglobalización” que, aunque tampoco es nuevo, sí es, hasta donde conozco, lo más avanzado al respecto; por medio de un amigo (gracias, Marius) he tenido noticia de la existencia de Second Life, citado por Enrique Dans en su hilo del 2 de octubre Second Life, en The Economist”. Dice Dans que Second Life es un “universo virtual en el que las personas pueden escoger sus avatares [su aspecto, su “cuerpo virtual”], su carácter y su modo de vida en función de parámetros completamente diferentes a los de la vida convencional. [...]. El artículo [se refiere al aparecido en The Economist al respecto, "Living a Second Life"] da abundantes datos acerca del ecosistema económico que Second Life está definiendo, en el que los principales emprendedores virtuales obtienen ya nada despreciables rendimientos de en torno a los $200.000 mediante las 230.000 transacciones de objetos virtuales de todo tipo desarrolladas en Linden dollars, intercambiables por dinero de verdad. Este año se estima una valoración económica o “PIB” de Second Life de alrededor de los sesenta millones de dólares.”

Ahondemos un poco más en esta Second Life, pues conviene, para los más legos, explicar un poco qué puede ofrecer este entorno a fin de comprender la verdadera dimensión de su capacidad ilusionante: se trata de un software desarrollado por Linden Lab cuyo objetivo era crear un mundo tridimensional donde grupos de gente pudiesen “realizar sus sueños e ideas”. Este programa te permite guiar tu avatar a través de un mundo tridimensional, interrelacionarte con otros avatares y construir objetos mediante herramientas. Con casi 850.000 residentes en el momento de escribir esto, dice Annalee Newitz que Second Life “no es un juego. Se parece más a una versión animada de la vida real. No se puede ganar ni existe un objetivo específico”. El entorno está representado con gráficos vectoriales (las curvas están hechas a base de segmentos de líneas rectas), y esto penaliza el realismo: exigencias del ancho de banda… por ahora. Conviene decir que el avatar, nuestro alter ego, no tiene por qué tener forma estrictamente humana: puede ser, por ejemplo, un alien, un elfo o un monstruo con una calavera en lugar de la cabeza, y puedes, si lo pagas, “transplantarte” miembros para personalizar tu persona (je), diseñados y comercializados por otros residentes. secondlife_ss_tank.jpgLas conversaciones aparecen en “bocadillos”, utilizando el recurso de los cómic, y a través de ellos “hablas” y “oyes” lo que te dicen, además de las conversaciones que los demás tienen si estás a la distancia adecuada; esta característica, anuncian, será pronto actualizada de modo que se pueda mantener una conversación mediante la voz. Dentro de este mundo, podemos ir a clase, llevar negocios, conducir vehículos, volar, secondlife_ss_fly.jpge incluso podemos aparearnos: sí, amiguitos, también se puede echar un virtual caliqueño, eso sí, en áreas especialmente marcadas al efecto, no sea que algún avatar prepúber lo vea y se agarre un trauma (virtual, claro) al ver menearse espasmódicamente un par de aberrantes despojos catódicos. Y por supuesto, también te pueden robar, aunque aquellos que muestran un comportamiento destructivo o antisocial son eliminados por el Consejo (formado por los avatares de los creadores y moderadores de Second Life), que se reúne periódica y públicamente y ante el que cualquier residente puede presentar quejas sobre otros residentes (¿os suena?). Por su parte, y puesto que entrar a formar parte de Second Life es gratis, los creadores del software hacen dinero vendiendo terreno a los residentes, en los que éstos construyen aquello que les place. Excepto la estructura básica de Second Life, todo lo que allí encontramos está construido y desarrollado por sus residentes. ¿Que deseas una sala de conferencias para intercambiar ideas sobre un proyecto con personas diseminadas por todo el mundo (real)? Creas una y los avatares de los demás miembros del equipo puedensecondlife_ss_chat.jpg reunirse en ella. ¿Quieres vender la música que compones? Construyes una jukebox (una máquina de discos), la llenas con tus MP3 y la vendes al resto de residentes. Algunas grandes corporaciones están ya tomando posiciones: Wells Fargo, Wal-Marth, Intel o American Express tienen presencia en Second Life, y no sólo promocional: Intel, por ejemplo, estudia la posibilidad de utilizarla como plataforma para los trainings corporativos. Con esto, creo que ya tenéis una idea de qué es y qué ofrece semejante entorno.

Dejando de lado la relación entre ese mundo virtual y el real, vinculados ya por el dinero, y las implicaciones que todo ello conlleva, permitid que me centre en el aspecto vivencial del fenómeno. La posibilidad de “existir” en un mundo virtual tiene su origen, en lo que a Internet se refiere, en los vídeojuegos de rol on-line, y Second Life (hay más comunidades de este tipo, aunque menos desarrolladas) supone una vuelta de tuerca más en el camino a convertirnos en “vidiotas”, a alienarnos hasta límites que hace poco eran impensables. Esta aseveración quizá pueda parecer exagerada o incluso paranoica a aquellos que no conozcan bien el poder mesmerizante de un simple “vídeojuego en primera persona”, pero, desde mi punto de vista, comunidades de este tipo suponen un paso más en la salida de los límites de la condición humana… por abajo.

Trataré de justificar mi posicionamiento*. Entiendo que dentro del ser humano existe la tendencia fundamental a superar su condición, a ir más allá, a traspasar los límites de todo tipo y orden que el mundo (en su sentido más amplio) le impone. Esta tendencia, legítima y necesaria en la búsqueda de sentido, se traduce en dos rasgos de la personalidad que caracterizan la psique humana: por un lado una sensación de vacío, de insatisfacción, que nos acompaña durante toda la vida y que nada, ni material ni siquiera afectivo, es capaz de llenar; una suerte de angustia existencial, independiente de que su afortunado poseedor se pregunte explícitamente por el sentido de la vida. Por otro, dicha tendencia toma además la forma de una disposición de ánimo transgresor, tan conspicua en la adolescencia. Innecesario es decir que ambos rasgos se ven modulados según ciertos parámetros, como el ambiente, la edad, el sexo, las convicciones, la personalidad, etc. Pues bien, esta tendencia que nos impele a superar los límites de la condición humana, adecuadamente dirigida, lleva al hombre a la excelencia: salir de ella por arriba, superándola (o eso cuentan los que saben). Pero, como todo lo que existe en nuestro mundo, tiene su reverso tenebroso: sin el suficiente discernimiento puede arrastrar al hombre a un estado infrahumano, consecuencia de una hipertrofia egótica que se traduce en una incapacidad de empatía más o menos marcada. En el extremo de dicha incapacidad aparecerían lo que Kurt Schneider denominaba “psicópatas desalmados”, individuos incapaces de compre(he)nder en medida alguna el sufrimiento de los demás; las consecuencias, para el entorno y para el propio individuo, son fáciles de abstraer.

Aplicando lo dicho al tema que nos ocupa, el peligro de este tipo de realidades virtuales es claro: nos proporcionan un remedo de superación, un paraíso que es en realidad una imagen invertida de aquél, es decir, un infierno; una “distracción” en la que el alma se adormila ante el sobreestímulo constante al que su dimensión sensible es sometida y ante la promesa prometeica de la total “libertad sin límites del ego”, formulación que contiene una contradicción interna insoluble ante el problema de la alteridad. ¿Quién se esforzaría en una búsqueda de la verdadera libertad, la de conocer e integrar lo que uno es, cuando puede conseguir sin esfuerzo un sucedáneo muy convincente en lo sensible con tan solo tener delante un dispositivo electrónico? ¿Quién buscaría dentro, se enfrentaría a sí mismo, sufriría mil y una decepciones y sinsabores, si tuviese la posibilidad de ser un voluble dios en su propio universo? Si hasta ahora esto no había podido realizarse, la tecnología viene a suplir este “hueco” providencial: no os dejéis engañar por la relativa pobreza de los gráficos vectoriales, lo rudimentario del interfaz o las nulas posibilidades sensoriales que ofrece más allá de la vista y el oído: el camino está expedito y ya sólo es una cuestión de (poco) tiempo que la conexión a realidades virtuales sea cada vez más semejante a la experiencia del mundo real.

Termino con una reveladora frase de Philip Rosedale, presidente de Linden Lab: “En Second Life, puedes conseguir cualquier cosa que quieras el primer día. Lo interesante es lo que haces al día siguiente.”

 

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* Supongo que no hace falta decir, pero por si acaso aquí queda, que lo que viene a continuación tiene carácter de opinión y que, por supuesto, está sujeto a revisión; tampoco pretende en medida alguna agotar las posibles interpretaciones.

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