Cabalgando al Tigre

Miércoles, 16 mayo, 2007

Mitos de otros pueblos

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 10:25 am

mitos1.jpgAunque he incluido este hilo en el apartado “textos recomendados”, ha sido simplemente para no abrir otra sección titulada “textos casposos”, en la que Mitos de otros pueblos, de una tal Wendy Doninger, Ed. Siruela, Madrid 2005 (trad. de M. Tabuyo y A. López), se hubiera sentido a sus anchas. Lo mejor, el continente: traducción sin erratas (que yo haya detectado) ni frases sintácticamente enrevesadas, fuentes claras y de tamaño correcto, maquetación cómoda a la vista y un papel de calidad razonable; en pocas palabras, estilo Siruela. A este respecto, la pega más destacada, también muy de esta editorial, es la puñetera manía, por lo demás incomprensible, de poner las notas a pie de página agrupadas en un anexo al final del libro, lo que te obliga a desarrollar un juego de muñeca más propio de un consumado onanista. Encima, te pierdes constantemente, y resulta de lo más irritante no poder hacer una lectura más fluida. En cuanto al contenido, pues qué os voy a decir… a mí no me ha interesado casi nada de él (hasta el punto de que no he sido capaz de terminarlo, aunque me he quedado cerca). Mi impresión es que esta señora, de una mentalidad extraordinariamente norteamericana en el peor de los sentidos, lleva un montón de años estudiando mitos (sobre todo hindúes) y, si les ha sacado algo (ella dice que sí y yo no lo dudo), a nosotros no nos lo cuenta. La exégesis que hace de los (pocos) textos míticos que refleja no me ha impresionado mucho, por decirlo suavemente; son más bien triviales, en su mayoría. De todos modos, por no romper la costumbre, os dejo alguna cita que me ha parecido menos mediocre que el resto.

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“El mito debe haber sido contado originalmente por un individuo, por supuesto, pero una vez es aceptado por el grupo, se considera que ha sido creado por él, como en una autoría múltiple1. En muchas culturas, un chamán puede soñar para el grupo en su conjunto; sin embargo, no es considerado el creador del mito, sino meramente el medio de transmisión desde un au­tor sobrenatural. Claude Lévi-Strauss ha descrito otra consecuencia de esta paradoja:

Hay una consecuencia de la relación irracional entre las circunstancias de la creación del mito, que son colectivas, y la manera particular en que es experi­mentado por el individuo. Los mitos son anónimos: desde el momento en que son contemplados como mitos, y sean cuales sean sus orígenes reales, existen só­lo como elementos encarnados en una tradición. Cuando el mito se repite, los oyentes individuales reciben un mensaje que, hablando con propiedad, no pro­cede de ninguna parte; por eso se le atribuye un origen sobrenatural2.

Por consiguiente, se está en peligro de cometer el pecado básico de hybris —hacerse pasar por dios— si uno se propone crear un mito. Por su­puesto, éste es un pecado muy común en la actualidad; muchas personas parecen pensar que pueden crear nuevos mitos, aunque personalmente no creo que puedan hacerlo3.” (Pág.59)

“La analogía explícita entre los dibujos kolam y la sala sacrificial védica tiene otras implicaciones de impermanencia. Pues con frecuencia el arte sagrado indio está consignado deliberadamente al reino de lo efímero pa­ra impedir su profanación, de nuevo más o menos con la misma lógica que impedía la conservación del Rig Veda por escrito. En muchas cere­monias védicas la piedra del altar (vedi) es abandonada, literalmente se de-construye, después del sacrificio, y los utensilios -que se han cargado pe­ligrosamente con poder sagrado- son arrojados a la basura. […]

Cuando en el sur de la India se construyen enormes caballos de te­rracota, la elección del medio no es accidental. Como escribe Stephen Inglis: «La arcilla es el medio del culto de lo efímero. El caballo, semimítico, transitorio, frágil, cíclico (muriendo o transformándose prematura­mente), se ajusta perfectamente al patrón cíclico de ofrendas en el hinduismo rural. El poder, especialmente el poder “exterior”, siempre avanza y retrocede». En otro lugar Inglis ha descrito el trabajo de los al­fareros llamados Velar:

Una clave para la identificación de los camiyati [«sacerdotes alfareros»] y la imagen de tierra radica en su naturaleza impermanente. Al estar hecha de tierra, la imagen está destinada a desintegrarse y ser reconstruida. Siendo un ser huma­no, con las necesidades y responsabilidades humanas ordinarias, el camiyati […] es también necesariamente un receptáculo transitorio de lo divino, destinado a ser reactivado sólo periódicamente a lo largo de una vida de servicio […] La potencia del oficio del Velar radica en la impermanencia y la capacidad de deterioro, reemplazamiento y reactivación de sus servicios a lo divino […] El Velar, y mu­chos otros artesanos que trabajan con lo inmediato y siempre cambiante, son […] especialistas de la impermanencia4.

Hay otras razones para este énfasis en la impermanencia. Las huellas materiales de un ritual poderoso deben desaparecer para que el poder no permanezca casualmente por allí cuando la conciencia ritual se haya des­vanecido. […]

La palabra empleada para describir este «abandono» o «rechazo» de la estatua es visarjana, palabra afín a visarga, utilizada para describir la «emisión» del universo —esto es, la creación- por Prajapati o Brahma5. En es- te sentido, todas las cosas fabricadas llegan a la existencia verdadera sólo al ser expulsadas o arrojadas; sólo cuando el cuerpo se deshace el alma es ; liberada. Una palabra para «arte» en la India es maya, traducida a menu­do como «ilusión». El mundo de maya es el mundo de la materia (prakriti), o el renacimiento (samsara), que es impermanente. A él le oponen los hindúes el mundo de la verdad, de la realidad última (brahman), del espí­ritu (purusha), de la liberación (moksha), que es eterno.” (Págs. 117-118)

“Es una versión africana de la conocida his­toria del hombre que es visitado por una mujer sobrenatural y se enamora de ella; la mujer acepta permanecer con él bajo ciertas condiciones, y cuando él transgrede esas condiciones, ella le abandona6. En la versión contada por Van der Post, la mujer llega a él desde las estrellas, y lleva consigo un cesto.

Antes de casarse con él, la esposa le había hecho prometer que nunca levan­taría la tapa del cesto ni miraría en su interior hasta que ella le diera permiso pa­ra hacerlo. Si lo hiciera, un gran desastre podría abatirse sobre ellos. Pero fueron pasando los meses y el hombre empezó a olvidar su promesa. Su curiosidad iba en aumento, al ver el cesto tan cerca día tras día, con la tapa siempre firmemen­te cerrada. Un día, cuando estaba solo, entró en la cabaña de su esposa, vio el cesto, en las sombras, y no pudo soportarlo por más tiempo. Quitando la tapa, miró en el interior. Por un momento permaneció incrédulo, luego estalló a reír. Cuando por la noche regresó su esposa, supo en seguida lo que había sucedido. Se puso la mano en el corazón y mirándole con lágrimas en los ojos, le dijo: «Has mirado en el cesto». Él lo admitió y le dijo riendo: «Qué tonta eres. ¿Por qué has armado tanto jaleo con ese cesto? No hay nada en su interior». «¿Nada?» di­jo ella, sin apenas fuerzas para hablar. «Sí, nada», contestó él enfáticamente. En ese momento, ella le dio la espalda, se marchó entrando directamente en la pues­ta de sol y desapareció. Nunca más se la volvió a ver sobre la tierra. Y todavía hoy oigo a la sirvienta negra que me dice: «¿Y sabes por qué se fue, amito? No porque él hubiera roto su promesa, sino porque, al mirar dentro del cesto, lo había encontrado vacío. Se fue porque el cesto no estaba vacío; estaba lleno de co­sas hermosas del cielo que ella almacenaba allí para los dos; él no pudo verlas y se rió, así que ya no tenía sentido que ella estuviera en la tierra y desapareció»7.” (Págs. 121-122)

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1. La paradoja del autor anónimo del mito que es considerado el relato de la vida de cada miembro de la comunidad fue expresada, de manera muy diferente, por un cierto político que, al presentar a los que le rodeaban a Martin E. Marty, presentó a un hom­bre concreto diciendo: «Y éste es mi autobiógrafo».

2. Claude Lévi-Strauss, The Raw and the Cooked: Introduction to a Science of Mythology, Nueva York 1969, pág. 18.

3. Pienso en particular, pero no sólo, en las feministas que tratan de crear una mito­logía nueva de la Diosa para reemplazar al Dios masculino chauvinista del judaísmo y cristianismo. Por supuesto, existieron Diosas en la historia humana; pero sus mitologías nos plantean problemas: si llegaran a conocerlas un poco mejor las feministas modernas se darían cuenta de que no son habitualmente el tipo de personas sobre el que les gus­taría moldear su vida; rara vez, si es que hay alguna, tienen nada que ver con el poder político real para las mujeres; y, sobre todo, no son nuestras diosas. Por supuesto, es po­sible tomar prestado el mito, adoptar un mito extranjero como parte de nuestra visión particular del mundo; éste es el punto principal que trato de elaborar a lo largo de este libro. Pero crear un mito con el propósito de que lo utilicen otras personas es una empresa enteramente diferente y de la que desconfío por razones sobre las que volveré más adelante.

4. Extracto de págs. 301-314 de la tesis de doctorado en filosofía de Inglis, «The Craft of the Velar». Véase también su trabajo «The Craft of the Velar», en National Councüfor Education in the Ceramic Arts Journal, 7, 7, págs. 14-19.

5. Paul B. Courtright, Ganesha: Lord of Obstacles, Lord of Beginnings, Nueva York 1985, pág. 197.

6. Véase W. Doniger O’ Flaherty, Women, Androgynes, and Other Mythical Beasts, Chicago 1980, capítulo 6, para el mito de la diosa/yegua/pájaro.

7. Laurens van der Post, The Heart of the Hunter, Nueva York 1961, págs. 140-146.

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4 comentarios »

  1. ”muchas personas parecen pensar que pueden crear nuevos mitos, aunque personalmente no creo que puedan hacerlo”

    En efecto, no pueden inventar mitos en los que ellos mismos no creen; pero siempre se puede hacer bricolaje mental como lo demuestra el éxito de los bodrios de Dan Brown o el cientifismo-esoterismo de Lovelock…Con resultados nefastos, evidentemente.

    Comentario por BUKOWSKI IN LOVE — Jueves, 17 mayo, 2007 @ 6:30 pm |Responder

  2. Evidentemente.
    En todo caso, pretender llamar “mitos” a esa colección de tópicos facilones predigeridos y epidérmicos sería muy difícil de justificar. Como decía Samuel L. Jackson en Pulp Fiction, “no es el mismo juego; tampoco es la misma liga; ni siquiera es el mismo puto deporte”.

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 18 mayo, 2007 @ 7:52 am |Responder

  3. […] de edición respecta tanto las virtudes como los defectos de Siruela, que ya he comentado en otros post. De todos modos, en este texto concreto el hecho de que las notas estén agrupadas al final del […]

    Pingback por El fuego secreto de los filósofos (I): Sobre el Alma del Mundo « Cabalgando al Tigre — Lunes, 21 mayo, 2007 @ 8:03 am |Responder

  4. pues vaya lo poco que he leido no me he enterado de nada

    en verdad la página no esta mal del todo

    pero hay trozos en los que me dan ganas de reirme

    bye

    Comentario por criss_kriss — Jueves, 17 abril, 2008 @ 8:54 pm |Responder


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