Os dejo un breve pero sustancioso apunte sobre la caricatura, extraído de La risa de Bergson.
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“El arte del caricaturista consiste en coger este movimiento, imperceptible a veces, y agrandándolo hacerlo visible a todos los ojos. El caricaturista imprime a sus modelos las muecas que ellos mismos harían si llegasen hasta el final de ese mohín imperceptible; adivina bajo las armonías superficiales de la forma las profundas revueltas de la materia; realiza desproporciones y deformaciones que han debido existir en la Naturaleza en el estado de veleidad, pero que no han podido llegar a consolidarse, contenidas por una fuerza superior. Su arte, que tiene algo de diabólico, viene a levantar al demonio que el ángel había postrado en tierra. Es indudablemente un arte que exagera, y sin embargo se le define mal cuando se le atribuye como objeto único esa exageración, pues hay caricaturas más parecidas que retratos, caricaturas en que apenas se advierte exageración alguna, y en sentido inverso se puede forzar la exageración hasta el último extremo sin que resulte la caricatura. Para que la exageración sea cómica, es menester que no se la tome como objeto, sino como simple medio que emplea el dibujante para representar a nuestros ojos las contorsiones que ve en la Naturaleza. Esta contorsión es lo Único que importa. Por eso se la va a buscar hasta en aquellos elementos de la fisonomía incapaces de movimiento; en la curva de una nariz, en la forma de una oreja. Porque toda forma es siempre para nosotros el dibujo de un movimiento. El caricaturista que altera la dimensión de una nariz, pero que respetando su fórmula, la alarga, por ejemplo, en el mismo sentido en que la alargase la Naturaleza, imprime a esta nariz una verdadera mueca, y en adelante nos parecerá que el mismo original pretende alargarse y hacer ese gesto. En este sentido es como se podría afirmar que la misma Naturaleza es un hábil caricaturista.” (Págs. 28-29)