Cabalgando al Tigre

Domingo, 13 Enero, 2008

Realidad daimónica (VII): La búsqueda de John Keel

Archivado en: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 7:32 pm

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En su Realidad daimónica Harpur comenta el caso de Jonh Keel como ejemplo de buscador, en complementariedad (más que en oposición) al chamán, que recibe su iniciación por medios tradicionales, regulares. Veremos cómo se comporta la realidad daimónica cuando se hace una aproximación demasiado literal a ella; en este fragmento queda clara la ambigüedad propiamente liminal del mundo daimónico.

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Una búsqueda puede imaginarse como una versión extrovertida de la introversión del chamán; tal vez sean el exterior y el interior del mismo camino. A diferencia del chamán, pasivo ante los seres ultramundanos que lo desmiembran, el buscador es activo, resuelto y hasta obsesivo. Para establecer una analogía mitológica, no es tanto Orfeo, el chamán arquetípico, como Ulises, Jasón o Eneas, cuyos viajes se produjeron a través de este mundo, aunque a cada vuelta los acosaban intrusiones proceden­tes del otro. (En términos cristianos, la búsqueda es un peregrinaje, mientras que el viaje del chamán es la ascen­sión mística hacia Dios.) El peligro para el chamán es que puede adentrarse demasiado o ir poco preparado al Otro Mundo y, así, perder su alma; el peligro para el buscador es justo lo contrario: el Otro Mundo está demasiado cerca de él y amenaza con sobrepasarlo y poseerlo. Incluso cuando se aferra a la perspectiva de este mundo, que el chamán se ve obligado a abandonar, lo acribilla lo ultramundano. El canto de las sirenas lo atrae a las rocas donde naufragan las mentes. La paranoia siempre está a la vuelta de la esquina. El buscador es especialmente vulne­rable a esa mezcla de ilusión y revelación que analizaba antes.

Pero quiero dar un ejemplo de búsqueda moderna, emprendida por el pionero investigador de anomalías John A. Keel. Aunque tengo que resumirla de forma con­siderable, de todos modos la citaré más extensamente de lo acostumbrado para proporcionar una idea del matiz que caracteriza a la búsqueda.

«Al cabo de un año de embarcarme en mi campaña a tiempo completo de investigación sobre ovnis en 1966», escribe el señor Keel, «el fenómeno se había focalizado en mí, como había hecho con el editor periodístico britá­nico Arthur Shuttlewood y muchos otros. Al principio mi teléfono estaba como loco, con misteriosos descono­cidos llamando día y noche para dejar mensajes raros “de gente del espacio”. Luego me vi catapultado al onírico y fantasioso mundo de la demonología. Fijé citas con Cadillacs negros en Long Island (Nueva York) y, cuando intentaba perseguirlos, desaparecían de manera imposi­ble en callejones sin salida… Objetos aéreos luminosos parecían seguirme por todas partes como perros falderos. Era como si los objetos supieran adónde iba y dónde había estado. Me registraba en un motel elegido al azar y descubría que alguien había hecho una reserva en mi nombre… Me acosaban coincidencias imposibles, y algu­nos de mis amigos más cercanos de Nueva York (…) empezaron a informarme de experiencias extrañas pro­pias: espíritus que aparecían en sus apartamentos, hedo­res a sulfuro de hidrógeno que los perseguían… Más de una vez me desperté en plena noche y me encontré con que no podía moverme y con una aparición enorme y oscura encima de mí. Durante un tiempo dudé de mi pro­pia cordura…»

El señor Keel, en efecto, estaba cerca de volverse loco. Éste es el aspecto que adopta la realidad daimónica cuan­do nos aproximamos a ella de un modo demasiado racio­nal, demasiado centrado en explicarla, demasiado de este mundo; es decir, cuando nos aproximamos a ella al estilo arquetípico de Apolo. Pero la actitud apolínea, como ya he comentado, invoca a la de su hermano Hermes, patro­no de la realidad daimónica en sí. Como dios de las fron­teras, los caminos y los viajeros, se hace particularmente evidente en las búsquedas; como deidad embaucadora, es especialista en provocarnos hasta lo intolerable, lleván­donos más allá de todo límite racional. Le encanta hosti­gar a la conciencia apolínea produciendo fenómenos psí­quicos que parecen pruebas de la realidad literal de lo daimónico… para luego dejarnos con las manos vacías. Caricaturiza la profecía apolínea enviándonos prediccio­nes que al principio resultan certeras e infalibles. Entonces nos suelta la definitiva -la fecha del fin del mundo es su preferida- y ésta resulta ser falsa.

Aunque, en otro sentido, es verdad: nuestros peque­ños universos se acaban para siempre cuando los engulle la avalancha ultramundana. Keels recibió gran cantidad de mensajes herméticos, no sólo de supuestas entidades ovni, sino a través de médiums en trance y «escritura automática». La asombrosa exactitud de sus predicciones lo persuadió de creer en el súbito aluvión de prediccio­nes, procedentes de varias de estas fuentes, sobre un cata­clismo que iba a destruir la ciudad de Nueva York. Huyó. El desastre no se produjo. Lo habían timado. Empezó a comprender que los mensajes de extraterres­tres y espíritus no debían ser tomados más literalmente que las entidades en sí. De hecho, empezó a darse cuenta de que éstas no eran lo que afirmaban; por ejemplo, no venían de otros planetas, sino de alguna realidad de otro orden inherente a ésta. Los llamó «ultraterrestres» o «elementales». Continúa así: «Desarrollé un elaborado sistema de controles y balances para excluir a los estafa­dores. Personas no relacionadas entre sí y de distintos estados entraron a formar parte de mi cadena secreta hacia ese “otro mundo”. Pasé meses jugando a los travie­sos juegos de los elementales, buscando inexistentes bases de ovnis, intentando hallar el modo de proteger a los testigos de los “hombres de negro”… Allá donde iba parecían estallar manifestaciones de espíritus. Era difícil juzgar si yo estaba creando esas situaciones involuntaria­mente o si eran del todo independientes de mi mente».

Pero éste no es un caso de «si… o…». Y no sólo es difícil juzgar, sino que es imposible. Cualquier intento de encasillar a los dáimones sólo los fortalece, al igual que Anteo extraía fuerza de su madre tierra cada vez que Hércules lo arrojaba al suelo. Si sostenemos que están «sólo dentro de la mente», entonces aparecen fuera de nosotros, apoyados por pruebas aparentemente objeti­vas; si sostenemos que están fuera de nosotros, aparecen como sueños, fantasías y voces en nuestras cabezas. Incluso cuando Keel los persiguió con gran determinación, creyendo en su existencia literal, le devolvieron el reflejo de esa literalidad, adoptando un aspecto literal pero a la vez evaporándose entre sus manos, tomándole el pelo y volviéndole loco hasta que empezó a vislumbrar su ambivalencia.

«Ahora, al mirar atrás, puedo ver lo que estaba ocu­rriendo realmente», continúa Keel. «El fenómeno me estaba introduciendo poco a poco en aspectos que nunca antes había considerado. Me condujo paso a paso desde el escepticismo a la credulidad y -aunque parezca menti­ra- a la incredulidad.» Se refiere, por supuesto, a la incre­dulidad en la existencia literal de sus torturadores. No es que no crea en ellos. Pero ha aprendido que no son como nosotros pensamos, ni como quisiéramos que fueran: fia­bles, espirituales, seres puros que ofrecen una sabiduría más elevada. Y, aun así, «cuando mis pensamientos se torcían y mis conceptos eran erróneos, en realidad el fenómeno me devolvía al camino correcto. Se trataba de un proceso educativo y mis maestros eran muy, muy pacientes. Otras personas que se han visto involucradas en esta situación no han tenido tanta suerte. Se instalaban en un solo marco de referencia y rápidamente los engu­llía el desastre».

Aquí vemos otro aspecto de Hermes-Mercurio, no el embaucador sino el psicopompo o guía de almas. Sus ar­dides no sólo confunden, sino que también nos conducen a la verdad; sus mensajes no sólo inducen a error, sino que también son «mensajes de los dioses», de los que él es mensajero. Y también, recordémoslo, se encarga de los sueños, otra forma de mensaje divino que figura de forma prominente en las búsquedas.

«Proceso educativo» es una manera suave de describir la búsqueda de Keel, pero sirve. Pues la característica que mejor distingue la búsqueda de la iniciación chamánica tal vez sea el acento en el aprendizaje. En el transcurso de sus búsquedas entre islas mágicas y antagonistas sobrena­turales del tipo de los de Keel, tanto Ulises, el héroe de Homero, como Eneas, el de Virgilio, visitaron el Inframundo, donde cabe esperar que recibieran una ini­ciación chamánica. De hecho, fueron allí tan sólo para consultar a los muertos y aprender de ellos. Si todos los buscadores demostraran la misma voluntad de escuchar y aprender, de prestar una honda atención a los fenómenos daimónicos en lugar de combatirlos o tratar de insertar­los en un esquema racional, entonces aprenderían, como Keel, a cruzar el estrecho puente que media entre un tipo de locura y el otro.

El primero es la locura que restringe el Otro Mundo a «un solo marco de referencia», por lo que nos aisla no sólo de la realidad daimónica, sino también de nuestras propias almas, como a ideólogos dogmáticos y superra­cionales. La locura alternativa consiste en perder todos los marcos de referencia y quedar confinado tan sólo al Otro Mundo, como las pobres almas que pasan sus días conversando con espíritus en un manicomio. Keel adqui­rió la cordura de la «doble visión», la capacidad de creer y no creer. Aprendió a reconocer y nombrar a los dáimo­nes por lo que son, en toda su ambigüedad. Si construía marcos de referencia, eran provisionales y relativos, para salvaguardar su razón sin violentar la infinita riqueza y complejidad del reino daimónico. Y, por encima de todo, aprendió que la búsqueda no conduce a una solución definitiva, a una verdad absoluta; ella misma es la verdad. El camino que emprendemos nos transforma, y nos sen­timos a gusto con Hermes en el sendero que no tiene un final en este mundo, ni quizá tampoco en el siguiente. (Págs. 356-361)

4 comentarios »

  1. No me acuerdo dónde leí esta frase, pero la recuerdo bastante bien porque me pareció un resumen excelente de lo que Hermes significa y de lo que debe buscar aquel que quiera caminar por el sendero que el representa. Decía que todas las cosas de este mundo le pertenecen, pero bajo una luz distinta a la de los reinos de los otros dioses.
    Es esta luz la que ilumina la doble visión de la que habla Harpur, aquella que debemos alumbrar para encontrarle quienes no somos chamanes pero sí buscadores (o Aspirantes…)

    Un abrazo muy fuerte.

    Comentario por Pola — Martes, 15 Enero, 2008 @ 12:16 am |Responder

  2. A mí también me suena la frase… Creo que lo comenta Hillman en algún lado, pero no estoy seguro. En todo caso, es de lo más sugerente. Gracias, amigo Pola.

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 17 Enero, 2008 @ 6:54 pm |Responder

  3. Existe una película norteamericana, tal vez conocida por la mayoría, traducida al español como “Mensajero en la oscuridad”, protagonizada por Richard Gere, la cual está basada precisamente en una obra de John Keel, y cuyo “mérito”, si podemos llamarle así, es mantener cierta fidelidad a lo escrito por el autor respecto a desmitificar la “superioridad” de las ambiguas entidades ligadas al fenómeno UFO. Hay una frase en el contexto de la cinta expresada por un investigador (que metafóricamente representa al mismo John Keel), que dice algo así (cito de memoria): “Existen ciertos seres que pueden colocarse en lo alto de una ciudad y tener una perspectiva global de los acontecimientos y de las cosas, pero ello no significa que sean seres superiores [al hombre]“.

    Por otro lado, sería muy interesante agregar, en esta línea de argumentos “daimónicos”, algún apunte sobre la controvertida obra de Jean Robin intitulada “Ufo la grande Parodia”, que desarrolla el tema insertándolo a la fenomenología psíquica propia del fin de ciclo, pero particularmente, enlazándolo con el tema del “anti-cristo” en el sentido más amplio del término.
    Obra por lo demás escasamente difundida pero bastante interesante bajo diversos aspectos.

    Alejandro OM

    Comentario por Alejandro Ochoa Machain — Sábado, 19 Enero, 2008 @ 9:55 am |Responder

  4. No he visto la película, a ver si me hago con ella. El libro parece interesante, en cuanto tenga un rato (que no me sobran últimamente, por desgracia), a ver si lo encuentro por ahí. Muchas gracias.

    Comentario por Aspirante a domador — Domingo, 20 Enero, 2008 @ 12:54 pm |Responder


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