Cabalgando al Tigre

Lunes, 29 enero, 2007

La orgía y su sentido tradicional

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 4:07 pm

hogarth-orgy.jpgA continuación os dejo una breve cita sobre un tema tan controvertido como poco tratado: el de la orgía como válvula de escape frente a un orden que, inevitablemente, llega a constreñir. Éste y otros fenómenos similares actuaban a modo de explosión de desorden que, aunque incluido en un orden superior, pues en las sociedades tradicionales dichos desórdenes estaban reglados y limitados en el tiempo (por ejemplo los carnavales), sí permitían al individuo liberarse por un momento de su rol y compensar así el “esfuerzo psíquico” que necesariamente le exigía su mantenimiento. Aliviada esa tensión, cada individuo retomaba su correspondiente rol si que la transgresión afectase al orden habitual.

La cita está extraída de El mito del andrógino (de Jean Libis, Ed. Siruela, 2001, trad. de M. Tabuyo y A. López. Págs. 122-123), y Libis apoya su tesis fundamentalmente en la opinión de Mircea Eliade que, dicho sea de paso, sigue en esto (y en muchas otras aproximaciones) a Guénon, por el que se ve profundamente influido, por más que aquéle, siendo un investigador “académico”, nunca citase a éste sus escritos.

 

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“Mircea Eliade ha mostrado cómo la concepción de un tiempo cíclico entre los «primitivos» exige que sea periódicamente restaurada y regenerada la la energía del grupo social, amenazada de agotamiento por el desgaste producido por el tiempo. El Año Nuevo consagra, pues, tanto el fin de un ciclo superado como la inauguración, tras la recuperación de las fuerzas fundamentales, de un nuevo ciclo. Por eso las fiestas de Año Nuevo están intensa y rigurosamente ritualizadas: consagran el desorden sagrado que reitera el Caos primordial, condición sine qua non para el florecimiento de la vida. También por eso la orgía -y en especial la orgía sexual- es generalmente obligada: en la fusión generalizada de los cuerpos se asiste menos a una procreación de los hijos que a una gigantesca puesta en común de las energías masculinas, las femeninas y ambas entre sí. Mircea Eliade lo cuenta así: «Tanto en el plano vegetal como en el plano humano, estamos en presencia de un retorno a la unidad primordial, a la instauración de un régimen “nocturno” en el que los límites, los perfiles y las distancias son indiscernibles»1. A semejanza de Eliade, Roger Caillois observa que el desorden sexual es particularmente propicio para regenerar la estructura social. No solamente se cambian, e incluso se confunden, los papeles sociales y las vestimentas, sino que tabúes tan fundamentales como el incesto son provisionalmente transgredidos. Esto es posible porque en muchos casos el Poder demiúrgico original es tanto un ser hermafrodita como una pareja formada por hermano y hermana. Así, en la orgía ritualmente eficaz, se encuentra imitado ese estado original ejemplar en el que la distinción de los sexos no existía todavía: bella manifestación de regresión simbólica hacia un Edén asexual/bisexual que las especulaciones de Jacob Böhme o de Franz von Baader quizá no hubiesen desaprobado.”

1El mito del eterno retorno, trad. de R. Anaya, Alianza, Madrid 1972.

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