Cabalgando al Tigre

Jueves, 23 marzo, 2006

Ortodoxia y heterodoxia (II)

Filed under: Notas "editoriales" — by Aspirante a domador @ 3:00 pm

sufismo 1.jpgContinuando con el hilo ya abierto en "Ortodoxia y heterodoxia (I)" y para evitar que se pierda en las fauces de este atigrado blog, continuaremos aquí si os parece con este enjundioso tema.

Evidentemente, yo también comparto la opinión que señalan Agustín y el Dr. Piedra en cuanto a los peligros de una espiritualidad a la carta: nada más cómodo e ineficaz… en el mejor de los casos, cuando no directamente deformante. En esa posibilidad creo que estaremos todos de acuerdo, y ejemplos de pseudoespiritualidad untuosa, edulcorada y/o directamente casposa podemos todos citar varios de memoria, inscritos tácita o explícitamente bajo el epígrafe de “Nueva Era”, presunta corriente de despertar interior que, en la mayoría de los casos, prefigura el sello que cierra irremediablemente la puerta hacia el espíritu al identificarlo con la psique más cortical, y a veces incluso con su aspecto más “mecánico”, el sensorial.

Aceptado esto, y retomando lo que apuntaba Simplucio (por cierto, gracias por ascenderme a “Aspirante a hiena”: desde ahora tú serás mi maestro), no se trata de averiguar si somos o no “excepcionales”, como entendió el Dr. Piedra siguiendo a Guénon, para el que sólo seres “excepcionales” podrían encontrar el camino (recibir la iniciación) sin ayuda exterior. Estaba fuera de mi imaginación semejante posibilidad cuando os preguntaba si era posible el conocimiento fuera de la vinculación a una tradición. Como apunta la Hiena Simplona (me duele estar de acuerdo con él, pero en fin…), no se trata de si somos nosotros los excepcionales, sino de si las circunstancias, degeneradas hasta este punto, no pueden en compensación haber “ensanchado” las vías excepcionales.

El tema que plantea Simplucio es a mi modo de ver verdaderamente relevante, y es que las tesis guenonianas al respecto parecen exigir una muy clara línea entre lo ortodoxo (y por lo tanto vivificador y operativo) y lo heterodoxo (inoperante, sino deformante). Y no veo cómo puede trazarse esa línea ni qué autoridad tiene la legitimidad para hacerlo, máxime cuando (de nuevo Simplucio) a lo largo de la historia aquéllas se han transformado en éstas y viceversa. ¿Puede entonces la verdad, como si de un juego se tratase, subrogarse a las formas externas? No parece muy probable. Además, tampoco debemos olvidar algo que señala Agustín y que me parece clave: uno no elige una tradición, es en todo caso al revés. Si no se siente la llamada, ¿creéis posible aun así “forzar” el camino?

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20 comentarios »

  1. Queridos amigos (Agustín, Dr. Piedra, Aprendiz de Sapo), lo que decís de que una Tradición e elige a ti y no al revés me ha hecho de nuevo pensar (y ya van dos veces en esta semana, vais a acabar con mis pocas neuronas), supongo que en condiciones normales esto seria así pero ¿vivimos en esas condiciones?, Yo creo que en estos tiempos que corren eres más tu quien debe ir en pos de tu tradición, descubrir en lo aparente la verdad y la esencia de ella y luego dejarte guiar (obediencia, humildad, etc).
    Para ser claro, a mí, al menos en un principio, se me presentan dos alternativas y ambas pasan por un descubrimiento personal e individual de mi esencia, en una de ellas puedo apoyarme en la Tradición cristiana (a la que pertenezco) que no me ofrece más guía que mi criterio a la hora de separar el grano de la paja y de la que no puedo (o no se como hacerlo) participar de sus ritos, ritmos, oraciones, etc. Y la otra alternativa, que es parecida a la anterior pero sin apoyarme en las imágenes y conocimientos que creo tener del Cristianismo. ¡Si por algo yo me he puesto el nombre de Simplucio!. Termino con la misma pregunta que ha realizado el aprendiz de Sapo ¿creéis posible forzar el camino?, dadas las circunstancias de la Tradición y el conocimiento que de ella tiene sus representantes, ¿creéis posible forzar el camino?
    Besos y abrazos para todas, para vosotros ni agua.
    Israel

    Comentario por Israel — Jueves, 23 marzo, 2006 @ 8:31 pm |Responder

  2. No sé si voy a complicar mucho las cosas o incluso a situarme en una perspectiva demasiado alejada de la vuestra, cortando el hilo de vuestra reflexión; si así fuera, siempre podéis entender mi mensaje como una simple anotación al margen, y seguir con el hilo de vuestras preocupaciones.

    Subyaciendo en las reflexiones formuladas hasta ahora sobre la ortodoxia y la heterodoxia, creo ver una determinada idea de lo que sería la «realización espiritual» que merecería ser meditada. La idea de «realización espiritual» que yo percibo latente aquí (me permito acentuar ciertos rasgos no con ánimo de manipular sino de resaltar) sería algo así como un proceso netamente regulado, casi tangible y perfectamente definible, con sus condiciones y requisitos, a través de unas etapas precisas que hay que ir superando mediante algún método complejo y «esotérico». Ahora bien, tal cosa me parece más propia, en todo caso, de algunas tradiciones medio y extremo-orientales que de las tradiciones abrahámicas. (Aquí la concepción que se pueda tener de lo «esotérico» sería crucial, pero eso nos llevaría por otro camino).

    A mi entender, las tradiciones semíticas, aun aceptando eventualmente en su seno cosas relativamente semejantes a esa idea, no se plantean básicamente la espiritualidad de este modo. ¿Alguien se puede imaginar a Jesús haciendo cábalas sobre las fases y estados que hay que atravesar para llegar al Padre, formulando requisitos organizativos y proponiendo técnicas y métodos por etapas para conseguirlo? Es más, ¿alguien se puede imaginar a Jesús proponiendo un camino para «superar el sufrimiento», como hacía el Buda? Me parece que en nombre de una problemática «unidad transcendente de las religiones» se está obligando a ciertas tradiciones a entrar por la fuerza en unos esquemas en los que sencillamente no caben. En todo caso, habría que contar, por lo menos, con los evidentes riesgos de instrumentalización del Espíritu que esa particular manera de entender la «realización espiritual» lleva consigo: hacerse cristiano (o musulmán, o judío) PARA lograr un objetivo final, por muy elevado que éste sea, no me parece que sea un planteamiento muy acorde con el espíritu de ninguna de las tres tradiciones abrahámicas, aunque, ciertamente, acepto de antemano la subjetividad de la apreciación.

    En todo caso, esto de entender la «realización espiritual» como una especie de problema «técnico» que hay que resolver y para cuya solución hay que encontrar previamente unas claves precisas, entrar en posesión de ciertos conocimientos no inmediatamente asumibles, ponerse en contacto con ciertos grupos de individuos selectos, etc., tal vez tenga algún sentido profundo en Oriente, pero la forma en que se plantea en Occidente me parece que no pasa de ser, en el fondo, una mezcla de la mentalidad pragmático-técnica que caracteriza los últimos siglos de nuestra historia con un pensamiento mágico-ocultista, subproducto, a su vez, del racionalismo por vía de reacción compensatoria. Esta mentalidad mágico-pragmática era claramente la de las corrientes espiritualistas de finales del siglo XIX (espiritistas, teosofistas, etc.), y se introdujo a continuación, en alguna medida, en el esoterismo tradicionalista de corte guenoniano. Aquí, como en tantos otros puntos, sería, yo creo, extremadamente clarificador comparar las distintas perspectivas de Guénon y Schuon. A mí me parece que Schuon ―quizá sin haberse liberado por completo del mismo prejuicio― tiene una visión del esoterismo mucho menos mágico-burocrática y, en consecuencia, una visión de la «realización espiritual» bastante más profunda y genuina. De ahí ―por decirlo esquemáticamente― que mientras los guenonianos andaban como locos a la búsqueda de una organización que conservara el «carácter iniciático» en la que apuntarse, los schuonianos insistían más bien en la práctica de las virtudes, asunto que nada tiene de «moralista», como algunos han pretendido, pues la virtud, no es otra cosa ―dirá Schuon― que la conformidad con la verdadera naturaleza del propio ser; algo, en definitiva, más relacionado con la ontología que con la moral. No estaría de más comparar ambas actitudes con los textos evangélicos que, supongo yo, deberían ser la referencia canónica por excelencia de la tradición cristiana.

    Por ahí, quizá, se podría buscar un sentido más hondo de la «realización espiritual» en el contexto del llamado «pensamiento tradicional». Y, desde ahí, las preocupaciones por la ortodoxia y la heterodoxia quedan, yo creo, bastante relativizadas.

    Cordiales saludos.

    Comentario por Agustín — Lunes, 27 marzo, 2006 @ 8:49 am |Responder

  3. Apreciad@s tod@s:

    Empezaré con una frase que no es mía: El que no tiene maestro, tiene a Satán por maestro.

    Estas sí que son mías:

    El que dice que seguir una vía tradicional es fácil, acomodaticio y/o exime de exigencias y responsabilidades para con uno mismo y para con los demás, sencillamente no sabe de qué habla.

    No creo que haya que forzar nada, simplemente se trata de seguir el consejo evangélico: “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá”. Pero hay que pedir, buscar y llamar. No basta con decirlo, hay que hacerlo. De otro modo, no creo que refugiarse en el lamento de las inextricables confusiones que acarrea la situación actual sirva para nada…

    O bien, que cada cual se “fabrique” su vía “con una mezcla en proporciones diversas” de lo que le parezca.

    En mi modesta opinión, no hay más opciones. Y no es mi intención “convencer” a nadie. Simplemente contesto cuando se me pregunta.

    Las demás procacidades no las pienso comentar porque no vale la pena. Simplemente son lamentables a la par que infundadas, por decirlo muy finamente. A ese respecto, allá cada cual con su conciencia.

    Saludos cordiales.

    Comentario por Dr. Piedra — Martes, 28 marzo, 2006 @ 11:13 am |Responder

  4. Querido Dr. Piedra, en nombre de todos los Simplucios te invito a contestar a todos los comentarios que he escrito, que no son otra cosa que preguntas acerca de mi visión del mundo y de la idea que tengo de Dios. El confrontar opiniones es, hasta ahora, uno de las unicas vias que he encontrado de conocimiento (unida a la lectura de libros), quiza sea pobre bagaje, pero es a lo que llego. Este es un espacio, o al menos así lo entiendo yo, para charlar, entre amigos, de lo divino y humano y así espero que lo entendais todos (con esto no quiero decir que no nos tiremos los trastos a la cabeza).
    Un abrazo para todos (Dr. Piedra, Agustín y aprendiz de Buho) y especialmente para todas
    Israel

    Comentario por simplucio (israel) — Domingo, 2 abril, 2006 @ 1:14 pm |Responder

  5. Estimado Dr. Piedra, con franqueza no sé a qué “procacidades” te refieres, y tampoco sé a qué atribuir la, a mi modo de ver, excesiva energía con que das tu opinión. Casi parecería una discusión personal más que un intercambio de ideas que, además, considero personalmente muy interesante. No sé, amigo, en todo lo que antecede no veo razón para reacciones virulentas ni rupturas de comunicación. En lo que a mí respecta, nunca he pensado que intentases convencer, y si he dado esa impresión en algún momento, ten por seguro que es fruto de un mal entendido. Me gustaría que, si es posible, el diálogo no se fuese cerrando en virtud de la “desesperación” que parece que te asalta: ¿de verdad no vale la pena argumentar y contra-argumentar?
    Espero que tu irritación haya sido meramente coyuntural, producto de, imaginemos por ejemplo, una pertinaz crisis hemorroidal (uff, qué mal se pasa, amigos: a mí, tener que sentarme sobre un doloroso huevo cocido me pone de una mala leche…), y que no renuncies a comentar todo aquello que consideres oportuno. Abrazos.

    Comentario por Aspirante a domador — Lunes, 3 abril, 2006 @ 10:21 am |Responder

  6. Estimad@s tod@s:

    En primer lugar aclararos que no he “roto la comunicación” ni padezco de hemorroides, a Dios gracias.

    En segundo, tampoco considero que mis opiniones estén dadas “con excesiva energía”, al menos, y en todo caso, con la misma energía que la que los demás emplean. Ni más ni menos.

    En tercero, que las procacidades, esto es, las insolencias, por decirlo de otro modo, son evidentes y quien las ha cometido (y no sois precisamente vosotros “Simplucio” y “Aspirante”) lo ha hecho de forma perfectamente consciente. Mucho reclamar por un lado diálogo y respeto a sus posiciones, mientras que por otro se siguen arrojando “bombas nucleares” dialécticas, que en nada contribuyen al supuesto diálogo, intercambio de ideas, o llamémosle como queráis, que se supone que realmente se defiende o interesa. Parece que quien pide respeto para sus posiciones teóricas no es capaz de tenerlo para las de los demás. Lo curioso del caso es que continuamente y desde el primer momento, se nos quiere hacer comulgar con la idea de que lanzando infundios y diciendo mentiras se están presentando “argumentos de peso”. Así no se puede establecer un diálogo sobre ninguna base. Simplemente se destruye meticulosamente la poca base que pudiera haber.

    Por mi parte estoy dispuesto a intercambiar opiniones, que es lo que he venido haciendo, hasta con el mismísimo Dite si es necesario. No obstante, me molesta sobremanera el cinismo. Yo procuro no practicarlo y espero que al menos los demás también lo intenten. Y si no saben explicarse sin lanzar infundios al menos que encima no nos repliquen con ampulosas frases diciendo que los demás vivimos en el error o no sabemos establecer un diálogo respetuoso o que nuestro único objetivo es el proselitismo, etc, etc.

    Es eso, en todo caso, estimado “Aspirante” lo que me “desespera”, esto es, lo que me hace perder la esperanza, no tus/las preguntas, tus/las argumentaciones y contra-argumentaciones. Sí que creo que tienen valor, en cuanto son/sean planteadas con total sinceridad y honestidad y estén orientadas a establecer una dialécta clarificadora. Hasta el momento ha sido así en tu caso y en el de otros, pero no en el de todos. Y de eso precisamente es de lo que me quejo y lo que me harta.

    Sabéis perfectamente que al primero que le gusta hacer bromas es a mí, ahora bien, una vez que entramos en el terreno de la discusión “en serio” (aun con toda la “ligereza” de estilo que queráis) solamente puedo admitir argumentaciones y/o críticas (incluso demoledoras) basadas en algo que no sea la simple descalificacion sin fundamento o la burda tergiversación o manipulación de los textos o de los autores que se invocan como “autoridades”. Si nos vamos a dedicar a eso (y no creo que sea esa precisamente la intención del blog) entonces no vale la pena seguir discutiendo nada. El “verdulerismo” aunque sea disfrazado de prosopopeya, carece, a mi modo de ver, del menor interés.

    En fin, espero que ahora haya quedado claro de una vez por todas mi punto de vista de la cuestión.

    Por cierto que si consideráis que no he contestado suficientemente a alguna/s de vuestras preguntas, pues no tenéis más que decirlo e intentaré hacerlo dentro de la medida de mis posibilidade, aunque yo creo que sí lo he hecho lo mejor que he podido.

    En definitiva, seguiremos en contacto.

    Saludos cordiales a tod@s.

    Comentario por Dr. Piedra — Martes, 4 abril, 2006 @ 12:04 pm |Responder

  7. En relación a los dos primeros comentarios de Aspirante/Aprendiz-de-ya-no-se-sabe-qué e Israel, es decir aquellos en que se formulan la pregunta acerca de si es o no pertinente «forzar el camino», no pretendo dar ahora ninguna opinión personal (pues yo empezaría por decir que no veo claro cuál es ese camino que habría o no que forzar), sino que quiero simplemente aportar un texto que estimo intelectualmente estimulante y que veo muy relacionado con vuestras preocupaciones. Se trata de un párrafo de un artículo de Patrick Laude ―uno de los autores tradicionales vivos a mi entender más interesantes― publicado hace unos años en «Connaissance des Religions». Laude dice:

    «Por supuesto, en la perspectiva esotérica y gnóstica […], Revelación, Religión y Tradición constituyen marcos fundamentales y necesarios de la vía espiritual, y ello en dos sentidos por lo menos: en primer lugar, en cuanto realidades “sobrenaturales objetivas” que, como tales, permiten el despertar o la actualización de la realidad “sobrenaturalmente subjetiva”, que es el Intelecto; en segundo lugar, en cuanto símbolos sagrados y ritos que operan a la vez como garantías espirituales, protecciones, y medios de liberación y salvación que vienen de Dios. Por lo que respecta al primero de estos aspectos, la necesidad del upaya ―o del marco formal de la Tradición― sigue siendo, sin embargo, accidental y no esencial, lo que significa que el Intelecto en estado de despertar ―igual que el Sanatana Dharma o la Religio Perennis en cuanto lenguaje del Intelecto― es independiente de las posibles «objeciones extrínsecas» del exoterismo religioso. Y también significa, desde el punto de vista operativo, que la comprensión esotérica de los símbolos sagrados y la práctica esotérica de los ritos pueden implicar la reducción de estos soportes necesarios a sus formas esenciales ―que son, como tales, los vehículos más directos de la Religio Perennis―, y en particular a su núcleo sacramental o a su quintaesencia, pudiendo depender la definición de esta última de las circunstancias o del contexto. En otras palabras, si la Ley es sagrada y no puede tratarse a la ligera so pretexto de esoterismo, ello no impide que la perspectiva quintaesencialmente esotérica conduzca a una comprensión del marco exotérico y a una práctica de sus formas que pueden ―o incluso deben― reducir su complejidad formal a cierto grado de simplicidad esencial e interior. Al hacer esto, el esoterismo no toma como punto de partida la literalidad de la Ley formal para adaptar y moldear en ella, mal que bien, su perspectiva, sino que más bien se despliega a partir de una contemplación de la naturaleza de las cosas y de la finalidad de la Ley a fin de vivir esta última como un marco protector y un soporte de contemplación».

    Hasta aquí el texto de Laude. Quiero subrayar que no lo cito porque esté especialmente de acuerdo con su contenido, sino simplemente porque trata unas cuestiones relacionadas con lo que aquí se ha planteado, desde una perspectiva que me parece fecunda, aunque no digo que me identifique absolutamente con sus opiniones (personalmente, tal vez no tengo del todo claros ciertos fundamentos en los que Laude asienta su punto de vista). Por otra parte, para quien persigue el conocimiento, estar o no de acuerdo en un debate con las ideas ajenas me parece en sí mismo irrelevante. Lo único importante, yo creo, es que las opiniones expresadas sirvan para suscitar o enriquecer una reflexión que ―ya sea por vía de acuerdo o desacuerdo― redunde en una más profunda comprensión.

    Cordiales saludos.

    Comentario por Agustín — Miércoles, 5 abril, 2006 @ 8:16 am |Responder

  8. Dr. Piedra, en verdad que no comprendo tu irritación, que encima parece ir a más. En lo que yo he leído, no he apreciado nada de lo que dices. Nada. Pero, en todo caso, me gustaría que, independientemente de las valecias afectivas que ciertas opiniones y posicionamientos puedan provocar, nos centrásemos en las ideas en sí antes que en la supuesta intencionalidad que puedan esconder. El lector ya sacará sus conclusiones. Gracias por tu comprensión y un abrazo.

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 6 abril, 2006 @ 2:16 pm |Responder

  9. Querido Aspirante:

    Parece ser que no leemos los mismos textos o, cuando menos, que no los entendemos de igual manera. Voy a intentar ponerte un ejemplo concreto, a ver si así nos entendemos o se me entiende.

    A mí me parece una insolencia intolerable, una total falta de respeto, un insulto, una tergiversación, una manipulación descarada, una mentira y una provocación en toda la regla, que por si fuera poco se da de bruces con el tan cacareado “diálogo” que cínicamente se dice defender, el afirmar sin despeinarse que la visión que da Guénon en su obra del esoterismo y de la realización espiritual es:

    “una mezcla de la mentalidad pragmático-técnica que caracteriza los últimos siglos de nuestra historia con un pensamiento mágico-ocultista, subproducto, a su vez, del racionalismo por vía de reacción compensatoria. Esta mentalidad mágico-pragmática era claramente la de las corrientes espiritualistas de finales del siglo XIX (espiritistas, teosofistas, etc.), y se introdujo a continuación, en alguna medida, en el esoterismo tradicionalista de corte guenoniano. Aquí, como en tantos otros puntos, sería, yo creo, extremadamente clarificador comparar las distintas perspectivas de Guénon y Schuon. A mí me parece que Schuon ―quizá sin haberse liberado por completo del mismo prejuicio― tiene una visión del esoterismo mucho menos mágico-burocrática y, en consecuencia, una visión de la «realización espiritual» bastante más profunda y genuina”.

    Se puede estar de acuerdo o no con Guénon, eso es evidente, pero este párrafo solamente puede escribirse bien desde una incomprensión absoluta o bien desde la simple, pura y dura mala fe.

    Para quien tenga un conocimiento que no sea simplemente superficial de la obra que supuestamente se pretende “criticar” de forma tan burda, resulta evidente que dichas afirmaciones no son lo que pretenden ser, dado que no se sostienen sobre ningún argumento “crítico” serio, aunque la intención de su autor sea precisamente hacerlas pasar por tales.

    En definitiva, pues, lo único que se consigue con ellas es denigrar, no criticar nada en absoluto. Son insultos y mentiras completamente gratuitos (muy bien escritos, eso sí, ¡qué elegancia estilística!) que, a mi modo de ver, no deberían tener cabida en estas páginas, si lo que pretendemos establecer es algo distinto a una batalla “nabal” (con “b”), como diría Quevedo.

    Espero que esto te sirva, querido Aspirante, como ejemplo de las “procacidades” a las que me refería en mis anteriores mensajes. Te aseguro que se podrían añadir unas cuantas más.

    Me pregunto si con esos mimbres se puede tejer algún tipo de diálogo constructivo que “suscite” o “enriquezca” de la manera que sea una “reflexión” que “redunde en una más profunda comprensión”.

    Permítaseme dudarlo seriamente.

    Saludos cordiales.

    Comentario por Dr. Piedra — Lunes, 10 abril, 2006 @ 12:17 pm |Responder

  10. Agustín, tu objeción sobre el “camino”, corrígeme si me equivoco, supongo que se articula en torno a la tesis de que no hay camino como tal, pues éste coincide punto por punto con la propia existencia y por tanto no tiene sentido formularlo como una “senda” susceptible de ser seguida o no. Desde cierto punto de vista no lo discutiría, pero lo que sí está claro es que existe una posibilidad de elegir, un “libre albedrío” (al menos desde el punto de vista del individuo, no tengo en cuenta para esta aproximación el punto de vista del Principio), sin el cual no habría evidentemente responsabilidad. Hay por tanto, y desde esta perspectiva, “caminos”, que se tejen menos con decisiones que mediante los rumbos, las orientaciones que hacemos efectivas a cada momento, y que requieren de un elemento volitivo, sin duda. De ahí que hablar del “camino” lo considere legítimo.
    En cuanto al texto de Laude (muchas gracias por traducirlo y colgarlo aquí), lo encuentro muy en consonancia con la visión guenoniana, a excepción quizá de la no esencialidad del aspecto exotérico de la Tradición. Incluso puede que ni eso sea una radical diferencia, pero no me atrevo a asegurarlo. Quizá el Dr., que conoce muy bien a Guénon, pueda decirnos algo al respecto.
    Por último, quiero expresar mi acuerdo con lo que dices al respecto de la irrelevancia de compartir o no las ideas ajenas en un debate y la importancia de poner el acento en la riqueza que el intercambio pueda aportar. Creo que lo ideal sería no implicarse personalmente en él y por tanto no participar emocionalmente, pero esto, llevado al límite, requeriría no tener convicciones, desposeerse de visión alguna del mundo… ¿sería eso deseable? No sabría decir…

    Comentario por Aspirante a domador — Lunes, 10 abril, 2006 @ 1:53 pm |Responder

  11. Estimado Dr. Piedra, efectivamente no interpretamos igual lo que leemos. El ejemplo que muestras es, a lo sumo, una opinión, una interpretación, y no merece a mi modo de ver el chorro de descalificaciones que le concedes. Si consideras que tras él está la “incomprensión más absoluta”, ponlo de manifiesto con argumentos, y en cuanto a lo de la “mala fe”, directamente no aplica. En todo caso, nada de lo dicho me parece “denigrante” per se, y lamento mucho que lo entiendas así. De todos modos, me gustaría zanjar ya este asunto de una vez por todas: estamos aquí para intercambiar ideas, y si son variadas, mejor. Centrémonos en ello, por favor. Un abrazo.

    Comentario por Aspirante a domador — Martes, 11 abril, 2006 @ 7:24 am |Responder

  12. Querido Aspirante:

    Desde luego, hay interpretaciones para todos los gustos: en este caso estamos ante una interpretación maledicente. ¿O acaso crees tú que calificar las concepciones expresadas en la obra de Guénon como de origen “ocultista” y su visión de la realización espiritual como “magico-burocrática” no proceden de la incomprensión más profunda a la par que de la más tremenda animadversión y/o mala fe? ¿En qué se basa quien eso dice para sostenerlo? ¿Porqué no le exiges, al menos con la misma contundencia con la que me lo exiges a mí en tu último mensaje, el que ponga de manifiesto “con argumentos” la fundamentación de las opiniones que lanza?.¿Qué otro objetivo se persigue con ello sino el de intentar (inútilmente) descalificar “de un plumazo” la validez de las opiniones que se basen de cerca o de lejos en la obra de Guénon y de los demás autores que esencialmente comparten su misma perspectiva?.

    Lamento sobremanera que a los infundios graves, edulcorados con retórica más o menos efectista, los consideres inocuas “opiniones” o “interpretaciones” expresadas con neutralidad y que, además, no te parezca que vayan directamente a “denigrar”. Es evidente que siendo así, han conseguido precisamente el objetivo que buscaban.

    Insisto en que se podrá o no estar de acuerdo con Guénon o con quien sea, pero lo que espero es que, si realmente se quiere establecer un debate “enriquecedor”, no se recurra a la burda mentira o al insulto para descalificar las opiniones u obras que no se comparten. Nada tiene que ver eso con una argumentación crítica en contra, que pueda ser a su vez rebatida, si fuera menester, o aceptada, si en ella se apreciasen argumentos irrebatibles. De momento no he visto nada parecido, ni de lejos. Es más, añadiré que en realidad dudo mucho que se tenga el menor interés en establecer dicho debate, sencillamente porque no hay argumentación sólida para sostenerlo.

    No obstante, y por otro lado, espero que la exigencia en “zanjar este asunto” para “centrarnos en las ideas” se la hagas también extensiva a quien desde el primer momento (compruébense todos los mensajes anteriores) se ha dedicado, no a exponer argumentos bien fundamentados para sostener sus opiniones, sino a lanzar diatribas sobre el qué y el cómo se puede establecer un supuesto diálogo, sin que simultáneamente sea él mismo capaz de cumplir con sus propias exigencias y sin demostrar el más mínimo respeto o consideración por las opiniones ajenas, esté o no de acuerdo con ellas.

    Saludos cordiales.

    Comentario por Dr. Piedra — Jueves, 13 abril, 2006 @ 12:12 pm |Responder

  13. Como hasta ahora me he mantenido al margen, pero imagino que también yo tengo derecho a dar mi opinión en esta historia, permítaseme un breve comentario.

    No me gustan los espectáculos públicos al estilo telebasura como el que el Dr. Piedra está protagonizando en esta páginas, y no voy a responder a los insultos que este señor me viene dedicando profusa y sistemáticamente en sus mensajes por tener la inconcebible osadía de no pensar como él y hacer una lectura distinta a la suya de la obra de René Guénon, al que atribuyo ―dicho sea de paso― importantes virtudes e importantes limitaciones. Tal vez debería responderle in extenso, pero no lo voy a hacer; la verdad es que estas cosas me aburren sobremanera: uno ya va para viejo y ha visto decenas de arrebatos de histeria rigurosamente idénticos al del Doctor Piedra en la historia del guenonianismo. (Si hay algún interesado en estudiar tan curioso fenómeno le puedo facilitar bibliografía). Ahora bien, con carácter excepcional y simplemente para no confundir a los lectores, quiero precisar un par de cosas.

    1) El Dr. Piedra me atribuye la idea de que el esoterismo de Guénon es «una mezcla de la mentalidad pragmático-técnica…, etc.» cuando lo que yo realmente decía era que esta «mezcla…» se había introducido «en el esoterismo tradicionalista de corte guenoniano» en relación con un tema concreto. A mi entender, son dos cosas bastante diferentes. [Compárese comentario 2, párrafo 4 con comentario 9, párrafos 3-4]. Otra cosa es que yo piense, ciertamente, que Guénon nunca se liberó por completo de sus orígenes ocultistas, pero de eso quizás haya ocasión de hablar en otro momento, si es que la elaboración por parte del Dr. Piedra de un «Índice» de temas prohibidos no consigue imponerse en este blog.

    2) El Dr. Piedra también me atribuía (sin nombrarme) la idea de que «seguir una vía tradicional es fácil, acomodaticio y/o exime de exigencias y responsabilidades…, etc.». Yo decía que una vía tradicional PODÍA SER eso… o podía ser una forma perfectamente legítima de plantearse la realización espiritual, y que sería lo uno o lo otro en función de la actitud interior de cada cual. [Compárese lo que yo decía (comentario 10 de «Ortodoxia y Heterodoxia I») con lo que el Dr. Piedra dice que yo decía (comentario 3, párrafo 4 de «Ortodoxia y Heterodoxia II»)]. Al parecer el Dr. Piedra: A) Piensa que «ser» y «poder ser» significan lo mismo. B) No sabe que cercenar una frase por la mitad puede suponer una alteración radical de su sentido. Partiendo de estas limitaciones es difícil poder hablar de cualquier cosa.

    Salvo aclaraciones puntuales sobre posibles manipulaciones de mis palabras análogas a las aquí reseñadas, me propongo seguir guardando en lo sucesivo el mismo silencio que hasta ahora he mantenido sobre este asunto. Propongo al Aspirante, para terminar, la posibilidad de dividir esta sección en dos: una seguiría siendo «Ortodoxia y Heterodoxia» y la otra sería «El Dr. Piedra y sus batallas», así quienes estamos interesados en conversar sobre asuntos serios no nos veríamos obligados a perder el tiempo de forma tan lamentable.

    Cordiales saludos

    Comentario por Agustín — Jueves, 13 abril, 2006 @ 3:02 pm |Responder

  14. Me refiero aquí a los tres puntos del mensaje 10 de Aspirante:

    1) En efecto, yo creo que hay tantos caminos como seres humanos, en el sentido de que, en última instancia, es el individuo el que hace necesariamente su camino y debe elegir siempre personalmente sus opciones concretas. De ahí la idea hindú de svadharma (en la que tanto insiste la Gita), es decir, la ley individual de cada ser, cuya realización es en definitiva el camino o destino de cada cual. Esto ni niega la libertad ni niega que haya unos «caminos» o «cauces» más o menos amplios que la experiencia colectiva de la humanidad ha fijado como particularmente útiles para ciertos grupos humanos y en los cuales uno puede enmarcar, por decirlo así, su camino particular. Las religiones, por ejemplo, son obviamente caminos, pero las múltiples formas posibles de vivir una misma religión harían de cada una de ellas un conjunto de caminos más que UN camino propiamente dicho. Pienso también, como ya he expresado, que puede haber quienes no se sientan identificados con ninguno de los caminos establecidos (lo que no tiene por qué implicar ―como demagógicamente quieren suponer los que niegan esta posibilidad― autoatribución ninguna de excepcionalidad en el sentido de superioridad); a tales personas no les queda más solución que tirar campo a través.

    En tal sentido mi relativa reticencia se debía simplemente a que, en este entramado de caminos múltiples y diversos, no entendía ―y, a decir verdad, sigo sin entender― a qué camino os referís exactamente Israel y Aspirante cuando habláis de «forzar el camino».

    2) En cuanto al texto de Laude, el punto que tú atinadamente señalas, aunque sin darle demasiada importancia ―la necesidad o no del exoterismo y la posible relativización de sus exigencias, en función de una posible interiorización―, ha sido motivo de verdaderas batallas en el ámbito tradicional contemporáneo. Me parece que por ahí entramos en una posibilidad de apertura sustancial de «los caminos». Esto plantearía un tema de fondo, a mi entender importante, que es el de las adaptaciones de las tradiciones a las circunstancias cambiantes de la realidad. Estas adaptaciones ―lo recuerdo― han existido siempre, llegando en ocasiones a crisis más o menos graves o incluso a rupturas radicales con lo que hasta ese momento se consideraba «ortodoxo»; si no hubiera sido así, seguiríamos viviendo lo que según la visión perennialista sería la forma original de la «Tradición primordial» y ni el vedanta, ni el budismo, ni el cristianismo, por ejemplo, habrían existido nunca. (Lo cual, por cierto, contradice por otra vía las ecuaciones ortodoxia = verdad, heterodoxia = falsedad).

    Guénon ha señalado un proceso de aceleración del tiempo, proponiendo así una base metafísica a lo que, en un ámbito más restringido, otros han llamado la «aceleración de la historia». Si el tiempo mismo se acelera y si estamos (según supone Guénon) al final del kali-yuga, debe producirse una aceleración que podemos calificar de más o menos «vertiginosa» en los procesos de cambio, no sólo a nivel humano, sino en el propio medio cósmico. Teniendo en cuenta el carácter continuado de la aceleración, que llegaría ―según Guénon― «a convertir la sucesión en simultaneidad», y teniendo en cuenta que la longitud que Guénon atribuye en sus cálculos al kali yuga es relativamente breve (6240 años, si la memoria no me falla), estos cambios sustanciales deberían ser de importancia transcendental en los tiempos que vivimos.

    En estas circunstancias, ¿no hay nada en las tradiciones que deba cambiar para adaptarse no ya a la voluntad egoica de los seres humanos, sino a las sustanciales modificaciones del propio medio cósmico? Llama sin embargo la atención que algunos pongan el grito en el cielo en cuanto se sugiere la posibilidad de cualquier modificación, como por ejemplo, la señalada por Laude. No estoy hablando de «aggiornamentos» que arrinconen el gregoriano en beneficio de las guitarras ni de curas que celebren la misa con vaqueros. Estoy hablado de que la misma evolución de la conciencia humana que implicó, por ejemplo, el paso del pensamiento mítico al pensamiento lógico en torno al siglo VI a. C. puede estar provocando, en los últimos siglos, cambios cuya naturaleza habría que determinar y ante los que las tradiciones y los «tradicionalistas» no deberían mirar para otro lado. Y en esa visión contextual el planteamiento de Laude (que si de algo peca, en mi opinión, es más de timidez que de atrevimiento), me parece digno de consideración.

    3) En cuanto a la última cuestión a que haces referencia, querido aspirante, tu planteamiento límite es interesante: renunciar a toda convicción, a toda idea personal y a toda visión del mundo debe de ser, probablemente, un camino para llegar a alguna parte; es por ejemplo lo que planteaba, más o menos, Jean Klein, un maestro europeo, fallecido no hace mucho, muy ligado al advaita de Ramana, del que, al parecer, fue discípulo directo.

    En todo caso, no pretendía yo ir tan lejos; mi propósito era simplemente apuntar que, puesto que todos tenemos una cierta tendencia innata a la identificación apasionada con las ideas, a las que hacemos «nuestras» (cuando en realidad somos más bien nosotros los que, en tales casos, pasamos a ser propiedad cosificada de ellas), parece necesario un esfuerzo por mantener un cierto distanciamiento respecto de lo que consideramos «nuestras» ideas; primero, como factor de compensación y para mantener una actitud mínimamente civilizada hacia quienes piensan de otra manera; segundo, porque parece difícil avanzar en el camino del conocimiento si se carece de toda capacidad de distanciamiento, de puesta en cuestión, de los fundamentos ideológicos propios, por un lado y de toda capacidad de relativización del valor de las ideas, por otro.

    Perdido el sentido de lo sagrado, perdida la comunión con el Alma del mundo, extraviados en un mundo caótico, creo que los desamparados seres humanos de hoy en día no podemos permitirnos el lujo de renunciar a la capacidad de crítica y de duda, aplicada, para empezar, a uno mismo y a sus convicciones; despreciarla como producto del racionalismo es tanto como quedar a merced del primer espejismo que se nos ponga por delante.

    Cordiales saludos.

    Comentario por Agustín — Jueves, 13 abril, 2006 @ 3:06 pm |Responder

  15. En relación a la agria discusión que mantenéis, Dr. Piedra y Agustín, simplemente aclararé en pocas palabras y de una vez por todas cómo lo veo, y espero que sea la última vez que lo tenga que hacer: Dr., me consta que no existe esa mala fe que atribuyes a Agustín en lo que dice y que tengo por único desencadenante de esta discusión. Punto.

    En cuanto al cruce de descalificaciones en lo personal, la verdad es que la situación resulta dolorosa para mí. Hasta ahora, no he editado ni moderado las intervenciones de este blog, en la seguridad de que las cosas se mantendrían dentro de los cauces que marcan el respeto. Visto lo visto, estoy planteándome seriamente la posibilidad de empezar a hacer de “censor” en aras de mantener este espacio dentro de los límites que se ha propuesto y de no regalar al resto de los (escasos) lectores ratos desagradables que, para colmo, no aportan nada en el orden buscado.

    Sinceramente, amigos, me da vergüenza tener que escribir esta nota. En fin, Vanitas vanitatum

    Comentario por Aspirante a domador — Lunes, 17 abril, 2006 @ 9:18 am |Responder

  16. Mis muy queridos contertulios (Agustín, Dr. Piedra y Aprendiz de Canguro), acabo de releer un texto de Schuon (de lo Divino a lo humano) y he encontrado algo que quizá pueda a ayudarnos: Muchas cosas que, en las religiones, pueden parecernos excesivas, o incluso absurdas, en el fondo tienen el merito de sustituir los vicios de la mentalidad profana y de contribuir a su manera al sentido de lo sagrado ….Es tradicional lo transmitido a partir de la fuente divina ; ahora bien, ésta puede manifestarse, no decimos que fuera del marco tradicional, pero si independientemente de las formulaciones recibidas; si no, no habría ni inspiración ni diversidad de escuelas. Eso quiere decir que hay en lo sagrado una manifestación “vertical” y discontinua así como una manifestación “horizontal” y continua; …
    Besos y abrazos

    Comentario por Israel (simplucio) — Jueves, 20 abril, 2006 @ 7:51 pm |Responder

  17. Con relación al mensaje nº 13 (qué casualidad) sólo diré lo siguiente:

    1) lo que “este señor” pueda pensar o dejar de pensar con respecto a mi persona me trae exactamente sin cuidado.

    2) ya he dicho todo lo que tenía que decir con respecto a las imposturas que quiere hacer pasar por argumentos, por lo cual no me voy a extender más sobre ello; tan sólo añadiré que por mucho que se me tilde de histérico, inquisidor o analfabeto funcional (ya tiene gracia, el mundo al revés) no pienso cambiar de opinión a ese respecto ni, por supuesto, reconocerle una autoridad que no posee en absoluto: que “este señor” se deje de “decálogos” y demás “mandamientos”, que exhiba sus argumentos “críticos” si es que los tiene y, si no puede hacerlo, que se dedique a guardar silencio ahorrándonos sus improperios.

    3) en cuanto a la existencia o no de mala fé, que quiere decir actuar mal a sabiendas, sólo puedo constatarlo a través de lo que “este señor” ha escrito en este blog. Y es precisamente eso lo que constato; lo siento “Aspirante”, ya sé que es una pena, pero ahí queda lo escrito.

    Hasta pronto.

    Comentario por Dr. Piedra — Viernes, 21 abril, 2006 @ 10:10 am |Responder

  18. En cuanto al mensaje 16 de Israel-Simplucio, me parecen interesantes las dos observaciones de Schuon, pero te podías haber exprimido el seso un poco más, mi querido amigo, y haberte alargado con algún comentario, pues, la verdad, yo no acabo de ver muy claro en qué sentido ves tú que eso se integra en nuestra conversación.

    Por otra parte, me permitirás una pequeña corrección. No tengo la traducción española de «De lo divino a lo humano», pero sí el texto original francés y lo que Schuon dice exactamente es: «a partir de una (no “la”) fuente divina» (1981, pág. 112). Matización tal vez muy sutil, pero tal vez no tanto. Si hablamos de LA fuente divina, parece claro que hablamos de lo que podríamos llamar «Dios» en toda su rotundidad. Si hablamos de UNA fuente divina, ya no está tan claro a qué se refiere exactamente Schuon. En todo caso, a mí me parecería un exceso decir que «todo lo tradicional procede LA fuente divina», puesto que «todo lo tradicional» se supone que incluye todos los aspectos de una civilización tradicional, incluidos los más cotidianos y fácticos (costumbres, modos de hacer, etc.) y atribuir todo eso a una transmisión directa e inmediata de Dios (a la manera en que se supone que Dios reveló sus mandamientos a Moisés, por ejemplo) me sorprende un poco. Es cierto que hay textos tradicionales (en la propia Biblia) sobre la forma de hacer y no hacer las cosas más elementales, pero no creo que ésa sea una condición que permita diferenciar lo tradicional de lo no tradicional, puesto que Dios debe de actuar también, e incluso fundamentalmente, me parece a mí, a través de un «Espíritu» bastante más difuso.

    En fin, si aclaras un poco cómo unes tú esas frases con el hilo de la conversación, se te agradecerá.

    Cordiales saludos.

    Comentario por Agustín — Viernes, 21 abril, 2006 @ 3:06 pm |Responder

  19. Querid@s TOD@S:

    Ahí van unos textos que pueden ser interesantes, sobre todo con respecto a ciertas preguntas que planteaban Simplucio y Aspirante (me ha quedado un pareado):

    Fuente: Siva Samhita, I, 1-19, tomado de "Hatha Yoga, una técnica de liberación", Theos Bernard, Ed. Dédalo, Buenos Aires, 1973.

    Texto:

    "El Jñana es lo único eterno; es sin principio ni fin; no existe ninguna otra sustancia real. Las diversidades que vemos en el mundo provienen de las condiciones de los sentidos; cuando éstos cesan, entonces sólo queda Jñana, y nada más.

    Yo, Ishvara, el amante de mis devotos, el Dador de libertad espiritual a todas las criaturas, declaro la ciencia del Yoganushasana. En él quedan descartadas todas las falsas doctrinas de los que disputan y que llevan al falso conocimiento. Es para la liberación de las personas cuyas mentes no están distraídas y que se vuelven enteramente hacia mí.

    Algunos elogian la verdad, otros la purificación y el ascetismo; otros alaban el olvido, otros la igualdad y la sinceridad.

    Algunos elogian las obras de caridad, otros los sacrificios en honor de los antepasados; algunos alaban la acción, otros creen que el desapasionamiento es lo mejor.

    Algunas personas sabias elogian el cumplimiento de los deberes del dueño de la casa; otras autoridades sostienen que el sacrificio del fuego, etc, es lo más elevado.

    Algunos elogian el Mantra Yoga, otros la frecuentación de los lugares de peregrinación.

    Tan diversos son los caminos que recomiendan las gentes para la emancipación. Comprometidos de esta manera con el mundo, aun aquellos que saben cuáles acciones son buenas y cuáles malas, aunque estén libres de pecado, son presas del desconcierto.

    Las personas que han seguido estas doctrinas, que han cometido buenas y malas acciones, vagan constantemente entre los mundos, por el ciclo de los nacimientos y de las muertes, ligados por la sórdida necesidad.

    Otros, los más sabios entre los muchos, intensamente dedicados a la investigación de lo oculto, declaran que las almas son muchas, eternas y omnipresentes.

    Otros dicen: "Sólo puede decirse que existen las cosas que se perciben con los sentidos y nada fuera de ellas: ¿dónde están el cielo o el infierno?". Ésta es su firme creencia.

    Otros creen que el mundo es una corriente de conciencia y no una entidad material; algunos creen que el vacío es lo más grande.

    Otros creen en dos esencias: Prakriti y Purusha.

    Así, creen en doctrinas muy diversas, con los rostros vueltos a un fin que no es la meta suprema, creen, según su entendimiento y su educación, que este universo no tiene Dios; otros creen que Dios existe, basando sus asertos en varios argumentos irrefutables, encontrados en los textos; declaran que hay una diferencia entre el alma y Dios y están ansiosos por establecer la existencia de Dios.

    Éstos y muchos otros sabios con distintas denominaciones han sido señalados en los shastras como los que llevan el pensamiento humano hacia las ilusiones. No es posible describir enteramente las doctrinas de estas personas llenas de disputas y de combate: así vaga la gente por este universo, apartándose del sendero de la emancipación.

    Después de estudiar todos los shastras y haber meditado sobre ellos, el Yoga Shastras ha sido reconocido como la única doctrina firme y verdadera. Ya que por el yoga todo esto es conocido como una certeza, debe hacerse todo lo necesario para alcanzarlo. ¿Qué necesidad hay, pues, de otras doctrinas?. Este Yoga Shastras que declaramos es una doctrina muy secreta, que sólo será revelada a un alma elevada, pía, y devota en los tres mundos".

    Por si fuera poco, ahí va otro del mismo origen y nivel. Dedicado especialmente para "Aspirante".

    Siva Samhita, V, 10-14:

    "Sabed que los aspirantes son de cuatro órdenes: tibios, moderados, ardientes y los más ardientes… los mejores que saben cruzar el oceáno del mundo.

    Los tibios pueden aspirar al Mantra Yoga. Son hombres de poca iniciativa, olvidadizos, enfermizos y que encuentran defectos en sus maestros. Son golosos, avarientos y pecadores, y están unidos sin remedio a sus mujeres; veleidosos, tímidos, enfermos, sin independencia, y también crueles. Aquellos de mal carácter y, además, débiles: saben que éstos son shadakas tibios. Con grandes esfuerzos, estos hombres logran éxito en doce años; el maestro los juzgará adecuados para el Mantra Yoga.

    Los moderados, que pueden aspirar al Laya Yoga. De espíritu liberal, caritativos, deseosos de alcanzar la virtud, suaves en su lenguaje; nunca llegan a extremos en ninguna empresa: éstos son los moderados. Deben ser iniciados por el maestro en el Laya Yoga.

    Los ardientes, que pueden aspirar al Hatha Yoga. De mente constante y conocedores del Laya Yoga, independientes, llenos de energía, magnánimos, llenos de comprensión y de perdón, sinceros, valerosos, llenos de fe, adoradores de los pies de loto de sus gurus, siempre dedicados a la práctica del yoga: sabed que dichos hombres son adhimatra. Obtienen éxito en la práctica del yoga en seis años, y deben ser iniciados en el Hatha Yoga y sus ramificaciones.

    Los más ardientes, que pueden aspirar a todos los yogas. Son los que tienen la mayor cantidad de energía, emprendedores, atractivos, heróicos, conocen todos los shastras, y son perseverantes, libres de los efectos de las ciegas emociones, dificilmente confundidos, que están en la flor de su juventud, que son moderados en su dieta, que controlan sus sentidos, que son valerosos, limpios, hábiles, caritativos, que ayudan a todos; competentes, firmes, inteligentes, satisfechos, perdonando las ofensas, de buen natural, religiosos, los que conservan en secreto sus empresas, de suave hablar, pacíficos, los que tienen fe en las escrituras y son adoradores de Dios y de su guru, los que detestan perder su tiempo en medio de la sociedad, y están libres de cualquier enfermedad dañina, los que conocen los deberes del adhimatra y son practicantes de todos los tipos de yoga: indudablemente éstos logran el éxito en tres años. Están calificados para ser iniciados sin vacilación en cualquier clase de yoga".

    Hasta pronto.

    Comentario por Dr. Piedra — Viernes, 28 abril, 2006 @ 12:38 pm |Responder

  20. Interesante el Siva Shamita, aunque me temo que la lista está incompleta; olvidaron mencionar un numeroso grupo, al que yo pertenezco (junto a otros sabios de menor cuantía), y que es inmediatamente anterior al de los tibios: el de los toribios, que podemos (y debemos) aspirar al Caspa Yoga y cuyas cualidades y bondades no enumero para no abrumar.
    En serio, muchas gracias por los textos, Dr.Piedra.

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 4 mayo, 2006 @ 7:55 am |Responder


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