Cabalgando al Tigre

Viernes, 28 abril, 2006

Metafísica de la guerra, Julius Evola

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 9:07 am

MetGuerra.jpgEvola.jpgEste breve texto aparece ahora publicado por Olañeta en su exitosa colección “Pequeños Libros de la Sabiduría”, tan bien editado como acostumbra y a un precio muy asequible: 5€. En él, Evola sostiene que, en los mundos tradicionales, la guerra fue una vía de realización espiritual y repasa los elementos que justifican esta aseveración, así como profundiza (menos de lo deseable, por desgracia) en los mecanismos mediante los cuales el héroe despierta dentro del guerrero y transfigura su visión de la vida a la luz de la muerte.

Al leerlo, se repite la misma sensación paradójica que suelo tener ante todos los textos que he enfrentado de este autor: por un lado la atracción por la fuerza con la que expone sus convicciones y los interesantes puntos de vista que a menudo propone, sin concesiones a la galería hasta el punto de que diría que, a veces, esa falta de matices peca de empobrecedora, aunque sin duda tiene la nobleza de la creencia firme; y por otro lado, lo rechinante de algunas de sus aproximaciones, que hay que mirar con cierto recelo y cuidarse de ellas.

En todo caso, una visión tan alejada de lo que ahora es habitual, una mentalidad tan “anti-moderna”, siempre me parece interesante y útil para valorar y contrapesar los prejuicios en los que uno vive inmerso: el igualitarismo ramplón, la democracia llevada a todos los órdenes del ser, el pacifismo estólido e incondicional, etc.. Esta obra, sin embargo, peca de una brevedad injustificable; muchas de las aseveraciones que se hacen y de las argumentaciones que se proponen quedan claramente cojas e incompletas, lo que es una pena. Con todo, su lectura aporta sin duda elementos sobre los que reflexionar y que, a aquellos que no estén familiarizados con el “pensamiento tradicional”, le pueden resultar incendiarios. A continuación me permito transcribir algunos párrafos interesantes.  

“Los que juzgan las cruzadas por encima del hombro […] no sospechan que lo que ellos llaman “fanatismo religioso” es la prueba tangible de la presencia y la eficacia de una sensibilidad y de un tipo de decisión cuya ausencia caracteriza la barbarie auténtica. Porque a fin de cuentas el hombre de las Cruzadas todavía sabía alzarse, combatir y morir por un motivo que, en su esencia, era suprapolítico o suprahumano.”  [La cursiva es del texto original] (pág. 39-40).

“En otras palabras, las situaciones, los riesgos, las pruebas inherentes a las hazañas guerreras provocan la aparición del “enemigo” interior, el cual, en calidad de instinto de conservación, cobardía o crueldad, lástima o furor ciego, se considera que es lo que hay que vencer en el acto mismo de combatir al enemigo exterior. Eso demuestra que el punto decisivo está constituido por la orientación interior, la permanencia inquebrantable de lo que es espíritu de lucha, sin precipitarse ciegamente ni transformarse en un animal violento, sino al contrario, dominando las fuerzas más profundas, controlando para no dejarse arrastrar nunca interiormente, mantenerse siempre dueño de sí mismo […].” (pág. 49-50).

“[El guerrero debe tener] una lucidez supraconsciente o por encima de la pasión del heroísmo […], [y conferir a sus actos ese] carácter de pureza, de absolutidad, que debe tener toda acción y que puede tener cuando se la considera desde el punto de vista de la “guerra santa”: “Considera por igual la felicidad y la aflicción, el ganar y el perder, la victoria y la derrota, y entra en el combate. Cumpliendo así tu deber no incurrirás en pecado” (Bhagavad Gītā, 2.38) Se impone así la idea de “pecado”, que no se refiere más que al estado de voluntad incompleta y de acción, interiormente alejada todavía de la elevación, con respecta a la cual significa tan poco la vida, tanto la suya como la de los demás, y en la que ninguna medida humana tiene vigencia.” (pág. 60).

 Permitidme sólo una consideración a esto último: la palabra “pecado”, según tengo entendido, no existe como tal en sánscrito, ya que es un concepto estrictamente judeo-cristiano-islámico, y la traducción de la Bhagavad Gîtâ quizá no sea la más afortunada por las resonancias semíticas de la palabra. Es probable que el vocablo “pecado” no pueda usarse legítimamente fuera de los límites de las religiones del Libro. En cambio, “error” o “ignorancia” encajarían más con la visión del mundo de la tradición védica, ¿no os parece? Voy a buscar en una buena edición que tengo de la Gītā cómo está traducido este párrafo y os diré algo.

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14 comentarios »

  1. He consultado la Bhagavad Gītā de Consuelo Martín, editada por Trotta (3ª edición, septiembre de 2002), y no se utiliza la palabra “pecado”, sino “falta”. En concreto dice:

    “Emprende la batalla sin tomar en cuenta el placer o el dolor, la victoria o la derrota. Así no caerás en falta” (Bhagavad Gītā, 2.38)

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 28 abril, 2006 @ 9:37 am |Responder

  2. Dejo aparte, de momento, el texto de Evola; en cuanto a si a la idea de «pecado» es acorde o no con las tradiciones indias y, en particular, con el texto de la Gita 2,38, supongo que lo suyo sería ver lo que dicen indiólogos y sanscritistas…

    En cualquier caso, si «pecado» es algo así como la «transgresión de la ley divina», ese concepto estará allí donde esté la idea de «ley u orden divino» y la idea de «libre voluntad», y, por tanto, también en la India. A lo sumo, se puede decir, yo creo, en lo que atañe a la India, que es relativamente ajeno a la tradición vedántico-adváitica, que no es lo mismo que la «tradición védica». A veces nos olvidamos de que el Vedanta no es sólo Shankara, sino también Ramanuja (visishtadvaita o no dualismo cualificado) y Madva (dvaita o dualismo) con sus respectivas tradiciones, y ninguno de los dos, al parecer, tenían nada que objetar a la idea de «pecado», y eso limitándonos a lo que es estrictamente el Vedanta, que está muy lejos de agotar la espiritualidad hindú y no digamos ya la espiritualidad india. Personalmente, creo que esa aversión a la idea de «pecado» puede ser, sobre todo, propia de un cierto advaita, que trata de eludir la idea de la responsabilidad.

    Por otra parte, nada tiene de particular que la (para mí) dudosa edición de Trotta evite «pecado» y diga «caerás en falta» (extraña expresión, pues en castellano se «incurre en falta» o se «cae en pecado», pero no se «cae en falta»), teniendo en cuenta la filiación adváitica de Consuelo Martín y su manifiesta alergia a todo lo que pueda recordar de cerca o de lejos al cristianismo.

    He consultado varias ediciones de la Gita que tengo a mano y el resultado es el siguiente:

    1) Trad. del sánscrito de J. Barrio (Aguilar): «No pecarás si te arrojas a la batalla…»

    2) Trad. de C. Frabetti (no se sabe de qué) (Bruguera): «…no cometerás pecado».

    3) Trad. del sánscrito de Satyapal y Bhavani (Orión, Méjico) (a pesar del lamentable aspecto físico del libro, me parece una buena traducción) : «…y así no pecarás»

    4) Trad. esp. de M. Zafarani de la trad. inglesa de B. S. Prabhupada (Fondo Editorial Bhaktivedanta): «…nunca incurrirás en pecado».

    5) Trad. del sánscrito de F. R. Adrados: «…no cometerás pecado».

    6) Trad. del sánscrito al inglés de Eliot Deutsch (Holt, Rinehart and Winston) (en mi opinión, muy buena): «Thus thou wilt not incur sin» («Así no incurrirás en pecado»).

    7) Trad. del sánscrito al inglés de J. Mascaró (Penguin Books): «In this peace there is no sin» («En esta paz no hay pecado»).

    Por otra parte, el término que utiliza la Gita en ese versículo es «pâpam», que el «Glossary ot terms of Sri Aurobindo Writings» asocia con «demerit» («demérito») y «sin» («pecado»)

    En mi opinión, una de las posibles y diversas conclusiones que podrían sacarse de todo esto es que identificar la «tradición hindú» (¡o hasta «india»!) con el advaita shankariano puede ser una simplificación, bastante cómoda ―sin duda―, pero tal vez bastante irreal.

    Cordiales saludos

    Comentario por Agustín — Domingo, 30 abril, 2006 @ 9:21 am |Responder

  3. Dice el italiano: “Los que juzgan las cruzadas por encima del hombro […] no sospechan que lo que ellos llaman “fanatismo religioso” es la prueba tangible de la presencia y la eficacia de una sensibilidad y de un tipo de decisión cuya ausencia caracteriza la barbarie auténtica. Porque a fin de cuentas el hombre de las Cruzadas todavía sabía alzarse, combatir y morir por un motivo que, en su esencia, era suprapolítico o suprahumano.”

    *

    Vamos, que yo sepa las Cruzadas no aspiraban a ninguna “suprapolítica”, sino a la “recuperación” de tierras orientales y al dominio sobre las riquezas de las ciudades palestinas (o francesas, o turcas, o de donde sea, que se conocen muy bien los objetivos y las circunstancias de estas guerras de “religión”). La bestialidad con la que los cruzados actuaron en sus pillajes no se reduce a un error de interpretación; ahí están los documentos históricos que lo confirman, los asesinatos perpetrados en nombre de “Dios”, la antropofagia, la sangre vertida, el saqueo, la violación y el robo… El resto es pura demagogia, imbuida por la simplona estrategia de simular una historia de la Edad Media absolutamente ficticia y marcada por una “unidad espiritual” que jamás se dio.

    Creo que el bueno de Bin Laden estaría de acuerdo con el resto de la perorata de Evola. El “héroe”, el “guerrero”, insensible ante las pequeñas miserias humanas que resultan de sus bárbaros actos instintivos, no tiene más que adherirse a una “lucidez supraconsciente” y encomendar su alma al molok al que rinde pleitesía…

    ¿En realidad os parece un texto recomendable?

    Saludos cordiales,

    Paco.

    Comentario por Paco — Lunes, 1 mayo, 2006 @ 9:06 pm |Responder

  4. Agustín, gracias por la montaraz catarata de Gitas que has consultado y por las consideraciones que haces. Efectivamente, tiendo a identificar la tradición hindú con el advaita y sin duda hay otras aproximaciones tan legítimas como aquélla, por tanto rectifico mi comentario, demasiado ligero, en relación a la no legitimidad del concepto “pecado” fuera del contexto semita. Ahora bien, la que no entiendo bien es tu frase de que “la idea de «pecado» puede ser, sobre todo, propia de un cierto advaita, que trata de eludir la idea de la responsabilidad”. Quiero pensar que te refieres a deturpaciones más o menos tendenciosas del advaita, y no esa doctrina en sí, ya que posicionarse así sería, me parece, deslegitimar una vertiente de una tradición al tratarla de irresponsable. Me parece claro que, aunque la perspectiva del advaita es claramente diferente en el punto comentado, no sé de dónde deducirías que trata de eludir la idea de responsabilidad, puesto que contempla, tanto como las tradiciones semitas, una “ley de acciones y reacciones concordantes” que éstos llaman “justicia divina” y que el advaita denomina “karma”. En ambos casos, podría decirse que uno se esclaviza a sí mismo (o teje su devenir) a través de sus propios actos (éstos incluyen no sólo las acciones, obviamente; también responden a los movimientos del alma: pensamientos, sentimientos, etc.). No veo cómo entonces podría el advaita eludir la responsabilidad sólo por posicionarse en una perspectiva, por lo demás muy interesante, según la cual sólo se puede “obrar mal” desde la ignorancia, cosa que parece tan evidente que no voy a insistir en ello.
    Paco, entiendo el punto de vista en el que te colocas: no creo que Evola, al que se le podrá tildar de muchas cosas, pero no de ingenuo ni de simplón, pretenda decir en el texto que en las Cruzadas no se cometieron todas las tropelías que se quiera, sino que lo que intenta es apuntar otra dimensión de la vivencia de la guerra (por cierto al alcance de muy pocos, luego no intenta justificar la barbarie), interpretación que, dicho sea de paso, no me rechina en absoluto. Al fin y al cabo, la propia vida (y por supuesto la naturaleza) pueden considerarse, desde la perspectiva que propones, cruel y brutal, y eso no anula en nada otras posibles lecturas de la misma que la trasciendan. Es más, te diría que un pacifismo plano y a ultranza, que niega la violencia como un elemento constitutivo de la propia vida, cierra los ojos ante la naturaleza e incluso ante la condición humana. Esto lo digo consciente de las implicaciones que de ello se deducen y de lo fácil que es interpretar todo esto tendenciosamente. Lo digo incluso a pesar de la repugnancia y el rechazo visceral e intuitivo que la violencia me produce, pero de nada sirve negar la realidad: si existe, debe tener un por qué, un lugar e incluso un uso legítimo. Sí, creo que el texto merece ser leído.

    Comentario por Aspirante a domador — Miércoles, 3 mayo, 2006 @ 11:45 am |Responder

  5. “Considera por igual la felicidad y la aflicción, el ganar y el perder, la victoria y la derrota, y entra en el combate. Cumpliendo así tu deber no incurrirás en pecado” (Bhagavad Gītā, 2.38)

    El problema que veo en la traducción de esta frase no es tanto que el término “pecado” no se corresponda con “pâpam” cuanto que el “pecado” en nuestro contexto actual tiene una carga semántica más “moral” que otra cosa. Y quizá por eso pueda ser un obstáculo para la comprensión de lo que quiere decir el texto.

    “Pecar” quiere decir “errar”, “fallar”, “no dar en el blanco”. Si Arjuna no cumple “su deber” (swadharma), yerra. El problema es que Arjuna está ofuscado hasta tal punto que ha perdido de vista el Dharma en general y el swadharma en particular, debido precisamente a una cuestión de orden emocional que se le presenta como un obstáculo insalvable (tiene que enfrentarse a su propia familia y, eventualmente, matarlos o dejarse matar).

    No recuerda que el Dharma del Kshatriya es el de ejecutar la acción desentendiéndose completamente de ella, sea cual sea, sin esperar ningún fruto, esto es, situándose por encima de la dualidad acción/reacción. Cuando el guerrero es capaz de situarse en esa tesitura, entonces no “peca”. En cualquier otra circunstancia, deberá aternerse a la re-acción, que en sí misma no lo libera del plano del karma y por lo tanto, lo mantiene ligado al samsâra.

    En ese sentido, toda acción (ya sea moralmente correcta o reprobable) es “mala” si se espera algún fruto de ella (sea este a su vez juzgado como “bueno” o “malo”), pues te seguirá manteniendo atrapado en la telaraña kármica, y así no hay ni habrá nunca liberación (mukta) posible.

    Es por eso que Krishna se le “aparece” en todo su esplendor, para recordarle a Arjuna que no es él en tanto que individuo, quien debe actuar. Si lo hace así, cometerá pecado. Ahora bien, si se identifica con Krishna, si se “realiza” como una “función” de Krishna, (en definitiva, si “es” un Kshatriya “arquetípico”) entonces cualquier acción no puede serle atribuida más que a Krishna, no a Arjuna, por lo tanto, Arjuna no peca, porque Krishna no está sometido a la dualidad acción/reacción: causa y efecto son uno en Krishna (el Hombre Universal), no están diferenciados, no son distintos uno del otro. En Él no hay vida-muerte, blanco-negro, bueno-malo, felicidad-aflicción, ganar-perder, victoria-derrota.

    Esa es, dicho en cuatro letras, la función del “kshatriya”, a mi modo de ver, claro.

    Por oto lado, hay que recordar que para el insigne italiano, el kshatriya es la cúspide, la función suprema, cosa que para otros autores, tan conocedores o más del Hinduismo que el propio Evola, no es ni puede ser nunca así.

    Un abrazo.

    Comentario por Dr. Piedra — Jueves, 4 mayo, 2006 @ 12:33 pm |Responder

  6. Me parecen muy acertados los comentarios que haces, Dr. Piedra, y abundando en tu párrafo “toda acción (ya sea moralmente correcta o reprobable) es “mala” si se espera algún fruto de ella (sea este a su vez juzgado como “bueno” o “malo”), pues te seguirá manteniendo atrapado en la telaraña kármica”, cito a continuación otro verso de la Bhagavad Gītā que a mí me parece, además de sobrecogedor, cargado de un profundo sentido: [Le dice Krishna a Arjuna] Sólo tienes derecho al acto, y no a sus frutos. Nunca consideres que eres la causa de los frutos de tu acción ni caigas en la inacción.” (Bhagavad Gītā, 2.47)

    Es curioso que comentes al final, Dr., la preeminencia del kshatriya en la concepción evoliana de la jerarquía social. Por cierto que yo he leído textos de Evola en los que sostiene que la casta guerrera es la “superior” y la que debe regir los destinos de una sociedad tradicional, pero curiosamente en este texto que mencionamos aquí acepta la casta sacerdotal como jerárquicamente superior a la guerrera, debiendo estar esta última subordinada a la primera, cosa que me resultó muy sorprendente en él. Al menos esa es la impresión que tengo; voy a repasar el texto a ver si encuentro el pasaje. Juraría que no me lo invento…

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 4 mayo, 2006 @ 3:11 pm |Responder

  7. No trataba yo, querido Aspirante, de desautorizar (¡líbreme Dios de semejante osadía!) la tradición advaita. El advaita de Shankara y compañía goza, por supuesto de todos mis respetos aunque personalmente lo sienta bastante lejano. Lo que creo observar es que prácticamente todas las manifestaciones concretas del advaita en Occidente parecen gozar de una especie de generalizado y apriorístico respeto incondicional que, en mi opinión, quizá no siempre se merezcan. Era a algunas de esas manifestaciones (que al parecer también tienen su equivalente en la India) a las que yo me refería al hablar de “un cierto advaita” y no a la tradición advaita en sí. En realidad, el hecho no tiene, en principio, nada de especial y forma parte de los procesos de corrupción que ahora afectan a todas las tradiciones. Lo que ocurre es que en el caso del advaita el asunto resulta bastante sutil, probablemente, y entre otras cosas, porque al advaita no “se apunta” cualquiera, sino que sus adeptos suelen ser personas de una cierta formación intelectual, lo que da lugar a derivaciones bastante peculiares una vez que se han separado del contexto global del hinduismo y se han pasado por el filtro de una mentalidad ajena a la que originalmente lo moldeó. En fin, el tema sería largo y difícil y, a mi entender, debería incluir una revisión seria, que alguien preparado para ello tendrá que hacer algún día, de los propios maestros neo-vedánticos hindúes, advaitas y no advaitas: pienso por ejemplo en Ramakrishna, Vivekananda, Aurobindo, Ramana, Nisargadatta…, personajes todos interesantes y, a veces, también, desconcertantes. Pero quede claro, en todo caso, que nada tengo contra la respetable tradición del Vedanta advaita.

    Comentario por Agustín — Viernes, 5 mayo, 2006 @ 9:07 am |Responder

  8. Uf, Agustín, el melón “neo-vedanta”, como has dado en llamar, no será yo quien lo abra; no tengo ni datos ni criterio suficiente como para saber siquiera si los maestros que mencionas se han separado en alguna medida del “auténtico” vedanta. Esto me supera de largo: demasiado arroz para tan poco pollo. Pero si alguien se atreve a ponerle el cascabel al gato, se lo agradeceré: es más, abriré con su texto un tema nuevo (y me temo que cruento).

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 5 mayo, 2006 @ 11:00 am |Responder

  9. Por una vez, y sin que de ello pueda deducirse ley, no me fallaba la memoria: Dr. Piedra, aquí va el texto en el que Evola reconoce la superioridad de la casta sacerdotal sobre la guerrera (parece que aquí Guénon influyó en él decisivamente):
    “Si bien no hay que hablar de jerarquía genéricamente, sino que se trata de la “verdadera” jerarquía, en la que quien está arriba y dirige es realmente superior, hay que referirse a sistemas de civilización basados en una élite espiritual y en la que el modo de vida del siervo, del burgués y del guerrero termina por inspirarse en ese principio para la justificación suprema de las actividades en las que se manifiesta materialmente. Por el contrario nos encontramos en un estado anormal cuando el centro se desplaza y el punto de referencia ya no es el principio espiritual, sino el de la clase servil, o burguesa, o simplemente guerrera.” (Metafísica de la Guerra, pág. 9-10)
    Parece claro su cambio de postura con respecto a otros escritos, ¿no?

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 5 mayo, 2006 @ 11:15 am |Responder

  10. Me parece muy acertado el comentario 5 del Dr. Piedra sobre el asunto del pecado. Para una vez que estoy de acuerdo en algo con él, no quisiera dejarlo en silencio.

    Comentario por Agustín — Jueves, 11 mayo, 2006 @ 10:32 pm |Responder

  11. Tal como escribió Julius Evola, en la antigua India aparecen, como proceso negativo, los brahmanes (a partir de los purohitas, que eran sacerdotes que dependían del rey sacro y cuyo origen hay que buscarlo en cultos dravídicos) y se convierten en casta dominante. Casta, por tanto, inexistente en el mundo Tradicional, en cuya pirámide social encontramos en primer lugar, en su cúspide, la casta regioguerrera y aristocrática de atributos sagrados, en segundo lugar, por debajo de ella, la guerrera propiamente dicha y en tercer puesto, en su base, la de todos aquellos que se dedican a actividades de tipo económico: comerciantes, artesanos, agricultores, campesinos,…
    El sacerdocio, como función autónoma, no existió en ninguna civilización que podamos, legítimamente, denominar como Tradicional. No existió en la China ni en el Japón imperiales y no apareció sino tardíamente en el Antiguo Egipto (y fue como reflejo de un proceso involutivo).
    Y en la Antigua Roma los principales ritos sacros eran ejercidos por la élite de un patriciado cuya función guerrera también le era innata.
    ……………………………..
    Ordenación social jerarquizada del mundo tradicional:
    No existía un estamento sacerdotal propiamente dicho y desgajado de otras funciones, sino que los cometidos y ritos sagrados corrían a cargo de miembros de esa nobleza guerrera a cuyo seno pertenecía la realeza. Como botón de muestra de lo cual podríamos recordar la figura patricia de un Julio César que, aparte de sus cargos políticos y militares, detentó, también la dignidad de ´flamens dialis´ u oficiante supremo de los ritos consagrados al mismísimo Júpiter.

    Saludos:
    Eduard Alcántara
    Septentrionis@hotmail.com

    Comentario por Eduard Alcántara — Domingo, 14 junio, 2009 @ 7:25 pm |Responder

  12. É claro, caro Eduard, tens toda a razão.
    O próprio Bhagavad-Guitá é a explicação (justificação) do carácter sagrado e superior do Guerreiro. Krixna ao explicar, a superação da dualidade (“para alem do bem e do mal”) a Ardjuna, levando-o, guiando-o em seu carro, faz com que este compreenda o Supremo Caminho dos Kxatrias.
    Evola quando “prefere”, o Sacro-Imperio ao papado, justifica mais uma vez a posição Tradicional na qual o papel de Imperador é de carácter guerreiro e espiritual.
    Sobre as cruzadas, também aqui se cai no erro de pensar que o papado se aproveitou da nobreza europeia para a sua causa, ou por outro lado se diz que a conquista de terras, que já naquele tempo eram tão férteis como agora (ironia), por parte dos Reis cristãos era o seu principal objectivo. É claro que isto também é verdade mas não chega como justificação. Existe uma propensão inata em determinados homens para a luta, para o combate, e para estes homens quando para alem desta predisposição natural surge uma justificação metafísica para o combate, estes guerreiros…agradecem – Quer sejam hindus, cristãos, muçulmanos, “pagãos”, budistas (sim budistas, disse bem), etc.
    Enfim, é disso que Julius Evola nos fala na Metafísica da Guerra – A transcendência pelo seu dharma natural.

    Comentario por Legionário — Domingo, 14 junio, 2009 @ 9:35 pm |Responder

    • Estimado Legionário:
      Los ejemplos que das pueden hacer comprender mejor el porqué para Guénon la Restauración del Orden Tradicional (con la consiguiente unión de las funciones sacra y política) debería realizarse a partir del estamento sacerdotal y, en cambio, para Evola dicha Restauración sólo es posible a partir de la figura del guerrero (el cual, por supuesto, debe encontrar la vía del Espíritu).
      El tema de las Cruzadas hoy en día casi sólo se calibra bajo parámetros económicos; lo cual es normal en un mundo tan materializado. La mentalidad del Medievo era bien distinta: nadie se hubiera aventurado a una muerte muy probable en Tierra Santa si no hubiera sido en base a motivaciones supraterrenales.
      Saludos:
      Eduard Alcántara

      Comentario por Eduard Alcántara — Viernes, 19 junio, 2009 @ 8:03 pm |Responder

  13. Gran nivel de debate, felicitaciones. Me gustaria referirme a la opinion que tenia Miguel Serrano acerca del llamado por uno de ustedes “neo vedanta”. El decia que era una corrupcion del hinduismo llevada a cabo por los judios Benin Israel, a los cuales perteneceria Shankaracharia. Por otro lado Rene Guenon contestaba la ausencia de cualquier referencia a la realizacion descendente en Shankaracharia en una supuesta angustia(!?) que le provocaria tal eventualidad a Shancaracharia. Por ahi el advaita no es otra cosa que una realizacion mistica que queda incompleta y se pierde en divagaciones filosoficas demasiado prolificas.

    Comentario por Lauter — Lunes, 15 junio, 2009 @ 8:42 pm |Responder


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