Realidad daimónica (V): El literalismo como idolatría
En este breve fragmento de la Realidad daimónica, Harpur hace un interesante exploración liminal entre la realidad daimónica y la literal. Muy sugerente.
Aprovecho para desearos una muy feliz Navidad, amigos.
—————-
Puede que también nos preguntemos, y quizá por encima de todo, por qué un acontecimiento daimónico se manifiesta de forma tan concreta. Los círculos de las cosechas están ahí de tal modo que incluso nos cuesta creer que sean en absoluto daimónicos… hasta que ahondamos en busca de una causa; y entonces, ni animales, ni helicópteros, ni bromas, ni ovnis, ni torbellinos, ni energías telúricas… nada de todo eso está ahí cuando lo necesitamos. Y, sin embargo, sentimos que tienen que estar, igual que sentimos que deben estar las naves espaciales cuando encontramos «huellas de aterrizaje» después del avistamiento de un ovni, o que deben estar los Yetis cuando hallamos su rastro en la nieve. Sus rúbricas daimónicas insisten en la realidad de sus autores, pero nos damos cuenta de que la realidad es paradójica, metafórica, poética, simbólica, mítica. Es una realidad daimónica, no literal.
Ya he dicho esto antes y sin duda volveré a decirlo, aunque sólo sea porque no sé cómo expresarlo de otra manera. El literalismo presenta el mayor de los impedimentos a nuestra comprensión de las apariciones y las visiones. Esto se hace especialmente evidente cuando la aparición en cuestión es algo tan físico como un círculo de las cosechas. Pero otorgar a todo lo físico solamente una realidad literal es una locura a la que nuestra época es muy propensa. De hecho, nada físico es tan sólo literal. La Imaginación lo transfigura todo; el alma es transparente a todo; «Todo cuanto vive es sagrado». Si cultivamos la «doble visión», viendo a través de los ojos en lugar de sólo con ellos, cada objeto adquiere una inteligencia luminosa.
El literalismo conduce a la idolatría. La idolatría ha significado tradicionalmente la adoración de falsas imágenes, aunque es más bien la falsa adoración de imágenes (no existen imágenes falsas). Tratar nuestras imágenes -ideas, creencias, teorías de causalidad…- como fines en lugar de como medios, como absolutas en lugar de relativas, es petrificarse en la tendencia literal y obstaculizar el libre juego de la Imaginación, esencial para la salud del alma. Nos volvemos dogmáticos y hasta fanáticos. Nos volvemos «fundamentalistas»: cristianos que tratan los mitos bíblicos como hechos históricos e instrucciones literales; ufólogos que insisten en la existencia literal de alienígenas de otros planetas; materialistas que creen en la realidad literal única de la materia; criptozoólogos que creen que los monstruos lacustres son criaturas literales; científicos que creen en la verdad literal de sus paradigmas e hipótesis. Todas estas personas se unen en el vilipendio de lo daimónico.
Para nuestra vergüenza, los dáimones, con el fin de llamar la atención sobre su realidad, se han visto empujados a volverse fijos y físicos, como los círculos de las cosechas. Disfrazándose -parodiándolos- de hechos literales, responden a nuestra moderna petición de efectos cuantificables, al lado de los cuales todo lo demás es juzgado como ilusorio. En otras palabras, su forma de presentar su propia realidad metafórica y mítica es aparecer no como literales, sino como si fueran literales. (Págs. 247-249)
