Contra el progreso y otras ilusiones (III): La diferente percepción del mal entre la cultura europea y la estadounidense
En esta cita de Contra el progreso… se presenta la herejía de Pelagio como precursora del humanismo moderno, y es en la mentalidad estadounidense donde alcanza su máximo desarrollo, mientras que en la europea, por naturaleza menos ingenua, toma una dimensión más moderada.
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“Tras un encuentro con un estadounidense bienintencionado que creía que la guerra podría ser abolida para siempre si las relaciones internacionales estuvieran en manos de hombres razonables, Jean-Paul Sartre declaró: «Yo creo en la existencia del mal y él no». Sartre captó así la diferencia real entre las cosmovisiones estadounidense y europea. A pesar de la infatigable devoción religiosa del país, la cultura estadounidense está muy alejada de la doctrina cristiana tradicional, que establece que la vida humana está indeleblemente marcada por el pecado. De hecho, la cultura estadounidense está infundida de algo que siempre ha sido considerado una herejía: la doctrina de Pelagio, según la cual la naturaleza humana no es intrínsecamente imperfecta, sino esencialmente buena. Contrariamente a lo que reza un venerable tópico académico, la cultura estadounidense no es maniquea. Es cierto que los maniqueos —seguidores de un predicador religioso persa del siglo III— eran dualistas radicales que dividían el mundo en las fuerzas de las tinieblas y las de la luz, pero ellos creían que el bien y el mal eran consustanciales, y que la lucha entre ambos era interminable. La cultura estadounidense contemporánea, sin embargo, está fundamentada sobre la fe pelagiana en que el mal puede ser derrotado y erradicado del mundo.
Nacido en algún lugar de la Britania celta de mediados del siglo IV, Pelagio fue un teólogo que adquirió fama por sus ataques a las enseñanzas de san Agustín, para quien el mal era una parte intrínseca de la naturaleza humana. Según Agustín de Hipona, los seres humanos pueden y deben aspirar al bien, pero nunca serán capaces de materializarlo por completo. La sociedad y el gobierno serán siempre radicalmente imperfectos. Al rechazar ese sensato punto de vista agustiniano, Pelagio inició una tradición de pensamiento que acabaría dando vida al humanismo moderno.” (Pág. 135)