Cabalgando al Tigre

Viernes, 6 octubre, 2006

Second Life, una segunda… ¿vida?

Filed under: Notas "editoriales" — by Aspirante a domador @ 3:48 pm

secondlife_main_485.jpgLa creación de un grupo con intereses comunes que se relaciona a través de Internet no es, ni de lejos, una ocurrencia novedosa: es de hecho incuestionable que cada vez avanzamos más hacia esa idea denominada “Internet 2.0”, consistente en la creación de una gran comunidad no-jerárquica (o “democrática”) que permita un intercambio constante y fluido de información de toda índole y en cuyo desarrollo cooperen todos los internautas, según las habilidades de cada uno. En este hilo quisiera centrarme en un fenómeno relacionado con esta “psicoglobalización” que, aunque tampoco es nuevo, sí es, hasta donde conozco, lo más avanzado al respecto; por medio de un amigo (gracias, Marius) he tenido noticia de la existencia de Second Life, citado por Enrique Dans en su hilo del 2 de octubre Second Life, en The Economist”. Dice Dans que Second Life es un “universo virtual en el que las personas pueden escoger sus avatares [su aspecto, su “cuerpo virtual”], su carácter y su modo de vida en función de parámetros completamente diferentes a los de la vida convencional. […]. El artículo [se refiere al aparecido en The Economist al respecto, “Living a Second Life”] da abundantes datos acerca del ecosistema económico que Second Life está definiendo, en el que los principales emprendedores virtuales obtienen ya nada despreciables rendimientos de en torno a los $200.000 mediante las 230.000 transacciones de objetos virtuales de todo tipo desarrolladas en Linden dollars, intercambiables por dinero de verdad. Este año se estima una valoración económica o “PIB” de Second Life de alrededor de los sesenta millones de dólares.”

Ahondemos un poco más en esta Second Life, pues conviene, para los más legos, explicar un poco qué puede ofrecer este entorno a fin de comprender la verdadera dimensión de su capacidad ilusionante: se trata de un software desarrollado por Linden Lab cuyo objetivo era crear un mundo tridimensional donde grupos de gente pudiesen “realizar sus sueños e ideas”. Este programa te permite guiar tu avatar a través de un mundo tridimensional, interrelacionarte con otros avatares y construir objetos mediante herramientas. Con casi 850.000 residentes en el momento de escribir esto, dice Annalee Newitz que Second Life “no es un juego. Se parece más a una versión animada de la vida real. No se puede ganar ni existe un objetivo específico”. El entorno está representado con gráficos vectoriales (las curvas están hechas a base de segmentos de líneas rectas), y esto penaliza el realismo: exigencias del ancho de banda… por ahora. Conviene decir que el avatar, nuestro alter ego, no tiene por qué tener forma estrictamente humana: puede ser, por ejemplo, un alien, un elfo o un monstruo con una calavera en lugar de la cabeza, y puedes, si lo pagas, “transplantarte” miembros para personalizar tu persona (je), diseñados y comercializados por otros residentes. secondlife_ss_tank.jpgLas conversaciones aparecen en “bocadillos”, utilizando el recurso de los cómic, y a través de ellos “hablas” y “oyes” lo que te dicen, además de las conversaciones que los demás tienen si estás a la distancia adecuada; esta característica, anuncian, será pronto actualizada de modo que se pueda mantener una conversación mediante la voz. Dentro de este mundo, podemos ir a clase, llevar negocios, conducir vehículos, volar, secondlife_ss_fly.jpge incluso podemos aparearnos: sí, amiguitos, también se puede echar un virtual caliqueño, eso sí, en áreas especialmente marcadas al efecto, no sea que algún avatar prepúber lo vea y se agarre un trauma (virtual, claro) al ver menearse espasmódicamente un par de aberrantes despojos catódicos. Y por supuesto, también te pueden robar, aunque aquellos que muestran un comportamiento destructivo o antisocial son eliminados por el Consejo (formado por los avatares de los creadores y moderadores de Second Life), que se reúne periódica y públicamente y ante el que cualquier residente puede presentar quejas sobre otros residentes (¿os suena?). Por su parte, y puesto que entrar a formar parte de Second Life es gratis, los creadores del software hacen dinero vendiendo terreno a los residentes, en los que éstos construyen aquello que les place. Excepto la estructura básica de Second Life, todo lo que allí encontramos está construido y desarrollado por sus residentes. ¿Que deseas una sala de conferencias para intercambiar ideas sobre un proyecto con personas diseminadas por todo el mundo (real)? Creas una y los avatares de los demás miembros del equipo puedensecondlife_ss_chat.jpg reunirse en ella. ¿Quieres vender la música que compones? Construyes una jukebox (una máquina de discos), la llenas con tus MP3 y la vendes al resto de residentes. Algunas grandes corporaciones están ya tomando posiciones: Wells Fargo, Wal-Marth, Intel o American Express tienen presencia en Second Life, y no sólo promocional: Intel, por ejemplo, estudia la posibilidad de utilizarla como plataforma para los trainings corporativos. Con esto, creo que ya tenéis una idea de qué es y qué ofrece semejante entorno.

Dejando de lado la relación entre ese mundo virtual y el real, vinculados ya por el dinero, y las implicaciones que todo ello conlleva, permitid que me centre en el aspecto vivencial del fenómeno. La posibilidad de “existir” en un mundo virtual tiene su origen, en lo que a Internet se refiere, en los vídeojuegos de rol on-line, y Second Life (hay más comunidades de este tipo, aunque menos desarrolladas) supone una vuelta de tuerca más en el camino a convertirnos en “vidiotas”, a alienarnos hasta límites que hace poco eran impensables. Esta aseveración quizá pueda parecer exagerada o incluso paranoica a aquellos que no conozcan bien el poder mesmerizante de un simple “vídeojuego en primera persona”, pero, desde mi punto de vista, comunidades de este tipo suponen un paso más en la salida de los límites de la condición humana… por abajo.

Trataré de justificar mi posicionamiento*. Entiendo que dentro del ser humano existe la tendencia fundamental a superar su condición, a ir más allá, a traspasar los límites de todo tipo y orden que el mundo (en su sentido más amplio) le impone. Esta tendencia, legítima y necesaria en la búsqueda de sentido, se traduce en dos rasgos de la personalidad que caracterizan la psique humana: por un lado una sensación de vacío, de insatisfacción, que nos acompaña durante toda la vida y que nada, ni material ni siquiera afectivo, es capaz de llenar; una suerte de angustia existencial, independiente de que su afortunado poseedor se pregunte explícitamente por el sentido de la vida. Por otro, dicha tendencia toma además la forma de una disposición de ánimo transgresor, tan conspicua en la adolescencia. Innecesario es decir que ambos rasgos se ven modulados según ciertos parámetros, como el ambiente, la edad, el sexo, las convicciones, la personalidad, etc. Pues bien, esta tendencia que nos impele a superar los límites de la condición humana, adecuadamente dirigida, lleva al hombre a la excelencia: salir de ella por arriba, superándola (o eso cuentan los que saben). Pero, como todo lo que existe en nuestro mundo, tiene su reverso tenebroso: sin el suficiente discernimiento puede arrastrar al hombre a un estado infrahumano, consecuencia de una hipertrofia egótica que se traduce en una incapacidad de empatía más o menos marcada. En el extremo de dicha incapacidad aparecerían lo que Kurt Schneider denominaba “psicópatas desalmados”, individuos incapaces de compre(he)nder en medida alguna el sufrimiento de los demás; las consecuencias, para el entorno y para el propio individuo, son fáciles de abstraer.

Aplicando lo dicho al tema que nos ocupa, el peligro de este tipo de realidades virtuales es claro: nos proporcionan un remedo de superación, un paraíso que es en realidad una imagen invertida de aquél, es decir, un infierno; una “distracción” en la que el alma se adormila ante el sobreestímulo constante al que su dimensión sensible es sometida y ante la promesa prometeica de la total “libertad sin límites del ego”, formulación que contiene una contradicción interna insoluble ante el problema de la alteridad. ¿Quién se esforzaría en una búsqueda de la verdadera libertad, la de conocer e integrar lo que uno es, cuando puede conseguir sin esfuerzo un sucedáneo muy convincente en lo sensible con tan solo tener delante un dispositivo electrónico? ¿Quién buscaría dentro, se enfrentaría a sí mismo, sufriría mil y una decepciones y sinsabores, si tuviese la posibilidad de ser un voluble dios en su propio universo? Si hasta ahora esto no había podido realizarse, la tecnología viene a suplir este “hueco” providencial: no os dejéis engañar por la relativa pobreza de los gráficos vectoriales, lo rudimentario del interfaz o las nulas posibilidades sensoriales que ofrece más allá de la vista y el oído: el camino está expedito y ya sólo es una cuestión de (poco) tiempo que la conexión a realidades virtuales sea cada vez más semejante a la experiencia del mundo real.

Termino con una reveladora frase de Philip Rosedale, presidente de Linden Lab: “En Second Life, puedes conseguir cualquier cosa que quieras el primer día. Lo interesante es lo que haces al día siguiente.”

 

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* Supongo que no hace falta decir, pero por si acaso aquí queda, que lo que viene a continuación tiene carácter de opinión y que, por supuesto, está sujeto a revisión; tampoco pretende en medida alguna agotar las posibles interpretaciones.

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9 comentarios »

  1. Me quedo de piedra que hayas escrito un articulo así de largo sin haber jugado nunca al juego, un poco incoherente.

    Comentario por tamat — Miércoles, 11 octubre, 2006 @ 4:55 pm |Responder

  2. ¿Hay que haber jugado al juego para abstraer algunas de sus posibles consecuencias? Tampoco me he tirado nunca desde un cuarto piso y puedo inferir que me haría pupa. De todos modos, si tú conoces el juego por propia experiencia y tienes otra visión de él, compártela; será bienvenida.

    Comentario por Aspirante a domador — Miércoles, 11 octubre, 2006 @ 5:58 pm |Responder

  3. Según leo en el blog de Enrique Dans, Reuters ya tiene una página de noticias de Second Life, cuyo jefe de prensa virtual es Adam Reuters (avatar de Adam Pasick, un periodista veterano de los media). La población está a punto de alcanzar el millón de habitantes.

    Comentario por Aspirante a domador — Martes, 17 octubre, 2006 @ 8:38 am |Responder

  4. Más madera: parece que el tema de Second Life está haciendo ruido. También el Gadgetoblog se hace eco del tema y añade información interesante; cito algún párrafo:

    “Y es que ser un ciberdelincuente en un mundo virtual, aunque sea de guante blanco, es posiblemente lo más interesante de estos nuevos mundos al margen de la ley. Será un negocio mientras haya gente dispuesta a gastar dinero real en objetos virtuales —un gran error, si quieren conocer mi opinión- . Pronto empezarán aparecer leyes en estos mundos, fuerzas de seguridad, penas, juicios y gobiernos. Perderán todos parte de su atractivo. Eso o sufrirán un crack económico virtual de proporciones dantescas en la que varios jugadores perderán hasta los calzoncillos después de darse cuenta de que todos los bienes por los que pagaron con los euros del banco real son sólo bits que no valen absolutamente nada, aunque costaran mucho. […] Por cierto, la devoción de los jugadores por sus “alter ego” virtuales es tal que algunas compañías ya venden replicas en miniatura para decorar la mesa de trabajo. Fabjectory, por ejemplo, crea modelos idénticos a los avatares de Second Life por un precio que oscila entre los 99 y los 199 dólares. No admiten pago con moneda virtual. Éstos sí que son listos.”

    Comentario por Aspirante a domador — Martes, 17 octubre, 2006 @ 2:01 pm |Responder

  5. […] Leo de nuevo en una de las entradas del 24 de octubre del Blog de Enrique Dans algunas anotaciones muy interesantes y actualizadas sobre Second Life, el mundo virtual sobre el que ya comenté algo aquí. A continuación las trancribo; las negritas son mías. También os dejo la grabación de la entrevista que le hicieron a este respecto en la SER. […]

    Pingback por Second Life: más virtual, más real « Cabalgando al Tigre — Miércoles, 25 octubre, 2006 @ 8:16 am |Responder

  6. Dejo en esta entrada un artículo de Andrés Ibáñez sobre Second Life que se ha publicado hoy (si pusiera el enlace sospecho que se volvería inaccesible después de varios días). Apunta a la misma dirección que tu diagnóstico.

    SECOND LIFE, LA VIDA DESEADA

    Por Andrés Ibáñez.

    Uno sospecha que el Second Life del presente es sólo una premonición de lo que se nos avecina. Uno puede, si así lo desea, obsesionarse completamente con esta Segunda Vida en la que uno puede volar, tener un cuerpo seductor y ser siempre joven, pero lo cierto es que el sistema se bloquea a menudo, que todo se ralentiza cuando una habitación se llena de gente, y que la autonomía de los «avatares» (así se llaman las figuras tridimensionales que representan a los participantes) se ve severamente limitada cuando tienen que interactuar con los objetos o entre sí, cosa que sólo pueden hacer mediante unas bolitas flotantes que les permiten bailar un tango, besarse, tomar café, meditar, leer un libro o hacer el amor en docenas de posturas diferentes. Pero ¿cómo será SL cuando el realismo sea total, cuando los avatares sean fotográficos, cuando no se necesiten tediosos menús para interactuar? El SL del presente nos da una idea no sólo de cómo serán las formas de entretenimiento del futuro, sino también las nuevas formas de adicción, las nuevas patologías, las nuevas enfermedades mentales.
    En lo más hondo de la noche. Una ley intemporal de la psique dice que todo aquello que se oculta en lo más hondo de la noche, retorna con otros ropajes en mitad del día. Los cerca de ocho millones de habitantes de Second Life nos hablan de algo más que un «fenómeno social». ¿Para qué necesitamos una «segunda vida» si ya tenemos una vida real? El hecho es que Second Life no es exactamente una vida alternativa a la vida real, sino una alternativa a la vida (real) de la imaginación. Hemos construido nuestra sociedad sobre la negación autosuficiente del alma, sobre el descrédito ignorante y literal del mundus imaginalis, y el alma y su rica vida imaginal regresan ahora subrepticiamente, colándose por debajo de la puerta, bajo la forma empobrecida pero rutilante de un juego de realidad virtual. Porque negar la existencia de la vida del alma no acaba con el alma, del mismo modo que negar las pulsiones del sexo no acaba con la libido. El alma negada retorna de otra forma incontrolable y mecanizada, del mismo modo que el deseo reprimido retorna como fantasía de dominación.
    Pieles, cuerpos, ojos. En SL revivimos, ya desde nuestra llegada (que se escenifica como la dulce caída de los cielos de un cuerpo desnudo que enseguida se va cubriendo de ropas), el estupor principal de la vida del alma, que no es otro que la paradoja terrorífica de la encarnación. «Avatar» es el término sánscrito con el que se define a las distintas encarnaciones de Vishnu, el asombro de que la conciencia pueda adquirir formas físicas tan diversas. Así, nuestro avatar visita enormes centros comerciales donde se venden pieles, cuerpos, ojos, órganos sexuales. Revivimos la aventura de entrar en un cuerpo, el asco y la fascinación de la carne. Revivimos la aventura de pertenecer a un mundo Real y entrar en un mundo de fantasía, en una especie de sueño controlado, en el que tenemos un nuevo cuerpo hecho de otra sustancia. Pero ¿no debería ir nuestra búsqueda en el sentido contrario? ¿No deberíamos intentar salir del juego en el que estamos para empezar a vivir la vida del ser Real del cual somos avatar en esta Primera Vida? A su manera, engañándonos, SL nos indica la dirección correcta.
    En venta. Es un juego, claro está, pero no tiene reglas ni objetivo, ni hay ganadores ni perdedores, por lo que no es un juego. Es un juego, pero los otros avatares del juego son personas reales, y por lo tanto no es un juego. Lo único verdaderamente real en SL es el dinero, ya que SL es en realidad una especie de gigantesco Centro Comercial en el que todo está en venta, pero también las palabras que se teclean en la línea de chat. Este es el reino de la publicidad y de la palabra escrita, y los que dominan la palabra son aquí reyes absolutos. En el curso de unas pocas semanas, una muchacha joven de Manhattan, Kansas, y una señora muy agradable de México D. F. se enamoraron completamente de mi avatar, y no tengo motivos para creer que las cosas tiernísimas y emocionadas que le decían a Mandurg Halasy (que no hizo, por otra parte, nada por enamorarlas aparte de hablar con ellas) no fueran sinceras. Por lo que he leído, los enamoramientos en SL son frecuentes. Este es, después de todo, el reino del alma, el mundo de los deseos. Pero si existe el amor, existe el odio; si existe el odio, existe la ansiedad; si existe la ansiedad, existen la manipulación, la seducción, el hostigamiento, el consuelo, la bondad, la maldad, y nada de esto es ya un juego.
    El latido del peligro. Me resultaría difícil explicar por qué SL me causa tanto desasosiego. Sólo el que ha pasado un cierto tiempo en los mundos virtuales puede sentir el latido de intenso, inminente, indefinible peligro que los recorre. Uno siente que la experiencia de SL es nociva y que rompe el siempre delicado balance que ha de existir entre el cuerpo y la psique. SL no alimenta nuestra vida imaginal como los sueños, el arte o la poesía, sino que nos deja agotados y aturdidos. El arte, la poesía, el sexo, nos ayudan a ver mejor el mundo: no así SL. SL no establece el deseado balance imaginal, nocturnal, con la vida de la vigilia y con las obligaciones del ser diurno, sino que somete a la psique a una experiencia de realidad enrarecida que terminará por infligirle heridas dolorosas y que repercutirá en nuestra vida «real» causándonos una tendencia al aislamiento y una creciente dificultad para relacionarnos de manera saludable con el cuerpo y con los seres humanos reales.
    No es un juego, porque es real. No es arte, porque no nos da realidad sino que nos la quita. No es la vida real, porque es una fantasía. ¿Qué es entonces? Es una nueva droga. Una nueva forma de la soledad. Un nuevo filtro para seguir dormidos.

    Comentario por Monsieur Tiffauges — Sábado, 14 julio, 2007 @ 11:47 am |Responder

  7. Muchas gracias por este texto, Monsieur Tiffages, me parece simplemente magnífico. ¿De dónde lo has sacado? Aunque el vínculo deje de funcionar, me gustaría conocer la fuente. Un cordial saludo y te reitero mi agradecimeinto.

    Comentario por Aspirante a domador — Lunes, 16 julio, 2007 @ 11:05 am |Responder

  8. Ese artículo se publicó el sábado 14 en el suplemento cultural del ABC. Andrés Ibáñez suele escribir una columna, “Comunicados de la tortuga celeste”, donde se interesa por temas muy cercanos a los que tratamos en nuestros blogs. Hay que decir que Andrés Ibáñez resulta a veces muy contradictorio. Su primera novela, “La música del mundo”, me parece una maravilla. Sin embargo no recomiendo ninguna de las que hizo después. Con sus artículos en prensa sucede igual. Hace unas semanas, por ejemplo, defendía el derecho a elegir los libros que se leen en función de la foto del autor, en una defensa incendiaria de la vieja ciencia fisonómica. Siguiendo esas reglas, ¿habríamos leido a Patrick Harpur? Creo que yo no (me rei al leer tus impresiones sobre su foto en la contraportada de “El fuego secreto de los filósofos”, me dio la misma impresión). Pero, despistes aparte, hay que decir que cuando Andrés Ibáñez acierta da de lleno.

    Muchas gracias por tus comentarios. Se trata, como muy bien has apreciado, de la muerte del alma, del final de la imaginación. Y pensando en la vieja escuela creo que hay que romper una lanza a favor de Evola, que pecó siempre de hybris solar y en “Lo yoga della potenza”, en cambio, se preocupa por el alma, alejándose de sus ensueños indoeuropeos, para recuperar a la shakti.

    Comentario por Monsieur Tiffauges — Lunes, 16 julio, 2007 @ 12:52 pm |Responder

  9. Gracias por completar la referencia; con ella he podido encontrar “Second Life, la vida deseada” en Internet. En cuanto a lo de elegir un libro en función de la foto del autor, en fin, no creo que sea más que una boutade y, como tal, no puedo tomármelo demasiado en serio. Además, no tengo (como imagino que le pasa a la mayoría de la gente) la más mínima idea de fisiognomía. Y eso que en su día leí el tratado al respecto de Ibn Arabi que, como era de esperar, fue de nula utilidad práctica.

    Comentario por Aspirante a domador — Martes, 17 julio, 2007 @ 9:27 am |Responder


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