Cabalgando al Tigre

Jueves, 19 enero, 2006

El encuentro con el ángel (III): las jerarquías angélicas

Filed under: Tradición Islámica — by Aspirante a domador @ 9:44 am

angel iranio.jpg“Aunque Sohravardî partió como fuente inmediata de la angelología aviceniana, modificó en un momento determinado su esquema a partir de una experiencia visionaria […]. Debemos considerar siquiera sea esquemáticamente en qué consiste la diferencia entre ambas angelologías, la de Avicena y la de Sohravardî, asunto tanto más importante cuanto que el propio Sohravardî —así como su comentador Corbin— se remite con frecuencia no ya al esquema angelológico que ha quedado como característicamente suyo sino al de Avicena, y cuanto que, además, ambas angelologías aparecen íntimamente imbricadas tanto en Sohravardî como, por otra parte, en muchos pensadores iranios posteriores, lo que puede, hasta cierto punto, desorientar al lector. Visto desde la mentalidad moderna, el tema, por inhabitual, puede resultar más o menos prolijo, pero es imprescindible un esfuerzo por parte del lector para familiarizarse con los esquemas angelológicos que se exponen a continuación si se quiere comprender con alguna profundidad el pensamiento de Sohravardî […].”

1. La angelología de Avicena. En Avicena, la procesión de lo Múltiple comienza con la primera de las Inteligencias querubínicas, el primer emanado, cuyo ser está constituido por una triple dimensión intelectual: la intelección de su Principio, la intelección de su propio ser como necesario para su Principio, y la intelección de su propio ser como virtual no-ser si se considera aisladamente del Principio. De estos tres actos de intelección en que el primer Arcángel diversifica su contemplación resultan otras tantas hipóstasis, que son, respectivamente: a) una segunda Inteligencia o Arcángel del mismo orden que la que le precede; b) un Ángel-alma que es la primera de las Animae caelestes o Almas motrices de las esferas u orbes celestes; c) el primero de esos orbes o cielos. En suma, Arcángel, Alma celeste y Cielo son, pues, tres hipóstasis del primer Arcángel emanado. Con la segunda Inteligencia o Arcángel se repite el proceso de forma análoga, dando lugar al tercer Arcángel, la segunda Alma y el segundo Cielo; el esquema se repite sucesivamente, de triada en triada, de modo que la procesión da lugar a tres órdenes o jerarquías angélicas: Arcángeles o Inteligencias, Almas celestes y Cielos. Se llega así a la novena Inteligencia, que genera una décima Inteligencia, una novena Alma y un noveno Cielo, el llamado cielo de la luna. Pero esa décima Inteligencia no tiene ya energía suficiente para generar otra triada hipostática y «explota», por decirlo así, en una multitud de almas —las almas humanas—, al mismo tiempo que da origen a la materia elemental, el mundo sublunar que está por debajo de la novena esfera.”

“2. La angelología de Sohravardî. Sohravardî, sin embargo, renunciará a este esquema y criticará a Avicena el hecho de haber limitado a diez el número de las Inteligencias primordiales o arcangélicas, número que él establece como equivalente al de las estrellas fijas, es decir, en la práctica, indefinido. Estos Arcángeles primordiales que en número indefinido forman la primera de las jerarquías angélicas constituyen lo que Sohravardî llama «mundo de las Madres» (ummahât) u «orden longitudinal» (tûlî), por cuanto que proceden cada uno del anterior según una línea que podríamos considerar vertical. Cada uno de estos arcángeles se sitúa pues entre otros dos, y podemos diferenciar en cada uno de ellos una dimensión «activa» o «de dominación» respecto al que le sigue y una dimensión «pasiva» o «de amor» respecto al que le precede. El mundo arcangélico de las Madres (que se corresponde, pues, con el conjunto de las Inteligencias querubínicas de Avicena) va a producir una doble génesis en razón de ese doble aspecto constitutivo de su ser. Del aspecto que podríamos llamar «activo» procede un segundo orden de arcángeles, que, al no ser ya causados unos por otros, puesto que proceden todos del orden longitudinal, están entre sí en un plano de igualdad u «horizontalidad» y constituirán lo que, por esta razón, se llama «orden latitudinal» (‘ardî): son los Arcángeles arquetipos o «Señores de las especies» (arbâb al-anwâ’), a los que, en principio —y no sin ciertas reservas que luego especificaremos— podríamos asociar con las Ideas platónicas. Por otra parte, en razón del aspecto «pasivo» de las relaciones entre los arcángeles primordiales, es decir, de esas relaciones en tanto que manifestaciones de una cierta carencia, procede el cielo de los astros fijos, el cosmos visible, que viene a ser como una «materialización» de las substancias angélicas. Finalmente, del segundo orden de arcángeles, es decir, del orden latitudinal, emana un tercer orden de luces por cuya mediación los Arcángeles arquetipos gobiernan los individuos que constituyen las especies, es decir, un orden intermedio y mediador entre los «Señores de las especies» y nuestro mundo físico. Son los Ángeles-almas, ángeles particulares de cada individualidad espiritual. Mientras las luces de las dos categorías primeras —es decir, el orden longitudinal más el orden latitudinal— son llamadas «victoriales», las de la tercera categoría, los Ángeles-almas, son llamadas «regentes». Puede entenderse, pues, que la alteración de Sohravardî respecto al esquema aviceniano consiste, además de multiplicar las Inteligencias primordiales, en desdoblar en «Señores de las especies» y «Ángeles-almas» lo que en Avicena era la categoría única de las Animae caelestes.”

“Resumiendo, tenemos como esquema básico de la angelología específicamente sohravardiana: a) el orden longitudinal o mundo de las Madres formado por los Arcángeles supremos; b’) el orden latitudinal formado por los Arcángeles arquetipos o Señores de las especies; b’’) el cielo de los astros fijos; c) los Ángeles-almas. Veremos a continuación un poco más detenidamente las dos categorías de Arcángeles arquetipos y Ángeles-almas.”

“Cada especie corporal que existe en este mundo es como una sombra o proyección de su Ángel, un resultado del pensamiento o actividad contemplativa del Señor de su especie, que constituye lo que podríamos llamar su «arquetipo» y que representa de algún modo su realidad plena. Reencontramos de este modo aquí esa característica del pensamiento mazdeo, heredada por Sohravardî, de percibir los seres y las cosas en la persona de su ángel, en tanto en cuanto ese ángel representa su realidad plena. Puesto que toda especie existente en el mundo físico es, como decimos, la teúrgia (tilasm) de su ángel propio, de aquella Luz victorial de la que emana y por la que es gobernada, también la teúrgia constituida por la especie humana tiene, claro está, su «Señor», su ángel particular en tanto que especie. Ese «Ángel de la humanidad» es Gabriel, que es a la vez ángel del Conocimiento y de la Revelación, identificado con el Espíritu Santo según la tradición coránica y con la Inteligencia agente según la tradición de los filósofos. La función mistagógica de este ángel es capital en la obra de Sohravardî […]. Ése ángel es, por otra parte, la décima hipóstasis, la décima Inteligencia, del pleroma aviceniano y que en el pleroma de la teosofía ishraqî —según los respectivos esquemas que se acaban de esbozar— se encuentra integrada, con todos los «Señores de las especies», en el orden latitudinal.”

“Ahora bien, según el esquema que se acaba de exponer, cada ser humano tiene también, no ya como especie, sino como individuo, un ángel personal, que forma parte de lo que hemos llamado el orden de los «Ángeles-almas» —mediadores entre los Señores de las especies y los seres individuales de nuestro mundo físico—, y que es lo que Hermes designaba con el nombre de Naturaleza Perfecta. Así pues, lo que el Ángel de la humanidad, Gabriel, es para la especie humana, lo es la Naturaleza Perfecta para cada ser humano: esencia de luz, ángel protector preexistente al nacimiento terrenal del hombre y con el que éste está llamado a reunirse finalmente por la muerte. Este ángel personal, que desempeña hacia cada individuo la misma función que el ángel Gabriel, «señor de la especie humana», respecto al conjunto de la humanidad, puede recibir también otras denominaciones distintas según los autores: «testigo en el cielo», «gemelo celestial», «sol del corazón», «guía de luz», etc. Son esos Ángeles-almas, pobladores de ese mundo intermedio (‘âlam al-mithal) en el que tienen lugar las inspiraciones proféticas y las visiones teofánicas, los que serán eliminados por la cosmología de Averroes, eliminación que acarreará consecuencias transcendentales, pues la eliminación de ese ángel «personal» supone la ruptura de la posibilidad de una comunicación directa de cada ser humano con el Pleroma celestial; a partir de ese momento, será el magisterio o institución eclesial quien pase a monopolizar esa función de mediación.” 

 

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