Cabalgando al Tigre

Miércoles, 21 junio, 2006

La filosofía islámica y el problema del ser

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 10:04 am

segovia.jpgTodos aquellos interesados en el estudio del šīcísmo encontrarán en esta monografía de Carlos A. Segovia, publicada en 2005 por la Editorial Universidad de Granada (colección “Biblioteca de Humanidades/Filosofía y Pensamiento”), un profundo abordaje, en clave filosófica y filológica a un tiempo, de uno de los problemas clave en el estudio del Ser: Esencia vs. Existencia. A través del estudio del Kitāb al-mašācir, escrito por Mulla Şadrā a principios del siglo XVII (Siglo XI de la Hégira musulmana), se abordan las preguntas fundamentales sobre el Ser y sus paradojas. Merece a mi juicio especial mención el prólogo de Antón Pacheco, muy breve pero magistralmente sintético, que ha resultado para mí mucho más enjundioso leído al final del libro que al principio, fruto evidente de mi absoluto desconocimiento previo sobre esta aproximación “existencialista” al problema del ser. A continuación transcribo algunos párrafos que considero especialmente interesantes. Qué aproveche.

Poco importa que la Šīca [considerada según los šīcítas la auténtica depositaria de la espiritualidad islámica] sea contemplada como heterodoxa por la mayoría de musulmanes sunníes; no hay, no puede haber en rigor ortodoxia islámica al carecer el Islam del fenómeno Iglesia (a la que, para decirlo todo, a veces se equipara, injustamente, el imāmato šīcí; otra cosa es que el clero šīcíta, históricamente constituido en el siglo X/XVI [calendario de la Hégira/calendario gregoriano] a partir de fuentes con todo extrañas a la tradición šīcí, haya adoptado en parte sus funciones.” (Pág. 34)

Este párrafo me parece muy interesante en relación a la polémica que se sostuvo aquí en “Ortodoxia y heterodoxia”: quizá os estimule a reabrir el asunto.

Lo que sigue es un extracto de una carta de Corbin a D.L. Miller:

Si, en efecto, Dios es el único que Es, no puede ser entonces un Ente, un Ens, así y por ejemplo un Ens Supremum. Al confundir el Ser con un Ens Supremum, el monoteísmo perece en su triunfo, pues reconstruye un ídolo, sólo que más allá de los ídolos que denunciara en el politeísmo, mal comprendido por él. […]. En tanto que el Ser hacer-ser a cada Ente, se sitúa más allá de todo ente, y no es posible explicar ese misterio […] del Uno que hace ser a cada Ente haciendo de él un Ente. Su unidad (unitud) es 1x1x1x1, etc., mientras que la unidad múltiple de los Entes se representa del siguiente modo: 1+1+1+1, etc. Confundir el Ser con el Ente conlleva una catástrofe metafísica.” (Pág. 62)

Este breve párrafo es, en mi opinión, más iluminador que “La paradoja del monoteísmo”, obra del mismo Corbin que trata el tema exhaustivamente y que en su momento me resultó impenetrable, a la par que extremadamente plúmbea. Quizá esto ocurra en virtud de un lenguaje que me es ahora más accesible, no estoy seguro.

“[…] toda filosofía de la existencia está a un paso de emprender por sí misma la rememoración tocante al sentido originario del término ser, a condición de que lo que dé razón de la existencia o del ser de lo que existe no sea un otro existente (un ente), sino justamente eso: la existencia entendida como puro acontecer […], indisponible e inobjetivable.” (Pág. 124)

Aquí se pone el acento en algo que me parece clave para entender (algo) la filosofía sadriana: ha de entenderse la existencia, raíz del ser, como puro acontecer, no como un simple modo de considerar a los existentes, como una cualidad, que vendría a añadirse de algún modo a su posibilidad de ser lo que en esencia son: esto, aquello o lo de más allá.

“[El ser, como subraya Şadrā] es simple, o sea, uno y el mismo en todo, carente de división. Su autodiferenciación in concreto vendrá únicamente dada […] por los diferentes grados de intensidad por medio de los cuales él se manifiesta.” (Pág. 155). “Las quididades [las esencias] son los límites expresivos de la existencia, hallándose cada una vinculada a un determinado “plano” y a un determinado “grado” de su automanifestación.” (Pág. 160)

Hala, ahí es nada. Con esto, Şadrā se habrá quitado de un plumazo el problema de la individuación del Ser, pero yo no lo entiendo. Parece entonces como si los entes fueran algo en cierto modo exterior al Ser, receptáculos de la existencia. O quizá haya que entenderlos como el límite extremo de las posibilidades de la existencia concreta, que al agotarse se cosifican, dando lugar a los entes. No sé. Además, esa diferencia en intensidad, tan sugerente por otro lado, plantea algunos problemas serios: por lo pronto, parecería una diferencia cuantitativa del ente en cuanto a su “contenido en Ser” (si se me permite la tosquedad de la expresión). Yo no sé entenderlo mejor.

La quididad es “una” con la existencia o con el acto de ser, […] ambas son no ya “simultáneamente”, lo que aún permitiría suponer su separación y, en consecuencia, la anterioridad de cada una respecto a la otra, sino en rigor las dos “caras” de lo mismo, […] indisociables, -por más que se confiera primacía a una de ellas en cuanto a la actividad causal […].” (Pág. 170)

Şadrā confiere esa primacía aitiológica, lógicamente, a la existencia, al hecho de ser (correspondería a la afirmación “esto es”), frente a la quididad, la esencia (que correspondería a su vez a “lo que esto es”).

Que el ser sea acontecer frente a toda eventual disolución de su valor existencial en el ente y en la esencia del ente… He ahí sin duda una buena nueva en el horizonte de la indagación filosófica. […] Y es que desde que Moisés obtuvo en el monte Sinaí […] ese “'ehyeh 'ăšer 'ehyeh” […], las religiones del Libro saben, aunque a veces lo hayan olvidado imprudentemente, que “nada es ya [de una vez por todas] idéntico a sí mismo, […que] lo que existe[, precisamente porque existe,] no es todavía, y [que] ese “no ser” verifica la posibilidad de su realización […y] de su sentido, […frente a lo que] el “ser” [… y con él la filosofía allí donde se ha obstinado ella en permanecer apresada en su espejismo, sólo pueden aparecer como] una elaboración categorial del pensamiento humano que ha cosificado lo que es puro movimiento incesante, pura tensión de identidad”.(Pág. 205-206)

La cita del texto (que me parece magistral por cierto) pertenece a Martín Portales, y los corchetes al autor. En cuanto a la citada frase bíblica, traducida habitualmente por “Yo soy el que Soy” o “Yo soy el Ser”, Carlos Segovia propone (y lo justifica filosófica y filológicamente) que la zarza dice en realidad “Yo soy el que acontece” (o el que deviene), poniendo el acento en la existencia y evitando el esencialismo en el que parecen haber caído las religiones semitas.

Si, deviniendo muchos, el Uno deviene otros, y si los otros se vuelven también otros a su vez al volverse hacia Él, ¿no quiere esto decir que la alteridad es, de alguna forma, el secreto de toda identidad, o quizá mejor, de toda vocación existencial? […] Mismo y otro respecto de sí mismo al tiempo que respecto de todo lo demás, todo cuanto es consiste en devenir otro sin por ello renunciar a sí mismo, de suerte tal que su identidad se efectúa y realiza, paradójicamente, deponiéndose.” (Pág. 210-211)

Como siempre en metafísica, la formulación discursiva más cercana a la verdad es forzosamente paradójica, me parece a mí. Y es que a este nivel, las formulaciones deben tener más bien un carácter inspirador de la intuición, ser capaces de provocar una síntesis (aunque sea sutil, casi inasible) más allá del hilo discursivo unívoco, incapaz de contener, por su propia naturaleza, algo que le supera en grado.

Una última cosa: disculpadme por el formato desaliñado que da al texto las variaciones en el interlineado: de nuevo, después de pelearme con este odioso programa, no he conseguido presentarlo mejor; debe ser que los superíndices descabalan el formato. En fin.

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85 comentarios »

  1. Te agradezco, Carlos, que hayas incluido una referencia a mi libro en tu blog, así como las citas y los comentarios que las acompañan. El libro trata, a un tiempo, de cuestiones de índole historiográfica (capítulos I y II) y filosófica (capítulo III), y éstas últimas, que son a mi modo de ver las decisivas, aparecen perfectamente reflejadas (bien que no en su totalidad, como es lógico) en las citas que ofreces a los lectores (y, sin duda, en el prólogo de José Antonio Antón, al que quiero expresar también aquí mi agradecimiento). Me permito, en todo caso, añadir una que, prolongando y enmarcando la última, condensa, en cierto modo, la tesis principal defendida en el libro y la lectura propuesta en él. Dice así:

    "Y es que por detrás de esa lectura sintomática antes que sistemática del pensamiento de Sadrâ, y por consiguiente a través suyo, despunta, si se nos permite decirlo así, el reverso incómodo de la filosofía. Tanto si se concede que ella nació ya madura con Parménides por lo que hace al problema de la identidad y de la alteridad como si se piensa, por el contrario, que para madurar hubo de aguardar, sea hasta Platón, sea hasta Aristóteles. Aquí, en efecto, ni lo 'mismo' lo es 'todo' (Parménides) ni es tampoco solamente 'otro', en tanto que 'mismo' idéntico a sí mismo, respecto de 'otros' en plural (Platón), sino que es también 'otro' respecto de sí 'mismo' sin que ello quiera únicamente decir, por lo demás, que sea 'otro' respecto de su mera potencialidad de llegar a ser tal cosa ni que lo que cae bajo dicha potencialidad sea en cierto sentido 'otro' respecto de su ser cumplido (Aristóteles). […] Mismo y otro respecto de sí mismo al tiempo que respecto de todo lo demás, todo cuanto es consiste en devenir otro sin por ello renunciar a sí mismo, de tal suerte que su identidad se efectúa y realiza, paradójicamente, deponiéndose. Nos encontramos por tanto en las antípodas del principio de identidad, así como simultáneamente, para ser exactos, en las antípodas de toda ontología si por ella entendemos la ciencia consagrada al estudio de lo que es conforme a la información que puede arrojar sobre el significado original de dicho verbo, por su parte, el análisis metalingüístico del campo semántico abierto por la raíz indoeuropea h(e)s- en contraposición a la raíz indoeuropea bhû-, sobre el que se asienta desde sus comienzos el discurso de la filosofía" (p. 211).

    Por supuesto, es posible leer la obra de Sadrâ atendiendo a otra serie de cuestiones que han de ver con su filosofía: los conceptos desarrollados y repensados por él, la arquitectura doctrinal, si queremos denominarla así, resultante del significado y de la operatividad de unos y otros, etc. Pero una lectura sintomática obliga a considerar, simultáneamente, los problemas teóricos de los que tales conceptos son más bien el indicio que la solución. La intención del libro es la de precisar cuáles son éstos y cuál es, en rigor, su alcance.

    Un cordial saludo extensivo asimismo a los lectores,

    C.A.S.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Miércoles, 21 junio, 2006 @ 12:45 pm |Responder

  2. Pues pienso que lo islamico solo pueden entenderlo los islàmicos. Este mismo libro y otros de los catedraticos españoles han sido muy criticados en los medios propios por considerlos ineptos.

    Saludos
    Leoncio

    Comentario por Leoncio — Miércoles, 21 junio, 2006 @ 8:49 pm |Responder

  3. Hola, Leoncio y bienvenido. Cuando te refieres a los "medios", supongo que islámicos, ¿no te referirás al Islam suní? Lo digo porque, siendo coherente con tu argumentación, sólo los chiítas estarían en condiciones de considerar "inepto" un estudio al respecto de su tradición. Y por curiosidad, ¿Corbin forma parte del elenco de hacedores de inepcias?

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 22 junio, 2006 @ 7:38 am |Responder

  4. Con respecto a mi comentario del párrafo de la pág. 160 citado arriba, C.A. Segovia ha tenido la amabilidad de enviarme por email una sucinta apreciación sobre el tema, que reproduzco a continuación:
    "[…] Sadrâ estaría infinitamente más cerca, sin duda alguna, de la segunda opción (los entes como límites de las posibilidades autoexpresivas de la existencia) que de la primera (los entes como receptáculos de ésta). Y en cuanto al carácter cuantitativo de la intensificación, quizá lo que él plantee no sea más que una indistinción relativa entre lo cualitativo y lo cuantitativo: su univocismo le impide circunscribir únicamente la diferencia a la cualidad."

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 22 junio, 2006 @ 7:59 am |Responder

  5. Hola aspirante

    Pues yo digo lo que los propios islamicos me han dicho. Mira que ellos, sunis o chias, en el fondo se declaran de un mismo Islam. Y en los medios propios, es decir islàmicos, hacen sus rictus faciales hasta con los libros de Corbin. Estoy hablando de la trastienda, del patio interior. Me parece que solo los toleran en las universidades y medios librescos etc., pero de haí estoy seguro que no pasan majo.

    Comentario por Leoncio — Jueves, 22 junio, 2006 @ 11:10 pm |Responder

  6. ¿”Majo”? Gracias por tu afectuoso trato, pero no sé si merezco tanto. En cuanto al tema que aquí nos trae, y ya que tienes acceso a esos círculos interiores, estoy deseando saber cómo se aproximan en ellos al problema del ser, y a buen seguro que comparto esta inquietud con la práctica totalidad de los que se asoman a este blog. Si fueses tan amable de darnos aunque fuese unas simples generalidades al respecto, te lo agradecería.

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 23 junio, 2006 @ 8:08 am |Responder

  7. ¿Constituirá realmente el número de vueltas de su turbante, la precisión de sus gestos rituales, la longitud de la barba de un creyente e incluso su entrega a la lectura del Corán y de la sunna del Profeta garantía alguna con vistas a comprender el modo en que ciertos conceptos consignados en su día por Parménides, Platón, Aristóteles, Plotino, Porfirio y Proclo fueron reelaborados en el Islam por al-Farabi, Avicena, Suhrawardi o Mulla Sadra?

    La cosa es tanto más divertida si pensamos que cada vuelta de un número creciente de turbantes viene acompañada en nuestros días de supuestas certezas extraídas de escritos y discursos propagandísticos tendentes a reducir el Islam a un conjunto de banalidades fácilmente consumibles o, más simplemente, a una serie de prodigiosos disparates.

    Pero sea. No es mi ánimo entrar en polémica en un medio como éste. Sólo algunos datos a título informativo y que, por otra parte, no pueden substituir (en la medida en que ninguna información indirecta puede hacerlo) a la lectura del libro. Por supuesto, todas y cada una de las afirmaciones contenidas en él son susceptibles de crítica, sólo que ésta debe, para pretender ser escuchada, cumplir unos mínimos.

    El libro (que, huelga decirlo, es un libro de filosofía, no un libro sobre el Islam) ha sido recientemente incorporado a los fondos de la Biblioteca del Institut du Monde Arabe de París y del Sadra Islamic Philosophy Research Institute de Teherán. Mientras trabajaba en su composición, fui invitado por el Sadra Islamic Philosophy Research Institute a participar en el I World Congress on Mulla Sadra. Y, una vez editado (y tras publicar asimismo este año otros dos libros, uno dedicado a Avicena y otro a al-Ash’ari, célebre teólogo sunní de los siglos III/IX-IV/X), he sido propuesto como consultor de http://www.webislam.com (portal on-line del Islam en español que ha tenido a bien informar a sus lectores de mis publicaciones y de cuya sección “Islamología. Autores y textos de referencia”, iniciada con una breve nota bibliográfica sobre I. Goldziher, soy responsable) en materia de pensamiento.

    Baste ello para indicar no una serie de posibles méritos académicos, sino el tipo de relaciones que, sin ser musulmán y como investigador, he mantenido durante los últimos años y mantengo en la actualidad (aparte de las amistades personales que no es el caso nombrar aquí) con la comunidad islámica española e internacional.

    Más allá de esto (y, repito, de los contenidos concretos del libro y de las críticas que pueda suscitar su lectura), todo el mundo puede opinar lo que buenamente quiera (habiéndolo leído o no, conociendo o no tales datos) de mi trabajo y de sus frutos. Siendo así, no obstante, que, provenientes de la trastienda de no se sabe bien qué negocio, las descalificaciones a priori únicamente retratan a quien las formula.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Viernes, 23 junio, 2006 @ 9:49 am |Responder

  8. ¡Qué ser tan privilegiado el señor Leoncio! ¡Tener acceso a los círculos interiores de mil doscientos millones de musulmanes!¡Y eso en un pis pas, porque la noticia del aspirante sobre el libro de Segovia es reciente! Sin duda tiene poderes inalcanzables para el común de nosotros, tan mortales, tan ignorantes de tanto como saben los que saben. En fin, espero con verdadera sed sus luminosas palabras.

    Comentario por Simón — Viernes, 23 junio, 2006 @ 10:20 am |Responder

  9. Estimad@s tod@s:

    Independientemente de las revelaciones de “Leoncio”, de las que quedamos a la espera con avidez inaudita, y a falta de leer el libro entero de Carlos Segovia, cosa que por desgracia todavía no he podido hacer, me permito en primer lugar felicitarle por su publicación y en segundo pasar a discutir (en el buen sentido del término) algunas de las afirmaciones de los textos que “Aspirante” ha colgado:

    “Poco importa que la Šīa [considerada según los šīítas la auténtica depositaria de la espiritualidad islámica] sea contemplada como heterodoxa por la mayoría de musulmanes sunníes; no hay, no puede haber en rigor ortodoxia islámica al carecer el Islam del fenómeno Iglesia (a la que, para decirlo todo, a veces se equipara, injustamente, el imāmato šīí; otra cosa es que el clero šīíta, históricamente constituido en el siglo X/XVI [calendario de la Hégira/calendario gregoriano] a partir de fuentes con todo extrañas a la tradición šīí, haya adoptado en parte sus funciones.” (Pág. 34)

    De entrada, no creo que sea demasiado correcto hacer depender exclusivamente el concepto “ortodoxia” del concepto “iglesia”, al menos con el sentido con el que parece darle el autor en ese párrafo. Decir literalmente que “no puede haber en rigor ortodoxia islámica al carecer el Islam del fenómeno Iglesia” me parece de una abrumadora impropiedad de lenguaje, extraña, por lo demás, en alguien que suele expresarse con extraordinaria precisión. ¿Qué cabe entender, en primer lugar, por “fenómeno Iglesia”?. Ya que es un profundo conocedor de las lenguas clásicas, y por ello mismo utiliza sus extensos conocimientos filológicos para apoyar sus tesis, es evidente que el autor sabe que el término “Iglesia” proviene del griego “Ekklesía”, que significa “asamblea” y que se refiere por tanto a la “asamblea de los creyentes”…. ¿no es ese precisamente el equivalente homeomórfico (como diría Panikkar) de la “umma” islámica o de la “shanga” budista, por ejemplo?. A mí me parece que, considerada de esa manera, hay “ekklesía” en prácticamente todas las formas tradicionales (por no decir en todas), y siendo esto así, entonces no hay ningún problema en decir que es en el seno de ella donde se da, efectivamente, la decisión y/o la definición de lo que es o no es “ortodoxo”, esto es, de lo que está o no está de acuerdo con la revelación particular de los principios metafísicos que han dado lugar a esa comunidad espiritual específica. En el caso del Islam, de lo que está o no está de acuerdo con el sagrado Corán, en el caso del Hinduismo, de lo que está o no está de acuerdo con los Vedas, etc, etc, dejando aparte la cuestión de que el Corán o los Vedas sean una expresión determinada de un único y mismo Principio o Verdad metafísica… Otra cosa es restringir el campo semántico de la palabra “ekklesía” hasta llegar a considerarlo exclusivamente como una institución burocrática, como parece ser que se sobreentiende en su texto, del tipo “conferencia episcopal”. Entendida en ese sentido ultraburocrático (o ultra y burocrático, vaya Vd. a saber), quizá lo que sería propio decir entonces en que en el Islam hay no una sino un montón de “iglesias” o más bien de “capillitas”, y no digamos en el cristianismo o en otras “religiones”. Deben ser molestias causadas por el Kali-Yuga. En todo caso, ni la conferencia episcopal ni el consejo cardenalicio, ni el Papa, son “la” Iglesia, ni católica, ni cristiana en general. Esto es evidente, ¿o no?.

    “Si, en efecto, Dios es el único que Es, no puede ser entonces un Ente, un Ens, así y por ejemplo un Ens Supremum. Al confundir el Ser con un Ens Supremum, el monoteísmo perece en su triunfo, pues reconstruye un ídolo, sólo que más allá de los ídolos que denunciara en el politeísmo, mal comprendido por él. […]. En tanto que el Ser hacer-ser a cada Ente, se sitúa más allá de todo ente, y no es posible explicar ese misterio […] del Uno que hace ser a cada Ente haciendo de él un Ente. Su unidad (unitud) es 1×1×1×1, etc., mientras que la unidad múltiple de los Entes se representa del siguiente modo: 1+1+1+1, etc. Confundir el Ser con el Ente conlleva una catástrofe metafísica.” (Pág. 62) [Corbin]

    Aparte de una cierta confusión que se desprende de la zona intermedia de la cita, nada que decir. Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Corbin en algo. Incluso su ejemplo aritmético me parece muy bien escogido.

    “toda filosofía de la existencia está a un paso de emprender por sí misma la rememoración tocante al sentido originario del término ser, a condición de que lo que dé razón de la existencia o del ser de lo que existe no sea un otro existente (un ente), sino justamente eso: la existencia entendida como puro acontecer […], indisponible e inobjetivable.” (Pág. 124)

    Según entiendo (y conste que merecería una cierta aclaración, a mi modo de ver, lo que cabe entender o enmarcar bajo el epíteto “filosofía de la existencia”) se confunde aquí el “ser” con el “existir”, como si no hubiese solución de continuidad entre ellos, de tal modo que llega a confundirse el “ser” con “la existencia como puro acontecer… indisponible e inobjetivable”. Sinceramente, creo que tal confusión sí merece (parafraseando a Corbin) la adjetivación de “catástrofe metafísica”. Entiendo perfectamente que se sostenga que “lo que dé razón de la existencia o del ser de lo que existe no sea un otro existente (un ente)” puesto que el principio de “lo existente” o del “ser de lo existente” no puede ser otro “existente (un ente)”. Ahora bien, de ahí a decir que tal principio sea “la existencia como puro acontecer” es lo mismo que decir que Ser = existir = devenir. Esa postura se parece, quizá, más bien, a cierta concepción “popular” del Budismo, pero no la veo yo incardinada en el Islam de ninguna manera, puesto que Allah no deviene, sino que más bien es Inmutable, la Unidad….. el Uno sin segundo.

    Dicho de otra manera: es un error de base confundir el Principio con la manifestación, puesto que es exactamente lo mismo que decir que lo inmutable muta por su propia naturaleza y que no podría no mutar.

    “[El ser, como subraya Şadrā] es simple, o sea, uno y el mismo en todo, carente de división. Su autodiferenciación in concreto vendrá únicamente dada […] por los diferentes grados de intensidad por medio de los cuales él se manifiesta.” (Pág. 155).

    Es evidente que si el ser es simple, uno y el mismo en todo, no puede ser mutable y, por lo tanto, no puede ser un “puro acontecer”, a no ser que “acontecer” se entienda como no-sucesivo (que creo que no es el caso). En cuanto a los “grados de intensidad” no entiendo exactamente qué significa ¿hay seres (entes) más “intensos” que otros?.

    “Las quididades [las esencias] son los límites expresivos de la existencia, hallándose cada una vinculada a un determinado “plano” y a un determinado “grado” de su automanifestación.” (Pág. 160)

    Más bien diría lo contrario, que son los entes “existenciados” los límites expresivos de las “quididades” que en sí mismas, al ser “esenciales”, no pueden llamarse “expresivas”, en el sentido de “manifestadas”. O sea, si las quididades son la causa de la existencia, no pueden ser a la vez las consecuencias últimas de la manifestación. En todo caso, sólo se las puede ver correctamente como límites en el mismo sentido en que son al mismo tiempo causas [Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin] , puesto que se hallan fuera y por encima de la existencia, no en la existencia misma en tanto que entes.

    “La quididad es “una” con la existencia o con el acto de ser, […] ambas son no ya “simultáneamente”, lo que aún permitiría suponer su separación y, en consecuencia, la anterioridad de cada una respecto a la otra, sino en rigor las dos “caras” de lo mismo, […] indisociables, -por más que se confiera primacía a una de ellas en cuanto a la actividad causal […].” (Pág. 170)

    La “quididad” es “una” con el “acto de ser” pero no “una” con la existencia. Esto es, la existencia no es lo mismo que el acto de ser y, en todo caso, le está subordinada. Y conste que esto está dicho considerando el punto de vista del Ser “y” su manifestación. Ahora bien, desde el punto de vista del Principio supremo es evidente que no cabe diferenciar nada en absoluto, lo cual no obsta para mantener la precisión en el lenguaje y no caer en la confusión de planos.

    “Que el ser sea acontecer frente a toda eventual disolución de su valor existencial en el ente y en la esencia del ente… He ahí sin duda una buena nueva en el horizonte de la indagación filosófica. […] Y es que desde que Moisés obtuvo en el monte Sinaí […] ese “’ehyeh ‘ăšer ‘ehyeh” […], las religiones del Libro saben, aunque a veces lo hayan olvidado imprudentemente, que “nada es ya [de una vez por todas] idéntico a sí mismo, […que] lo que existe[, precisamente porque existe,] no es todavía, y [que] ese “no ser” verifica la posibilidad de su realización […y] de su sentido, […frente a lo que] el “ser” [… y con él la filosofía allí donde se ha obstinado ella en permanecer apresada en su espejismo, sólo pueden aparecer como] una elaboración categorial del pensamiento humano que ha cosificado lo que es puro movimiento incesante, pura tensión de identidad”.” (Pág. 205-206)

    No es, en todo caso, ninguna buena nueva, el hecho de que se perpetúe el error metafísico por excelencia y se le dé forma filosófica para intentar entronizarlo como verdad objetiva. Si “nada es ya de una vez por todas idéntico a sí mismo”, habrá que ver a qué se aplica semejante máxima, aparte de que se contradice con lo que se acaba de afirmar más arriba respecto a la naturaleza de las “quididades”. Por otro lado, me parece también erróneo decir que “lo que existe, precisamente porque existe, no es todavía, y que ese no-ser verifica la posibilidad de su realización”. Más bien habría que decir que lo que existe, existe precisamente porque es, sino no podría existir, y que si no-existiese aun “sería” con mayor intensidad, puesto que estaría completamente liberado del devenir o del acontecer. Que el acontecer sea puro movimiento incesante nadie lo duda, pero que sea la realidad tal cual es en sí misma y que sea toda la realidad, es una auténtica “castástrofe metafísica” y un error absoluto.

    “Si, deviniendo muchos, el Uno deviene otros, y si los otros se vuelven también otros a su vez al volverse hacia Él, ¿no quiere esto decir que la alteridad es, de alguna forma, el secreto de toda identidad, o quizá mejor, de toda vocación existencial? […] Mismo y otro respecto de sí mismo al tiempo que respecto de todo lo demás, todo cuanto es consiste en devenir otro sin por ello renunciar a sí mismo, de suerte tal que su identidad se efectúa y realiza, paradójicamente, deponiéndose.” (Pág. 210-211)

    El Uno nunca “deviene”, ni otros ni nada, nunca “acontece”, nunca “sucede”, es siempre idéntico a sí mismo, en sí mismo, y por sí mismo. Si deviniera otros ya no sería Uno. ¿Cómo se puede afirmar que “todo cuanto es [el Uno] consiste en devenir otro sin por ello renunciar a sí mismo”?. Si no se entiende que esto es metafísicamente absurdo (lo diga Sadrâ o lo diga quien lo diga) no hay nada que hacer. Me remito al ejemplo aritmético de Corbin antes citado. ¿Es acaso en realidad el reflejo del uno, algo diferente al uno, tiene entidad [el reflejo] si no es por el uno?.

    “[…] Sadrâ estaría infinitamente más cerca, sin duda alguna, de la segunda opción (los entes como límites de las posibilidades autoexpresivas de la existencia) que de la primera (los entes como receptáculos de ésta). Y en cuanto al carácter cuantitativo de la intensificación, quizá lo que él plantee no sea más que una indistinción relativa entre lo cualitativo y lo cuantitativo: su univocismo le impide circunscribir únicamente la diferencia a la cualidad.”

    No veo contradicción entre ser a la vez “límite de las posibilidades autoexpresivas de la existencia” y “receptáculo de ésta”. Quizá la cuestión estribaría en matizar que un “ente” (un ser manifestado) no puede ser receptáculo de algo que no tiene entidad por sí mismo (la existencia) sino que, en todo caso, será receptáculo del Ser (del cual el ser manifestado no es sino una expresión transitoria y contingente, en términos “guénonianos”).

    Lo dejamos aquí.

    Saludos cordiales.

    Comentario por Dr. Piedra — Lunes, 26 junio, 2006 @ 12:02 pm |Responder

  10. Al Dr. Piedra en atención a sus glosas, dudas y observaciones

    Estimado amigo:

    Agradeciéndote tu felicitación y tus críticas, paso brevemente a comentar éstas y a tratar de aclarar (si con éxito o no es otra cosa) algunas de las dudas que apuntas en ellas. No sin antes señalar que desconfío por naturaleza de Internet como espacio virtual de discusión; atribúyelo, si quieres, al ritmo de las intervenciones, menos sosegado, desde luego, que en una correspondencia, y, de otro lado, a que se trata de un medio, a mi modo de ver, extremadamente frío para intercambiar ideas (si bien no para informar de otras).

    1. Sobre el término Iglesia.

    El uso que hago de dicho término en mi libro (de manera intersticial por otra parte) ha de ver únicamente con la función ideológica que corresponde (en el Cristianismo) a la entidad (a la institución) que él nombra (la Iglesia entendida como magisterio dogmático); y no, por tanto, con su etimología, susceptible en efecto de clarificar (tanto como otros usos posteriores del término) las varias dimensiones que la Iglesia, como realidad o como fenómeno (tómense ambas voces, aquí, por sinónimas), reviste. Respecto de la etimología del término Iglesia, nada que objetar a cuanto indicas. Creo, con todo, que el contexto del pasaje citado autoriza esa otra opción semántica. Pienso sin embargo, tras leer tu observación, que acaso hubiera sido conveniente incluir una breve nota explicativa.

    2. Sobre la asimilación ser = existencia = acontecer = devenir.

    La innegable dificultad que plantea comprender no ya el alcance sino la legitimidad de dicha asimilación, presente en Mullâ Sadrâ y, por cierto también, a su manera, en el neoplatonismo (cuya dinámica excede los parámetros estáticos del platonismo por vía de la influencia que él recibió de la Stoa), depende directamente, a mi juicio, de la dificultad que plantean de suyo a) la necesidad de disociar las dos raíces inicialmente presentes en el verbo ser y en sus derivados y b) la necesidad de constatar el modo y las razones por las que una de ellas terminó siendo morfológicamente absorbida a la vez que semánticamente desplazada por la otra. De ambas raíces (hemos conversado acerca de ello, si no me equivoco, alguna vez), una expresa quietud y estabilidad; la otra, en cambio, movimiento, devenir. Fue ésta última la que terminó por ser desplazada por la primera (sin que primera y última revistan aquí una acepción temporal). Pero curiosamente, fue esa segunda raíz la que irrumpió, como objeto primero de estudio (esta vez sí en sentido temporal), en la reflexión filosófica (decir griega equivaldría a incurrir en un pleonasmo), o lo que es lo mismo, allí donde la filosofía se preguntó por el ser (que diríamos nosotros modificando ya el sentido y el alcance de esa pregunta) en tanto que physis. Posteriormente, y en virtud de dicho desplazamiento, el campo semántico inherente a dicha raíz y las implicaciones filosóficas que cabía extraer de su uso filosófico quedaron con todo impensados o, al menos, relativamente impensados, pues diríase que uno y otras reaparecen aquí y allí, a veces en segundo término, otras veces en forma más nítida. Y esa línea de pensamiento llega hasta Sadrâ. Lógicamente, se puede pensar que éste perpetúa un error, a saber: el error consistente en operar la asimilación antes aludida (frente a la que la filosofía se habría pronunciado, consciente o inconscientemente, antes o después). Pero se puede también pensar, inversamente, que el error estuvo en haberla descuidado. He ahí, en todo caso, dos opciones teóricas perfectamente legítimas desde un punto de vista tanto conceptual como filológico.

    3. Sobre Allâh como Uno e Inmóvil.

    De lo primero (que Allâh sea Uno) no hay ciertamente duda (así lo atestigua en términos muy precisos el Qur’ân). Lo segundo, sin embargo, plantea mayores problemas. Primero, porque ningún pasaje coránico (ni perteneciente a la Sunna del Profeta) lo indica así. Segundo, porque hay, al menos en la Sunna del Profeta, ciertas expresiones que parecerían cuestionar, ab initio, toda posible atribución de inmutabilidad a Allâh; así y por ejemplo el hadîth qudsî, recogido por Bukhârî y cuyo isnâd éste remonta hasta Abû Hurayra (lo que hace de él, doblemente, un hadîth plenamente avalado), en el que Allâh afirma de Sí mismo ser idéntico al “tiempo”, o, más literalmente, al tiempo en tanto que “duración” (dahr). ¿La duración es lo que no cambia, o lo que no deja de cambiar sin cambiar por ello de naturaleza?, ¿quietud (permanencia) o, por el contrario, devenir (continuo y en cuanto tal permanente)? En otras palabras, ¿es (ya sea que la consideremos finita o no) un gran corte (o periodo) inmóvil formado por otros muchos cortes (o periodos) móviles, o es un gran corte (o periodo) móvil formado por otros muchos cortes (o periodos) móviles?, ¿estabilidad o movimiento (entendido éste, a la vez, como divisible en un sentido e indivisible en otro)? La cuestión no es baladí, puesto que las lenguas semíticas carecen de toda raíz verbal que, expresando la idea de permanencia, excluya de ella la idea de movilidad. Quizá sea esto lo que está por detrás no sólo de la filosofía sadriana, sino también de la interpretación que Ibn ‘Arabî hace del nombre divino al-Bâqî en el capítulo 558 de sus Futûhât.

    4. Sobre el Ser, lo Uno y lo Inmutable.

    ¿Puede el ser, siendo Uno, ser mutable y devenir otro? Sí, en la medida, piensa Sadrâ, en que su univocidad y su identidad no agotan su definición. Es precisamente ahí donde entran en juego las nociones de analogía y equivocidad aplicadas a su expresión. Univocidad, analogía y equivocidad no designan, para él, regímenes distintos (es decir, alternativos) de la manifestación del ser (o mejor, de la existencia, según lo ya dicho), sino las tres ópticas correlativas bajo las que es indispensable considerar el acontecer en el que consiste su manifestación.

    5. Sobre los entes y su intensidad variable.

    ¿Hay entes más intensos que otros? Es exactamente lo que piensa Mullâ Sadrâ.

    6. Sobre las quididades (o las esencias).

    Hay para él, en otro orden de cosas, lo determinante (la existencia), lo determinable (de nuevo la existencia) y sus determinaciones (las esencias o quididades con que ella se autodelimita en su expresión). Así que tales determinaciones son más bien los efectos de su manifestación que las causas de ésta, aunque en cierto sentido sean (como límites inmanentes a la manifestación de la existencia) causas de lo manifestado en tanto que manifestado. De ahí el resto de las afirmaciones citadas: las esencias no son receptáculos de la existencia, son junto con la existencia (y, habría que añadir, en función de ella), etc.

    7. ¿Una buena nueva… para la filosofía?

    Todo depende, claro está, de lo que observemos en ésta (en relación tanto con algunos de los principios asumidos por ella desde el principio como con su historia o transcurso, consistente, al menos en parte, en la reelaboración de esos mismos principios). Y hay, a este respecto, una lectura posible que, desde sus márgenes, no ha cesado de interrogar críticamente su qué y su cómo (esto es, el objeto y el discurso prevalentes de la filosofía ya desde Parménides), preguntándose: ¿por qué ha llegado ella a reducir la existencia al ser, el ser al ente y el ente a su esencia? Y que, más allá de esa triple reducción así enunciada, ve (conforme a premisas no siempre coincidentes pero sí afines) el devenir como el dibujo por excelencia de lo real: un devenir cuyos contornos se confundirán en unos casos, en otros no necesariamente, con los de un Uno que se transforma en Muchos sin dejar empero de ser Uno (sin abandonar enteramente el espacio de su mismidad). Una filosofía de la existencia como la de Mullâ Sadrâ encuentra ahí su razón de ser. Su univocismo precisa cuál es, para él, el sentido que debe conferirse a ese devenir; y la analogía y la equivocidad, su carácter, aunque unívoco, diferencial (es lo que he tratado de mostrar en mi libro al hablar de los cuatro sentidos de la Unidad, de los cuatro sentidos de la Diferencia y de las relaciones complementarias que cabe establecer entre ellos).

    En cualquier caso, hay algo que es indudable, a saber: el cuidado que, por lo general, Mullâ Sadrâ tiene a la hora de emplear unos conceptos u otros. Se puede discutir, obviamente, el enfoque del cual depende en última instancia su articulación recíproca y el valor asignado por él a algunos de ellos. No así en cambio, creo, la lógica precisa que preside dicha articulación, cualesquiera que sean los problemas que ésta pueda presentar desde un enfoque otro. Y que los que él a su vez aborda tienen una historia bien precisa es, en mi opinión, no menos incontestable.

    Un cordial saludo,

    C.A.S.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Lunes, 26 junio, 2006 @ 11:14 pm |Responder

  11. Mis excusas por la errata presente en una de las frases del tercer epígrafe, que, en lugar de decir lo que dice, debería decir (falta un prefijo de negación en el adjetivo anterior a la coma): [La duración] ¿es (ya sea que la consideremos finita o no) un gran corte (o periodo) inmóvil formado por otros muchos cortes (o periodos) inmóviles, o es un gran corte (o periodo) móvil formado por otros muchos cortes (o periodos) móviles?

    C.A.S.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Martes, 27 junio, 2006 @ 8:43 am |Responder

  12. Una pregunta para Dr. Piedra: Si “el Uno nunca deviene, ni otros ni nada, nunca acontece, nunca sucede, es siempre idéntico a sí mismo, en sí mismo y por sí mismo” (antepenúltimo párrafo), ¿cómo se explica entonces la existencia del mundo? ¿Cómo los Muchos pueden surgir de (o existir en) un Uno supuestamente inmutable?
    Supongo que habrá motivos para que la frase “todo cuanto es [el Uno] consiste en devenir otro sin por ello renunciar a sí mismo” sea un “absurdo metafísico” (mismo párrafo) y no lo sea, sin embargo, la citada en primer lugar, pero lo cierto es que yo, sin duda por las limitaciones de mi inteligencia, no acabo de verlo. ¿Sería el Dr. Piedra tan amable de explicarme por qué una le parece más lógica o menos absurda que la otra? Muchas gracias.

    Y otra pregunta para C. A. Segovia, respecto de su frase: “Si deviniendo muchos, el Uno deviene otros, y si los otros se vuelven también otros, a su vez, al volverse hacia Él, ¿no quiere esto decir que la alteridad es, de alguna forma, el secreto de toda identidad, o, quizá mejor, de toda vocación existencial? Pues no lo veo, desde el momento en que ése no es sino un paso intermedio del proceso de la existencia. Mas bien, si el destino final de los muchos es reintegrarse en el Uno (y creo que para Mula Sadra es inequívocamente así), ¿no se podría afirmar, por lo menos con la misma razón, y parafraseando sus propias palabras, que “la identidad es el secreto de toda alteridad, o quizá mejor de toda vocación existencial”. O, mejor aún, ¿por qué la identidad tiene que ser la clave explicativa de la alteridad, o viceversa, y no interpretar que alteridad e identidad se justifican mutuamente mediante una superación continuada y recíproca de ecos recurrentes y de amplitud cada vez mayor, en un vertiginoso ascenso hacia las alturas indecibles del no saber? ¿Y no sería ahí un tanto arbitrario tratar de establecer algún tipo de prioridad entre alteridad e identidad?
    Muchas gracias también a C. A. Segovia.

    Comentario por Josephus — Miércoles, 28 junio, 2006 @ 3:43 pm |Responder

  13. ¿No podría decirse que la identidad es, tanto como la alteridad, el secreto de toda vocación existencial? Otorgar prioridad a una de las dos categorías sobre la otra, ¿no resultará arbitrario? Esta pregunta formulada por Josefus me parece muy oportuna, por sí misma y porque ayudará, tal vez, a despejar todo posible equívoco hacia el que pudiera apuntar, en un sentido u otro, la tesis que defiendo en mi libro.

    Veamos. La primera de las frases citadas decía: “si, deviniendo muchos, el Uno deviene otros…”, etc. De lo que se trata aquí es, simplemente, de que el Uno no se queda encerrado cabe sí, en la ipseidad de su “es”, sino que, sin renunciar a sí mismo (pues es a fin de cuentas él el que deviene) deviene Múltiple (deviene y deviene Múltiple, ambas cosas), y ese acontecer al que sin salir plenamente de sí pero sin tampoco quedar únicamente circunscrito a sí mismo se abre (digámoslo así), lo abre (digámoslo también así, por comodidad) al ahí de la Existencia, en la que hay siempre alteridad y devenir (lo uno y lo otro), resumiendo de algún modo el segundo de tales conceptos el primero en la medida en que todo devenir implica una cierta multiplicidad (no así al contrario, ya que podemos pensar en una multiplicidad sin cambio, esto es, en un conjunto puramente topológico de Diferencias, mientras que toda dinámica presupone una determinada pluralidad, si no de móviles, al menos de posiciones en el espacio o en el tiempo). ¿No será entonces la Alteridad, en tanto que el Devenir lo es sin duda (si se acepta lo anterior), el secreto (vuelve a ser una manera de hablar, metafórica si se quiere) de la vocación existencial del Uno?

    En cuanto al destino final de los Muchos, consiste ciertamente, para Sadrâ, en reintegrarse en el Uno. Ahora bien, ello solo tiene lugar en virtud de la posibilidad que cada uno tiene de transformarse en otros (en plural), dado que su crecimiento intensivo lo lleva a adoptar innumerables formas, una tras otra, a través de un proceso continuo (a través de un devenir) en el podemos decir que no subsiste más de lo que cambia. Luego, si es así como se cumple la totalidad virtual de su existencia para cada ente (o sea, para cada uno de los Muchos que son la manifestación del Uno y Único), ¿no será también en este caso la Alteridad (por ello y porque una vez más se trata de su devenir, en este caso ascendente) el secreto (hablando de nuevo metafóricamente) de su vocación existencial? ¡El secreto, no el fin visible, consistente para todos ellos, en efecto, en ser uno con el Uno (y, en consecuencia, con los demás que aspiran a serlo)!

    Pero ¿por qué insistir en esto? Precisamente, porque, a mi juicio, no se ha subrayado suficientemente. Casi nunca se habla acerca del importantísimo papel que Sadrâ confiere a la Alteridad en su filosofía. A lo sumo, se comentan tres ideas-clave presentes en ella: la unidad del ser (o de la existencia), su prioridad frente a la esencia o la quididad y su gradación intensiva. Todo eso está muy bien, pero hay algo más. Una filosofía de la Diferencia tanto como una filosofía de la Existencia, para ser exactos. En mi libro he tratado de restituir el sentido de la primera analizando pormenorizadamente los componentes de la segunda. Pero me he cuidado también de señalar en él que la perspectiva de la Univocidad (y por lo tanto la idea de Identidad) es (son) las que sobredeterminan el conjunto. Al fin y al cabo, es una tensión por la Identidad la que recorre, de un extremo a otro, el pensamiento de Mullâ Sadrâ. Sólo que, por el camino, el problema de la Diferencia y de la Alteridad surge con una fuerza extraordinaria.

    ¿Concede preferencia Sadrâ a una categoría más bien que a la otra? En modo alguno. Justamente porque ello resultaría, en efecto, arbitrario. Cada una es el secreto de la otra, podríamos concluir. Y en el fondo habría que admitir que, siendo la Identidad la idea sobredeterminante del movimiento recíproco del Uno y de los Muchos, ella es, para Sadrâ, el secreto último de Todo (o en otras palabras, su principio y su fin). Pero quizá vaya siendo hora de reevaluar el papel que desempeña aquella otra idea de la que se habla menos (tanto más cuanto que, sin su concurso, ¿habría espacio en lo real para algo más que para la manencia y la soledad del Uno? Aun con el riesgo que entraña siempre acentuar uno de los dos términos de un binomio para reclamar la atención sobre él.

    Muchas gracias (por la pregunta y por la oportunidad de esta explicación).

    C.A.S.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Miércoles, 28 junio, 2006 @ 9:36 pm |Responder

  14. Hola gente

    He presentado vuestras notas a mi informante y el considera que cualquier discusión que yo planteara aquí sería totalmente inutil por causa de vuestro formato mental que presenta un estado en avanzado grado negativo de forma irreversible (es una enfermedad que tiene que ver con la palabra o con el lenguaje según tengo entendido). O sea que sois incorregibles. No obstante les dejo un par de líneas (aunque ellas sean inservibles para ustedes).

    1°/ En el Islam no existe “Filosofía” sólo ciencias tradicionales, por lo que el mismo título de la obra del Dr.Segovia -sólo como ejemplo nada personal- es una doble tautología ya que no existe la “filosofía islámica” y menos algún “problema sobre el ser”.

    2°/ Las características de la lengua árabe y del farsi (persa) son de tal naturaleza que hace totalmente inservible toda traducción a una lengua romance. Todas las obras de M.Sadra han sido escritas en estas dos lenguas.Considerando las advertencias en este sentido de los herederos de M.Sadra sería bueno preguntarle al Dr. Segovia en que lengua lo leyó o estudió

    Comentario por Leoncio — Jueves, 29 junio, 2006 @ 10:18 pm |Responder

  15. Bueno, pues una vez repuesto de la lectura del último mensaje del amigo Leoncio, quiero darle las gracias, en primer lugar a C. A. Segovia por su respuesta y, de forma más general, por su libro. Para quienes estamos preocupados por conocer y no por adscribirnos a estrechas y tranquilizadoras listas de “errores” y “verdades”, textos así son muy de agradecer, independientemente de que se pueda estar más o menos de acuerdo con unas afirmaciones o con otras. Y felicito igualmente a “Aspirante” por lo atinado de su elección.

    En mi anterior comentario pasé por alto una puntualización, que planteo ahora, en relación con la observación que Dr. Piedra hacía a Segovia sobre la palabra “iglesia”.

    Sumándome al acuerdo general en cuanto al sentido etimológico del término, quiero señalar, sin embargo, que el diccionario de la RAE propone para el término “iglesia” diversas acepciones. Está como acepción 1 la que correspondería a su etimología, pero como acepción 4 figura la siguiente: “Gobierno eclesiástico general del Sumo Pontífice, concilios y prelados”. Parece, pues, que el uso que hacía Segovia del término “iglesia”, lejos de constituir una “abrumadora impropiedad del lenguaje”, era estricta y rigurosamente legítimo.

    POSDATA CONFIDENCIAL PARA LEONCIO: Aunque él probablemente lo niegue, estoy en condiciones de afirmar que el Dr. Segovia ha leído a Mula Sadra en finlandés. Sería interesante que consultara usted con su informante acerca de la fiabilidad y las posibilidades de esta lengua como vehículo de transmisión del pensamiento sadriano y nos transmitiese luego las impresiones del susodicho informante. Intuyo que todo este lío en el que estamos metidos puede tener su origen (aparte del estado patológico irreversible de nuestra condición mental) en un mal día del traductor finlandés. ¿A usted qué le parece?

    Comentario por Josephus — Viernes, 30 junio, 2006 @ 9:01 am |Responder

  16. Vaya, son dos malas noticias seguidas: estamos enfermos y encima lo nuestro es incurable. Aceptando esa tesis, no puedo por menos que agradecerte que te dignes a dejarnos un par de perlas de sabiduría aun sabiendo que caen en saco roto. De todos modos, y sin duda debido a mi incurable dolencia, me voy, sin embargo ni sonrojo, a atrever a comentar aunque sea una sola cosa: decir que no existe “problema del ser”, en el sentido que se usa esa expresión, es lo mismo que decir que el cosmos, la creación, la manifestación, la vida, el universo o como lo quieras enfocar, no supone misterio alguno, y su comprensión resulta trivial y exenta de paradojas. Hombre, eso sólo parece al alcance de aquel que ha desentrañado el Misterio radical que supone ser/existir, y eso parece por encima de la condición humana. En cuanto al resto de tus apreciaciones, supongo que alguno de los otros leprosos desahuciados querrá darte su visión, eso sí, deformada por la fiebre del error (incurable).

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 30 junio, 2006 @ 9:11 am |Responder

  17. Disculpen mi pessimo castellano. Pero, como traductor finlándes del Kitâb al-mashâ’ir de Mullâ Sadrâ Shîrâzî debo facer una importante prezision. El manuscripto que he utilizado del Kitâb al-mashâ’ir en mi traduction del mismo (Helsinki, W.F. Olin-Egerman, 2001), de la cual el Dr. Segovia me solicito en 2002 copie, difiere de los litographiados en Tabriz y Tehran en 1861 y 1897 y de los conservads en el Parlamento de Iran y en la colection del professor Shams al-Dîn Sazâ’irî, en los que H. Corbin se fue basado para realizar la editio princeps del texto arábe en 1964. En primero lugar, su paginación discurre en sentido anverso al habitual. En segundo lugar, incorpora un extenso comentario en estilo ta’liq, hasta hora desconocido, de Muhsin Fayd Kâshânî. En tercero lugar, Mullâ Sadrâ equipara en su segundo mas’ar o capitulo las expresiones “fî-l-khârij” (en el exterior) y “fî-d-dihn” (en el pensamiento) aplicadas al ser (wujûd), lo que permitte finalemente aproximar su pensamiento al de Berkeley (“esse est percipi!”). Y por ultimo, a cada duda (su’âl) del cuarto mas’ar corresponde no una respuesta (jawâb) sino dos respuestas contradictoras entre si. El resto es similar. Debo decir asi mismo que el encuentro de dicho manuscripto fue casual: yacia (¿se dice asi?) olvidado en la sala 28 (anakel 39/B-55) de la Biblioteca Imperial de Lieksa. De inmediato publique su descubrimiento y mis conclussions en la prestigiose revista Ex Oriente Lux (vol. XLVIII, pp 437-468). Sin embargo, el posterior incendio de la Biblioteca de Lieksa ha supuesto la infortunada disaparition de este interessantisimo manuscripto, cuya traduction realizada por mi ha sido la fuente de trabajo principal del Dr. Segovia.

    D. Jyväskylä
    Orientalists Institut Helsinki

    Comentario por D. Jyväskylä — Viernes, 30 junio, 2006 @ 1:07 pm |Responder

  18. Ja, ja, desde luego sois de traca los dos, Josephus y “D.(te)Jivas”.

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 30 junio, 2006 @ 2:28 pm |Responder

  19. Mis saludos al profesor Jyväskylä y a Josephus, a quienes agradezco sus respectivas aclaraciones.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Viernes, 30 junio, 2006 @ 7:52 pm |Responder

  20. Querido Aspirante, me deja atónito que te hayas podido tomar a broma tanto mi último comunicado como el del profesor Jyväskylä . Por mi parte, hablaba completamente en serio, y tampoco tengo la menor duda en cuanto a la autenticidad del mensaje de Jyväskylä, que tú, al parecer, has creído fraudulento. Te garantizo que los datos por él aportados son rigurosamente verídicos, como he podido costatar en la página web del Orientalists Institut de Helsinki, con ayuda de un programa de traducción (pues la página, obviamente, está en finlandés).

    Vayamos por partes. Que el Dr. Segovia se haya basado en una traducción finlandesa de Mulâ Sadrâ no demuestra, en absoluto, ninguna falta de rigor intelectual por su parte, como quizá se podría pensar de forma apresurada. En un libro recientemente publicado (“The Prehistory of Language”, Crossroad, Nueva York, 2005, véase especialmente pp. 249 ss.), el profesor C. W. Watts, de la Princeton University, New Jersey, plantea la hipótesis, sólidamente apoyada en pruebas de orden histórico y filológico, de que el finlandés y el persa pueden ser lenguas estrechísimamente emparentadas, por extraño que a primera vista pueda parecer. (Piénsese, de entrada, que el persa, lengua indoeuropea, nada tiene que ver con el árabe, lengua semita, aunque utilicen el mismo alfabeto). El origen común de ambas lenguas, persa y finlandés, estaría, al parecer, en el suomi, hablado por los proto-baltos, pueblos que hace aproximadamente 8.000 años poblaban las regiones árticas —entonces con clima moderado— y a los que los rigores de las sucesivas glaciaciones fueron empujando progresivamente hacia el sur. Los antiguos pobladores de la actual Laponia habrían llegado en oleadas migratorias sucesivas, a través de la Europa central, hasta el Asia Menor, asentándose primero en el curso medio del Éufrates en torno al año 5000; de ahí algunos se dirigieron —plantea Watts— hacia Egipto, lo que explica la desconcertante presencia de trineos (!) como vehículos habituales de los dioses egipcios, en especial de Ra y Sokar, tanto en los “Textos de las Pirámides” como en los “Textos de los Sarcófagos” y en el posterior “Libro de los muertos” (véase, sin ir más lejos, el cap. I del “Libro de los muertos”); la mayoría de ellos, no obstante, pasaron a Persia, donde se impusieron a las poblaciones aborígenes, merced a un armamento y unas técnicas de guerra más desarrolladas, y terminaron por colonizar toda la región que se extiende entre los montes Zagros y el golfo Pérsico.

    Entre los baltos que habían quedado en Escandinavia, la confluencia del suomi y el karjala daba origen al finlandés, pero entre los que emprendieron el largo proceso de migración y colonización —estamos hablando de un período de un par de milenios o tal vez más—, el suomi sufrió una evolución más intensa que dio como resultado el fino-iranio, mal conocido pero del que se conservan inscripciones cuneiformes del período aqueménida, y de él derivaría el persa clásico o antiguo. Ahora bien, cualquier filólogo libre de prejuicios —afirma Watts— puede reconocer, por debajo de ciertas diferencias superficiales, la constancia de unas raíces y unas estructuras lingüísticas prácticamente idénticas, procedentes del suomi proto-báltico, que serían perfectamente reconocibles todavía en las formas actuales del finlandés y el persa; algo, por cierto, que ya había intuido L. Meyer en su “Livländische Reimchronik” (Paderborn, 1896), aunque la idea fuera rechazada por la filología académica —que la consideró excesivamente aventurada e incluso descabellada—, hasta que ha sido recuperada y sólidamente argumentada por C. W. Watts. Especialmente clarificador es el análisis comparado (imposible de resumir aquí) que hace Watts del “Kalevala” y el “Shâh Nâmah” o “Libro de los Reyes” (“The Prehistory…”, cit., cap. VI).

    Si la hipótesis del filólogo de Princeton se confirma, traducir a Mulâ Sadrâ del finlandés (¡atención amigos Leoncio y Aspirante!) no sería, pues, ningún disparate, como en principio podría pensarse. Una lengua siempre conserva intacto su espíritu originario y es muy probable que en las versiones finlandesas de Mulâ Sadrâ resuenen significados recónditos de los que ni siquiera el propio Sadrâ fuera consciente y que, tal vez, el profesor Jyväskylä y el Dr. Segovia (finlandiólogo experto, por otra parte) hayan podido sacar a la luz.

    En fin, así están las cosas. Yo quiero subrayar, una vez más, que el informante de nuestro amigo Leoncio podría ser una pieza clave para aportarnos algo de luz en este complejo asunto, pues es indudable que los círculos interiores del Islam deben estar al tanto de las investigaciones del profesor Watts, que pueden dar un vuelco radical a todos los estudios sobre iranología. Pero no insistiré.

    Pienso, de todos modos, que, al margen del tema de las fuentes finlandesas de Mulâ Sadrâ, podríamos seguir con los comentarios sobre el libro de Segovia, que tanto jugo está dando en este blog.

    En tal sentido, quisiera plantear al autor —desde luego abusando de su amabilidad— una de las dudas que en mí suscita el interesantísimo planteamiento de Mulâ Sadrâ. Veamos. Los seres humanos se inscriben en un flujo universal de metamorfosis, que son, en principio, otras tantas intensificaciones de lo finito por lo infinito. La vocación del ser humano es devenir acto de ser en su máxima intensidad para reintegrarse finalmente en la Unidad. ¿Correcto? Pero, ¿qué es entonces lo que diferencia de Dios a ese ser individual en su máximo grado de intensificación? ¿Qué es lo que le hace mantenerse en la sobreexistencia (baqâ) sin perderse en la aniquilación (fanâ)? ¿Acaso sigue habiendo una diferencia entre el grado de intensidad de Dios (si tal cosa puede decirse) y el de un ser en su grado máximo de intensidad? ¿O está la diferencia en otro lugar? ¿Tal vez en el hecho de que un ser conserve siempre una quididad que Dios, como acto puro de ser, no tiene? ¿O van las cosas por otro lado?

    Intuyo también vagamente una dificultad más o menos paralela en la eclosión de los Muchos a partir de la Unidad: si el acto de ser es anterior a la quididad, ¿cómo puede la pluralidad de los seres «escapar» a la Unidad indiferenciada, al Acto de Ser absoluto? ¿Hay ahí una dificultad real o son sólo mis escasas luces las que me hacen intuir un problema que tal vez (no sé…) una metafísica esencialista podría resolver —al menos a primera vista— con menos problemas?

    Cordiales saludos a todos y muchas gracias, por adelantado, a C. A. Segovia.

    Comentario por Josephus — Lunes, 3 julio, 2006 @ 8:46 am |Responder

  21. No es de extrañar que la audaz tesis de Watts fuera recibida con escepticismo por la mayoría de sus colegas filólogos. En 1866, la Sociedad Lingüística de París se pronunció acerca de la inconveniencia de emprender investigaciones que tuvieran por objeto esclarecer el origen de las lenguas, ya que, por remoto, éste sólo podía considerarse (es lo que argumentaron sus miembros) indemostrable; y tal pronunciamiento adquirió muy pronto valor canónico. Watts, sobre cuyo libro el profesor Jyväskylä ha publicado recientemente una excelente reseña: “Watts theorye värls äke fino-persje cryptohistorje”, Filologistik prolegomek vo kritik, 162 (2005), pp. 73-81, pertenece al escaso grupo de quienes, sin que ello desmerezca en nada el rigor de sus trabajos, han hecho caso omiso de semejante consigna por estimarla en exceso (e injustificadamente) restrictiva. Por otra parte (cito al profesor Jyväskylä, op. cit., p. 74), “el destino de la audacia es siempre el de parecer demasiado ingenua a ingenuos demasiado eruditos”. Pero mi competencia en el campo de la lingüística comparada es muy limitada, por lo que paso a responder a las preguntas formuladas por Josephus al término de su muy razonada y convincente exposición histórico-filológica, de la que, en suma, los defensores de la intraductibilidad del persa moderno harían bien en tomar nota.

    Una vez más, las dos preguntas son sumamente incisivas. Tanto, que Mullâ Sadrâ habría preferido, probablemente… responder a ellas en finlandés. Con independencia de lo que él hubiera dicho o no dicho en tal caso, la respuesta que yo podría dar a ambas es más o menos ésta:

    I. EXCURSO PRELIMINAR

    En el “Kitâb al-mashâ’ir” encontramos 4 DISTINCIONES MODALES (es decir, PURAMENTE LÓGICAS) APLICADAS A LA EXISTENCIA. Dado que la núm. 4 (incluida en el “sello” o conclusión del libro) se apoya en las demás sin añadirles gran cosa, mencionaré únicamente las 3 restantes, a las que llamaré respectivamente distinciones A, B y C.

    Tales distinciones parten a su vez de un axioma común a todas ellas y que puede enunciarse así: LA EXISTENCIA (EL “WUJÛD”) REVISTE DIFERENTES MODALIDADES.

    He aquí cuáles:

    Distinción A (incluida en el sexto capítulo o “mash’ar” y cuyos términos se asemejan a los que emplea Ibn ‘Arabî cuando diferencia entre la Esencia divina, las “hecceidades eternas” que constituyen su manifestación y la manifestación de éstas en los individuos):
    A1. Está en primer lugar, dice Sadrâ, EL “WUJÛD” EN TANTO QUE PURO “WUJÛD”, PERFECTO, NECESARIO Y SACROSANTO.
    A2. A continuación, SUS CONFIGURACIONES PRIMERAS, es decir, sus estados y situaciones primordiales, que implican ya una cierta disminución de su intensidad.
    A3. Y, finalmente, SU PARTICULARIZACIÓN (= la particularización de tales configuraciones y por tanto del “wujûd”) EN LAS CUALIDADES QUE REVISTEN LOS INDIVIDUOS del mundo sensible.

    Distinción B (incluida en el séptimo “mash’ar” y que retoma el esquema aviceniano del ser “necesario por sí mismo” y “necesario por otro” añadiéndole una tercera categoría o modalidad):
    B1. Tenemos también, comenta Sadrâ, el “wujûd” en tanto que necesario por sí mismo (correspondiente, véase, al apartado A1).
    B2. El “wujûd” en tanto que necesario por otro (correspondiente a los apartados A2 y A3).
    B3. Y EL “WUJÛD” EN TANTO QUE VÍNCULO entre B1 y B2 (categoría que faltaba en Avicena), el cual es también “menos”, intensivamente hablando, que B1.

    Distinción C. (incluida asimismo en el séptimo “mash’ar” y que prolonga y precisa la distinción B).
    C1. Está, dicho con otras palabras, el “wujûd” que no depende de ninguna otra cosa, que no está sujeto a ninguna restricción y que es el Origen de todo cuanto es (= B1).
    C2. “El wujûd” no necesario por sí mismo, sino por otro (= B2), siendo ese otro el mencionado en el apartado precedente (entran aquí, dice Sadrâ, las inteligencias, las almas, las naturalezas, los cuerpos y las materias).
    C3. Y, por último, el “wujûd” DESPLEGADO A TRAVÉS DE (= INMANENTE A) TODO ello (= B3), al que los gnósticos llaman el “Hálito del Compasivo” y que es el primer Principio del cual todo en el universo depende (principio principiado, ya que, repárese en ello, no es el Origen de todo, sino que en un sentido es causa y en otro efecto, por lo que recibe a un tiempo el nombre de Principio Primero y de Primer Emanado). Ésta modalidad es identificada también por Mullâ Sadrâ con el “Trono” de “Allâh”.

    Reléanse ahora únicamente las palabras resaltadas en mayúsculas y se obtendrán las CUATRO MODALIDADES BÁSICAS que para Sadrâ reviste el “wujûd” (habría que sumarles otras dos internas a la primera y aquellas en las que puede dividirse C2, pero podemos prescindir aquí de ellas).

    Pues bien, lo primero que hay que constatar es que Mullâ Sadrâ no explica cómo se produce el “tránsito” de una modalidad a otra, es decir, no explica cómo, a partir de C1 (de acuerdo con los términos de la distinción C), se produce C3, ni cómo es que C3 contiene a C2 (siendo así que a la vez que lo contiene lo mantiene vinculado a C1), ni, en fin, cómo hay que distinguir (aparte del recurso siempre posible a otras categorías también modales como la “anterioridad” y la “posterioridad”, en las que redunda la lógica “intensiva” aplicada al “wujûd”, y a las nociones de “analogía” y “equivocidad”, que matizan por su parte, sin cuestionarlo empero, el alcance del “univocismo”), Sadrâ no explica tampoco, repito, cómo hay que distinguir tales términos en base a su “univocidad” (o sea, en base a lo que ellos comparten: la “existencia”, valdría decir, “sin adjetivos”), si es que tal distinción es legítima. ¿Dónde comienza cada uno y dónde termina cada otro en tanto que existentes? Sadrâ no responde, pero podemos imaginar cuál habría sido aquí su respuesta: no es posible distinguirlos atendiendo al hecho de que todos ellos son, aunque diversamente, existentes, sino en la medida en que añadamos a la existencia tales o cuales “adjetivos”, o sea, tales o cuales “rasgos distintivos” que permitan reconocer, en el seno de la “univocidad”, la mera “analogía”: más/menos intenso, anterior/posterior, (contraído/)desplegado, suprasensible/sensible, general/particular, etc.

    II. SEGUNDA PREGUNTA DE JOSEPHUS

    ¿CÓMO PUEDEN “ESCAPAR” LAS QUIDIDADES (cuyo dominio es tanto A2 como A3, o lo que es el lo mismo, B2 o C2) AL CARÁCTER ABSOLUTO DEL “WUJÛD” DEL CUAL SON EXPRESIÓN? Tampoco Sadrâ responde en este caso. Pero podemos volver a imaginar cuál sería su respuesta: “escapan” a él en la medida en que entre B1 (o C1, de un lado) y B2 (o C2, de otro) está B3 (o C3), es decir, EN LA MEDIDA EN QUE LAS QUIDIDADES (ya sea aquellas que pertenecen al mundo suprasensible como aquellas otras inmanentes a lo sensible) SON EXPRESIÓN DEL “WUJÛD” DESPLEGADO O INMANENTE Y NO (o mejor, sólo indirectamente y por medio de aquél) DEL PURO “WUJÛD” TRANSCENDENTE.

    Es verdad que tal respuesta sería insuficiente, pues podríamos de inmediato preguntarnos: ¿Y CÓMO ESCAPA EL “WUJÛD” INMANENTE AL CARÁCTER ABSOLUTO DEL “WUJÛD” PURAMENTE TRANSCENDENTE, DADO QUE ENTRE UNO Y OTRO NO HAY ESTA VEZ MEDIADOR? De nuevo, SADRÂ NO CONTESTA a esta pregunta. Si tuviera que hacerlo, volvería probablemente a hablar de los “rasgos” ya mencionados, es decir, recurriría a su topología modal y a las categorías inherentes a ella, así como a las nociones de analogía y equivocidad. En una palabra, SI TUVIERA QUE CONTESTAR LO HARÍA APELANDO A LA LÓGICA MODAL Y SUS DISTINCIONES, LO CUAL PUEDE JUZGARSE, SIN DUDA, DEMASIADO ABSTRACTO. Y ESTO EQUIVALE A DECIR QUE EL PROBLEMA CONTINÚA, EN EL FONDO (y como ha visto muy bien Josephus) SIN RESOLVERSE, AL MENOS DE MANERA (también para mí) ENTERAMENTE SATISFACTORIA.

    III. PRIMERA PREGUNTA DE JOSEPHUS

    Designemos por otra parte “Instaurador” a B1 e “instaurado” a B2 y a B3, como Sadrâ hace. Lo que es evidente, por todo lo dicho, es que tanto al “Instaurador” (“Allâh” en tanto que pura existencia) como a lo “instaurado” por Él (las existencias o “wujûdât” que lo ponen de manifiesto, ya sea que se trate de B2 o de B3, y, dentro de B2, de A2 o de A3) corresponden UNA MISMA NOCIÓN Y UNA MISMA REALIDAD MÁS ALLÁ DE SUS POSIBLES DISTINCIONES MODALES (de ahí que su filosofía sea, vuelvo a insistir en ello, una “filosofía de la univocidad”). Hay un pasaje revelador en este sentido, perteneciente al séptimo “mash’ar” y que dice así:

    “Dirás entonces que, siendo esto así, la existencia del Instaurador habrá de ser un elemento constitutivo de la existencia de la cosa instaurada, y no algo exterior a ella (…). A lo que a mi vez responderé: ¡así es en efecto!, puesto que la existencia de lo causado está constituida por la existencia de su causa”.

    ASÍ PUES, LA DISTINCIÓN MODAL SE PROLONGA EN UNA DISTINCIÓN AITIOLÓGICA (CAUSAL), PERO POR DEBAJO DE UNA Y OTRA HAY UNA CLARA INDISTINCIÓN ONTOLÓGICA QUE NO PUEDE PASAR DESAPERCIBIDA. Y ESTO EQUIVALE A DECIR QUE TODO SE TOCA CON TODO EN ALGÚN PUNTO, O QUE TODO ESTÁ PLEGADO Y REPLEGADO SOBRE UN MISMO Y ÚNICO PLIEGUE.

    Luego… ¿EN QUÉ MEDIDA EL MÁXIMO DE INTENSIDAD DE UN SER SERÍA ENTONCES IDÉNTICO A “ALLÂH”? ¿PODEMOS LEGÍTIMAMENTE AFIRMAR TAL COSA? NO SÉ SI MULLÂ SADRÂ HARÍA SUYA DICHA AFIRMACIÓN (que, dicho sea de paso, yo no comparto), PERO lo que sí sé es que NO HAY NADA EN SU FILOSOFÍA QUE LA CONTRADIGA. Una vez alcanzado su “maximum” ontológico (que en cuanto tal no es suyo), podemos colegir, cada ser dejaría de ser él para convertirse en ese “maximum” que, hablando con propiedad, sólo puede, para Sadrâ, predicarse, en sentido primero y último de “Allâh”. ¿SERÁ A ESTO A LO QUE ÉL SE REFIERE CUANDO HABLA DEL “CICLO DEL SER” JUSTAMENTE COMO ESO, COMO UN “CICLO”? CREO QUE SE IMPONE UNA RESPUESTA AFIRMATIVA. SI EL “CICLO” ES RIGUROSAMENTE TAL, NADA IMPIDE AL “MAXIMUM” DE INTENSIDAD “DE” UN SER CONFUNDIRSE FINALMENTE CON EL SER EN SU ACEPCIÓN MÁXIMAMENTE INTENSA.

    MI PREGUNTA SERÍA: ¿PREVALECE AQUÍ EL ISLAM O EL NEOPLATONISMO? Como en ocasiones las de Sadrâ, una respuesta del tipo “un Islam neoplatonizado” plantearía, me temo, más problemas de los que resolvería…

    Comentario por Carlos A. Segovia — Lunes, 3 julio, 2006 @ 4:36 pm |Responder

  22. Queridos amigos soy traductor del finlandés desde hace ya casi 15 años, y estoy en condiciones de decir, aunque se que esto no servirá para nada dado el grado de degeneración verbal y paraverbal que padecéis, que no habéis entendido nada del texto original del prestigioso y muy laureado autor, al menos en nuestro país, Mullâ Sadrâ. Tan solo me queda dirigiros y reorientaros a mi libro “las verdades y mentiras vertidas sobre el Mullâ Sadrâ”, que pongo a disposición de todos vosotros, por el humilde precio de 150 euros, sin incluir gastos de envío.
    Un abrazo

    Comentario por Isrlinsky (simpluscink) — Lunes, 3 julio, 2006 @ 7:14 pm |Responder

  23. Tan sólo agradeceros los comentarios y aclaraciones que os hacéis los unos a los otros, ya que no puedo cuestionar ni rebatir nada de lo expuesto, antes he de traducirlo a mi idioma y entenderlo (para mí es como si habláseis en finlandés). En serio, tan sólo quería aportar algo aunque no fuera más que esto, gracias.
    Un abrazo para todos.
    Israel

    Comentario por Israel — Lunes, 3 julio, 2006 @ 7:21 pm |Responder

  24. Mis excusas, Israel, por la muy larga y quizá compleja respuesta a las dos últimas preguntas planteadas. La obra de Mullâ Sadrâ, como la de todo gran filósofo, es desde luego difícil: está poblada de distinciones a veces precisas, otras veces ambigüas, de conceptos que tratan de arrojar luz sobre determinados problemas, pero que no siempre logran clarificarlos o que plantean otros nuevos, etc. Sin embargo, las cuestiones tratadas son en último término muy sencillas: el Uno del que decimos que es y que es lo único que verdaderamente es, ¿deviene?; ¿las demás cosas son su expresión, o bien son distintas de él?; si son su expresión, ¿en qué medida participan de él y cómo es que no se confunden de un modo u otro con él?; si en él todo son diferencias de intensidad, y si el Uno es intensidad máxima, ¿las intensidades máximas de cuantos de él participan son a su vez idénticas a él? Lo propio del pensamiento es, justamente, atender a todas esas cuestiones y a otras muchas afines o no dimanadas de su propio ejercicio y que constituyen, por decirlo así, su materia prima; con independencia de que él pueda y deba proponer, a continuación, una serie de conceptos mediante los cuales responder a ellas y ofrecer una visión más o menos coherente de la realidad. La articulación recíproca de tales conceptos equivale a organizar un cierto sistema entre otros asimismo posibles, pero por detrás de todo sistema están aquellos problemas que los conceptos de los cuales él se nutre permitieron una vez a analizar, y aquellos otros susceptibles de aparecer tras el estudio, sea del sistema, sea del itinerario de pensamiento que llevó hasta él. Pero quizá resulte demasiado arduo tratar de esos problemas sin tener el texto delante, un lugar grato en el que conversar y mucho tiempo por delante que dedicar sin prisas a su esclarecimiento.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Martes, 4 julio, 2006 @ 11:51 am |Responder

  25. Muchas gracias por plantear con tanta claridad los problemas centrales a los que se enfrenta el texto. Por cierto que siempre pensé que era mucho más adecuado enfrentar la obra original de Sadrâ (y del otros pensadores persas) desde el finés que desde su lengua original, pero carecía del aparato erudito para apoyar lo que no pasaba de ser una intuición. Tengo más intuiciones de esas que, llegados a este punto, creo que debo compartir: resulta extraordinariamente revelador aproximarse a la obra de Platón desde casi cualquier idioma galáctico, aunque sin duda es el Klingon el que reúne más cualidades hermenéuticas. En cuanto a Lao Tzé, digámoslo de una vez: nada como el Drow: parece mentira que una raza tan degenerada y abyecta pueda haber desarrollado un lenguaje tan apto para expresar la visión taoísta del mundo: ¿convergencia o raíz común? Todo un misterio.

    Comentario por Aspirante a domador — Martes, 4 julio, 2006 @ 1:05 pm |Responder

  26. DIÁLOGO ENTRE UN INVESTIGADOR, UN DOGMÁTICO Y UN CREYENTE

    – (Dogmático:) ¡Usted no ha entendido nada de Mulla Sadra!

    – (Investigador:) ¿Usted cree? Y dígame, ¿usted qué es lo que ha entendido de él?

    – (D:) Bueno… Mulla Sadra fue un autor muy importante, y los chiítas le tienen mucho respeto, porque era chiíta, ¿sabe usted?

    – (I:) ¿No me diga?

    – (D:) Pues sí. Y, por lo mismo, usted, ya que no es chiíta, no puede comprenderle.

    – (I:) ¿Ah, no?

    – (D:) ¡No!

    – (I:) Y dígame, cuándo se es chiíta, ¿se adquiere de repente una visión clara y distinta sobre él?

    – (D): No le entiendo. ¡Yo lo que digo es que usted no puede comprender a Mulla Sadra!

    – (I:) Puede ser, puede ser… Pero sigue usted sin explicarme qué es lo que usted entiende de él.

    – (D:) ¡Ya se lo he dicho, es un autor chiíta!

    – (I:) ¿Y eso es todo?

    – (D:) Bueno… también escribió algunos libros y formuló algunas ideas.

    – (I:) ¿También?

    – (D:) Sí.

    – (I:) ¿Por ejemplo?

    – (D:) Usted no puede entenderlo, pero decía que Alá es el principio de todo.

    – (I:) Una afirmación original de Mulla Sadra, supongo.

    – (D:) Sí, aunque bueno, también la comparten todos los musulmanes.

    – (I:) ¡Ya!

    – (D:) ¡Mire que yo los conozco muy bien!

    – (I:) ¡Ahá!, me parece estupendo. Pero le importaría decirme algo más sobre las ideas de Mulla Sadra.

    – (D:) Bueno, yo… ¡Ya le he dicho que es un autor muy respetado!

    – (I:) ¿Y ya?

    – (D:) ¡Le he dicho también que para él Alá es el principio de todo!

    – (I:) ¿En un sentido inmanente, en un sentido transcendente o en ambos sentidos a la vez?

    – (D:) ¡Qué! ¿Pretende usted confundirme? ¡Es el principio de todo y punto!

    – (I:) ¿Es eso lo que dice Mulla Sadra?

    – (D:) ¡Sí!

    – (I:) ¿Está usted seguro?

    – (D:) ¡Le digo que sí!

    – (I:) Y dígame, ¿por qué entonces escribió tantos libros y distingue, por ejemplo, entre varias modalidades de la existencia y aplica a ésta el término “tashkîk”?

    – (D:) ¡Eso no importa!

    – (I:) ¿No importa?

    – (D:) ¡No! ¡Todo eso no es más que palabrería filosófica con la que usted trata de enredarme!

    – (I:) ¡Pero si es el propio Mulla Sadra quien habla de ello!

    – (D:) ¡Y usted qué sabe, si él sólo escribió en árabe y persa, idiomas que son intraducibles!

    – (I): ¿Son también ilegibles?

    – (D:) No le entiendo.

    – (I:) Dejémoslo. Pero dígame, ¿y si Mulla Sadra, supongámoslo por un instante, hubiera hecho uso del lenguaje filosófico en sus libros?

    – (D:) ¡Es imposible!

    – (I:) ¿Y qué hacemos por ejemplo con la expresión “anniyyat al-wujûd” que figura en el primer capítulo de su “Kitâb al-mashâ’ir”?

    – (D:) ¿Con qué expresión dice usted?

    – (I:) Con la expresión “anniyyat al-wujûd”, que procede directamente del léxico porfiriano por vía de la traducción árabe de la “Teología” del Pseudo-Aristóteles.

    – (D:) ¡No puede ser!

    – (I:) ¡Se lo aseguro!

    – (D:) ¡Le digo que no puede ser! ¡Mulla Sadra era chiíta!

    – (I:) ¿Significa eso que no pudo leer la “Teología”.

    – (D:) ¡No tuvo necesidad de hacerlo!

    – (I:) Entonces debe ser casualidad que una palabra que no existe en árabe, es decir, que no forma parte del vocabulario de dicha lengua (puede usted consultar cualquier diccionario), aparezca en dicha obra y en la de Mulla Sadra.

    – (D:) ¡Y qué quiere que yo le diga! ¡Será casualidad!

    – (I:) Muy convincente. En fin, mire, como ninguno de los dos tenemos mucho tiempo, despidámonos si le parece y ya continuaremos con esta apasionante conversación en otro momento.

    – (D:) ¡Estoy de acuerdo! Pero antes déjeme decirle que si pretende usted que alguien tome en serio sus palabras se equivoca.

    – (Creyente, saliendo de su silencio:) ¡En eso estoy de acuerdo, al menos en parte, con nuestro amigo! Es verdad, por lo que yo sé, que Mulla Sadra es un filósofo. Y que, en consecuencia, habla como los filósofos, discutiendo en sus libros problemas de los que, antes que él, se habían ocupado otros (Parménides, Platón, Avicena…). ¡Nuestro investigador no se equivoca en esto! Pero el lenguaje de la filosofía guarda muy poca relación, por no decir ninguna, con las cuestiones que preocupan día a día al creyente en cuanto tal. En otras palabras, el Dios de la fe no es el Dios de la filosofía. Y me da la impresión de que los creyentes no debemos tomar demasiado en serio a ésta. A menos que, además de creyentes, nos interesemos por la filosofía. Sin embargo, amigo dogmático, sus palabras son aún menos merecedoras de ser tomadas en serio. Sencillamente, porque nada dicen, ni acerca del Dios de la fe, ni acerca del Dios de la filosofía. A buen seguro, tanto el creyente como el filósofo prescindirán de ellas sin que ello les reporte la menor conmoción. Dígaselo por favor a sus amigos.

    Comentario por Leonardo — Martes, 4 julio, 2006 @ 2:47 pm |Responder

  27. Querido Leonardo y demás familia:

    Creo percibir en el último párrafo del comentario 26 (el que precede inmediatamente a éste) una actitud de generosa condescendencia hacia el conocimiento filosófico, algo así como si se recomendara la tolerancia con esos señores que, en realidad no se han enterado muy bien de qué va la cosa, pero que, después de todo, tampoco son mala gente. Si a ellos les gusta la filosofía… ¡dejémosles con sus manías, que no hacen mal a nadie! parece decir el amigo Leonardo, con una actitud, por lo demás, muy difundida en medios “esotéricos”.

    Sin duda es posible optar por la fe, es posible ser «creyente» en el sentido habitual del término; es decir, aceptar sin cuestionamientos una serie de principios doctrinales, limitarse a ellos y tratar de acomodar la propia vida a una normas éticas y religiosas establecidas (imagino que eso puede ser, más o menos, lo que Leonardo entiende por “creyente”). Muy bien. Yo nada tengo que objetar a eso, pero no creo que ésa sea la única actitud posible de quien quiere orientar su vida hacia el Espíritu.

    Se puede pensar también que Dios bien se merece que uno se esfuerce por poner a su servicio todo lo que tiene. F. Schuon expresaba esta idea diciendo que “la unidad del Objeto exige la totalidad del sujeto”, o, dicho de otro modo, si Dios es, yo no puedo ocuparme de él a ratos o de forma fragmentaria; deberé dedicarle íntegramente toda mi vida y, muy especialmente, la más eminente de las facultades que posee el ser humano: la inteligencia. Y utilizar la inteligencia es sencillamente esforzarse por conocer.

    Tratar de conocer (es decir, conocer quién soy, de donde vengo y adónde voy, conocer mi relación con el cosmos y con Dios) ha sido siempre el objetivo de la reflexión filosófica; y eso no es un juego caprichoso para individuos desocupados. El conocimiento es uno: la idea que me haga de Dios, la idea que me haga del mundo y la idea que me haga de mí mismo no son independientes entre sí, sino que son, en realidad, una misma idea, y esa idea no es irrelevante para la orientación de mi vida hacia el Espíritu. Lejos de ello, a no ser que se tenga una esquizofrenia irreparable, ese conocimiento, como parte esencial que es de la vida, transforma la existencia en su conjunto, es decir, transforma la relación con uno mismo, con el mundo y con Dios.

    Otra cosa es que haya formas distintas de entender el “conocimiento filosófico”. El conocimiento de la filosofía es un conocimiento racional, podríamos decir que por definición. Pero conocimiento racional no es necesariamente racionalismo. La razón es algo así como una puerta; cerrada, impide la entrada de la luz y nos mantiene dentro de los límites que ella misma establece: abierta, deja pasar la luz y nos posibilita el acceso a lo que está más allá de ella. En realidad, cualquiera que reflexione sobre los problemas esenciales de la existencia, cualquiera que se plantee encontrar un sentido a su vida, está haciendo, le guste o no, filosofía. El creyente —si lo que tiene no es una fe estricta y literalmente “ciega”—, también hace filosofía, aunque la haga de forma más simple, menos elaborada, que el filósofo. De la misma manera, cualquiera que utiliza los números para contar está haciendo, le guste o no, matemáticas. Y que algunos, por ignorancia, sólo seamos capaces de sumar, restar, multiplicar y dividir, no me parece que nos autorice a decir que las raíces cuadradas o las integrales no sirven para nada.

    Yo no sé si Leonardo ha meditado bien que el hecho de decir que no «hay que tomarse en serio la filosofía» es tanto como decir que no hay que tomarse en serio a Platón, Aristóteles, Shankara, Ibn ‘Arabî, Nagarjuna, Sto. Tomás… —por citar sólo los primeros nombres que me vienen a la mente— lo que, desde luego, implica una seguridad en uno mismo a prueba de cataclismo cósmico. Tal vez Leonardo tenga sus razones, que yo no capte, y sus creencias le permitan desdeñar con toda justicia a estos personajillos; pero, ante tal actitud, comprenderá Leonardo que es difícil no pensar que lo que quizá se quiere decir cuando se afirma que «no hay que tomarse en serio la filosofía» es que «no hay que tomarse en serio la filosofía… que no coincida con la mía». Espero que Leonardo no se moleste por mis sospechas.
    Cordiales saludos para todos.

    Comentario por Agustín — Miércoles, 5 julio, 2006 @ 11:43 pm |Responder

  28. Genial! lo de Leoncio su concisión en un par de líneas es de una matematicidad completa. Debéis reconocer que os metió un piquete hasta el fondo del ginarejo….jajaja!

    Irrefutabilísimo Leoncio os dió para la completa

    Comentario por Canciller — Jueves, 6 julio, 2006 @ 8:50 pm |Responder

  29. DIÁLOGO ENTRE EL INVESTIGADOR Y EL CREYENTE (LIBRES AL FIN DEL DOGMÁTICO…)

    – (Investigador): Así que el creyente no debe tomar demasiado en serio al Dios de los filósofos… ¿en qué sentido?

    – (Creyente:) Tal y como yo lo veo, sucede esto: día a día, aún tratando de pensar el mundo conforme a lo que es verdadero y de ordenarlo conforme a lo que es mejor, éste nos desborda excediendo nuestras certezas. ¿Y qué hacemos entonces?

    – (I:) ¿Qué hacemos?… Confiar en Dios si todavía nos queda algo de fe y… continuar viviendo. ¿Sería tal vez ésa la respuesta del creyente?

    – (C:) Esforzarnos por volver a pensar y ordenar lo que se nos resiste. ¿Sería ésa en cambio la respuesta del filósofo?… Lo que me pregunto es si éste está suficientemente atento a lo impremeditado. Y si se apercibe de la profundidad de su envite. ¿Lo está? ¿Lo ve?

    – (I:) ¿Por qué no habría de estarlo? ¿Y por qué no habría de verlo? ¡El verdadero filósofo no es precisamente un dogmático, puesto que sabe que lo provisorio, lo fragmentario y lo inesperado están ahí aguardándole!

    – (C:) ¡Ah, nos hallamos entonces ante un tipo infrecuente de filósofo, no ensimismado en sus ideas, escéptico frente a la aparente rotundidad de éstas! En tal caso…

    – (I:) ¿Y por qué imaginarlo de otro modo? ¿Hacerlo no equivale a conceder las palabras al enemigo?

    – (C:) ¡Sea! ¿Pero y la misericordia de Dios? ¿Puede igualarse al conocimiento que de él tenemos o es más excelsa que éste?

    – (I:) Lo segundo, pues si el “sí” de Dios es constante y gratuito frente a nuestro reiterado “no obstante” (frente al modo en que una y otra vez nos apartamos de él al obrar o, creyendo conocerlo, lo confundimos), ello quiere decir que Él es, en último término, No-Indiferencia para con nosotros. ¿Y qué otro Nombre puede convenirle más? ¿Cuál otro podríamos asignarle de manera más eminente? Ahora bien, ¿hemos dejado del lado nuestro conocimiento de él al afirmar esto?

    – (C:) ¡Vaya, nada puedo objetar a esto!

    – (I:) De todos modos, es cierto que Dios, al dirigírsenos, no nos habla sino de la necesidad de nuestro arrepentimiento y conversión. Y es cierto también que a veces olvidamos esto buscando únicamente pensarlo y definirlo. Lo que el filósofo no debería perder de vista, me parece, es que Dios sale al encuentro del hombre de la manera más sencilla que pueda suponerse: en la sonrisa de nuestra amada, en el rumor de la noche, en las lágrimas que vertimos ante la desgracia. Y ahí cesan de algún modo todos nuestros esfuerzos dejándole paso a él. ¡Tampoco yo puedo, realmente, objetar nada a esto!

    – (C:) Quizá el Dios de los filósofos y el Dios de los creyentes no estén entonces tan lejos el uno del otro…

    – (I:) Dejarán de mirarse si el filósofo se vuelve dogmático. ¿Pero no sucederá lo mismo si el creyente resulta ser más bien un simple beato que nada pregunta y que nada cuestiona?

    – (C:) ¡Qué duda cabe! ¿No apuntó alguien antes que la razón es como una puerta susceptible, alternativamente, de abrirse o de cerrarse?… Pero en fin, ha caído ya la noche.

    – (I:) Libres, gracias a Dios, de nuestro amigo dogmático, el tiempo transcurrido desde que éste se fue se me ha hecho sumamente corto, tanto como amena la conversación que hemos mantenido. Pero sí, es tarde ya.

    – (C:) ¡Demos pues un paseo en silencio aprovechando el claro de luna!

    – (I:) ¡Vayamos!

    Comentario por Leonardo — Viernes, 7 julio, 2006 @ 1:26 am |Responder

  30. En contestación a las preguntas planteadas por “Josephus” en el mensaje nº 12, y más que una respuesta que necesariamente sería incompleta, podría recomendarle algunas lecturas al respecto, sobre todo, aunque no exclusivamente, en el ámbito del Hinduismo Vedanta Advaita, pero estoy seguro de que, a pesar de la ignorancia que dice tener, las habrá leído. Cabe pues plantearse por qué, al parecer, no las ha comprendido o bien , aun habiéndolas comprendido, por qué está en desacuerdo con ellas y sobre eso es él quien debería dar una respuesta o hacer una crítica, si se ve con ánimos, lo cual no creo que sea precisamente algo sencillo.

    En cuanto a la frase “todo cuanto es [el Uno] consiste en devenir otro sin por ello renunciar a sí mismo”, su absurdo es, para mí, evidente, puesto que por esa regla de tres lo único que es Uno es, precisamente, la multiplicidad. O sea que la multiplicidad es Una, o bien, lo cual es aún peor, que existe un supuesto Uno, que no renuncia a ser él mismo (o sea, que cabe entender que no renuncia a su Unidad), al lado de otro u otros sin por ello dejar de ser Uno. Eso para mí es confundir la Unidad con la Unicidad (que no son lo mismo)o también, en términos “hindúes”, al Brahma Saguna con el Brahma Nirguna, por no hablar de que se ignora lo que quiera decir la No-dualidad, dejando aparte el hecho de que, en mi modesta opinión, no hay ninguna forma tradicional que sostenga que el Principio Supremo deviene o es múltiple. Otra cosa es explicar el misterio de cómo “surge” de Él lo que nosotros observamos como múltiple.

    Evidentemente hablo en general, y no refiriéndome a lo que Mulla Sadra quiera decir, puesto que, como ya indiqué en su momento, no he leído el libro del Dr. Segovia y no puedo criticarlo (ni a Mulla Sadra ni a él) hasta ese punto.

    Con respecto a la acepción del termino “iglesia” que Josephus señala (mensaje 15), es evidente. Precisamente mi crítica iba por el lado de indicar que, dado que el Dr. Segovia utiliza con rigor la etimología para basar su hipótesis de que el Principio deviene por su propia naturaleza y no podría no hacerlo (recuérdese su traducción de Éxodo 3:14) me parecía obvio que lo mismo debiera haber hecho cuando hablaba de la inexistencia del “fenómeno iglesia” en el Islam. Quizá mi expresión “abrumadora impropiedad” es excesiva, lo admito; considérese un recurso retórico para exagerar la importancia del, a mi juicio, exceso que él también comete al restringir en su dicurso el término “iglesia” al de “jerarquía eclesiástica”, o sea, a la famosa acepción nº 4 del DRAE. Por lo demás, asumió mi observación crítica de forma bastante natural (véase mensaje 10).

    Por último, con respecto al final del mensaje 26 de “Leonardo” y a las posibles consecuencias que “Agustín” indica en el mensaje 27 estoy, aunque parezca increíble al respetable y sin que sirva de precedente, bastante de acuerdo con Agustín, con la salvedad de que no creo que se pueda calificar solamente de “filo-sofos”, esto es, de meros “especuladores mentales” (valga la expresión) a Platón, Shankara, Ibn Arabi o Nagarjuna. Al menos en estos casos, creo yo que se les podría adjudicar directamente el adjetivo de “Sofos”, esto es, de aquellos que han franqueado la puerta de la razón y han entrado directamente en el conocimiento espiritual, más allá de cualquier pura especulación mental.

    Saludos cordiales.

    Comentario por Dr. Piedra — Viernes, 7 julio, 2006 @ 12:58 pm |Responder

  31. hummmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm

    Que olor de azufre hay aquí [({!!})]

    Comentario por psiquiátrico — Sábado, 8 julio, 2006 @ 12:12 am |Responder

  32. Bueno, eso es otra cosa. Me refiero al segundo diálogo de Leonardo que matiza sutil e inteligentemente lo que en el primero podía parecer (o al menos me lo pareció a mí, aunque ahora veo que de forma equivocada) una sospechosa defensa de la creencia piadosa y tranquilizadora frente a la filosofía más o menos inquietante.

    No puedo, de todos modos, identificarme con la vivencia de Leonardo, pues para mí no es la condición de no-indiferencia la que mejor caracterizaría a Dios, sino más bien la de aquello que perpetuamente se esconde y hasta se niega a sí mismo; pero, claro está, no es esto una cuestión de ideas o categorías filosóficas que se puedan discutir o valorar como más o menos acertadas, sino una mera expresión de la experiencia particular de cada cual.

    Dios sale al encuentro en la manera más sencilla que pueda suponerse, dice Leonardo con unos ejemplos oportunos. Muy cierto, convendría yo, y por eso sabemos que Dios es. Pero yo creo percibir que, por encima de todo, Dios se sustrae continuamente tras el absurdo y la ininteligibilidad de una existencia que parece negarlo cien veces por cada una que lo afirma. ¿Es Leonardo ajeno a esta experiencia? Imagino que no, aunque supongo que no coincidirá conmigo en mi metafórica cuantificación…

    Por eso, y apelando a los extremos para dejar más clara mi actitud, puestos a elegir entre filósofos como Nietzsche o Cioran —declaradamente ateos, irritantes por su insoportable egolatría, es cierto, pero con una vocación de absoluto, yo creo, tan incuestionable como implacable—, y tibios creyentes, temerosos ante lo inexplicado, que se refugian en su fe y en un Dios que, utilizado a guisa de parapeto, se convierte en ídolo, no puedo evitar sentirme más cerca (o menos lejos, sería más exacto) de los primeros que de los segundos. Por decirlo de otro modo, haría mía la frase de un famoso hereje, «seducido por el padre de la mentira» —así al menos lo consideró la sapiente ortodoxia— que dijo: «No hay contradicción entre Dios y la verdad; pero si la hubiera y tuviera que elegir, elegiría la verdad y renunciaría a Dios». La frase es de Eckhart.

    Lo que no me impide constatar que, en búsquedas intelectuales de apariencia rigurosa —pero no abiertas a lo impremeditado, como dice Leonardo por boca del «creyente»—, con frecuencia se fijan primero las conclusiones y se montan luego los argumentos, es decir, se elige un método infalible para no llegar jamás a ninguna parte.

    Me alegra ver, en todo caso, que las palabras no sólo confunden y alejan sino que —a veces, al menos— también pueden acercar, y, aclarada la discrepancia, creo participar en lo esencial de la actitud de Leonardo, aunque nuestras experiencias sean distintas; la diferencia puede radicar en que acaso él sea a la vez creyente y filósofo y yo no sea, de hecho, ni lo uno ni lo otro. Por aquello tan repetido —mas no por eso falso— del enriquecimiento que la diferencia implica, si se me permite, me sumaría, pues, gustosamente al paseo nocturno, antes de que se ponga la luna; digamos que como cuarta posibilidad…

    Saludos cordiales.

    Comentario por Agustín — Sábado, 8 julio, 2006 @ 8:51 am |Responder

  33. Me pregunto si esa búsqueda “paradójica” (si podemos llamarla así) que Agustín menciona en su último mensaje tendrá algo que ver, aunque allí aparezca el término “mundo” y no el término “Dios”, con la premisa de la que, si he entendido bien sus palabras, parte el “creyente” en el segundo diálogo de Leonardo; si a la luz de tal búsqueda cabría asimismo esclarecer (aunque no pretendo, por supuesto, cuestionar la singularidad de una y otras) no sólo tales o cuales experiencias narradas por ciertos místicos fundamentalmente cristianos, sino también la experiencia profética de Jeremías (al modo en que da en interpretarla, a mi juicio magistralmente, A. Neher); y, en fin (pasando de la vivencia personal, que es en todo caso la decisiva desde el punto de vista del Espíritu, a la reflexión colectiva y teológica), si dicha búsqueda resultará más posible (esto es, más probable), por ceñirnos a las religiones del Libro, en el Judaísmo y el Cristianismo que en el Islam, dado que en ellos encontramos (¿me equivoco?) una dimensión “paradójica” y a la vez “dramática” (incluso “trágica”) que define, al menos en cierto sentido, la relación del hombre con Dios, sea en virtud de la experiencia (inquietante sin duda) del “silencio divino”, cosubstancial al Judaísmo postexílico, o en virtud de la que es a su vez inherente (pienso aquí en la lectura protestante de la misma, que quizá sea también la medular) a la “teología crucis” cristiana. Se objetará que, como mínimo en el campo de la mística, la distinción “Deus absconditus/Deus revelatus” podría favorecer, tal vez, una experiencia análoga en el Islam, pero habría a continuación que preguntar, creo, por los límites de esa analogía, y acaso también (¿o no?) por el papel casi exclusivo concedido en el Islam, más allá de la mística (o de cierta mística de inspiración neoplatónica, para ser más precisos), al “Dios revelado” (cualesquiera que sean las paradojas propias de éste) en detrimento del “Dios oculto”. Bueno, he ahí, simplemente, algunas reflexiones y sugerencias a tenor de lo comentado en los últimos mensajes.

    Por lo que respecta a lo que señala el Dr. Piedra, me permitiría recomendarle aquí (por seguir hablando de diálogos) una lectura atenta de las VIII hipótesis del “Parménides” de Platón. No porque vaya a encontrar en ellas respuestas distintas de las que él tiene tendentes a convencerle de esto o de lo otro, sino porque hallará allí una serie de interrogaciones críticas, desconcertantes en apariencia pero acaso inevitables, acerca de las aporías características del problema relativo al “Uno”, lo “Múltiple” y su “devenir” (conviene no perder de vista a este propósito que la hipótesis II es la principal del diálogo, que únicamente ella permite rebasar las contradicciones de la hipótesis I y que sus consecuencias no pueden pasarse por alto si no se quiere recaer en la hipótesis I).

    Saludos para todos,

    C.A.S.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Lunes, 10 julio, 2006 @ 9:07 am |Responder

  34. En respuesta al comentario 30 de Dr. Piedra, aun no estando de acuerdo con su argumentación en el tema de la «iglesia», prefiero no seguir con ello porque me parece un asunto menor que podría dar lugar a una discusión modélica en lo que a aburrir a la concurrencia se refiere.

    Algo parecido sucede con la otra cuestión. Mis preguntas, más que pedir unas respuestas detalladas (de cuya extrema dificultad me hago cargo perfectamente), pretendían expresar la sorpresa que me produjo el hecho de que, en un tema como el de la relación entre la Unidad y la Multiplicidad, se puedan marcar tan claramente las diferencias entre la verdad y el error, entre lo absurdo y lo que no lo es, como yo creí percibir en el mensaje del Dr. Piedra. Dada la firmeza de su discurso, pensé que había algún tipo de evidencia que a mí se me escapaba. Veo ahora que nuestro sentido de lo absurdo y lo evidente difiere; pero eso es algo tan engorroso de discutir, que quizá sea mejor dejarlo.

    Por lo demás, yo me limitaba a preguntar algo que no entendía, pero en ningún momento manifesté en mi mensaje (véase comentario 12) desacuerdo ninguno ni con la filosofía adváitica, ni con el Dr. Piedra, ni con nadie. Tratando de responder a la pregunta que se me devuelve, diré que conozco vagamente la filosofía advaita y no estoy en desacuerdo con ella; pero tampoco de acuerdo. Y lo mismo me ocurre con Mullâ Sadrâ. Personalmente, no tengo ni la más mínima convicción de cómo se articula la relación entre la Unidad y la Multiplicidad ni de cómo los muchos surgieron a partir del Uno, ni creo que llegue a tenerla nunca. A Dios gracias, cada día lo veo todo menos claro. Me limito a contemplar desde la distancia lo que dicen unos u otros, con profundo interés pero también —no lo niego— con una cierta dosis de reticencia, pues tengo mis dudas en cuanto a la capacidad humana para llegar a comprender los misterios últimos de la existencia, misterios que lo son precisamente por su condición paradójica, que, a mi modo de ver, hace estremecerse, y mucho me temo que derrumbarse, a la palabra «absurdo».

    En todo caso, comprendo que no tengo ningún derecho a proyectar mis limitaciones sobre los demás y que tal vez otros vean estas cosas con una nitidez de la que yo carezco. Así pues, no insisto. Cada cual lo ve a su manera, supongo…

    Leeremos el Parménides. Mientras tanto, quedad con Dios, hermanos.

    Comentario por Josephus — Martes, 11 julio, 2006 @ 12:04 am |Responder

  35. Comparto con Josephus la perplejidad ante el misterio de cómo lo uno deviene múltiple y ante las relaciones entre ambos términos. No digamos ya sobre el “por qué”, aunque probablemente este interrogante esté mal formulado puesto que intenta aptribuir una motivación a la Divinidad, lo que me parece no deja de ser una antropomorfización.

    Comentario por Aspirante a domador — Martes, 11 julio, 2006 @ 9:49 am |Responder

  36. Estimados todos y en particular “Aspirante” y “Josephus”:

    Como aperitivo al tan espinoso tema de lo Uno y lo múltiple, ¿me permitís recomendaros la lectura y/o el repaso del capítulo V del libro de Guénon “Los estados múltiples del ser”, titulado precisamente “relaciones entre la Unidad y la multiplicidad”?.

    A mi modo de ver es bastante clarificador y puede servir para atacar después otros textos.

    Saludos cordiales.

    Comentario por Dr. Piedra — Miércoles, 12 julio, 2006 @ 1:49 pm |Responder

  37. Lo leí en su día, desde luego, pero siguiendo tu indicación lo releeré. Gracias.

    Comentario por Aspirante a domador — Miércoles, 12 julio, 2006 @ 2:15 pm |Responder

  38. Pensando en la sugerencia de aspirante para leer a Guénon os traslado unas palabras impactantes de parte del Dr.moderador de un distinguido foro filosófico de la Universidad de Oxford:

    “Si yo, realmente comprendiera verdaderamente a Guénon cerraría de inmediato este sitio y me llamaría a silencio y verguenza”

    Cordialmente

    Comentario por troncoso — Miércoles, 12 julio, 2006 @ 8:03 pm |Responder

  39. “Si yo, realmente comprendiera verdaderamente…”. Dios nos libre de tan malos filólogos, que o bien caen sin saberlo en la redundancia, o bien, lo que es peor, se delectan en ella. ¡Por no hablar de los problemas (semánticos) que semejante afirmación plantea! Más allá de esto, una sola constatación se impone: la raquítica pero alargada sombra de los censores (la futilidad es el reverso de su petulancia) avanza entre bastidores. Con goteo, eso sí: sus argumentos deben estar en huelga. ¿O será que sus paupérrimas mentes no dan más de sí? ¡Qué patología! Nada dicen en el fondo, pero se hacen notar. Nos comunican su incomodidad, pero no nos abandonan. Puestos a escoger, me quedo con el azufre.

    Comentario por Fausto — Jueves, 13 julio, 2006 @ 9:54 am |Responder

  40. Permíteme, amigo Fausto, compartir tu sulfuroso destino, como justo castigo a mi desvergüenza. Es por cierto curiosa la sintaxis, la ortografía y el concepto de cordialidad que se estila en los distinguidos foros oxforditas. ¿O debería decir oxfordianos? Yo también tengo mis problemas con el lenguaje.

    En cuanto a la propuesta del Dr. Piedra del comentario 36, abro un nuevo hilo sobre el tema de la relacíón entre lo Uno y lo múltiple en relación a lo que Guenón dice al respecto.

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 13 julio, 2006 @ 1:52 pm |Responder

  41. Ja ja ja…A ver…a quien le contesto?
    En fin, va para todos los que son el mismo de manera de escapar fácilmente de este juego de marionetas.

    Que estallido de histeria hombre!…casi me das a pensar que eres un tio peligroso…y que te han puesto custodia no crees?

    Te crees culto e inteligente pero ni siquiera llegas a la media te diré

    Desde el vamos que meas fuera de la bacha. Este no es un asunto filológico tio sino retórico. Simplemente me limité a traducir del inglés lo que tu llamas redundancia y que en realidad, mas exactamente es un pleonasmo.

    Mira tio, dicen que la debilidad mental acompañada de pretensiones literarias no justificadas produce la pedantería y la verborragia hueca que es justamente tu caso.

    Te diré además que si le preguntas a los que saben te responderán que la redundancia o el pleonasmo son figuras de estilo que se usan corriente y legitimamente como es este caso de pleonasmo utilizado para dar énfasis al concepto. Además de aclarar que el término “realmente” absolutamente no es sinónimo de “verdaderamente”. Si quieres aprender sobre redundancias y pleonasmos lee mejor a los sabios. Mas no te diré, que no me gusta “desasnar asnos”.

    Oye tio te recomiendo que acudas a un amigo y te ayude con una terapia apropiada. En tu caso vendría bien una lavativa y que te sacudan un poco con la toalla mojada. Dicen que es bueno para la soberbia y mas para la “ignorancia propia ignorada” (otra redundancia para tu ficha)

    Comentario por troncoso — Jueves, 13 julio, 2006 @ 9:21 pm |Responder

  42. Se ve, amigo Fausto, que no has tenido trato habitual con ciertos medios. Quise prevenirte, pero llegué tarde. Ya lo has comprobado: lo peor es cuando se empeñan en “argumentar”.

    Comentario por Mefistófeles — Jueves, 13 julio, 2006 @ 11:41 pm |Responder

  43. Interesantes me parecen la reflexiones de C.A.S. sobre los diversos contextos en los que se pueda encontrar esa búsqueda que él califica de “paradójica”, “trágica” o “dramática” y en cuanto a la capacidad de cada una de las tres religiones abrahámicas para albergarla (desde luego, las religiones medio y extremo-orientales parecen aquí quedar al margen, salvo que alguien nos descubra lo contrario).

    En todo caso, yo la veo, por encima de todo, vinculada de forma eminente con el gnosticismo, con su experiencia de extranjería y de exilio, y con este mismo gnosticismo en su confluencia con el neoplatonismo, que ha aflorado en corrientes místicas de diversas tradiciones religiosas (se puede discutir si de forma más o menos natural o coherente con el contexto que las alberga, pero ésa es otra historia); a mi entender, sin embargo, esa búsqueda se ha manifestado sobre todo, de una forma más individualista, menos religiosa, y quizá por ello mismo —yo pienso— más depurada, en el romanticismo (especialmente en el romanticismo alemán, pero también en el inglés), que posiblemente haya sido el momento de la historia en que Occidente haya estado más cerca de la transcendencia desde que terminó la Edad Media. Es cierto que el romanticismo alemán e inglés estuvieron mucho más relacionados con el protestantismo que con el cristianismo, lo que, por una parte, vendría a confluir, por otro camino, con lo que también apuntaba Carlos Segovia; aunque, por otra parte, habría que ver hasta qué punto el protestantismo puede ser, en este caso concreto, algo más que una influencia «ambiental» y hasta qué punto, también, los grandes románticos tenían vínculos religiosos institucionales reales. Yo me inclino a pensar que precisamente la ausencia de tales vínculos, con la desprotección absoluta que ello supone ante Dios, aportó, en este caso, un elemento de radicalidad y profundidad a su búsqueda.

    Ya sé que esto es apartarse mucho de Mullâ Sadrâ, pero no pretendo seguir por ahí. Entiéndase como una mera digresión siguiendo una línea colateral planteada de forma ocasional.

    Comentario por Agustín — Jueves, 13 julio, 2006 @ 11:46 pm |Responder

  44. Mefistofeles, Fausto…Cuanto averno apareció de pronto por el arte del birbiriloque……. jaj ja jajaj…….que locos!!!

    Comentario por Cinthia — Viernes, 14 julio, 2006 @ 12:10 am |Responder

  45. Os la están poniendo sin lubricar

    Ánimo mis valientes!! no aflojeis!!.

    Mantened duras las colas y en ristre los tridentes!!

    Comentario por Cinthia — Viernes, 14 julio, 2006 @ 12:26 am |Responder

  46. Hay tal cantidad de derivas posibles en lo planteado en los últimos comentarios de unos y de otros, que debo seleccionar, así que me ciño, de momento, al mensaje 35 de Aspirante, breve pero problemático, sobre el que quisiera señalar tres puntos.

    1. En primer lugar, no creo haber atribuido voluntad o intencionalidad a Dios en lo que atañe a la relación de la Unidad con la Multiplicidad, y, si así lo he dado a entender, ha sido, desde luego, por defecto en mi expresión; en tal caso, debería pedir disculpas, aunque, a decir verdad, no me parece que el afirmar que alguna dinámica interna tenga que haber en la Unidad que genere la Multiplicidad (caso de que se suponga algún tipo de prioridad o anterioridad en la primera respecto de la segunda) equivalga a invocar la Voluntad divina. Esa dinámica podrá ser comprensible o no, podrá estar relacionada con la Voluntad divina o no, pero, en cualquier caso, me parece legítimo e incluso necesario preguntarse por ella. Con lo cual, de momento, y si no se me dan otras razones, me permito disentir de la opinión de Aspirante de que la pregunta esté mal planteada.

    2. Otro tema distinto es el de la Voluntad divina. Dejando de momento la cuestión de la Unidad y la Multiplicidad: ¿es erróneo atribuir motivación a Dios? Yo no lo sé, pero si no hay motivación en Dios, entonces gran parte de las tradiciones religiosas empezando por sus propias Escrituras sagradas se nos derrumban, pues la idea de que Dios tiene Voluntad y ha creado el mundo por Voluntad propia y ha tomado decisiones con respecto a él, no me parece que sea precisamente una cuestión secundaria o menor, por lo menos en las tres tradiciones abrahámicas. Es decir, si afirmamos que no hay Voluntad en Dios, debemos tener claro que estamos hablando de un Dios que podrá ser el del budismo, el del vedanta o el del taoísmo, pero que no es el Dios del judaísmo, el cristianismo y el islam, yo creo

    Naturalmente, se puede uniformizar a todas las tradiciones, afirmando que eso de la Voluntad divina es en realidad una cuestión exotérica que desaparece como por encanto en cuanto accedemos a los planos superiores del esoterismo, donde todo se disuelve en el mar de la universalización y la impersonalización, mediante el cómodo sistema de interpretar como metáfora, o situar en un «plano ontológico inferior», todo aquello que no cuadra. Pero, desde mi punto de vista, eso es no tomarse muy serio ni la Biblia ni el Corán.

    3. Me parece ver otro punto problemático en el breve mensaje de Aspirante: da la impresión, por sus palabras, de que cualquier antropomorfización de Dios sería ilegítima; personalmente, tendería «instintivamente» a pensar lo mismo que él, pero creo sin embargo que eso no es completamente evidente, pues ¿puedo pensar a Dios sin antropomorfizarlo en algún sentido, es decir, sin reducirlo y adaptarlo a los límites de mi subjetividad? ¿Sí? ¿No?

    De momento, lo dejo ahí.

    Comentario por Josephus — Viernes, 14 julio, 2006 @ 12:33 am |Responder

  47. Josephus, primero quiero aclarar que, efectivamente, no me pareció que atribuyeras voluntad o intencionalidad a Dios en tu intervención: fue una reflexión mía, sin más. Que debe haber una “dinámica interna” en el fenómeno de manifestación lo comparto sin matices, pero identificarla con una “voluntad” en el sentido humano del termino… no sé, me rechina un poco. Cierto que las religiones semitas atribuyen a Dios voluntad y motivación, pero entiendo que es una forma analógica de referirse a algo que necesariamente es inefable. A mí me resulta intuitivamente más razonable pensar en la “voluntad divina” como en un atributo del cual deriva lo que nosotros entendemos como voluntad, y que, dicho sea de paso, no puedo imaginar. Y en cuanto a esa impresión que desprendes de mis palabras, a saber, que hay algo de ilegítimo en la antropomorfización de Dios, aciertas: creo efectivamente que no es legítimo. Quizá sirva en casos especiales para aproximaciones muy concretas, pero igual que el reflejo de un objeto en un espejo es la imagen del mismo y no el propio objeto, los atributos del hombre, hechos a imagen y semejanza de los de Dios, han de carecer de la dimensión que les da profundidad: son en cierto modo “planos” en relación a sus causas. Ni que decir tiene que esta reflexión es provisional (como todas las que hago) y que no pretendo hacerlas pasar ni por convicciones pétreas ni mucho menos por verdades ineluctables.

    Por último, y un poco fuera del tema, un aviso a navegantes, en especial para nuestro transatlántico Troncoso: a partir de ahora, dada tu exquisita educación carcelaria, tu propensión al insulto romo y tu altura intelectual, más propia de un invertebrado, te anuncio que después de tu última intervención me siento legitimado para editar o directamente eliminar cualquier intervención que considere inadecuada sin más explicaciones que las que yo estime oportunas.

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 14 julio, 2006 @ 10:44 am |Responder

  48. Como soy algo mas caritativo que Leoncio estaba redactando o tenía a medio acabar una abundante refutación en lo que concierne al Islam y a Mulla Sadra. Quiero decir una abrumadora nómina de errores simples, errores compuestos, errores de concepto y errores de traducción que venís aquí propalando para la malasuerte de los no advertidos.Esta lista responde punto por punto, palabra por palabra y frase por frase a todas y a cada una de las falacias que aquí venís enarbolando.

    Pero, la verdad es que ahora mismo no dispongo de tiempo para terminarla(Estoy saliendo de viaje)y no puedo portar el gabinete conmigo. Así que, si el insípido aspirante o su majestad el error del soberano reino de la ignorancia me lo permite la colgaré aquí a mi vuelta (en 30 días aproximadamente).

    Igual, que sea como tu digas joaqui, ya que manejas el comando de esta ínfima y fantasmal burbujilla.

    Comentario por troncoso — Viernes, 14 julio, 2006 @ 9:45 pm |Responder

  49. Ardo en deseos de leer ese compendio de saber que prometes. Lo que sigue sin encajarme es por qué alguien de tan profunda sabiduria, Troncoso, insulta con tanta facilidad y vehemencia. Misterios de la cercania a Dios, supongo.

    Comentario por Aspirante a domador — Sábado, 15 julio, 2006 @ 8:20 pm |Responder

  50. A diferencia de Aspirante, yo no ardo en nada. Privilegio de mi condición, supongo. Así que, si en lugar de un mes, te tomas un milenio, tranquilo; no pasa nada.

    Comentario por Mefistófeles — Domingo, 16 julio, 2006 @ 10:07 am |Responder

  51. Eso. Además,la prisa es cosa del diablo.

    Comentario por Josephus — Domingo, 16 julio, 2006 @ 10:08 am |Responder

  52. Pues yo celebro que por fin se aporte otra cosa que insultos y descalificaciones (tanto en el tono como en las formas), aunque sea a un mes vista, o a un milenio vista. De igual manera me parece extraño la filiación de varios de vosotros a estos insultos, sin que les acompañen razonamientos que los apoyen. Pienso que prácticamente ninguno de los que escriben en este blog están de acuerdo en casi nada, lo que enriquece, a mi parecer, estos diálogos, ya que, tampoco ninguno de nosotros se cree, afortunadamente, o esta en posesión, desgraciadamente, de la verdad absoluta y a través de estos diálogos nos enfrentamos a las lagunas de nuestro pensamiento.
    Por ultimo quisiera expresar mi admiración ante Carlos Segovia ya que su actitud frente al desacuerdo ha sido siempre ejemplar y bastante humilde, a mi parecer (cosa que no puedo decir de todos los que aquí escribimos), intentando hacerse entender (p.ej comentario 24) y exponiéndose a todas las dudas y cuestionamientos que se le han hecho, y siempre, como ya he dicho antes, de forma ejemplar. Querido Carlos si tú eres el demonio, acógeme y hazme un hueco en tu infierno.
    Nos haríamos a todos un favor si las desavenencias se centraran en las ideas y no en los que las escribimos.
    Un abrazo para todos y todas, especialmente para Pitufina y Simon
    Israel

    Comentario por Israel — Domingo, 16 julio, 2006 @ 11:41 am |Responder

  53. Desvío por saturación. Para Pitufina, y un poco para Israel, aunque para (casi todos)los demás sea sacar un tanto los pies del tiesto, pero qué le vamos a hacer, ya puestos, un poco más no importa demasiado, ¿no? ¿o sí? Bueno, me voy adonde iba: Pitufina ¿viste “En tierra de hombres”? No sé si han sido los demonios, o qué habrá sido, pero quería preguntarte… en fin, hablaremos en otro lugar, espero, con cervecitas frescas a ser posible, no sea que se nos ensulfuren, porque tampoco quiero abrir otro “post”, o como se llame, y aquí podría ser una herejía o así. Disculpas a quien sea menester, y besos a todas y todos.
    Simón

    Comentario por Simón — Domingo, 16 julio, 2006 @ 4:12 pm |Responder

  54. Muevo aquí este comentario 54, colgado por Carlos A. Segovia, con su permiso y atendiendo al interés y a las posibilidades de suscitar nuevas consideraciones que el texto tiene.

    Pingback por Cabalgando al Tigre » Schelling y el panteísmo — Lunes, 17 julio, 2006 @ 12:21 pm |Responder

  55. ¿Habrá alguna diferencia entre vender conscientemente el alma al diablo a cambio del conocimiento y regalársela, sin saberlo, a cambio de la ignorancia? ¡Furia! ¡Banalidad! ¡Incontinencia! ¡Ni mil diccionarios bastarían para mitigar tales llamaradas! Así que cada palo aguante su vela… hasta que se consuma. ¡Ved, los hay que ya son ceniza!

    Comentario por Fausto — Lunes, 17 julio, 2006 @ 1:01 pm |Responder

  56. Hola de nuevo, en primer lugar disculparme ya que seguramente no habré comprendido lo que aquí se discute, aun así mi atrevimiento es mayor que mi ignorancia y pregunto:
    Si en verdad Dios=Devenir=Existir, esto implica una existencia eterna, infinita, o así lo entiendo yo (ya digo que a lo mejor no lo he comprendido), y si eso es así, ¿no es ese Dios el mayor de los infiernos?. Bien es verdad que a lo mejor concibo la existencia como la vida humana, tal y como yo la conozco, pero aun siendo mucho mejor que la que yo imagino, ¿no es eso una cárcel infinita?. En otro orden de cosas este planteamiento entraría en conflicto con algunos planteamientos de alguna de las Tradiciones que yo conozco (Cristianos y Advaitas), o al menos, repito una vez más, como yo las entiendo, por ejemplo: la resurrección de los cuerpos al final de los tiempos (¿cuál es el final de esos tiempos?), ¿se puede decir que estamos en el Kali yuga de una existencia infinita?.
    Puede que no tenga sentido lo que diga o que no tenga que ver con lo que aquí se debate, aun así aprovecho que se ha ido una buena parte de los que aquí escriben para decir mis chorradas y luego sin son muy chorras las edito ya que tengo enchufe con el aprendiz de jinete, es broma (un poco de sentido del humor así como un poco de conciencia de la propia ignorancia de cada uno no viene mal en los tiempos que corren).
    Os advierto de todas maneras que tengo más dudas pero las dosificare para no saturaros.
    Besos a todos y todas
    PD: Simón yo soy muy envidioso y también quiero cervecitas o un vino tinto contigo y con Simona (no se si puedo llamarlo así)y por supuesto con quien quiera venirse.
    Besos

    Comentario por Israel — Martes, 18 julio, 2006 @ 9:07 pm |Responder

  57. Querido Israel, podías haber planteado tus preguntas antes de que C.A.S. —que me parece que es el único que aquí sabe de qué va realmente Mullâ Sadrâ—, se nos fuera de vacaciones, pero quizás a ti te sucede lo mismo que a mí: que siempre se nos ocurre lo que hay que decir cuando la ocasión ha pasado.

    Yo apenas tengo unas vagas nociones de este autor, pero a la espera de que alguien más informado me corrija, te daré mi opinión que, desde luego, debes tomar, por esa razón obvia, con las máximas reservas y que se refiere más a cuestiones colaterales que al centro mismo del problema que de ningún modo me atrevería yo a abordar.

    En realidad, yo no creo que aquí se haya identificado, sin más, a Dios con la existencia, como si el pensamiento de Mulla Sadra fuera una mera expresión de panteísmo más o menos plano. Las ecuaciones entrañan sus peligros. Es verdad que se puede hablar en Mullâ Sadrâ de la identificación de Dios con el ser, y también de la identificación del ser con la existencia, pero deducir de ahí Dios=existencia, sería algo así como plantear: yo ando / mis pies andan / luego yo soy mis pies.

    La identificación de Dios con el Ser en Mullâ Sadrâ tiene sus reservas, aunque yo no sea capaz de expresarlas. Desde luego, Mullâ Sadrâ salvaguarda la transcendencia del principio; no lo hace hablando del super-ser o no-ser, pero sí hablando del Ser absoluto o Ser Necesario. Y aquí entraríamos en un juego de sutiles y complejas definiciones para ver cuáles son las realidades que se esconden detrás de la idea de «ser» en función de que consideremos unos u otros de sus aspectos y en función de las claves terminológicas utilizadas en cada caso, claves (no lo olvidemos) que ni son universales ni son obligatorias. Tal vez el contenido que Mullâ Sadrâ atribuye a la más elevada expresión del Ser pudiera llevar a otros filósofos a negar que eso corresponda realmente al Ser (es decir, que lo que unos llaman, por ejemplo Mullâ Sadrâ, «ser puro» podría tal vez corresponder más o menos o acercarse en alguna medida a lo que quizás otros llamen «no-ser»). De ahí que afirmar, sin más, que prescindir de una determinada categoría —o, mejor, de una cierta clave terminológica (por ejemplo el «sobre-ser» o «no-ser»)— supone «reducir la ontología a la metafísica» no pasa de ser una peligrosa simplificación, cómoda porque nos ahorra cualquier análisis posterior, pero tal vez completamente irreal. En todo caso, por qué Mullâ Sadrâ se niega a admitir una categoría que transcienda el Ser (como la admiten los chiíes ismailíes, por ejemplo) es una de las muchas cosas que me llaman la atención y que no acabo de comprender en Mullâ Sadrâ.

    En todo caso, afirmar simplemente que «Dios es el ser» no es decir mucho ni supone necesariamente una reducción ontológica. Nos aproximaríamos quizás un poco más al pensamiento de Mullâ Sadrâ afirmando que Dios, el Ser necesario, es acto de ser puro o absoluto (y aquí recuerdo lo que señalaba C.A.S. en cuando a ser como puro acontecer, como acto, y no como universal lógico o metafísico, que sería más bien como se utiliza este término en el pensamiento guenoniano: no hay que confundir). Ahora bien, la existencia no es acto de ser puro o absoluto más que en su hipotética culminación. En consecuencia, la existencia (que, por supuesto, no incluye sólo el estado humano y menos en su exclusiva dimensión material) no es, desde luego, eterna, y la idea de reintegración en la unidad, como confirmaba C.A.S. a una observación que yo hacía en un mensaje anterior, es esencial en el pensamiento de Mullâ Sadrâ. Por consiguiente, nada de cárcel infinita, sino posibilidad de intensificación creciente del ser de cada ente para llegar a convertirse plenamente en un ser de luz. Que ese ser de luz se pierda en la fusión con el Ser absoluto o mantenga en él su existencia diferenciada es otra cuestión, como veíamos, no demasiado clara; pero, en cualquier caso, no creo que a esa existencia diferenciada se le pudiera llamar «cárcel» (!)

    En cuanto a las posibles contradicciones o incompatibilidades de Mullâ Sadrâ con otras doctrinas de otras religiones, no me cabe la menor duda de que existen; existen incluso, sin salir del islam, con otros muchos pensadores musulmanes, lo que me parece absolutamente normal y lógico. De hecho, lo que hace Mullâ Sadrâ es, como dice Corbin, «invertir la venerable metafísica de las esencias», provocando una «verdadera revolución metafísica», a partir de una relectura de aquellos pensadores musulmanes que le eran más próximos, Sohravardî y Avicena, cuya metafísica, sin embargo, era todavía indudablemente «esencialista».

    Ya sé que no te he sacado de dudas. No era ésa mi intención, pues mi raquítica visión de Mullâ Sadrâ me lo impide. Sólo pretendía sugerir alguna idea en torno al tema, por si sirve para algo, y, tal vez, para dar pie a nuevas preguntas, a la espera de que C.A.S. nos las pueda resolver de forma concluyente.

    Cordiales saludos a todos.

    Comentario por Josephus — Jueves, 20 julio, 2006 @ 3:09 pm |Responder

  58. En relación con el tema de las incompatibilidades doctrinales a que hacía referencia Israel, y que yo mismo mencionaba en mi anterior comentario, quisiera citar un párrafo de S. H. Nasr con el que acabo de toparme. Corresponde a «The Heart of Islam», Nueva York, 2002, pág. 81, donde dice (la traducción es mía y las mayúsculas también):

    «…lo que nos interesa en este contexto es […] señalar que incluso en algunas de las cuestiones religiosas más importantes –como EL SIGNIFICADO DE LA UNIDAD DIVINA ESPECIALMENTE EN RELACIÓN CON LA MULTIPLICIDAD, la naturaleza de los Nombres y las Cualidades de Dios, la relación entre fe y obras en cuanto a la salvación, la predestinación y el libre albedrío, la revelación y la razón, la relación entre la Misericordia de Dios y Su Justicia, y cuestiones de escatología, por no mencionar la filosofía política– HAN EXISTIDO NUMEROSAS VISIONES, A VECES INCLUSO OPUESTAS [there have existed numerous views, sometimes opposed to each other].»

    Naturalmente, se está refiriendo Nasr al mundo del Islam, dentro de lo que entiende como «diversidad intelectual y teológica», que él valora de forma positiva. Estando completamente de acuerdo con esa valoración, la frase no ha dejado de sorprenderme, precisamente por venir de quien viene, mucho más proclive a subrayar la unidad que la diversidad.

    Pienso que tal vez se podría contemplar la idea de que la unidad doctrinal (siendo, por supuesto, en alguna medida necesaria precisamente porque no es lo mismo ser musulmán que cristiano o budista y porque el pensamiento no es independiente de una u otra vivencia espiritual) no tiene el mismo peso en todas las tradiciones. Posiblemente en el cristianismo tenga mayor importancia que en el islam (lo que seguramente no es ajeno al hecho de que en el primero exista una estructura institucional jerárquica y no en el segundo, como ya se planteó aquí), del mismo modo que, a la inversa, el cumplimiento de la Ley tal vez tenga más peso en el Islam (y de ahí sus características desviaciones hiperlegalistas) del que tiene en la religión de quien vino a romper la letra de la ley en nombre del Espíritu.

    No es mi intención orientar esta sección del blog en esa dirección, pero puesto que el tema fue planteado de forma pertinente por Israel, me parecía justificada esta anotación marginal.

    Saludos cordiales para todos.

    Comentario por Josephus — Lunes, 24 julio, 2006 @ 9:08 am |Responder

  59. Josephus, este tema siempre me produce una gran inquietud, sin duda por mi tendencia a hacer esquemas y marcos más o menos cerrados que me aportan seguridad y (entiendo) coherencia a la hora de enfrentarme al mundo. Lo que no sé dónde poner me perturba, imagino que más o menos como a todos, y el hecho de que una misma tradición, según Nasr, pueda tener visiones directamente contrapuestas del mismo fenómeno es una muestra clara de esa dificultad para decir “esto sí es verdad, esto no es verdad”.
    ¿Podrían de algún modo todas ellas ser “ciertas”? Confieso que la idea me ronda la cabeza, y aunque no se me escapa su peligrosidad, pero también es cierto que, dado el grado de alejamiento que cualquier idea tiene necesariamente de la Verdad, a lo mejor cabe la posibilidad de que haya un grado de verdad bastante parejo en formulaciones contrapuestas. En cualquier caso, lo que sí me parece indiscutible es que la pertinencia de cada visión debe valorarse a la luz del resto de puntos de vista que la acompañan, tanto ontológicos como metafísicos.
    Lo que voy a decir a continuación es un poco provocador y me costaría definirlo más, pero se me ocurre que, en último término, puede que lo que se crea como verdad, es decir, las convicciones, tengan menos importancia que la orientación en que nos coloca la visión del mundo que nace a partir de ellas.

    Comentario por Aspirante a domador — Miércoles, 26 julio, 2006 @ 12:37 pm |Responder

  60. NOTA DEL ASPIRANTE: Por última vez y en la esperanza de que se pueda establecer un diálogo con ciertos elementos que últimamente tienen a bien intervenir, publico este comentario de Antifachista. Sirva de ejemplo de aquello que NO persigue este blog: enfrentamiento personal, fárrago huero y consideraciones vagas, equívocas y pretenciosas. Que cada uno juzgue por sí mismo. Con respeto y consideración.

    ————————–
    Hola alias Josefhus

    Con respeto y consideración permíteme efectuar una crítica constructiva a tu discurso o manera de expresarte:

    Sin pretender emular a troncoso, aunque soy miembro de la misma Universidad, no dejo de asombrarme un poco de la deformación nocional del juicio o de la facultad de juzgar en que permanentemente incurres por la forma en que están dispuestas las palabras que escribes con su aspiración de ser conceptos. Con respeto y consideración me veo obligado, al menos, en advertirte sobre el choque negativo que produces en gente inteligente que conoce del tema. Ni hablemos de la confusión inducida en personas principiantes. Obvio, que las cópulas afirmativas que empleas en tu discurso hacen presuponer que el tema que pretendes tratar requiere de un proceso mental ya asimilado por ti, con todo el conocimiento que ello conlleva. Sin embargo, el predicado que afirmas de un sujeto por un lado lo niegas enseguida en las cópulas negativas-dubitativas. Esto habla un poco de tu persona y del grado de idoneidad que en realidad tienes sobre el tema. Así como lo sueltas en todas tus notas se llamaría el prejusgarum o el juicio disyuntivo o simplemente el prejuicio ignoratio. Mi profesor alemán de dialéctica lo llamaría Die Prinzipien der Varshcheinlichkeitsrechunung.

    Para no dejarte en ascuas, con respeto y consideración, paso ahora a enumerar los pormenores que integran la cuestión fundamental de mi crítica constructiva hacia tu forma y estilo de expresarte, y que, dejan mucho que desear te diré con relación a la importancia y al nivel de tema que pareces desconocer in toto. Obvio, que el esquema del que te estoy dando una mínima parte, genera a su vez, un “efecto dominó” que arrastran tus palabras a un fracaso explícito por no llegar a ser medianamente inteligibles.

    Fíjate tú:

    Con respeto y consideración:

    Tengo en mis manos el libro de S.H.Nasr que mencionas en la tercera línea
    A2[a] del primer párrafo de tu nota (58). Luego, en las siete líneas A2[b] subsiguientes del segundo párrafo (traducidas por ti según dices) parafraseas una oración afirmando lo que tu crees que afirma Nasr y resaltándolas en parte con mayúscula.

    Con respeto y consideración, aquí no sólo traduces erróneamente, además estas suspendiendo la oración, interrumpiendo la cópula, tergiversando, al mismo tiempo, le haces mentir a Nasr y le haces afirmar y enfatizar un concepto que el nunca afirmó ni enfatizó. Simplemente, el único que afirma, enfatiza y “mayusculiza” no es nadie más que tú mismo.

    Más a bajo, en las cuatro líneas A2[c] del tercer párrafo de tu nota haces un juicio de valor (positivamente) que no existe en el original dando por sentado una afirmación que Nasr no hace en ningún momento, ya que su posición conceptual es simplemente descriptiva. Con respeto y consideración, ni hablemos del enorme super absurdo que emana de esa frase enteramente tuya: “mucho más proclive a subrayar la unidad que la diversidad (!?)” y que dices fue motivo de tu asombro.

    Con respeto y consideración, permíteme también decirte que, las ocho líneas A2[d] de tu cuarto párrafo son una muestra fiel del tremendo lío que te haces en la cabeza prejuzgando esto y aquello del Cristianismo, del Budismo o del Islam y sintetizando las cargas parlanchinas que se expresan en los evidentes prejuicios, falacias y sofismas que permanecen como características monolíticas de tu discurso, ya que ni por asomo te planteas que las cosas podrían ser distintas a los engendros de tu imaginación; lo cual te volvería positivo ante una verdad que es totalmente trascendente e independiente de tu evidente y marcada condición ego-psíquica e individualista encerrada herméticamente, por lo visto, en una tal y localizada determinación.

    Fíjate tú:

    Con respeto y consideración:

    A2[a]: resulta un paralogismo por el hecho de plantear una situación falsa atribuida a un tercero, mediante el cual se inventa un tema para defender algo aparente incurriendo al mismo tiempo en las fallacciae in dictione y en las fallacciae extra dictionem.

    A2[b]: resulta una anfibolía y una falsa conjunción a partir de una traducción literal y conceptualmente errada. Es la reunión errónea de términos, primero por el cambio de puntuación y separación; segundo falsa ecuación del sujeto y del accidente por el cambio conceptual e intencional in traductio.

    A2[c]: resulta una petición de principio; confusión de la causa con lo que no es causa; confusión de lo relativo con lo absoluto; ignorancia del argumento, ignorancia del consecuente por equipararlos literalmente en igualdad conceptual de términos: A dicto secundum quid ad dictum simpliciter.

    A2[d]: resulta una reunión de falacias de simple inspección (a priori) con falacias de inferencia: de generalización, de observación, de confusión, de deducción y de raciocinio.

    Por otro lado, leyendo la respuesta de Aspirante, llámame la atención que la variación de lexemas que conforman su discurso corresponden matemáticamente al tuyo, como si fuerais una misma persona la que escribe, por supuesto, que debe haber una equivocación de mi parte, por lo que revisaré los conjuntos sintagmáticos en mi tabla de lexicalización de esta primera inferencia mía con otras de vuestras notas anteriores.

    Con todo respeto y consideración os envío saludos cordiales.

    Prácticus Germanus.

    Comentario por Antifachista — Jueves, 27 julio, 2006 @ 9:08 pm |Responder

  61. Sobre el escrito 59 de Aspirante, quería comentar que creo que fue Niels Bohr quien dijo aproximadamente lo siguiente: «Una verdad profunda es aquella cuya negación es una verdad igualmente profunda». Naturalmente, sería una absoluta necedad plantearse aplicaciones mecánicas de esta sentencia a ciertos ámbitos restringidos, como quien utiliza un mecanismo detector de cualquier cosa. Me parece que la frase tiene la virtud de ir desplegando progresivamente la riqueza de su sentido a medida que se va ahondando en su profundidad.

    El mundo es maya, decía un sabio hindú; el mundo es brahma, decía otro. No pretendo, ni mucho menos, que este claro ejemplo de posible falsa contradicción se corresponda exactamente con el de la metafísica esencialista y la metafísica existencialista, aunque sí podría servir para ilustrar la frase de Bohr. Simplemente pretendo señalar que, a mi entender, se debería ser consciente de la dificultad del conocimiento —y por tanto de la dificultad de la certeza— en materia de metafísica, que no habría que dejarse abrumar por las contradicciones y que habría que saber vivir en ausencia de certezas sin que ello suponga estancamiento ni esterilidad; tal vez, en estos momentos, sea esto algo importante para la vida espiritual; al menos para la vida espiritual de aquellos con quienes Dios no ha sido pródigo en convicciones, entre los cuales me encuentro. Por lo demás, las certezas, como su ausencia, como casi todo, son un arma de doble filo. «¡Tened cuidado, no os aplaste una estatua!», decía Nietzsche con agudeza en su Zaratustra.

    Por otra parte, no deja de resultarme chocante que se puedan tener convicciones inquebrantables en cuanto a si el acto de ser genera la hecceidad u ocurre al revés. A veces me cuesta creer que algunos estén hablando en serio. En fin, será mi ignorancia…

    Por último, y aunque pienso que quizás habría que matizarlo algo más, creo estar bastante de acuerdo con lo que sugiere Aspirante al final de su mensaje; al menos, me parece una línea de reflexión ciertamente interesante.

    NOTA ADICIONAL: En mi anterior comentario olvidé adjuntar el texto original del párrafo de Nasr. Aquí va (entre corchetes, las frases no traducidas, que sustituía por puntos suspensivos):

    [To discuss in depth all the different theological and philosophical schools or even the most important ones would not be possible here.] What is important in the present context is [to at least mention the best-known schools and] point out that even on some of the most important central religious issues —the meaning of Divine Unity especially in relation to multiplicity, the nature of God’s Names and Qualities, the relation between faith and works in human salvation, predestination and free will, revelation and reason, the relation between God’s Mercy and His Justice, and questions of eschatology, not to mention political philosophy— there have existed numerous views, sometimes opposed to each other.

    Doy a continuación la traducción completa, según yo entiendo el texto. Incluyo entre corchetes las frases que antes no traduje y mantengo idéntico el resto. Como allí decía, las mayúsculas fueron introducidas por mí con objeto de subrayar lo que me parecía pertinente resaltar por su relación con lo que se estaba comentando:

    «[No es posible analizar en profundidad aquí las diferentes escuelas teológicas y filosóficas, ni siquiera las más importantes]. Lo que nos interesa en este contexto es [mencionar al menos las escuelas mejor conocidas y] señalar que incluso en algunas de las cuestiones religiosas más importantes –como EL SIGNIFICADO DE LA UNIDAD DIVINA ESPECIALMENTE EN RELACIÓN CON LA MULTIPLICIDAD, la naturaleza de los Nombres y las Cualidades de Dios, la relación entre fe y obras en cuanto a la salvación, la predestinación y el libre albedrío, la revelación y la razón, la relación entre la Misericordia de Dios y Su Justicia, y cuestiones de escatología, por no mencionar la filosofía política– HAN EXISTIDO NUMEROSAS VISIONES, A VECES INCLUSO OPUESTAS»

    Por supuesto, puedo haber incurrido en errores conceptuales y formales en esta traducción. Ruego, pues, a quien tenga más luces que yo, se digne iluminarme proporcionándome, en concreto, y a ser posible en castellano, la traducción correcta del texto de Nasr. Quedo, pues, a la espera. Muchas gracias.

    Cordiales saludos

    Comentario por Josephus — Viernes, 28 julio, 2006 @ 8:21 pm |Responder

  62. Hola Aspirante…

    Perdona mi ignorancia, quizás estoy muy obnubilada, pero leyendo a Antifachista no alcanzo a ver todo lo negativo que puntualizas, ni agresiones. Me parece un mensaje muy culto de un profesional que sabe lo que habla, y bastante educado. Me podrías aclarar algo?. Como ser esos “ciertos elementos” que tu dices invadieron el Blog. Hasta ahora no entiendo nada.

    Un saludo
    Nereida

    Comentario por Nereida — Viernes, 28 julio, 2006 @ 9:39 pm |Responder

  63. No entiendo bien parte de tu sintaxis (en concreto la penúltima frase), pero creo que ya Josephus te aclara algo, ¿no, “Nereida”? Como dije en el hilo Mis disculpas, no me voy a extender en interminables justificaciones; si no ves a qué me refiero, te sugiero que busques un foro con el que estés más en concordancia.

    Centrándome ahora en cosas más sustanciosas, me dejas con ganas de más, Josephus: dices que te parece interesante la posibilidad que mencionaba al final del comentario 59, aunque “habría que matizarla un poco más”. Pues bien, estoy deseando escuchar esos matices, porque no sé llevar más lejos la idea, y sin embargo capta mi atención. Quizá tú (o cualquier otro, por supuesto) puedas aportar un punto de vista más agudo, amplio y/o rico. En todo caso podría suscitar un debate interesante. Anímate y mójate un poco más.

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 28 julio, 2006 @ 11:29 pm |Responder

  64. Respuesta a Aspirante 63.
    Bueno, puedo intentar ampliar, pero necesito unos días…

    N.B.: Sigo a la espera de recibir la traducción correcta del texto de Nasr.

    Comentario por Josephus — Domingo, 30 julio, 2006 @ 8:49 am |Responder

  65. Tómate tu tiempo, Josephus, no hay prisa.
    Venga, Antifachista, ánimo con la traducción, que estoy impaciente…

    Comentario por Aspirante a domador — Domingo, 30 julio, 2006 @ 4:05 pm |Responder

  66. Hola Aspirante y Josefhus:

    Con respeto y consideración:

    Antes de pasar al nuevo mensaje de Josefhus (61) os comento que me escribió el colega troncoso refiriéndose a tener ya lista una dura pero necesaria y tanto como exhaustiva respuesta a los desmanes conceptuales y terminológicos hallados en los mensajes de CAS (4 y 14) – “como productos de una “hetería soteriológica” o provenientes de un pseudo tradicional y pedante “club ideológico” en lugar de la aplicación de una correcta asimilación de las ideas” – pero, dudando de ingresarla aquí, debido a la evidente falta de garantías que se extraen de los lamentables cortes, acciones restrictivas y amenazas “tijereteras” por parte de Aspirante quien en lugar de cumplir funciones de moderador parece haber tomado una actitud pasional de “parte” involucrada (comprensible sin dudas por ser del mismo club de pedantes pretensiosos) e “inclinando la cancha hacia una sola portería”. Creo que, próximamente, ya les avisará cual ha de ser su actitud respecto a sus respuestas. Para ser sincero, no me ha quedado claro si troncoso intentará seguir publicando aquí o mantener el debate hasta agotar las consecuencias en otro sitio algo amigable o desde otro blog mas tolerante (si así fuera creo que podría ser una experiencia interesante).

    De mi parte, por ahora, intentaré seguir por este medio, si es que el intolerante Aspirante me deja. A propósito, quiero agradecerte Aspirante, por el hecho de al fin decidirte a publicar mi anterior después de haberme “borrado” por dos veces, aunque debo señalar, que la nota con la cual me acompañas (60. NOTA DEL ASPIRANTE:) deja mucho que desear en cuanto a tu capacidad intelectual, probidad e intenciones. Exactamente lo mismo debo decir de tu nueva entrada: “Mis disculpas” que no le hace nada bien a tu imagen de moderador por la arbitrariedad expuesta y “victimización” exagerada, lógicamente, afeando el blog, además de generar en los lectores sospechas y recelos en cuanto a la ecuanimidad del mismo.

    Fíjate tú:

    Con respeto y consideración:

    Con esta actitud ad hoc de tu parte, entronizas ese tremendo pronombre YO (lat.ego) como verdad indubitable y en tan pocas líneas, caes en una de las vulgares falacias usada en el correr del tiempo por sofistas de la más baja catadura para oprimir y condicionar el magín de los hombres o inducir e influenciar en el auditórium (en este caso lectórium):

    Error de autoridad
    Error del debate dialéctico
    Error del concepto
    Error del argumento

    Por supuesto, que esto ni por asomo son expresiones de una vulgar lógica mecanicista (según la ignorante alusión del diletante y “protagórico” Josefhus). Para vuestra simple información (nada útil por cierto) os daré algunos rudimentos de nuestra ciencia universal sin violar los límites del “esfuerzo propio” y sólo para animar la perspicacia de algún posible lector cualificado, tratándose la cosa, de precisas aplicaciones de las ideas universales adecuadas dentro del antiguo corpus tradicional del Trivium (Gramática, Lógica y Retórica) que, aún hoy, es enseñado por muy pocos y virtuosos maestros; y según los cuales estás en flagrante infracción por incurso en los citados errores.

    Ni que hablar de tu audaz (falta de prudencia) e ignorante definición: “enfrentamiento personal, fárrago huero y consideraciones vagas, equívocas y pretensiosas” que te retratan de cuerpo y alma enteros y que, en relación a lo que intentas oponerte, pertenece a otro nivel más profundo en la consideración de las determinaciones de tu agrandada individualidad. Pero, sigamos con los aspectos relacionados a las fallas de tu hueco y falso discurso:

    Según nuestra citada tabla tradicional:

    1º-a: Falla en la Gramática o en la habilidad de comprender los hechos
    2º-b: Falla en la Lógica o en la habilidad de razonar la relación entre hechos
    3º-c: Falla en la Retórica o en la habilidad de la expresión sabia y efectiva (aplicación de hechos y la relación entre ellos)

    a): El Conocimiento y/o la Prudencia es la comprensión de los hechos
    b): La Inteligencia y/o la ciencia de la Comprensión es el razonamiento de la relación entre los hechos
    c): La Sabiduría es la aplicación del aprendizaje

    En síntesis (ya que no puedo extenderme indefinidamente) a falta de todo esto podríamos signar tu postura no sólo bajo el título de:

    La falacia de la desviación inductiva o el hecho de descalificar un testimonio en apoyo de un “decir” propio.

    Señalarlo además, como producto de un ortograma o falsa conciencia en ejercicio tal, por insistencia y pertinacia, que podríamos decir se ha perdido la capacidad correctora de los propios errores; salvo que a futuro demuestres lo contrario (cosa que dudo). En fin, la esperanza es lo último que se pierde.

    Paso ahora a responderle al incompetente Josefhus (61):

    Por la enormidad del absurdo de esta frase: “Una verdad profunda es aquella cuya negación es igualmente una verdad profunda” (siendo c’ al no ser a’ ni b’) confieso que no ha dejado de asombrarme la capacidad sofística de Josefhus al citar y lanzar, desde el vamos y sin red, semejante contradicción. Casi que tentaría a mas de uno a considerarla como un colosal exabrupto.

    Señalemos de antemano que para algunos de los tantos sabios como Platón, Aristóteles, S.T. de Aquino, R. Lulio o Averroes; Al Farabi, Ibn Sina y hasta para el propio M.Sadrâ esto, así dicho, sería la máxima expresión de una contradicción o un ejemplo en general de la oposición entre la afirmación y la negación de una misma expresión por lo que se viola flagrantemente el principio universal de no contradicción aceptado por todos (lógicos y metafísicos tradicionales).

    Quizás el único mérito de Josefhus se remita al haber consignado en una oración el resumen de todas las falacias y errores que darían tema y argumento a un voluminoso tratado de contra sofisma. El hecho de connotar y denotar que una verdad “es” y “no es” al mismo tiempo y en la misma línea no sólo equivale a la oposición de dos proposiciones entre las cuales no hay término medio o entre dos particulares, una de las cuales afirma y la otra niega del sujeto el mismo predicado:

    a’) La contradicción radica en que dos proposiciones no pueden ser verdaderas y falsas al mismo tiempo

    b’) Dos proposiciones contrarias no pueden ser verdaderas al mismo tiempo

    c’) Sin embargo, dos proposiciones pueden ser falsas al mismo tiempo (este es el caso).

    Sino además, este sería el punto ejemplar de conceptos (a’’ y b’’) que se excluyen o el modo más radical de oposición sin que haya procesio entre ellos:

    a’’) “el ente no es el no-ente”

    b’’) “es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”

    Lo mismo para ese otro enorme absurdo del segundo párrafo sobre “la metafísica esencialista y la metafísica existencialista” al que le cabe la misma consideración anterior puesto que, en rigor, la metafísica no puede ser ni la una (esencialista) ni la otra (existencialista). Digamos que la metafísica es para el metafísico y la lógica para el lógico sin necesidad de ser excluyentes una de la otra y por lo cual podría examinarse que no pueden dejar de ser ambas a la vez (ni chicha ni limonada) como es el caso del diletantismo ambiguo y contradictorio de Josefhus que no alcanza a esclarecer las ideas de la una ni los conceptos de la otra; o como para dar, al menos, alguna entidad coherente a su discurso.

    En cuanto a la ya remanida traducción de la oración de Nasr le sugiero a Josefhus que vuelva a releer con atención mi respuesta anterior, ya que sigue insistiendo arbitrariamente que “su traducción” es “la traducción” además de reiterar un énfasis y una “mayuculización” que no existen en la intención de Nasr como tampoco la separación y la puntuación que sacados de su contexto capitular sólo dicen lo que Josefhus en su imaginación cree que dicen.

    Con las versiones de letras pasa lo mismo que con las proyecciones de números se les pueden aplicar una serie indefinida de similitudes aparentes tal y como es el caso de tantas formas de interpretación y de ecuación que pueda haber (y nada menos que en una situación “flotante” como siempre es la traducción). Ya la acentuación de un par de frases en una oración tal como lo hace Josefhus le cambia el sentido a la misma, tal como todos pueden comprobarlo si es que en lugar de estas dos mismas frases “mayusculizadas” elegimos otro par cualquiera para hacer lo mismo. Si le hacemos caso a la famosa sentencia que dice de una misma obra haber “distintas traducciones como traductores” o aquella mas conocida y radical de “traduttore, traditore” (traductor, traidor) no podemos dejar de concluir que Josefhus, fundamentalmente, está confundiendo descripción con afirmación, sobretodo, cuando en la misma oración Nasr está advirtiendo que no le es posible profundizar en los conceptos que está vertiendo; y sabiendo, además, que no nos sería de ningún modo dificultoso pergeñar sobre la misma versión numerosas series aparentemente coherentes y similares, aunque con distinto sentido o significado.

    Pero, terminemos yendo al fondo de la cuestión, ya que estas relaciones menores suelen ser traídas como cosas importantes para ser utilizadas como cortinas de humo por estos sofistas, no sólo para desviar la atención de los principios, sino también, para velar el ataque hacia objetivos más altos. De esta manera, el hecho más agraviante hacia la verdad consiste de última en la verdadera intención panteísta de Josefhus (la misma de CAS y de Aspirante, esperemos sea sólo inconciente) que es desnaturalizar la Unidad absoluta que caracteriza esencialmente a la metafísica oriental por sobre cualquier necesaria disparidad formal, pretendiendo con ello, y haciéndoselo decir a Nasr al resaltar y poner en igualdad de condiciones los términos distintivos de una y las otras.

    Lo de Josefhus ya viene a resultar una verdadera constante, tal como exhaustivamente lo hemos demostrado en todos los ítems de su falaz discurso.

    Con todo respeto y consideración os envío saludos cordiales

    Practicus Germanus

    Comentario por Antifachista — Lunes, 31 julio, 2006 @ 6:46 pm |Responder

  67. Casi telegráficamente, para no aburrir (más):

    1.- No sé qué significa “hetería”.

    2.- Esto no es ningún “club ideológico pseudo tradicional”, pues me costa que una parte de la gente que participa aquí no se identifica con el concepto “tradicional”. Y desde luego, estamos lejos de formar una mezcla homogénea, a mi modo de ver.

    3.-Usas mucho la coletilla “con respeto y consideración” y no la ejerces en absoluto: eres considerablemente irrespetuoso en tu forma de considerar las posiciones de los demás. Será que una persona de tu sabiduría se lo puede permitir.

    4.- Tiene gracia que te preocupes declamatoriamente de la imagen del blog, cuando podrías hacer tanto por ella evitando tu tono beligerante y de suficiencia. En todo caso, gracias por tus consejos y abandona tu preocupación: como tú comentas, cada uno se retrata a sí mismo con lo que dice/escribe, ¿verdad?

    5.- Que me insultes, pase, pero que me calumnies ya me parece demasiado. No te he borrado nada, y menos “dos veces”. Ya lo expliqué antes: cuando alguien manda un comentario, éste no se cuelga automáticamente; queda a la espera de visto bueno. Ten más paciencia, ya que el comentario 60 me lo enviaste dos veces sin darme tiempo a leerlo. Esto no lo interpretes como escrúpulo alguno a la hora de recortar o directamente eliminar lo que me parezca inapropiado, y si levanto ahora la mano es porque algunas de las cosas que dices me resultan cómicas.

    6.- En cuanto a mis limitaciones, no tengo inconveniente en reconocer que son muchas; lástima que el análisis que haces de ellas resulte tan flojo: me temo que pretende más descalificar que hacer una crítica desapasionada.

    7.- En cuanto a la contradicción de la frase de Niels Bohr, es más que obvia desde el punto de vista lingüístico, pero eso no implica necesariamente una falacia: parece que confundes las palabras con la realidad que pretenden representar. Me parece incomprensible que alguien que se arroga el conocimiento de la verdad ignore que las formulaciones paradójicas son una herramienta casi universal de aproximación al conocimiento, especialmente en Oriente.

    8.- Por último, y en lo que respecta al tema de la traducción del texto de Nasr (que, por cierto, tú ni intentas), todo lo que dices no pasa de ser verborrea insípida. No dices nada que tenga el mínimo interés. Tengo la desagradable impresión de nuevo de que buscas más el enfrentamiento que el intercambio de ideas, y ya te he dicho antes que este foro no es el lugar adecuado para ello. ¿Por qué tanto interés en seguir aquí si te parecemos tan “incompetentes, pedantes pretenciosos, intolerantes, diletantes,…”? Y para colmo, nos atribuyes la velada intención panteísta de “desnaturalizar la Unidad absoluta”, aunque parece que en alguno de nosotros (o en todos, no queda muy claro) reconoces que pueda ser “inconciente” (supongo que querías decir “inconsciente”). En serio, Antifachista, ¿de verdad te crees lo que dices o sólo quieres atención a cualquier coste? No puedo tomar en serio las ideaciones conspiranoides que se deducen de ello. Incluso aceptando que todos menos tú estemos en el más craso error, ¿de verdad puedes creer que hay una intención como la que aduces?

    9.- Yo creo que la idea de Troncoso de publicar este tipo de comentarios en otro blog más tolerante es francamente buena. ¿Por qué no abrís uno vosotros? Si necesitáis orientación técnica, no dudéis en preguntarme.

    Comentario por Aspirante a domador — Miércoles, 2 agosto, 2006 @ 11:56 am |Responder

  68. Trato de apuntar a continuación algunas ideas a mi entender relacionadas o relacionables con lo planteado unos comentarios más atrás.

    En mi opinión, es muy difícil negar que en determinadas tradiciones han convivido desde siempre, a veces sin problemas, a veces con ellos, actitudes doctrinales distintas e incluso radicalmente opuestas. Uno de los casos más significativos es el de la India. En cualquier manual elemental podemos ver que el Vedanta se ha desarrollado en la India según tres líneas principales: la advaita o no dualista de Shankara, la visishadvaita o de «no dualismo cualificado» de Ramanuja y la dvaita o dualista de Madhva. La cosa no admite muchos matices: el dualismo forma parte de la tradición hindú con el mismo derecho que el no dualismo. Por lo demás, esa oposición nunca parece haber llamado demasiado la atención de nadie. Y lo mismo ocurre, siguiendo en el marco del hinduismo, con el dualismo patente y manifiesto de la filosofía samkhya, que algunos se empeñan, en contra de la evidencia de los textos, en metamorfosear en disimulada forma de no dualismo.

    Me parece inútil intentar una relación de las posibles divergencias doctrinales en el seno de cada tradición, y de las de unas tradiciones con otras, pues —aparte de que la tarea sería interminable y estaría, por supuesto, fuera de mi alcance— no creo que la repetición casuística de circunstancias semejantes aportase nuevos elementos de convicción para nadie. En el caso del cristianismo, basta con fijarnos en las desavenencias doctrinales que determinan la escisión catolicismo-ortodoxia. En el contexto islámico, el propio Nasr admite esas discrepancias que llegan a la oposición, y nos hemos encontrado aquí con un caso claro: la metafísica de la existencia de Mullâ Sadrâ, que «invierte» la metafísica de las esencias de Sohravardî, Avicena, Ibn ‘Arabî y compañía. Ante esta situación, podemos declarar «heterodoxo» a Mullâ Sadrâ y expulsarle de la familia islámica; podemos, mediante acrobacias verbales más o menos sutiles, intentar demostrar que, en el fondo, «dice lo mismo» que Ibn ‘Arabî; podemos tratar de esquivar la dificultad dando vueltas alrededor del asunto sin abordarlo directamente; o podemos, simplemente, tratar de aceptar la evidente divergencia sin innecesarios alarmismos.

    Si la comparación la extendemos a tradiciones distintas entre sí, el asunto es igual de patente, si no más. Personalmente, me cuesta entender que se pueda afirmar que entre el mahayana y el judaísmo, por poner un ejemplo cualquiera, existe una comunidad doctrinal. La idea de una «metafísica» única y universal sólo ha existido, en mi opinión, en la mente de algunos occidentales contemporáneos. La metafísica de Nagarjuna es una, la de Platón es otra, la de Ibn ‘Arabî es otra…

    Ciertamente, algo común ha de haber en todas las tradiciones espirituales, pero la cuestión es si esa posible (y yo creo que, en un sentido, real) «comunidad» de las tradiciones viene determinada por la coincidencia doctrinal y qué razones habría para que debiera ser así. ¿Qué es lo que se pierde, qué es lo que se hunde, si desaparece la uniformidad doctrinal? ¿Por qué tanto empeño en considerar esencial una pieza de la construcción que, aunque se aparte, no parece generar ningún cataclismo decisivo? La respuesta está, yo creo, en el hecho de que, en ciertos medios «tradicionales», se ha operado una reducción de la Tradición (pienso que, a pesar de todo, puede hablarse de Tradición) a sus contenidos doctrinales y, en consecuencia, toda circunstancia relacionada con ese ámbito pasa a ser absolutamente decisiva; la quiebra de la unidad doctrinal es entonces tanto como el hundimiento de la Tradición. Pero la Tradición, yo creo, es algo mucho más amplio, capaz de incluir divergencias doctrinales sin especiales problemas, al menos en principio.

    No puede dejar de llamarme la atención que quienes más énfasis parecen poner en el tema de la unidad doctrinal, relativicen, al mismo tiempo, casi hasta el desprecio, el conocimiento conceptual. Pero la teología y la filosofía, una desde la fe, la otra desde la razón, participan de un mismo pensamiento conceptual. Y la metafísica, mientras no se demuestre lo contrario, no es otra cosa que una parte de la filosofía; si se quiere, el fundamento o núcleo de la filosofía. Quienes lo ven de otro modo, en lugar de indignarse con quienes no compartimos su opinión, deberían entender que tomar unas particulares formulaciones filosófico-teológicas y privilegiarlas como si fueran una expresión directa e inmediata del Intelecto, con exclusión de otras —para las que se podría reivindicar idéntico derecho—, pretendiendo, además, que son universales y que son las únicas que merecen ser nombradas como «metafísica», es una petición de principio que dista de ser evidente y que los demás no tenemos ninguna obligación de compartir; que no está respaldada por ninguna tradición espiritual ni por ningún texto sagrado, y que, tal como ahora se formula, probablemente no aparece en la historia antes de los movimientos esotéricos de la segunda mitad del siglo XIX, por más que la idea, expresada de forma más general, fuera corriente en el Romanticismo, y por más que la expresión «philosophia perennis» (pero con sentido mucho más vago) pueda remontarse al Renacimiento. Lo menos que puede decirse es que la idea no tiene, pues, demasiada «tradición». En todo caso, quienes defiendan esa promoción de lo que ellos llaman «metafísica» deberán resolver de un modo o de otro la existencia de las contradicciones citadas, bien aceptando que la verdad puede ser contradictoria, bien aceptando la posibilidad de que se refieran a perspectivas distintas (pero entonces no tiene sentido hablar de unidad doctrinal ni de metafísica única), bien aceptando la posibilidad de un condicionamiento histórico-cultural en la formulación dogmática, bien de algún otro modo. Lo que, por otra parte, no es obstáculo para aceptar que los grandes sabios de las diversas tradiciones espirituales de tiempos pasados hayan tenido una visión mucho más profunda de las realidades espirituales que la inmensa mayoría de los filósofos occidentales modernos.

    Pero tratemos de acercarnos un poco más al tema que planteaba Aspirante. [Nota del Aspirante: por el interés del tema que trata, el fragmento que sigue abre un nuevo hilo, Sobre el modo de estar en el mundo.]
    Mis disculpas si me he extendido en exceso. Cordiales saludos.

    Nota 1: Agradezco a Practicus Germanus el gran interés —sin duda inmerecido— que demuestra por mis escritos y su esforzado intento por llegar a entenderlos.

    Nota 2: Mi nombre es Josephus, no Josefhus.

    Nota 3: Aún sigo a la espera de la traducción correcta del texto de Nasr.

    Comentario por Josephus — Jueves, 3 agosto, 2006 @ 8:45 am |Responder

  69. Hola Aspirante

    Recién entro al blog y veo las nuevas entradas que aún no he leído detenidamente (en una primera vista se ahonda en enormes errores) mas tarde o daré mis noticias sobre ellas

    Bueno, vayamos a tu nota (67) es un punto a tu favor que tengas el ánimo de publicarnos o “aguantarte la vela” como dicen Uds. aunque sigas invirtiendo la carga de la prueba y demostrando que lo tuyo sólo se basa en lecturas superficiales y falta del buen criterio tradicional como una desconexión total con centros tradicionales verdaderos que podrían orientarte de alguna manera en base a tus posibilidades ciertas (si es que las tienes).

    “Con respeto y consideración” no es ninguna “coletilla” como dices, sino los que siempre han animado mi actitud respecto al medio y a sus integrantes, por el que me expreso y a los cuales me dirijo. Si me lo preguntas, te diría que lo único que estaría dispuesto a suprimir en una tribuna como esta sería la grosería ramplona. El tono del debate, dependiendo de los puntos de vista, puede ser circunstancialmente duro, pero, ten por seguro que no hay nada personal de nuestra parte ni deseamos “atención a cualquier coste”. No la necesitamos ni nos interesa. En ese sentido puedes quedar tranquilo.

    El término “hetería” es una figura antropológica que proviene del griego. Si bien su significado estricto y original ha estado siempre en la nebulosa se dice que fue utilizado en la época clásica de los siglos V y IV, y aún posteriores, con el significado de asociación política o “club salvacionista” (frecuentemente semisecreto en el cual se apoyaba quien llegara al poder personal en las antiguas tiranías). La democracia griega luego la declaró ilegal. Más tarde, en la época romana, era muy popular la frase: “estilo griego” o “hacer política por medio de hetería” (Ref. Aristóteles, Pol. 1313b – Herodoto v, 71 – Tucídides viii, 54).

    Está claro que en el blog hay gente que no se identifica con el término “tradicional” tal como a ti te “costa” (supongo que querías decir “consta”) como es el caso de CAS. Lo que no entiendo muy bien, y basado, por otro lado, en que sí hay una tendencia tradicional (links, artículos y algunos comentarios tuyos, aunque todo muy vago) terminéis haciéndole la apología a lo que no es “tradicional”, en lugar de ponerlo en su molde, tal y como le correspondería a quien haya logrado alguna conciencia de ello (claro que es difícil “pedirle peras a l olmo”).

    Sobre la contradicción en la frase de Niels Bohr creo que hay un punto fundamental que no logras tenerlo en claro. Tal como lo dices, no haces más que propagar incoherencias en el lenguaje y absurdos nominalistas de todo tipo que sólo ocasionarían ilusiones mayores y formidables confusiones en las mentalidades neófitas y en los principiantes. Sobretodo, sabiendo que las “paradojas” a las que te refieres como en el caso del taoísmo o de los “koan” del Zen, tradicionalmente estaban prescriptas sólo para las soluciones de los pocos discípulos muy avanzados en la vía espiritual y no para aquellos que recién se iniciaban, quienes primero, debían asimilar y resolver el riguroso peso de la realidad cotidiana incluyendo el lenguaje para describirla (imagínate los efectos ilusorios en aquellos que ni siquiera inician). La violación de los términos medios desemboca en la opción radical por el singular con el consiguiente rechazo de toda “natura”, y cuyos absurdos consecuentes, tales como “la ontología de la cosa” o como “la metafísica del individuo” han sido denunciados de uno u otro modo por los verdaderos sabios tradicionales de toda época. Si quieres un ejemplo occidental te puedo mencionar la doctrina agustiniana de la infalibilidad de los juicios ante los hechos inmediatamente dados donde probar una proposición consiste en refutar toda contradicción para demostrar lo que es inmediatamente evidente, y abarcando la cognición intuitiva que nunca conduce a error, aún si es una cognición intuitiva de algo que no existe. Fíjate tú si hay tela para cortar!.

    Para usar otra terminología, no se puede batir al mismo tiempo el exoterismo con el esoterismo por ser irrecíprocos (y menos manipulados por profanos), aun siendo el primero un soporte del segundo. Te preguntaría, por ejemplo, si le has visto a René Guénon usar contradicciones o “paradojas” en su lenguaje? Ciertamente que no, ya que todos sabemos que el mayor expositor contemporáneo de la metafísica ha utilizado una especial y rigurosa lógica en su discurso, y denunciando, precisamente, todo tipo de errores, contradicciones, “mixturas” y falacias de la mentalidad moderna, aún cuando esta aborde lo “religioso”, lo “ontológico”, lo “iniciático” o lo “metafísico” tal y cual como hacen Uds. En este blog.

    Respecto a la traducción de Nasr considero inaceptable tu respuesta ya que se hace muy difícil que alguien puede negar la problemática de toda traducción ni la veracidad y objetividad de los argumentos puntuales expuestos inconcusamente en este particular caso. Porque no pruebas intentando leer de nuevo sin los preconceptos habituales y sin el énfasis en determinadas palabras (sacando las mayúsculas) a fin de neutralizar el texto, o terminarás diciendo que Nasr es panteista? (de todos modos y ya que insistes en la próxima te muestro un par de versiones).

    Por último, quería decirte que tomes lo mío sólo como una intención de aportar, por mínima que sea, alguna que otra reconsideración.

    Aunque pensando en lo que dijo hace un tiempo Leoncio dan ganas de terminar, ya que se hace tedioso el continuo trabajo de señalar tanto fárrago de errores repetidos una y otra vez.

    Sin rencores

    Practicus Germanus

    Comentario por Antifachista — Jueves, 3 agosto, 2006 @ 7:55 pm |Responder

  70. He aquí mi versión. A ver qué resultado da el análisis de “los conjuntos sintagmáticos” en la “tabla de lexicalización” de Practicus Germanicus Antifachista & The Wailers.

    To discuss in depth all the different theological and philosophical schools or even the most important ones would not be possible here.

    No sería posible discutir aquí en profundidad todas las diferentes escuelas teológicas y filosóficas, ni siquiera las más importantes.

    What is important in the present context is to at least mention the best-known schools and point out that even on some of the most important central religious issues —the meaning of Divine Unity especially in relation to multiplicity, the nature of God’s Names and Qualities, the relation between faith and works in human salvation, predestination and free will, revelation and reason, the relation between God’s Mercy and His Justice, and questions of eschatology, not to mention political philosophy— there have existed numerous views, sometimes opposed to each other.

    Lo importante en el presente contexto es mencionar al menos las escuelas mejor conocidas y puntualizar que incluso sobre algunas de las cuestiones religiosas más importantes y centrales –el significado de la Unidad Divina especialmente en relación con la multiplicidad, la naturaleza de los Nombres y Cualidades Divinos, la relación entre fe y obras en la salvación humana, predestinación y libre albedrío, revelación y razón, la relación entre la Gracia de Dios y Su Justicia, y cuestiones de escatología, por no mencionar la filosofía política- han existido numerosos puntos de vista, a veces opuestos entre sí.

    Mucho respeto, mucha consideración and so on.

    Comentario por Dr. Piedra — Viernes, 4 agosto, 2006 @ 11:43 am |Responder

  71. Hola Dr. Piedra

    Con respeto y consideración

    Te agradezco la intervención aunque no le falte la ironía y algo de circo o burlesque contenido. Estoy en condiciones de asegurarte que el resultado del análisis de “los conjuntos sintagmáticos” en mi “tabla de lexicalización” me proporciona unos informes mas que sorprendentes; relacionados a la archiconocida figura psiquiátrica denominada como “personalidad múltiple”. En la edad media llamarían a esto “posesión diabólica”. Aunque no es de mi incumbencia meterme en la intimidad ajena por lo que me remito a las reglas literales tal cual van sucediendo.

    Pero vamos a la traducción con la cual Uds. se aúnan con el mismo criterio.

    Fíjate tú:

    “No sería posible hablar profundamente aquí de todas las diferentes escuelas teológicas y filosóficas ni siquiera de las más importantes.”

    “Es importante en el contexto presente al menos mencionar lo más conocido de algunas escuelas e indicar que aún sobre algunas cuestiones religiosas de las más centrales e importantes – el significado de Unidad Divina sobre todo en relación con la multiplicidad, la naturaleza de los Nombres de Dios y Cualidades, la relación entre la fe y trabajos en la salvación humana, la predestinación y el libre albedrío, la revelación y la razón, la relación entre la Piedad de Dios y Su Justicia, y las cuestiones de eschatology, y sin hablar de la filosofía política – allí han existido numerosos puntos de vista, a veces opuestos el uno al otro.”

    Este es el texto neutro donde de ningún modo se extrae el sentido adjudicado por Josefhus y Uds., ya que tal, es eminentemente descriptivo (sin énfasis ni afirmaciones)

    Pasemos a otra versión que ya les contradiga a Uds. y que es la que se acerca mejor a la verdad.

    Fíjate tú:

    “No sería posible hablar profundamente aquí de todas las diferentes escuelas TEOLÓGICAS Y FILOSÓFICAS ni siquiera de las más importantes.”

    “Es importante en el contexto presente al menos mencionar lo más conocido de algunas escuelas e indicar que aún sobre ALGUNAS CUESTIONES RELIGIOSAS de las más centrales e importantes – el significado de Unidad Divina sobre todo en relación con la multiplicidad, la naturaleza de los Nombres de Dios y Cualidades, la relación entre la fe y trabajos en la salvación humana, la predestinación y el libre albedrío, la revelación y la razón, la relación entre la Piedad de Dios y Su Justicia, y las cuestiones de eschatology, y sin hablar de la filosofía política – allí han existido numerosos puntos de vista, a veces opuestos el uno al otro.”

    En síntesis:

    Amén de la advertencia de Nasr ya señalada en mi anterior notamos muy claramente que se está refiriendo a cuestiones de la esfera formal e individual (CUESTIONES TEOLÓGICAS Y FILOSÓFICAS; Y CUESTIONES RELIGIOSAS)donde la variedad, la diversidad y la diferencia no solamente son legítimas, además necesarias.

    Ahora, donde ven Uds. que aquí se haga alguna alusión de la Metafísica? (A propósito, eso de varias metafísicas nos ha resultado el colmo de la hilaridad)

    Sin mas comentarios.

    Con todo respeto y consideración os envío saludos cordiales

    Practicus Germanus

    Comentario por Antifachista — Viernes, 4 agosto, 2006 @ 9:59 pm |Responder

  72. En cuanto a la traducción del Dr. Piedra del texto de Nasr, pienso que las diferencias con la que yo proponía son muy escasas y, a mi entender, no afectan de forma relevante a su significado. La suya es más literal, y la mía más libre. Hay ciertas diferencias muy ligeras de matiz en ciertas palabras o sintagmas, u otras que atañen a cuestiones gramaticales. Aunque no tendría ningún inconveniente en hacer un análisis minucioso comparando ambas versiones, me parece que es innecesario y me temo que podría resultar aburrido para quienes no estén específicamente interesados por los recovecos del lenguaje, habida cuenta que se trata de detalles que —hasta donde yo llego a ver— no afectan propiamente al sentido, al menos con relación a lo que aquí se planteó: la impugnación del sentido de mi traducción por parte de Practicus Germanus.

    Dado que traducir contando con una traducción previa facilita, obviamente, una traducción posterior, Practicus Germanus, que cuenta ya con dos, tiene el camino bastante trillado para ofrecernos una versión sin errores conceptuales ni formales.

    Cordiales saludos.

    Comentario por Josephus — Sábado, 5 agosto, 2006 @ 7:35 pm |Responder

  73. Aclaro en primer lugar que cuando yo envié el comentario 72 no estaba todavía visible el comentario 71.

    Puesto que yo mismo caí en el ingenuo error de pedirle a Practicus Germanus una traducción, me veo ahora obligado a la penosa tarea de responderle. Desde luego, ha sido la primera, pero será también la última vez que incurra en tamaña insensatez. Para saldar, pues, el tema, aquí van unos comentarios sobre las traducciones comparadas. Puesto que se ha hecho alusión a «errores conceptuales Y FORMALES» de mi traducción, sin dar nunca explicaciones precisas de cuáles son esos errores, me veo obligado a un análisis exhaustivo a riesgo de aburrir al personal. Mis disculpas.

    En primer lugar, la traducción del Dr. Piedra y la mía. Ya dije que la traducción del Dr. Piedra me parece básicamente correcta en cuanto al sentido, aunque adolece, a mi entender, de algunos defectos formales, debido a su excesiva literalidad. En cuanto a la mía, no creo que tenga ningún error conceptual, pero le veo ahora un defecto formal que aclaro más abajo (punto 11 del primer análisis).

    1. La utilización por parte del Dr. Piedra del potencial en la frase inicial (muy frecuente tanto en inglés como en francés) no me parece que esté aquí justificada, pues el castellano utiliza en estos casos el modo indicativo. Sólo se utilizaría el potencial si hubiera alguna condición para la realización del acto propuesto, lo que no es el caso.

    2. A pesar de la semejanza morfológica, el uso habitual de «to discuss» corresponde en realidad a «analizar» mucho más que a «discutir», que en castellano sugiere principalmente la idea de debate, no así en inglés. «A discussion» se utiliza fundamentalmente para un trabajo monográfico (artículo, etc.) en que se analiza o estudia un determinado tema.

    3. «Todas las diferentes escuelas» es redundante y malsonante en castellano. O se dice «todas las escuelas», o se dice «las diferentes escuelas».

    4. Para evitar la innecesaria cacofonía (repetición de la palabra «importante» en dos ocasiones, una inmediatamente a la otra y una tercera poco después), yo traducía «what is important» por «lo que nos interesa», con el mismo sentido y mejor sonoridad. Hay que tener en cuenta que Nasr, iraní, escribe mal en inglés y una traducción correcta al castellano exige contar también con las limitaciones del autor.

    5. «To point out» equivale a «indicar» o «señalar» mucho más que a «puntualizar», verbo éste que, en castellano, tiene más bien el sentido de «precisar», idea que no corresponde exactamente a la del verbo inglés.

    6. Donde el texto original dice «most important central», yo prescindí conscientemente de «central» por entenderlo redundante e innecesario: no creo que «central» (que en inglés está todavía mucho más próximo en su significado a «importante» que la palabra homógrafa en castellano) añada ningún significado diferenciado a «importante» y consideré preferible aligerar la frase.

    7. Falta ortográfica: «divina», adjetivo, debe ir (en «Unidad Divina») con minúscula y no con mayúscula («Unidad divina»).

    8. La preocupación por atenerse a la letra lleva al Dr. Piedra a construcciones que en castellano no suenan bien, por ejemplo: «los Nombres y Cualidades Divinos». Aparte de la repetición de la falta («divinos», no «Divinos»), la proximidad de «Cualidades» (femenino) y «divinos» (masculino) hace que la frase «suene rara», aunque sea «oficialmente» correcta. Es preferible invertir los términos («Cualidades y Nombres divinos») o decir «Nombres y Cualidades de Dios».

    9. Yo prescindí conscientemente de «humana» como epíteto de salvación por considerar que se sobreentiende en este contexto y aligerar así una frase que, como he dicho, es manifiestamente pesada en el original.

    10. Las relaciones entre la Gracia y la Misericordia pueden ser estrechas, pero ambos términos tienen sus equivalentes precisos en inglés (Grace y Mercy, respectivamente) y no veo motivos para cambiar uno por otro.

    11. En cuanto a la traducción de «views» es más correcta la traducción del Dr. Piedra (puntos de vista) que la mía (visiones), pues aunque «visiones» puede entenderse como «concepciones», «puntos de vista», etc., se presta a una innecesaria ambigüedad.

    En cuanto a la traducción de Practicus Germanus:

    1. Se aplica lo dicho en el punto 1 del análisis precedente.

    2. Se aplica lo dicho en el punto 2 del análisis precedente.

    3. Se aplica lo dicho en el punto 3 del análisis precedente.

    4. Se aplica lo dicho en el punto 4 del análisis precedente.

    5. «The best-known schools» está mal traducido: en absoluto equivale a «lo más conocido de algunas escuelas» sino a «las escuelas mejor conocidas», que son sencillamente conceptos diferentes.

    6. «Aun» («aún sobre algunas escuelas») debe ir sin acentuar por tener aquí el significado de «incluso» y no el de «todavía».

    7. «algunas cuestiones religiosas de las más centrales e importantes» es un «calco» de la construcción sintáctica inglesa. En español correcto se debe decir: «Algunas de las cuestiones religiosas más…»

    8. Se aplica lo dicho en el punto 6 del análisis precedente.

    9. Los artículos no son partículas desdeñables y tienen en español un uso muy preciso. No se debe decir «el significado de Unidad divina» (a no ser que «Unidad divina» fuera entre comillas, lo que no es el caso) sino «el significado de la Unidad divina», tanto más cuanto que la segunda parte de la cláusula se refiere, en paralelo, a «LA multiplicidad».

    10. Se aplica lo dicho en el punto 7 del análisis precedente.

    11. «la Naturaleza de los Nombres de Dios y Cualidades» es una construcción malsonante, equívoca y, en definitiva, incorrecta (¿qué cualidades?… ¿de quién?) que procede de una lectura equivocada del genitivo sajón (la lectura correcta es God’s Names-and-Qualities, y no God’s-Names and Qualities)

    12. «La relación entre la fe y trabajos en la salvación humana». ¡Sin comentarios! ¿No ha oído nunca Practicus Germanus hablar de la relación entre la fe y las obras? Aparte de tamaño disparate, por un elemental sentido del equilibrio y de la estética, si «fe» va con artículo, «trabajos» también debería llevarlo.

    13. Se aplica lo dicho en el punto 9 del análisis precedente.

    14. Insisto en que Mercy se corresponde muy exactamente con Misericordia y no hay por qué buscarle una traducción distinta (en este caso «Piedad»).

    15. ¡Eschatology! Pensé que habíamos acordado hacer una traducción al español, no al spanglish.

    16. «Not to mention political philosophy» no significa «sin hablar de la filosofía política» sino «por no hablar de la filosofía política».

    17. «There have existed…» es una forma impersonal en la que «there» no tiene valor independiente y, por tanto, no se debe traducir.

    En definitiva: yo diría que, incluso proponiéndoselo, era muy difícil, teniendo delante dos traducciones básicamente correctas, hacer una mala traducción. Pues bien, Practicus Germanus lo ha conseguido de forma espectacular: en realidad, no ha hecho una traducción mala, sino, más bien, una traducción horrenda.

    En cuanto al asunto de las mayúsculas y la puntuación, parece que habrá que aclararle algo que, sin duda, sólo conocemos las personas que leemos libros: al dar una cita, es frecuente y absolutamente legítimo colocar ciertas palabras en cursiva para recalcar aquello sobre lo que se quiere llamar la atención. Para no falsear la cita se incluye una nota a pie de página diciendo: «La cursiva es mía». Como aquí no hay cursiva ni negrita, yo tuve que utilizar en su lugar la mayúscula, y como no hay notas a pie de página, lo advertí con claridad inequívoca en el cuerpo del texto. En cuanto a los signos de puntuación (aparte de que una traducción no tiene por qué respetar literalmente los del original: la puntuación también «se traduce»), la única diferencia de mi texto con el original son los puntos suspensivos entre corchetes que se introducen siempre que en una cita se suprimen algunas palabras, lo que Practicus Germanus, como es comprensible, también ignora.

    Dicho esto, doy por terminada cualquier discusión con Germanus y con todos sus amigos, sean practicus, teoricus, doctores, catedráticos, magister eminentissimus o premios Nobel, pues sencillamente no tengo más tiempo que perder.

    Se me olvidaba: si algún día, Sr. Practicus Germanus, tiene usted que buscar un trabajo con el que ganarse la vida, me permito recomendarle que busque cualquiera menos el de traductor.

    Saludos.

    Comentario por Josephus — Martes, 8 agosto, 2006 @ 12:15 am |Responder

  74. Con respeto y consideración, diré que mi inglés, sin ser nada del otro mundo, llega sobrado para “pensar en inglés” el texto de Nasr, y desde luego tu taducción, Antifachista (o Practicus Germanus, no sé muy bien cómo prefieres que se dirijan a ti), es sorprendentemente mala, máxime teniendo en cuenta que el texto no presenta dificultades y su sentido es claro. Esperaba algo más de un ser que distingue con tamaña precisión la verdad del error, fíjate tú.

    Comentario por Aspirante a domador — Martes, 8 agosto, 2006 @ 10:25 am |Responder

  75. Hola Antifachista, o Practicus Germanus, o Germanicus, o como quiera que te llames:

    Lo tuyo sí que es un buen ejemplo de “personalidad múltiple” (¿porqué será que los del otro lado del charco casi siempre demostráis un interés exagerado en señalar desarreglos psiquiátricos en los demás y no os preocupáis por los vuestros propios, que no son pocos?), y te aseguro que para averiguarlo no me ha hecho falta analizar en profundidad tu léxico con ninguna tabla: salta a la vista que tienes problemas de coordinación mental que te impiden expresarte con claridad, quizá porque ni siquiera conoces el idioma a nivel elemental y ni tan solo eres capaz de escribir una frase inteligible detrás de otra. En definitiva, que para ser “antifachista”, tus textos hacen muy mala facha y quizá por ello son un fiel reflejo de la manera desordenada con la que piensas (es un decir).

    Por cierto, ¿suspendiste el inglés en el bachillerato?… porque me parece que tu traductor “on line” se te ha estropeado, y no das ni una en gramática, retórica e incluso tampoco en ortografía elemental del castellano. Si realmente tienes alumnos en una facultad universitaria, cosa que dudo, van listos contigo, por no decir que el nivel académico de la susodicha institución tiene que ser espectacular. ¿Es privada o pública?.

    Ciertamente, como profesor de inglés no tienes futuro, como lingüista tampoco, pero como titiritero podrías montar tú solo un circo de tres pistas, así podrías dedicarte a llenar de contenido burlesco (se escribe así, fíjate tú) tu tiempo y el de los demás a jornada completa, y no sólo a tiempo parcial como hasta ahora.

    Dicho sea todo ello con sumo respeto y consideración, como tú siempre has hecho hasta ahora en este blog.

    En cuanto al análisis de Josephus sobre mi traducción, estoy completamente de acuerdo. No era más que un intento irónico de dar a entender que el texto es tan sencillo que cualquiera puede traducirlo y entenderlo correctamente, con sólo unos conocimientos elementales del idioma de Shakespeare.

    Por último: lo siento Isra, he vuelto a no hacerte caso. Mea culpa…. pero es que no he podido reprimirme.

    Saludos cordiales.

    Comentario por Dr. Piedra — Miércoles, 9 agosto, 2006 @ 2:45 pm |Responder

  76. Hola Aspirante y Josefhus

    Con respeto y consideración

    Aunque para ahorrar negrita podría decir Aspijosefh (ent.tns.) si me permitís el resumen (je).

    Josefhus, nunca digas “definitivo”.
    Como decía un paisano: “Esto recién comienza!”.

    Sinceramente, debo seguir agradeciendo las oportunidades brindadas para examinar el entramado psíquico que conllevas. Ten por seguro que para nosotros es algo importante y lo tomamos muy seriamente, con todo
    “respeto y consideración”. Hasta hemos formado un petit archivo con tus notas y las consideramos como tema de estudio sobre tu interesante individualidad. Si bien, jamás hemos insultado ni despreciado a nadie (por lo que negamos terminantemente cualquier actitud “insultativa” o “despreciativa” que se nos pretenda adjudicar) no tomes muy cuenta nuestras críticas o alguna aparente “dureza” que pueda ocasionar alguna irritación en la estructura emocional; no es esa la intención ni el objetivo. Pásalas por alto y considéralas neutralmente, como una cuestión de estilo, más bien una circunstancia de disfemismo: Sin rencores.

    Es una lástima que se insista en valorarnos negativamente por cuestiones pasionales y sentimentales y no bajo una regla más elevada, ya que consideramos que estamos aportando, como todos los demás, algunos puntos interesantes al blog y siempre apuntamos a las cuestiones fundamentales, pero nunca se nos ha contestado en ese terreno a pesar de tantas observaciones que hemos realizado, sólo se pierde el tiempo con pavaditas debido a la enfermedad de glosolalia que alguien padece y a sus obsesiones por las “miniaturas lingüísticas”. Si contestamos también en ese terreno sólo es para seguir la corriente y desmontar ciertos mecanismos mentales como la soberbia que los sustenta.

    Bueno, pasemos a la entrada de Josefhus (-73) y vaya de carambola para Aspirante (-74) a quien le acepto festivamente sus burlonas chanzas:

    Aquí vamos a demostrar que la “perfecta” traducción que se adjudica Josefhus de modo rimbombante y tocando el auto bombo (una actitud “descalificadora” desde el vamos, jamás vista en traductores serios o profesionales) es, en realidad, una muy mediocre versión “literalista” y del todo inepta en cuanto a lo explicativo (tal como he dicho exhaustivamente en el hilo). Guénon y Coomarasawmy han tratado muy bien esta cuestión; en cuanto toda traducción debe ser mas bien comentada por los medios con que se cuente (como la trascripción, explicación, etc.) para preservar el sentido original antes que “literalizar” las palabras y las oraciones a piaccere, de un modo sistemático (“potencial”?, “indicativo”?) burdo y elemental tal como resulta el “estilo” con el cual procede Josefhus, siempre contradictorio y en permanente inversión de la carga probatoria (adjudicando a otros los propios – y peores – errores cometidos). In aere aedificare.

    Obvio es, que por lógica consecuencia, su “análisis exhaustivo” – con términos técnicos plagiados y mal aplicados – para defenderla (ya que ridiculiza el discurso haciéndolo sumamente intencional, tendencioso, exagerado e irrelevante), termine adoleciendo casi, de total falta de seriedad y de conocimientos reales; siendo sólo sustentado por una inquietante y subjetiva capacidad “loro-gráfica” de alguien que “se cree más de lo que verdaderamente es”; y tal como de última, lo puede comprobar cualquier conocedor de los temas de lengua con orientación tradicional o algún perspicaz lector de mirada aguda.

    Según veremos, la consecuencia no puede ser más que un cúmulo de artificios, falacias, errores y violaciones que inmediatamente pasamos a considerar de modo alternativo para ilustración de los “comensales”.

    De la cartilla (-74) de Josefhus me atendré a los primeros cuatro puntos relacionados al “análisis precedente” (más dos adj. Al Dr. Piedra) y a los trece puntos subsiguientes que directamente me competen.

    Una vez estudiados todos los puntos hemos notado que cada uno de estas “perlitas” (t.17) son violatorias del objeto principal. Es decir del verdadero y real sentido (no olvidar esto) de la oración de Nasr fraccionada por Josefhus quien, con sus “ilusiones gramaticales”, sólo intenta tapar y disimular, no sólo sus fallas conceptuales y “argumentales” ya larga y exhaustivamente puntualizadas (ahora añadimos las formales), sino también la carencia de dotes y de intelectualidad tradicional de quien se erige ilusamente, en rampante soberbia, como “cuestionador” de Guénon y de la Tradición, pruebas mas que suficientes de su falta de seriedad, del aspecto grotesco de su discurso y del tinte disparatado de todas y cada una de sus tareas (seguimos esperando que Josefhus nos conteste en lo que hace al Intelecto; sobre sus numerosos errores en las cuestiones esenciales ampliamente señaladas, pero sigue desplegándonos “cotillón barato”; cosas harto menores (de “traduttore tradittore“, “análisis lingüístico” y demás intrascendencias) con las que igual trastabilla por cierto. Pero que podríamos esperar de quien desconoce la enorme importancia de la diferencia entre “tradicional” y “tradicionalista” o entre “metafísica” y “filosofía”, etc., etc.?

    En fin, si quieres jugar al carnaval, allá vamos.

    Para traducir temas tradicionales primero hay que saberlos y estimarlos, después corresponder con la altura de sus autores. Caso contrario, el resultado siempre será la vulgar adulteración, la parodia, el grotesco o en casos peores la actividad contra tradicional. Más grave aún, que una simple e inconsciente actitud antitradicional. La siguiente paginilla ilustra algo respecto a las cualidades y virtudes requeridas. Demás está decir que las siguientes normas, han sido violadas en su completitud por el siempre respetable Josefhus y según demostramos en líneas subsiguientes:

    1. El traductor de estudios tradicionales no debe ser hostil ni al concepto ni al argumento que trata. Debe estar facultado según estricto orden: a) en el conocimiento del tema, b) en el autor que traduce y c) en la lengua que traduce

    2. Las palabras se interpretarán: a) atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas, b) en relación con el contexto y c) según el sentido propio.

    3. Si las palabras parecieren contrarias a la intención evidente del autor, prevalecerá esta por sobre cualquier subjetividad del traductor.

    4. Cualquiera sea la generalidad de los términos de un autor, no deberán entenderse comprendidos en el cosas distintas y casos diferentes de aquellos sobre los que el intérprete se propone añadir o suprimir.

    5. Si alguna cláusula admitiere diversos sentidos, deberá entenderse en el más alto, aún se apele a pleonasmo para que produzca efecto adecuado.

    6. Las palabras traducidas deberán interpretarse las unas por las otras atribuyendo a las dudosas el sentido más alto que regula el conjunto de todas

    7. Las palabras que puedan tener distintas acepciones serán entendidas en aquella que sea mas conforme a la naturaleza y al objeto del sentido superior

    8. La interpretación de las palabras oscuras de un autor como las reglas de puntuación y separación no deberá favorecer la opinión del intérprete.

    9. Cuando absolutamente fuere imposible resolver las dudas por las reglas establecidas en los artículos precedentes se acudirá a consulta de autores afines o de autoridades originales.

    (Ref. UDAET – Escuela de traductores “De la interpretación tradicional”, Bol. 102, Pág. 32. París-Buenos aires, 1985)

    Ahora sigamos según el orden de Josefhus:

    1º- Admitir que determinada idea tradicional expresada en inglés o francés no tiene equivalente aproximado en castellano alegando exclusivamente como argumento reglas y figuras verbales de convención moderna es el colmo de la mediocridad. Pero, alegar preferencia del modo indicativo a una traducción (cualquiera sea) es el colmo de la ignorancia, ya que es exactamente al revés, puesto que el porcentaje de “masa traducible” siempre se ha inclinado abrumadora y universalmente por el segundo caso como dicta la experiencia de todo traductor serio y objetivo.

    2º- “A discussion”: otra incoherencia, ya que el significado que Josefhus le atribuye exclusivamente al inglés se halla en la segunda acepción de la voz en castellano. Además mal definido, puesto que la denotación es idéntica en ambos idiomas: La lectura correcta sería: “Análisis o comparación de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes posibles” y no “para un trabajo monográfico (artículo, etc.) en que se analiza o estudia un determinado tema”. Ni siquiera el DRAE asimila correctamente este muchacho! Lo que más asombra de Josefhus es el exclusivismo de su seguridad al enunciar sus erradas opiniones; como si fueran verdades! No estaremos frente al nuevo dios encarnado de la lengua y de la escritura?.

    3º- Por supuesto que, en este caso, continúa errando Josefhus. La legítima frase “Todas las diferentes escuelas” comporta un significado muy distinto a “todas las escuelas” y a “las diferentes escuelas”, ya que como “variable continua” pleonástica se emplea, en ciertos vocablos, como en este caso, para dar mas fuerza a la expresión implicando la cualidad de “cosa íntegra” que no logran del todo aquellas dos variantes.

    4º- Este punto es mas divertido porque Josefhus inventa o imagina que: “Nasr, iraní, escribe mal en inglés”. Sabiendo que la hija de Nasr, de lengua materna inglesa, es la correctora y redactora de todos sus trabajos por lo que suplantar “importante” (seguramente debido a una estrategia anafórica del autor) por “nos interesa” ocasiona un grosero calambur cambiando a un sentido radicalmente diverso y enteramente “reduccionista” (como el mismo vocablo lo expresa) de la intención original del autor que, de estas cosas, seguramente conoce mucho más que Josefhus (aún hay otras diversas estrategias escribanas tradicionales de las cuales Josefhus, seguramente, no tiene la menor idea, inclusive las que se despliegan para ahuyentar a “literatos” como el). Obvio es, que adjudicar, no sin cierta soberbia, “limitaciones” a Nasr, no deja de ser una de las tantas pruebas con las que Josefhus amerita seguir confundiendo “idiotismo” con “idiomatismo”.

    – Después de 5º’ y 6º’ siguientes paso a la otra serie a partir del 5º –
    (Dr. Piedra, fantaseando un poco con la figura de tu independencia allano dos ítems)

    5º’- La irrelevancia de este punto queda demostrada en que la sinonimia del término encuentra diez registros en castellano con las (sub.) derivaciones de cada uno de ellos. Otro tanto en inglés, donde quedan comprendidos los cuatro términos mencionados por Josefhus. Remitiéndose la cosa a una cuestión de cualidades, explicación y elección de cada uno, creemos, más bien que, Josefhus, está “rellenando” su discurso o nos está “pavoneando” con alguna ironía de suyo.

    6º’- Aquí, de ninguna manera estamos ante un abrègement, sino frente a un colosal disparate, una horrenda castración en “most important central”. Esto sí que es “indicativo”, más bien, de una cuestión simbólica en el ataque a todas las cuestiones “centrales” y agravada por una confesión de “prescindencia consciente”, ya que en ingles de ninguna manera “important” es sinónimo de “central” (actitud bárbara aunque lo fuere, que no es el caso). Mencionemos que cualquiera puede advertir, en el inglés corriente, la diferencia entre adjetivos calificativos y determinativos. Con mayores razones en el terreno de los estudios tradicionales, puesto que, en algunos vocablos, sobretodo en ciertas explicaciones, es muy común por parte de los entendidos, como es el caso en Nasr (o en Guénon, Coomaraswamy, Buckhardt, etc.), señalar pleonásticamente – a modo de adverbio superlativo – ejemplos similares a este mismo, los cuales son, en general, lamentablemente castrados por ignorantes literatos y traductores con la misma “técnica” de Josefhus. Abusus non tollit usum. Podría extender el comentario esclareciendo palmariamente puntos relacionados con el origen del llamado “pleonasmo” y respecto a las fuentes donde bebieron los autores citados. Más aún, considero que alguien verdaderamente cualificado debería escribir en alguna oportunidad un tratado referido al “Simbolismo del pleonasmo” o algo así. Pero más no diré porque estaría excediéndome y arriesgándome inútilmente.

    5º- Irrelevante por ignorancia en la refutación, ya que en “lo más conocido de algunas escuelas” me he atenido A fortiori, y estrictamente, a las normas del traductor de estudios tradicionales eligiendo el sentido mas elevado y no algo similar a la versión “literalista” ni a las reglas profanas y modernas de Josefhus (encima mal aplicadas) puesto que recurrí a la “explícita función propia”: “una doctrina” o “una enseñanza”, etc. En cambio, he dejado de lado la “función exponible” por ser una proposición oscura por el hecho de que, a pesar de tener la forma gramatical de una proposición simple esconde una composición ambigua y una negación disimulada, ya que “las escuelas mejor conocidas” pueden serlo por “su fachada de ladrillos”, “su chimenea”, “su arquitectura” y quien sabe cuantas cosas más.

    6º- Concedido por error ortográfico

    7º- Refutado en el punto 6º’

    8º- Refutado en el punto 6º’

    9º- Irrelevante, y hasta ridículo diría, porque a pesar del estricto y exclusivo sistema mecanicista que Josefhus nos quiere pintar respecto a los artículos, estos no son tan “no desdeñables” ni tan precisos, ya que sus funciones siempre han sido algo “flotantes” dentro del español, especialmente prescindibles en entidades no consabidas. Precisamente, aquí he actuado A fortiori, con fidelidad a las normas del traductor de estudios tradicionales, y no con las reglas mecanicistas y profanas ya que, al dejar de lado el artículo definido, en este caso, en que la cópula con la palabra precedente se prestaba a “deslimitar” la extensión del nombre a entidades ya consabidas con objeto de evitar un sentido de asociación disimulado y aplicar la disciplina discursiva de ex praecognitis et praecconcessis que sólo puede otorgar esa idea de preexistencia al “significado de Unidad Divina” y no al “significado de la Unidad Divina”. Sin embargo, podría mantenerse el sentido tradicional (aunque no sin dejar de atenuarse) únicamente aplicando el artículo definido cuando inicia la oración con carácter de mayúscula.

    10º- Por lo expuesto en 5º, 6º y 9º no vamos a ser repetitivos (cree mecánicamente que el adjetivo es único recurso y cumple una sola función!). Además sigo la trascripción de varias escuelas (Omman, Islam and the Arabs in Spanish Scholarship, Al Kardabûs, Khiroune, etc.)

    11º- En lo referido a este se adjudica la misma refutación de los puntos 5º y 9º, ya que, “La Naturaleza de los Nombres de Dios y Cualidades” corresponde al primero el atributivo y al segundo la “deslimitación” suprimiendo el artículo para evitar el sentido disimulado de asociación y negación de acuerdo al método tradicional. Seguramente que, “la malsonancia”, debemos atribuirla a esos misterios de la “acústica” o a las “ilusiones auditivas” que suelen filtrar ciertos oídos modernos cuando meten la oreja donde no les concierne.

    12º- Se aplica lo dicho en los puntos 5º y 9º. Además, es interesante observar aquí como Josefhus no sólo hace gala de sus enormes carencias intelectuales, sino también, termina haciéndose el “maestrito ciruela” y transfiriéndolas al prójimo. Esto se llama “invertir la carga de la prueba”. Un verdadero caso “de chaleco”

    13º- “Se aplica lo dicho en el punto” 6º’

    14º- Este es otro ejemplo de supina ignorancia de los puntos y temas tratados, puesto que cualquiera que tome contacto con los medios chiítas sabe perfectamente el significado técnico del término “piedad” y la importancia que se le atribuye, totalmente distintos a lo que expresa la voz “Misericordia”

    15º- Grotesco e irrelevante, además confunde el inglés con el spanglish. Sin comentarios.

    16º- La preposición tiene tantos enlaces que puede significar “no” ante un verbo variable. A esta altura por la inventiva, la soberbia y la ignorancia de Josefhus me inclino a suponer que exige un tratamiento adecuado. Aunque, según entendidos puede ser un caso irreversible.

    17º- Decir que los adverbios son intraducibles (acaso no dice que hasta la puntuación es traducible?) ya no es un caso de debilidad mental. Es lisa y llanamente un caso de locura. Actus non facit reum nisi mens sit rea.

    Hasta la última monserga es una total payasada. Sin fundamento real alguno, un artificio “de distracción” para “rellenar” su delirante discurso. Ad hominem et animus iniuriandi.

    Para terminar, debo confesar que me resulta un verdadero fastidio tener que descender tan bajo en un debate, refutar nimiedades y aventar las cortinas de humo que nos tira Josefhus con el único propósito de evitar responder sobre sus enormes fallas conceptuales, y que le estamos planteando, abundantemente, desde el principio. Hasta ahora, no hemos obtenido respuesta alguna. Así también, esperamos aun, retome la cuestión conceptual de la traducción de Nasr. Si insistimos es porque quedaron cosas pendientes por demás interesantes.

    Josefhus, sin rencores.

    Fíjate tú:

    Hasta agradezco la sugerencia final, aunque la de traductor no es mi profesión. Para ello tenemos aquí, a la mano, un profesor de la Universidad de Oxford. Excelente profesional con orientación tradicional y mejor persona que nos asesora en estos asuntos del idioma. Al mismo tiempo, quería corresponderte, y si algún día te falta el trabajo tengo un amigo, aquí a la vuelta: Don Chicho, que tiene una verdulería y necesita un empleado. Trabajo no te ha de faltar hombre!. Lo mismo para Aspirante. Lo podríamos ubicar quizás como deshollinador o cartonero. Tampoco le ha de faltar!

    Con todo respeto y consideración

    Practicus Germanus

    Comentario por Antifachista — Miércoles, 9 agosto, 2006 @ 8:01 pm |Responder

  77. Hello Piedra

    Permite el agregado:
    Menudo sentido de la verdad y justicia tienes (es un decir). Según tus palabras sabes todo lo que sabe Germanus, y lo que no sabe. Espero que le respondas punto por punto (como siempre hace el) con objeto de demostrarle su ignorancia y analfabetismo. No será que de un modo artístico, con algo de drama y de comedia, os está vapuleando de lo lindo?. A mi modo de ver se presta a meditación. Creo que sé está representando la colisión de dos mundos mentales diametralmente opuestos. Lo que es verdad para uno es error para otro y viceversa. Sería un estimulo demostrar aquí cual es el verdadero y cual es el que falla – porque uno de los dos falla no te parece?

    Saludos
    Alina

    Comentario por Alina — Jueves, 10 agosto, 2006 @ 8:12 pm |Responder

  78. “Alina”, te has olvidado el “con respeto y consideración”, no sea que el Dr. Piedra [que no “Piedra”, del mismo modo que tu eres “Alina” (es un decir), y no “Mescalina”] se vaya a ofender…

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 11 agosto, 2006 @ 11:21 am |Responder

  79. Allo Alina!!:

    Espero cuando menos no tener el mismo sentido de la verdad y de la justicia que el que puedas tener tú (es un decir). No tengo ni idea de lo que Practicus Germanus sabe o no sabe o deja de saber…. excepto que cree ser un sabelotodo.

    Sea como fuere, lo que con absoluta seguridad tu amigo “Antifachista” (por cierto, ¿qué es un “fachista”?….. ¡supongo que no será un “fascista”!) no sabe, por un lado, es traducir correctamente del inglés al castellano y, por otro lado, tampoco lo que significan las palabras “respeto” y “consideración”, por eso las emplea sin sentido, aunque las repita tanto.

    Si lo que te molesta es que haya apuntado hacia sus problemas de orden psíquico ¿es quizá porque él no se dedica a descubrir “personalidades múltiples” donde no las hay o a insinuar que los demás somos unos payasos, cuando no directamente unos “posesos”?, ¿o a lo mejor es porque él nunca emplea un tono beligerante y despectivo hacia los demás sin venir a cuento, y yo sí?.

    Por otra parte, sería sumamente tedioso señalar todas y cada una de las faltas de ortografía y de gramática que comete sistemáticamente en cada uno de sus mensajes, lo cual, por otro lado, no es necesario puesto que son de pura evidencia. ¿Te impide tu amistad con él darte cuenta de algo tan elemental, querida Watson?.

    Sinceramente, me da la impresión de que “Antifachista” escribe sus mensajes en otro idioma y utiliza un traductor para que se los translitere en castellano. Sino no me lo explico (¿cuestiones de eschatology, burlesque contenido, “fijate tú”, Josefhus…?).

    Un abrazo y hasta nunca.

    Comentario por Dr. Piedra — Viernes, 11 agosto, 2006 @ 12:27 pm |Responder

  80. Hello Aspirante y Piedra

    Aspirante:

    Considero a mi anterior suficientemente respetuosa y no me interesa imitar a nadie. Menos a Germanus que tendrá sus propias razones. De verdad, no entiendo las ironías (“Alina”,”mescalina” ?). Seguro que esto no es violencia sino virtud. Violentos son sólo los ajenos. “Tá” claro.

    Piedra:

    Aclaro que soy española radicada desde hace más de 20 años en Punta del Este-Uruguay. No soy amiga de Germanus ni conozco de donde es oriundo.

    No has respondido en absoluto a mi anterior, sólo veo que todo el blog gira en torno a Germanus con las “indirectas”, “burlas?” e ironías que continuamente le estais dedicando como si fuera una gran obsesión o una espina fuertemente clavada en algun lugar anatómico de no sé quien. Hasta el punto de hacer pensar a los terceros que sólo se está defendiendo de vosotros., y muy bien que lo hace.

    No mucho, pero algo de inglés y teoría de la lengua española conozco para acreditar cierta extrañeza ante tus juicios sobre traducción, ortografía y gramática, sobre todo después de las última nota de Germanus. Perdonad si os irrita, a mi me ha parecido brillante.

    Decía que no has respondido en absoluto porque tus dichos quedan en el aire como si sólo fueren “animosidad” y nada más. Salvo que vayas al campo y te enfrentes directamente con Germanus exponiendo punto por punto tus cuestionamientos. Estoy segura que te espera con los brazos abiertos y ha de cumplirte a satisfacción

    Saludos

    Comentario por Alina — Viernes, 11 agosto, 2006 @ 8:07 pm |Responder

  81. Hola Dr. Piedra (Napoleón, Alejandro el grande, Sandokan o James Bond, para el caso es lo mismo)

    Con respeto y consideración

    1º párrafo: Invirtiendo la carga de la prueba, consciente e intencionalmente.

    2º párrafo: Le confirmo a tu singular e inquisidora falta de aptitudes que el nick elegido es puntualmente con “ch”. Sobre la traducción correcta del inglés: ya fué amplia, clara y exhaustivamente demostrado en la entrada 76,.si tienes alguna nueva sugerencia pendiente (tal como espero de “Josefhus”) no dudes en enviarla. Tómate tu tiempo, que esto dá para largo y hasta ahora nadie nos corre)

    3º párrafo: Te confirmo lo de “personalidades múltiples” no sólo por mis dichos. Si quieres también hay firma profesional.

    4º párrafo: Sobre las faltas de “ortografía y de gramática”: En primer lugar, para canalizar algunas ideas escribo como quiero y como dan mis ganas; bajo mi entera responsabilidad y aptitudes, totalmente por sobre mediocres y miopes juicios como los tuyos. Especialmente, cuando tu escritura está plagada de errores de todo tipo, por lo que careces de total autoridad para decir que es lo correcto y que no lo es. Si quieres una demostración completa y cuasi definitiva te reto a que señales todos mis errores, lo más ampliamente que puedas. Yo te devolveré información, más añadidos, más una lista de tus propios errores, etc., etc.. Como dije hombre, tómate tu tiempo, no hay apuro.

    Fíjate tú:

    Muy buena tu idea de usar un traductor para transliterar al castellano. Voy a probar, quizás pueda servir para “desasnarte” (aunque me temo, sobre la especie aludida, que tu caso sea aquel del pelaje rojizo que nace cada 16 generaciones) Y sobre esas frases, esas pavaditas de la que tanto te agarras artera y “bobamente” puedes añadirlas a tu lista. Quedo a la espera.

    Aprovecho para saludarla, hola Alina!. Por fin en este blog una persona de verdad!. Ya me estaba cansando de lidiar contra tantas figuritas de cartoon.

    Con todo respeto y consideración os envío saludos cordiales.

    Practicus Germanus

    Comentario por Antifachista — Viernes, 11 agosto, 2006 @ 10:36 pm |Responder

  82. Querido Antifachista: con todo respeto y consideración, toma como muestra este botón.

    4º párrafo: Sobre las faltas de “ortografía y de gramática”: En primer lugar, para canalizar algunas ideas [¡qué técnico!, ¿qué te parece “expresar” o “formular”] escribo como quiero y como dan mis ganas [más bien sería “como me da la gana”, querido superdotado del lenguaje]; bajo mi entera responsabilidad y aptitudes [¿sabes lo que es coordinar el número en una frase?], totalmente por sobre [más correcto sería decir “completamente por encima de”, Cervantes] mediocres y miopes juicios como los tuyos [no sé cómo soportas tanta estulticia]. Especialmente, cuando tu escritura está plagada de errores de todo tipo [estoy deseando que me los diga, Sr. Catedrático], por lo que careces de total autoridad [sería mejor decir “toda autoridad”, superlenguas] para decir que es lo correcto y que no lo es [te has olvidado el acento en los dos “qués”, pisaverde]. Si quieres una demostración completa y cuasi definitiva [que sea definitiva del todo, por favor] te reto a que señales todos mis errores [eso sería el cuento de nunca acabar, con los de este párrafo me doy por satisfecho, no es menester abusar], lo más ampliamente que puedas. Yo te devolveré información [¿qué información y de qué?], más añadidos, más una lista de tus propios errores, etc., etc.. Como dije hombre [¿dijiste hombre?], tómate tu tiempo, no hay apuro [querrás decir que no hay prisa, pero no te apures].

    Además, me ha gustado mucho lo de “figuritas de cartoon”, lo tuyo con el inglés es de premio extraordinario fin de carrera. No cabe la menor duda de que eres un tipo entrañable, rebuznas el castellano como nadie.

    Sin rencores.

    Comentario por Dr. Piedra — Martes, 22 agosto, 2006 @ 2:58 pm |Responder

  83. Hola querido Dr. Piedra

    Con respeto y consideración

    Agradezco la posibilidad que nos brindas de pasar un buen rato de “risotadas” por el sólo hecho de leer tus trapisondas “estilísticas” y lingüísticas. Esperamos que alguna vez nos agradezcas la consideración y la sinceridad que sólo corren en tu beneficio y no en el nuestro (porque descendemos a tu paupérrimo nivel). Consideración, por perder el tiempo contigo (muchos dicen que no la mereces) y sinceridad, por señalar los horrores (ya no errores) de tu modo de expresarte. Modo que, al final, termina siendo un gran delator de la ignorancia que tienes sobre la lengua española y su teoría de la que ya has dado infinidad de pruebas que no la digieres con sal ni con azúcar (concéntrate un poco, dije “teoría”) motivo por el cual careces de capacidad mental para una seria elaboración de temas mas elevados, demostrando así, esa gran ineptitud de tu estilo para desarrollarlos.

    La verdad es que, en relación a tus capacidades, no hay términos de comparación ni con el peor de los nuestros. Fíjate tú, aquí hasta el barrendero es políglota, dotado de suficiente y sólida formación intelectual como para expresar con seriedad y elocuencia las ideas. En cambio tu, únicamente te guías mediante elementales e ingenuas reglitas gramaticales (encima no aprendidas, mal aplicadas) alimentadas por una banal y mediocre cursilería, no excediendo, por ejemplo, el nivel del “periódico”, del “guión de cine” o de una “novelita” de Corín Tellado con los enormes equívocos que conllevan. Además, como mass media, eres un pésimo alumno.

    En fin, correspondiendo a tu “discreción” y “sobriedad” (82) sólo me remitiré a estas últimas 18 líneas que has enviado (tus otras notas son de terror), como siempre, un verdadero engendro de horrores conceptuales, gramaticales y ortográficos por lo que no deja de asombrar la frescura con la que intentas invertir la carga de la prueba observando los errores ajenos. No pienses que ello nos enoja. Al contrario, nos mueve a carcajadas, que se agradecen.

    Fíjate tú

    Lo mío:

    1º. “para canalizar algunas ideas”

    Con esta observación baladí (como todas) te vuelves a poner la jineta de supremo ignorante sin estar exento de un alto grado de tontería. Evidentemente, hasta tienes el “mataburro” en contra, ya que la 4ª acepción de la voz “canalizar” denota: “Recoger corrientes de opinión (ideas), iniciativas, aspiraciones, actividades, etc., y orientarlas eficazmente, encauzarlas”.

    2º. “como dan mis ganas”
    Un ejemplo de supina ignorancia sobre las funciones del verbo pronominal y sus variantes.

    3º. “bajo mi entera responsabilidad y aptitudes”

    Claro que también lo ignoras todo sobre el significado de conjunción subordinante que igualmente puede aplicarse entre el singular y el plural siempre que el primero vaya adelante.

    4º. “totalmente por sobre”

    Imagino que aquí comprenderás nuestras “carcajadas” (cualquiera se reiría ante semejante payasada) ya que el Adv. m. “totalmente” (“enteramente”, “del todo”) es mucho mas apto que el Adv. m. “completamente” (“cumplidamente”,”sin que nada falte”) para expresar al fin lo que se pretendía decir.

    5º. “por lo que careces de total autoridad”

    Se aplica en parte lo dicho en el punto anterior. Digamos además que, a esta altura, tus carencias son alarmantes; no se entiende como alguien pueda equivocarse tanto. Supongo que ignoras del todo el significado de la función predominantemente expresiva entre adjetivos atributivos unidos asindéticamente, justamente lo que los latinos denominaron como epithetum ornans. Claro que, si no sabes la diferencia que hay entre “total” y ”toda”, cuando se aplican dentro de dichas conjunciones, ni siquiera puedes estar en el ABC del buen gramático.

    6º. “para decir que es lo correcto y que no lo es”

    Es difícil explicarle a un “cerebrito reticulado” el significado de “teoría de la lengua” y sus puntos condicionados o en discusión. Justamente el caso del pronombre relativo “que” (Del lat. quid) forma parte de estos condicionamientos por lo que siempre ha resultado, por lo menos ambiguo, el dar una norma definitiva para estos. Si bien las reglas de este se implementaron últimamente según las determinaciones copulativas no por nada subsiste aún la noción de “acento condicionado”. Un ejemplo, entre tantos, es la polémica que siempre ha rodeado al conocido caso relacionado con el adverbio no pospuesto.

    El resto es inabordable por su ridiculez e irrelevancia, aunque podríamos agregar una broma antes de continuar con “Lo tuyo” Así que, con respeto y consideración, permíteme terminar “Lo mío” con una antigua estrofa satírica que cae oportunamente:

    “¡Pardiez! a lo que resta: al nueve por ciento de esta grafía que es pura “bobería” y junto al once de “tontería”; diez de “idiotez”; diez de “vanidad”; diez de “vulgaridad” más diez de “grosería”; veinte de “disparate” y otros veinte de “necedad” conforman, como sabéis, la suma de Estupidez!.” (“Orígenes de la novela”.An. Typográfica. Lima.1842)

    Lo tuyo:

    Un increíble “mamarracho encriptado”. Un fárrago completamente caótico; una suma de incompatibilidades entre palabra, oración, corchetes, dos puntos, punto y coma, etc.

    1º. Desde el vamos, no sólo empleas incorrectamente los corchetes, sino que saturas un contexto de 18 líneas con más de una docena de “encorchetados” que violan toda razón, juicio, y lógica. Además, ni siquiera sabes puntualizarlos. No tienes la menor idea de la función y [la] teoría de los corchetes. Por esto sólo, ya, deberías internarte en algún “asilo de recuperación mental” o algo así.

    2º. Incompatibilidad entre los dos puntos. Por ejemplo: en la primera línea no hay relaciones anafóricas o catafóricas ni las locuciones o secuencias explicativas justifican la repetición. En la segunda suspensión hay quiebre sintáctico y queda en suspenso el tonema al no llevar el punto y seguido.

    3º. Incompatibilidad del punto y coma. El único que empleas es una “relación injustificable” por no ser extensa la serie de elementos, y por ser medio descendente el primer grupo fónico.

    4º. Incompatibilidad entre los signos de interrogación y el uso erróneo de los corchetes. Una verdadera catástrofe conceptual, sintáctica y ortográfica (!).

    5º. Incompatibilidad en las comillas. Haces todo al revés. Ni una sola comilla en las citas (!).

    6º. Ausencia total de sintaxis y entonación. Tal como has confesado al principio no queda mas remedio que tomar como muestra este “botón” (sigo tu auto calificación sin el entrecomillado).

    Si a este “esperpento” ilegible lo analizamos, junto a la exagerada cantidad de calificativos peyorativos que agregaste, no hacen más que expresar por escrito aquella idea de chillidos ininteligibles que suelen caracterizar a quienes no pueden coordinar armónicamente los conceptos con la escritura. Justamente, es algo muy común entre mediocres “intelectualoides” por estar seriamente afectados en el sistema nervioso central (Simpático) e invadidos por la bilis negra. Enfermedades muy comunes entre los pseudo literatos, los mitómanos, los fabuladores, etc.

    En fin, primero hay que curarse (si hay posibilidades) y luego, con seriedad, seguir, a pié juntillas, el sentido encerrado en la siguiente cita:

    “Si no te aprendes (de hecho [obligatorio]) las reglas menores, nunca sabrás las mayores. Menos, violarlas con conocimiento (y por derecho [propio]).” (“Selecc.de apotegmas gramaticales.” M.C. Lima 1936).

    Sin rencores

    Con todo respeto y consideración (y algo de afecto)

    Practicus Germanus

    Comentario por Antifachista — Jueves, 24 agosto, 2006 @ 7:38 pm |Responder

  84. Antifachista, ya que te ha dado por los versos salchicheros, me viene ahora uno del Tenorio a la cabeza que, con respeto, consideración, y otros clichés del montón, te regalo:

    “Si es broma puede pasar,
    mas a este extremo llevada,
    ni puede probarnos nada,
    ni os la hemos de tolerar.”

    No sé si verdaderamente te crees las insensateces que escribes o simplemente quieres que le den caña brava a tu corazoncito masoca, amigo. Lo que es seguro es que no buscas un intercambio de ideas, fíjate tú, ya que has de descender a nuestro paupérrimo nivel para darnos la chapa con tu insípida verborrea, regalarnos tus insultos y hacer alarde de una prepotencia que sería molesta si no fuese porque está desleída en el caldo disgregante de tu delirio mesiánico. Desde ahora, y creo hablar en nombre de todo el foro, te relevamos de la odiosa tarea de instruirnos y tratar heroicamente de mostrarnos la luz; vuelve a tu morada arcangélica y déjanos refocilarnos como pequeñas bestezuelas en el barro de la duda: no merecemos tus divinos desvelos. A buen seguro la Providencia sabrá recompensarte como mereces.

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 25 agosto, 2006 @ 10:14 am |Responder

  85. Estimados Israel y Josephus:

    Que Mullâ Sadrâ prescindiera en su filosofía de una categoría trascendente al ser le valió la incomprensión de algunos filósofos shî’ítas contemporáneos (es, sin ir más lejos, el caso de Rajab ‘Alî Tabrîzî y su escuela). ¿Por qué prescindió de ella? Yo aventuraría una doble hipótesis.

    En primer lugar, está el hecho de que Mullâ Sadrâ, pese a reelaborar críticamente la ontoteología aviceniana, se mantiene fiel a la perspectiva de fondo instaurada por ella. Recordemos que Avicena distingue en sus “Ilâhiyyât” entre el objeto (“mawdû‘”) y la finalidad (“matlûb”) de la metafísica. Dios, dice, es su “matlûb”, pero no su “mawdû‘”, puesto que el principio de una ciencia (y Dios lo es de la metafísica en la medida en que es también el principio ontológico de todo cuanto es, afirma Avicena) no puede ser estudiado por ella a título de objeto. Éste es más bien el ente (el existente) en cuanto ente (en cuanto existente): “al-mawjûd bimâ huwa mawjûd”. La metafísica es para Avicena, así pues y antes que nada, ontología, ya que el ser es lo primero que ella da por sentado (“musallam”), es decir, aquello que ella presupone o que se impone a su estudio como su punto de partida, limitándose ella, a partir de ahí, a investigar sus modalidades o disposiciones (“ahwâl”), una de las cuales es precisamente la necesidad, extensiva de un modo u otro a todos los entes. Éstos, a su vez, pueden ser posibles (“mumkinât”), quiere decirse, necesarios en virtud de otro ente que les conferiría el ser (o en otras palabras, no necesarios por sí mismos), o bien necesarios por sí mismos, como el Ser Necesario (“wâjib al-wujûd”) o Ente Absoluto (“mawjûd al-mutlaq”), términos, ambos, con los que Avicena se refiere a Dios, esto es, a una de las modalidades del “wujûd”, a su modalidad más excelente. De ahí que el concepto de ser sea, a un tiempo, unívoco y diferente respecto de todo aquello a lo que puede atribuirse. Y de ahí también que Avicena denomine a la metafísica teología (“ilâhiyyât”). Ella es, por lo tanto, ciencia primera en un doble sentido: en tanto que trata de lo que es primero en razón de su universalidad (el ser, la existencia), y en tanto que pone sus miras, a continuación, en lo que es primero en el orden del ser o de la existencia (Dios). Mullâ Sadrâ prolonga en este punto la filosofía aviceniana, empleando asimismo el término “wâjib al-wujûd”, entre otros, para referirse a Dios.

    Sabemos también, por otra parte, que Mullâ Sadrâ leyó con atención en su juventud “los libros de los antiguos”, o sea, de los filósofos griegos (cf. la mención a éstos contenida al comienzo de los “Asfâr”). Pues bien, uno de los libros que leyó y que más influyó sobre su pensamiento (hasta el extremo de que él hace uso del mismo vocabulario ontológico, lo que es bien significativo*), fue la “Teología” del pseudo-Aristóteles, que consiste, en realidad, en un resumen libre de las “Enéadas” de Plotino debido a Porfirio. Dicho resumen, y de otro el comentario porfiriano al “Parménides” de Platón descubierto por P. Hadot, nos muestran en qué radica la originalidad de Porfirio en el seno del neoplatonismo, para el que, en líneas generales, el Uno está por encima del Ser: lo que Plotino y otros neoplatónicos califican como Uno más allá del Ser, Porfirio lo designa en cambio como puro Ser (“anniyya al-faqat” en la traducción árabe de la “Teología”) más allá del ente (de todo ente). He ahí la segunda fuente de Mullâ Sadrâ.

    Queda, por supuesto, la pregunta de por qué Porfirio prefirió, también él, el término Ser a cualquier otro (Uno, Sobre-Ser, etc.). ¿No evidenciaría con ello Porfirio no haber comprendido el célebre pasaje de “La República” de Platón (509 B 8-9) en el que Sócrates habla del Bien como lo que está más allá de la esencia (“epekeina tês ousías”)? Son esta vez las recientes investigaciones de M. Baltes y F. Ferrari las que pueden arrojar alguna luz sobre este problema. Ambos autores han notado como en otro pasaje posterior del mismo diálogo (532 A 5-6), incomprensiblemente soslayado por muchos comentadores, Sócrates define al Bien… ¡como el mejor de los entes (“ton ariston en tois ousi”)! Así pues, encontramos dos ideas muy distintas en “La República”: el Bien como transcendente al ser (509 B 8-9) y como límite inmanente (lo uno y lo otro) del ámbito ontológico (532 A 5-6). ¿Cabe de algún modo reinterpretar la primera idea a partir de la segunda? ¿Habrá querido Platón decir en el primer caso, simplemente, que el Bien está más allá de toda esencia en el sentido de que está más allá de todo ente particular? ¿Hay que ver por el contrario una contradicción irrebasable entre los dos pasajes? ¿Es preciso optar por uno o por el otro? Sea como fuere, ¡he aquí que el tránsito entre ambas ideas equivale a su vez al de la primera a la segunda hipótesis del “Parménides”, que Porfirio conocía muy bien! Porfirio pues, o la prevalencia de 532 A 5-6 sobre 509 B 8-9, que es en cambio la lectura a la que se apegan Plotino y la gran mayoría de los neoplatónicos (tanto como a la primera hipótesis del “Parménides”).

    Tanto en Porfirio como en Avicena y en Mullâ Sadrâ, el plano de la existencia no es, entonces, un “infierno” al cual escapar, sino el ahí irrenunciable en el cual somos y en el cual todo es. Sencillamente, hay en él, desde la óptica del último de los tres filósofos, grados intensivos variables, y de lo que se trata es de remontarse hasta aquél que es, de entre todos, el más intenso.

    * He aludido ya a ello al hablar del concepto de “anniyyat al-wujûd”.

    Permitidme que concluya con esta breve nota mi participación en el blog, pues temo que el exceso de trabajo acumulado me impedirá, en lo sucesivo, incorporarme a él con la debida regularidad. Mis más cordiales saludos a quienes habéis planteado cuestiones de interés y brindado generosamente parte de vuestro tiempo para poder tratar de ellas aquí. Sin duda, seguiremos conversando sobre ellas y sobre otras muchas, afines o no, en otro lugar y en otro momento.

    C.A.S.

    Comentario por Carlos A. Segovia — Martes, 5 septiembre, 2006 @ 9:53 am |Responder


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