Cabalgando al Tigre

Jueves, 13 julio, 2006

Relaciones entre Unidad y multiplicidad

Filed under: Notas "editoriales" — by Aspirante a domador @ 1:39 pm

imagen21.jpgPuesto que en el comentario 36 de “La filosofía islámica y el problema del ser” el Dr. Piedra sugería, al hilo de la relación entre lo uno y lo múltiple, la (re)lectura del capítulo V de “Los estados múltiples del ser de Guénon” (Ed. Obelisco, 1987. Traducción de Agustín López y María Tabuyo), aquí tenéis la parte del mismo que se centra en el problema planteado. El texto digitalizado lo he obtenido de la lista Esoterismo Tradicional.

RELACIONES DE LA UNIDAD Y LA MULTIPLICIDAD

Se pregunta con frecuencia, y bastante vanamente, cómo la multiplicidad puede surgir de la unidad, sin advertir que el problema así formulado no tiene respuesta por la simple razón de estar mal planteado y de no corresponder, bajo esta forma, a ninguna realidad; en efecto, la multiplicidad no surge de la unidad, como tampoco la unidad surge del Cero metafísico; o como tampoco surge cosa alguna del Todo universal o como ninguna posibilidad puede encontrarse fuera del Infinito o de la Posibilidad total(1). La multiplicidad está comprendida en la unidad primordial y no deja de estar comprendida en ella por el hecho de desarrollarse en modo manifestado; esta multiplicidad es la de las posibilidades de manifestación y no puede concebirse de otra forma que así, pues es la manifestación lo que implica la existencia distintiva; por otra parte, puesto que se trata de posibilidades, es necesario que éstas existan en la manera que está implícita en su propia naturaleza. Así, el principio de la manifestación universal, aunque siendo uno, y siendo incluso la unidad en sí, contiene necesariamente la multiplicidad; y ésta en todos sus desarrollos indefinidos y realizándose indefinidamente según una indefinidad de direcciones(2) procede enteramente de la unidad primordial en la que siempre permanece comprendida, y que no puede verse en modo alguno afectada o modificada por la existencia en su seno de la multiplicidad, pues evidentemente no podría dejar de ser ella misma por un efecto de su propia naturaleza, y es precisamente en tanto que unidad que implica esencialmente las posibilidades múltiples de las que estamos hablando. Es por tanto en la unidad misma donde existe la multiplicidad y puesto que ésta no afecta a la unidad, no puede tener sino una existencia contingente con relación a ella; podemos decir, pues, que la existencia, en tanto no se la relaciona con la unidad tal como acabamos de hacer, es puramente ilusoria; es sólo la unidad la que siendo su principio le confiere toda la realidad de que es susceptible; y la unidad, a su vez, no es un principio absoluto y que se baste a sí mismo, sino que es del Cero metafísico de donde extrae su propia realidad.

El Ser, al no ser más que la primera afirmación, la determinación más primordial, no es el principio supremo de todas las cosas; no es, repitámoslo, más que el principio de la manifestación, y se aprecia aquí hasta qué punto es una restricción la pretensión de reducir la metafísica a una mera “ontología”; hacer así abstracción del No-Ser significa excluir todo lo que es más verdadera y puramente metafísico. Señalada esta circunstancia, concluiremos así en lo que concierne al punto que acabamos de tratar: el Ser es uno en sí mismo y, consiguientemente, la Existencia universal, que es la manifestación integral de sus posibilidades, es única en su esencia y naturaleza íntima; pero ni la unidad del Ser ni la “unicidad” de la Existencia excluyen la multiplicidad de formas de la manifestación y de ahí la indefinidad de grados de la Existencia, en el orden general y cósmico, y la de los estados del Ser, en el orden de las existencias particulares(3). La consideración de los estados múltiples no entra en contradicción, por tanto, con la unidad del Ser, como tampoco con la “unicidad” de la Existencia fundamentada en aquella unidad, pues ni la una ni la otra son afectadas en nada por la multiplicidad; y de ahí resulta que, en todo el dominio del Ser, la comprobación de la multiplicidad, lejos de contradecir la afirmación de la unidad o de oponerse a ella de alguna forma, encuentra ahí precisamente el único fundamento válido que pueda dársele, tanto lógica como metafísicamente.

1. Por tal razón pensamos que debería evitarse, siempre que sea posible, la utilización de un término como “emanación”, que evoca una idea o mejor, una imagen falsa: la de una “salida” fuera del Principio.

2. Es evidente que la palabra “direcciones”, tomada de la consideración de las posibilidades espaciales, debe ser entendida aquí de manera simbólica, pues, en sentido literal, no se aplicará más que a una ínfima parte de las posibilidades de manifestación; el sentido que ahora le damos está en conformi­dad con todo lo que ya expusimos en Le Symbolisme de la Croix.

3. No decimos “individuales”, pues en lo que aquí tratamos quedan comprendidos igualmente los estados de manifestación informal, que son supra-individuales.

 

Una vez leído y “comprendido” (al menos en lo que a la articulación discursiva se refiere), sigo manteniendo mi perplejidad, Dr. Piedra. Y no porque la exposición que hace Guénon no me parezca clara (todo lo contrario), sino porque soy incapaz de hacer mío ese conocimiento, de extraer las consecuencias que de él se derivan, en una palabra: de entender el mundo e integrarlo, que al final es lo que se persigue, ¿no?. Cierto que eso sólo demuestra mi incapacidad y no dice nada al respecto al texto en sí (que por otro lado no pretende más que aportar unas claves discursivas, evidentemente), pero aun así creo que la verdad no se agota en la formulación que Guénon presenta aquí apoyándose en el advaita, sin que esto quiera decir que no es una forma legítima de aproximarse al problema, por supuesto. Pienso que otras aproximaciones, como por ejemplo la de Sadrâ, que intenta explicar cómo se articula ese paso de la unidad a la multiplicidad, pueden aportar elementos de reflexión interesantes y, sobre todo, una apertura a otros modos de “saborear” el “desplegamiento” del Ser que pueden ser muy enriquecedoras, aunque resulten paradójicas en su enunciación, lo cual es inevitable cuando se utiliza el lenguaje “analógicamente” para expresar aquello que le supera.

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2 comentarios »

  1. Querido “aspirante”:

    La Verdad no se agota en una formulación, ya sea de Guénon, de Mulla Sadra o de quien sea. Si se agotase sería lo mismo que afirmar que la Verdad se puede reducir a un discurso, cosa de lo más antimetafísico que uno pueda plantearse, se mire como se mire. Lo cual no quiere decir que no haya discursos más clarificadores que otros y que te puedan conducir mejor hacia la búsqueda de esa Verdad que, en todo caso, siempre producirá perplejidad si se comprende bien, sea en el grado que fuere, puesto que no es en absoluto una banalidad cualquiera.

    De todas maneras, convendrás conmigo en que el Conocimiento de la Verdad al que todas las doctrinas tradicionales aluden (recuérdense, sin ir más lejos, las cartas de San Pablo, pues no es otro, según él, el objetivo del cristiano) no es ni discursivo ni mental y que, por lo tanto, no se puede alcanzar de otra manera que no sea la de acceder a un modo de conocimiento suprarracional o, lo que es lo mismo, espiritual/intelectual en el verdadero sentido del término. Y para eso no basta ni de lejos con la lectura de libros, por muy sesudos, filosóficos o “esotéricos”, que sean.

    En cuanto al texto de Guénon que has colgado, sin duda puede servir como ejemplo, o como punto de apoyo para una reflexión más profunda, aunque es evidente que por sí mismo no basta y que lo mejor es leerse (o más estudiarse, no ya el capítulo, sino el libro entero, para empezar a darse uno cuenta de qué es exactamente lo que implican las doctrinas metafísicas en las que basa su discurso, que no son, dicho sea de paso, exclusivamente “advaitas”, ni siquiera “hindúes”.

    En particular, creo que es interesante resaltar la distinción que establece entre Unicidad, Unidad y No-dualidad. Si se comprende bien, aunque sólo sea a nivel puramente “virtual”, puede empezar a vislumbrarse, a mi juicio, la imposibilidad de un supuesto principio que “acontece”, esto es, que “deviene” por su propia naturaleza y que no puede no devenir, que tal es la hipótesis de nuestro amigo C.A.S., origen de la actual discusión.

    Saludos cordiales a tod@s.

    Comentario por Dr. Piedra — Viernes, 14 julio, 2006 @ 2:18 pm |Responder

  2. Estoy con Isra, pendiente de iniciar los trámites para aprender finlandés en la Escuela Oficial de idiomas. Para mi desgracia sólo entiendo los comentarios de Cinthia y Troncoso; esto es, nada. Bravo por el aspirante a domador: latigazos a los yacarés que se hacen pasar por tigres. Saludos y pomadas varias.

    Comentario por Pitufina — Viernes, 14 julio, 2006 @ 4:46 pm |Responder


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