Cabalgando al Tigre

Martes, 24 abril, 2007

Bergson y su risa (II): La rigidez mecánica, verdadera fuente de lo cómico

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 2:31 pm

mecanismo.jpgEn los siguientes fragmentos de La risa, Bergson justifica cómo y porqué la rigidez es la clave de lo cómico, al enfrentarse a la vida y al alma, pura flexibilidad. En su explicación se transluce con claridad su visión dual del ser humano, con un aspecto material, rígido, pesado, mecánico, sin vida, en fin, un lastre, y otro flexible, etéreo, pura vida, que es el que da gracia, sentido y verdad al ser humano. Todo lo que aparece como un mecanismo, a fortiori carece de vida; dicho mecanismo nos distrae y nos mueve a la risa. Pero mejor que lo explique él mismo.

Nota: Algunas de las citas las he encabezado con un epígrafe con el fin de ordenarlas un poco; quede claro que no son del autor.

———————————–

 

Toda deformidad sus­ceptible de imitación por parte de una persona bien conformada puede llegar a ser cómica.

¿No resultaría de ahí que el jorobado hace el efecto de un hombre que no sabe tenerse bien? Di­ríase que su espalda contrajo un pliegue defectuoso, y que por obstinación material, por rigidez, persiste en la costumbre adquirida. Tratad de ver únicamen­te con los ojos. No reflexionéis, y sobre todo abste­neos de razonar. Suprimid lo adquirido: marchad en busca de la impresión ingenua, inmediata y original.

[…] expresión cómica del semblante es la que no promete más de lo que da. Es una mueca única y definitiva. Diríase que cristalizó en ella toda la vida moral de la perso­na. Y he aquí por qué una cara es tanto más cómica cuanto con mayor fuerza nos sugiere la idea de algu­na acción sencilla, mecánica, que hubiera absorbido para siempre la personalidad.” (Págs. 26-27)

 

“Es preciso que [todo] cambie a cada mo­mento, porque dejar de transformarse es dejar de vi­vir. El gesto ha de animarse como ella. Ha de acep­tar la ley fundamental de la vida, la de no repetirse nunca. Pero he aquí que un cierto movimiento del brazo o la cabeza se repite periódicamente siempre igual. Si lo observo, si basta para distraerme, si lo aguardo en cierto momento y llega cuando lo espe­ro, tendré que reírme contra mi voluntad. ¿Por qué? Porque estoy en presencia de un mecanismo que funciona automáticamente. No es ya la vida la que tengo delante, es el automatismo instalado en la vi­da y probando a imitarla. Es lo cómico.

Imitar a alguno es extraer la parte de auto­matismo que ha dejado introducirse en su persona. Es, pues, hasta por definición, hacerle cómico y no debe admirarnos que la imitación haga reír.” (Págs. 32-33)

 

“La desproporción entre causa y efecto, pre­séntese en un sentido u otro, nunca es la fuente direc­ta de la risa. Lo que nos hace reír es algo que puede manifestarse en ciertos casos por medio de esta des­proporción, es decir, el singular artificio mecánico que se transparenta a través de la serie de efectos y de causas. Si nos olvidamos de este artificio mecánico, habremos perdido el único hilo conductor que podrá guiarnos en el laberinto de lo cómico, y la regla que acabamos de seguir, aplicable quizá a algunos casos convenientemente elegidos, correrá el riesgo de dar con un ejemplo que la destruya.

¿Pero por qué nos reímos de este artificio mecáni­co? Que la historia de un individuo o de un grupo se nos aparezca como un juego de engranajes, de resor­tes o de hilos, es sin duda algo extraño; ¿pero de dón­de precede el carácter especial de la rareza? ¿Por qué es cómica? A esta pregunta, que suscitan muchas for­mas, daremos siempre la misma respuesta. Ese rígido mecanismo que alternativamente sorprendemos, co­mo un intruso, en la continuidad de las cosas huma­nas, tiene para nosotros un especial interés, porque re­presenta como una distracción en la marcha de la vida. Si los acontecimientos pudiesen atender constan­temente a su propio curso, no habría esas coinciden­cias que hemos señalado, ni esos encuentros, ni esas series circulares; todo marcharía hacia adelante en progreso continuo. Si todos los hombres estuviésemos siempre atentos al curso de la vida, en continuo con­tacto con los demás y con nosotros mismos, nunca parecería que las cosas se mueven por hilos o resortes. Lo cómico es aquel aspecto de la persona que le hace asemejarse a una cosa, ese aspecto de los aconteci­mientos humanos que imita con una singular rigidez el mecanismo puro y simple, el automatismo, el movi­miento sin la vida. Expresa, pues, lo cómico cierta im­perfección individual o colectiva que exige una correc­ción inmediata. Y esta corrección es la risa. La risa es, pues, cierto gesto social que subraya y reprime una distracción especial de los hombres y de los hechos.

Pero todo esto nos invita a llevar nuestra investi­gación más lejos y más alto. Hasta ahora nos hemos entretenido descubriendo en los juegos del hombre ciertas combinaciones mecánicas que divierten al ni­ño. Es totalmente empírico este procedimiento. Ya es hora de que abordemos una deducción metódica y completa, de que vayamos a buscar en su misma fuente, en su principio permanente y simple, los múltiples y variables procedimientos del teatro có­mico. Decíamos que este teatro combina los hechos de modo que evoquen la idea de un mecanismo a través de las formas externas de la vida. Determine­mos ahora en virtud de qué caracteres la vida, con­templada desde fuera, parece basarse en un simple mecanismo. Bastará examinar los caracteres opues­tos y se obtendrá la fórmula abstracta y general de todos los procedimientos de comedia.

La vida se nos presenta como una evolución en el tiempo y como una combinación en el espacio. Considerada en el tiempo, es el progreso continuo de un ser que está envejeciendo sin cesar, es decir, que nun­ca vuelve atrás ni se repite. Considerada en el espa­cio, presenta elementos tan íntimamente solidarios, tan exclusivamente hechos los unos para los otros, que ninguno de ellos podría pertenecer al mismo tiempo a dos organismos diferentes: cada ser es un sistema cerrado de fenómenos incapaz de interferen­cias con otros sistemas. Cambio continuo de aspec­to, irreversibilidad de fenómenos, individualidad perfecta de una serie encerrada en sí misma: he ahí los caracteres exteriores (reales o aparentes, poco importa) que distinguen lo vivo de lo puramente me­cánico. Obrando ahora a la inversa tendremos tres procedimientos cómicos, que llamaremos, si queréis, repetición, inversión e interferencia de series. Fácil es comprobar que estos procedimientos son los del vodevil y que no podrían ser otros.” (Págs. 70-72)

 

“Como era de esperar, y como puede verse por cuanto queda dicho, lo cómico de las palabras sigue de cerca a lo cómico de la situación y llega a confundirse con lo cómico del carácter. Si el lenguaje conduce a efectos ridículos, se debe únicamente a que es una obra humana, calcada con la mayor exactitud sobre las formas del espíritu humano. Hay en el lenguaje algo que vive de nuestra propia vida; y si esta vida del lenguaje fuese plena y perfecta; si no hubiese en él nada cristalizado; si el lenguaje, en suma, fuese un organismo completamente unifica­do, incapaz de fraccionarse en organismos indepen­dientes, no le alcanzaría lo cómico, como no le al­canzaría tampoco a un alma que tuviese una vida armónicamente fundida, tersa, semejante a la super­ficie de un agua serena. Pero no hay estanque en cu­yas aguas no floten hojas secas; no hay alma huma­na sobre la cual no pesen hábitos que le comuniquen cierta tiesura y rigidez para consigo misma y para con los demás, no hay lengua, en fin, tan flexible, tan profundamente viva, tan presente en cada una de sus partes, que elimine lo hecho y pueda resistir a las operaciones mecánicas de inversión, transposi­ción, etc., a que se la quiera someter, manejándola como si fuese una simple cosa. Lo rígido, lo hecho, lo mecánico por oposición a lo flexible, a lo vivo, a lo que está siempre cambiando; la distracción como lo contrario a la atención, el automatismo, en fin, como contraste de la libre actividad, he ahí, en suma, lo que subraya la risa y lo que aspira a corregir.” (Págs. 99-100)

 

LA ADMINISTRACIÓN, INTRÍNSECAMENTE RISIBLE

“No bien olvidamos el grave objeto de una solemni­dad o de una ceremonia, los que en ella toman par­te nos dan la impresión de fantoches que se mueven. Su movilidad se ajusta a la inmovilidad de una fór­mula. Tenemos un puro automatismo. Pero el auto­matismo perfecto será, por ejemplo, el de un funcio­nario que funciona como una simple máquina, o también la inconsciencia de un reglamento adminis­trativo que se aplica con fatalidad inexorable, to­mándosele por una ley de la Naturaleza. Hace unos años naufragó en los alrededores de Dieppe un gran paquebote. Algunos pasajeros lograron salvarse en una embarcación después de muchos trabajos. Unos aduaneros que habían acudido valerosamente a so­correrles, empezaron por preguntarles “si no tenían algo que declarar”. Algo análogo se encuentra, aun­que la idea sea más sutil, en aquella frase de un di­putado que interpelaba a un ministro al día siguien­te de un resonante crimen cometido en un tren: “El asesino, después de haber rematado a su víctima, de­bió apearse a contravía, violando los reglamentos administrativos.” (Págs. 42-43)

 

EL ALMA ES GRACIA, LA CORPORALIDAD ES AUTOMATISMO

“En resumen: sea cualquiera la doctrina que prefiera nuestro raciocinio, nuestra imaginación tiene ya su filosofía bien definida. En to­da forma humana advertirá el esfuerzo de un alma que modela la materia, alma infinitamente flexible, de movilidad constante, exenta de pesadez por no es­tar sometida a la atracción terrena. Esta alma comu­nica algo de su ligereza alada al cuerpo que anima, le infunde su inmaterialidad, que al pasar a la materia constituye lo que llamamos gracia. Pero la materia se resiste obstinadamente. Atrae a la actividad de ese principio superior, y le querría infundir su propia inercia y reducirlo a un puro automatismo. Querría fijar los movimientos inteligentes corporales trans­formándolos en contracciones estúpidas; solidificar en una perpetua mueca las movibles expresiones de la fisonomía; imprimir, en suma, a toda la persona tal actitud, que pareciese sumida y absorta en la ma­terialidad de alguna ocupación mecánica en vez de renovarse sin descanso al contacto de un ideal lleno de vida. Allí donde la materia logra condensar exteriormente la vida del alma, fijar su movimiento, des­terrar, en fin, la gracia, obtiene en seguida un efecto cómico. Si quisiéramos, pues, definir aquí lo cómico comparándolo con su contraste, habría que oponer­lo a la gracia mejor aún que a la belleza. Lo cómico es más bien rigidez que fealdad.” (Págs. 29-30)

Las actitudes, gestos y movimientos del cuerpo humano son risibles en la exacta medida en que este cuerpo nos hace pensar en un simple mecanismo.” (Pág. 31)

Anuncios

2 comentarios »

  1. ”No bien olvidamos el grave objeto de una solemni­dad o de una ceremonia, los que en ella toman par­te nos dan la impresión de fantoches que se mueven. Su movilidad se ajusta a la inmovilidad de una fór­mula. ”

    Esto se puede aplicar a cualquier desfile, sea el del 1 de mayo en la URSS estalinista, un desfile de la Wehrmacht o…las payasadas de Takeshi Castle (sí, el Humor Amarillo, discúlpenme si la cita ofende a los intelectuales que puedan leerla).

    Comentario por BUKOWSKI IN LOVE — Martes, 24 abril, 2007 @ 7:01 pm |Responder

  2. Ja, ja, me parece muy bien traída la referencia a Humor Amarillo; es un excelente ejemplo de lo que comenta Bergson. Gracias, Bukowski.

    Comentario por Aspirante a domador — Miércoles, 25 abril, 2007 @ 7:49 am |Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: