Cabalgando al Tigre

Jueves, 16 agosto, 2007

Letra y Espíritu: El arte de Glauco

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 10:13 am

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Os voy a dejar un escueto comentario sobre el último número de la revista Letra y Espíritu, que corresponde al nº 22 (112 págs.), suscitado en primer lugar por el cambio en el diseño de la publicación, mucho más agradable y claro, y en segundo lugar por dos de los artículos que contiene, que me han interesado especialmente. El primero de ellos es un texto de Pedro Vela titulado Notas sobre el simbolismo de la tauromaquia que, sin entrar en desarrollos prolijos ni pretendiendo agotar todas las posibilidades exegéticas, interpreta a la luz de la Tradición algunos de los posibles sentidos de los diferentes elementos que constituyen la lidia. Muy interesante para tener una visión general de su sentido profundo, evitando quedar encallado en el horror del aspecto más literal del toreo, cuya sangre y muerte, aislada de un sentido más profundo, no pueden menos que producir repugnancia y rechazo.

El segundo trabajo que os quería recomendar lo firma Víctor Pascual. Es la primera parte de un trabajo inédito, y se titula El arte de Glauco, frase con la que, según el autor, los griegos se referían al modo de resolver un problema difícil. En este caso, el problema sobre el que el autor reflexiona es nada menos que la bajada a los infiernos, la inevitable catarsis previa a la iniciación espiritual en la que el individuo “muere” para posteriormente renacer como un “nuevo ser”. La importancia de esta muerte no es menor por ser metafórica, más bien lo contrario. Como diría James Hillman, los actos son las metáforas del alma y, por tanto, esta muerte profunda es el acontecimiento central y preeminente que se da también en la muerte física. Al respecto y abundando en esta aproximación, dice Guénon en Apreciaciones sobre la iniciación que «… esta “muerte”, lejos de ser “ficticia”, es por el contrario, en cierto sentido, más real incluso que la muerte entendida en el sentido ordinario del término… la muerte y el nacimiento en sentido ordinario simbolizan en sí mismos a la muerte y el naci­miento iniciáticos…». Pascual, siguiendo la Divina Comedia, clarifica algunos conceptos imprescindibles para afrontar este misterio, sobre todo en cuanto a la imaginación creadora, y propone interpretaciones muy sugerentes sobre el mismo.

A continuación y para no perder la costumbre, os dejo algunos fragmentos, pero antes os tengo que pedir disculpas por una cierta falta de rigor en lo que sigue: el programa de reconocimiento de textos ha decidido que todos los acentos circunflejos eran en realidad tildes, y, francamente, me siento incapaz de ir comprobando uno por uno todos los diacríticos; baste decir que en el original aparecen bien escritos. Otra disculpa más, ésta inevitable: el baile de los interlineados se debe a los superíndices, que no le gustan nada al gestor de textos; no encuentro la solución, lo siento. Ahora, después del disclamer de “oferta Carrefour” con el que me he quitado un huevo de trabajo, los fragmentos. Los epígrafes son míos, y pretenden ordenar e introducir sucintamente los textos.

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Sobre las correspondencias entre al alma según el Islam persa y la constitución del ser humano según el Vedanta

«…Todas las facultades del alma -escribe Sadrá Shírází- se convierten entonces en una facultad única, que es la capacidad de configurar y tipificar (taswír y tamthíl); la ima­ginación ha pasado a ser algo así como una percepción sensible de lo suprasensible: la propia visión imaginativa es como la visión sensible. Lo mismo ocurre con el oído, el olfato, el gusto, el tacto: todos estos sentidos imaginativos son entonces semejan­tes a las facultades sensibles, pero ordenados a lo suprasensible. Pues si exteriormen­te las facultades sensibles son cinco, teniendo cada una su órgano localizado en el cuerpo, de hecho, interiormente, todas constituyen una única synaisthésis1 (hiss moshtarik)». 2

A nuestro juicio se puede establecer una correlación directa entre lo expresado en este texto de Mulla Sadrá citado por Corbin y lo que conocemos de la constitución sutil del ser humano en términos hindúes. En efecto, baste recordar que la forma sutil humana (linga-sharirá) está constituida por tres «envolturas» (koshas), a saber: vijñanamaya-kosha, manomaya-kosha y pránamaya-kosha; de la tercera dependen cinco facultades suti­les de acción (karméndriyas) y cinco de sensación o conocimiento (jñánéndriyas o bud-dhindriyas) siendo estas últimas el oído (shrotra), el tacto (twach), la vista (chaksus), el gusto (rasaría) y el olfato (ghrána). Es necesario hacer hincapié en que estas facultades no son corporales sino sutiles, esto es, extra-corporales y por tanto son funciones del alma, no del cuerpo3. Lo que es corporal son solamente los órganos (avayavas) a través de los cua­les estas facultades se expresan exteriormente4.A este respecto, lo que a nuestro modo de ver está indicando Sadrá en su texto es que, por un lado, la constitución sutil del ser humano cambia de alguna manera su confi­guración cuando «el alma se separa de este mundo», frase esta que se puede referir tanto a la muerte física como a la muerte iniciática5, y por otro lado, que dicho cambio consiste en que las facultades sutiles sufren un proceso de reunión y concentración en una facultad única6, a la que denomina «una única synaísthésis», que sería la «imaginación activa», la cual, a nuestro entender, debe implicar una cierta preeminencia del jñánéndriya chaksus, como rasgo más destacado, puesto que es el que se utiliza para caracterizar este nuevo órgano (o más bien, esta nueva constitución sutil reunificada), a través del uso del término «imaginación» y no de cualquier otro referido a los demás sentidos. (Págs. 24-26)

En definitiva, concluimos que la «imaginación activa» no es tanto un órgano o facultad psíquica preexistente que en sí misma se encuentre atrofiada o latente en el ser humano ordinario, cuanto la consecuencia de un proceso de repliegue, concentración y reconfiguración de las facultades sutiles ya existentes provocado por la muerte iniciática, con motivo de la cual éstas dejan de estar vinculadas transitoriamente a los órganos corpo­rales que les sirven de canales de expresión externa, para dirigir su potencia hacia dentro, hacia las realidades de orden suprasensible, desvinculación ésta que facilita un reordena­miento de todos los elementos de orden psíquico que constituyen la forma sutil humana; dicho de otra manera, se trata ni más ni menos que de un efecto de lo que Guénon denomi­na «regeneración psíquica» o, como mínimo, de su etapa preliminar. En cierto modo, se podría decir que la relación existente entre las facultades sutiles y sus órganos corporales deja de ser, desde el punto de vista de la consciencia individual, únicamente eferente o ad extra, para pasar a ser bidireccional de forma permanente, es decir, con la posibilidad de ser replegadas o desplegadas a voluntad e, incluso, exclusivamente dirigidas ad intra. (Pág. 27)

Sobre la Imaginación activa

 «…si el ojo se acerca a la contemplación legañoso de vicios y no purificado, o bien endeble, no pudiendo por falta de energía mirar las cosas muy brillantes, no ve nada aun cuando otro le muestre presente lo que puede ser visto. Porque el vidente debe aplicarse a la contemplación no sin antes haberse hecho afín y parecido al objeto de la visión. Porque jamás todavía ojo alguno habría visto el sol, si no hubiera nacido parecido al sol. Pues tampoco puede un alma ver la Belleza sin haberse hecho bella.»7

Este sugerente texto de Plotino nos induce a pensar que una posible consecuencia de la recuperación permanente y completa, y no tan sólo transitoria o parcial, de esta «visión integral» sería la de devolver al ser, por así decirlo, a una situación comparable a la «desnudez paradisíaca», puesto que sería de nuevo capaz de contemplar la verdadera forma humana de manera integral, esto es, tanto en su modalidad densa o corporal como en su modalidad sutil. Por otra parte, no queremos decir que se pueda afirmar tout court la identidad de la «imaginación activa» con lo que simbólicamente se denomina el «ojo del corazón» (‘ayn al-qalb en el esoterismo islámico)8; más bien nos parece que la apertura de éste sería el objetivo final a alcanzar, la culminación espiritual del proceso de regeneración psíquica del cual la actualización e intensificación de la «imaginación activa» es una etapa intermedia. Dicho de otra manera, la «imaginación activa», o lo que ella simboliza, remite al conocimiento total y completo del mundo intermedio, esto es, de la modalidad sutil humana, el cual comienza por un descenso a los infiernos y culmina, no obstante, con una solución de continuidad, con un paso al límite que conlleva el establecimiento permanen­te del ser en el centro del estado humano, ya no sutil en sí mismo sino espiritual, luego la recuperación efectiva del estado de hombre primordial que equivale, simbólicamente hablando, a la apertura del «ojo del corazón» y al retorno al Paraíso terrenal, nexo de unión entre los cielos y la tierra9.
 

Virgilio, la «visión creadora» en la Divina Comedia

El relato de Dante en la Divina Comedia10 sobre su descenso al Infierno y el papel que juega en él Virgilio creemos que no hace sino corroborar lo que acabamos de señalar hace un momento. En efecto, cabe subrayar que el primer guía de Dante no procede ni del Cielo ni del Purgatorio sino del primer círculo infernal, en cuyo seno se encuentra, entre otras cosas, la morada de los filósofos y maestros «paganos» (anteriores al advenimiento de Jesucristo) que no es sino la suya propia. Por otro lado, si bien es cierto que va al encuentro del poeta cuando éste se halla perdido y asustado en una «selva oscura», también es que no lo hace motu proprio sino, bien al contrario, por mandato de Beatriz que, ella reside en el Cielo.A este respecto, es curioso y sumamente significativo constatar que Virgilio, a pesar de su residencia en esa especie de pequeño «paraíso filosófico», a tenor de cómo lo descri­be Dante11, parte de una situación cosmológica definitivamente infernal, puesto que todo aquel que entra póstumamente en el Infierno ya no puede salir de él hasta el día del Juicio Final. No obstante, es completamente capaz de conducir, guiar y dirigir a su pupilo, con confianza absoluta y sin ninguna duda o vacilación a través, no sólo del descenso hacia los temibles e intrincados vericuetos inframundanos sino, asimismo, a través del penoso ascen­so a la montaña del Purgatorio: él es el guía que ve y sabe con certeza por dónde pisa, la vara y el cayado en los que Dante se apoya12, el pañuelo donde enjuga sus lágrimas, la esperanza y el refugio en los numerosos momentos de terror o de duda, el maestro que ilu­mina y al que se venera y se obedece con amor; en definitiva, el psicopompo que le con­duce hacia lo más bajo, para luego remontarle hasta lo más alto de este mundo e incluso hasta las mismas puertas del Paraíso terrenal, como el Hermes antiguo, mensajero insigne de los dioses e intermediario por antonomasia entre los cielos y la tierra. Esta extraordina­ria facultad no puede proceder, así pues, sino única y exclusivamente de esa recepción del mandato celestial al que Virgilio no puede sustraerse, y sólo a ella. (Pág. 30)

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1 En griego aísthésis significa «sensibilidad», «sensación», luego synaísthésis = sensibilidad unida, sensaciones unidas. Esto es, a nuestro entender, el significado real de aquello a lo que ciertos teósofos occidentales denominan con el término «sensorium comune».

2 Cf. el artículo Mundus imaginalis: lo imaginario y lo imaginal (2a parte), en la revista Axis Mundi nº 5, primera época, Otoño 1995.

3 Esta es, por lo demás, una concepción universal, no sólo oriental, de la filosofía pre-moderna y las tra­diciones sagradas; baste recordar, por ejemplo, el tratado de Aristóteles Acerca del Alma, donde aborda exten­samente este asunto, aunque el contexto de su obra es, evidentemente, otro.

4 Puede ser útil consultar las figuras 3 y 4 de nuestro ya mencionado artículo El viaje de Thánatos II. Precisemos que con el término indriya suele hacerse alusión tanto a la facultad sutil en sí misma cuanto al con­junto formado por la facultad sutil y su órgano corporal (avayava)correspondiente.

5 Puesto que el proceso que sigue a ambas es análogo hasta cierto punto, pero no idéntico, porque la muer­te iniciática no implica necesariamente que deba ocurrir la muerte física, como ya hemos señalado en otras oca­siones. Cf. El viaje de Thánatos III, en Letra y Espíritu n° 18.

6 Cf. Ibídem, donde ya indicamos la, a nuestro entender, necesaria transmutación de la estructura ternaria del linga-sharíra en otra unitaria.

7 Enéadas I, 6, 9. Ed. Gredos.

8 Cf. René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap.  LXXII.

9 Ahora bien, desde el punto de vista de la fisiología sutil, la apertura del «ojo del corazón» equivale a la del ajña chakra situado no en el pecho, como quizá pudiera pensarse, sino en el entrecejo, esto es, en el «tercer ojo» frontal. Cf. René Guénon, Études sur l’Hidouisme, cap. Kundaliní Yoga.

10 Nos parece de obligado cumplimiento recomendar vivamente la lectura de la obra de Dante, y además, del breve ensayo de Guénon El esoterismo de Dante, auténtica «guía autorizada» de su contenido iniciático. Por otra parte, señalaremos que en las páginas de esta revista también se ha tocado el tema de manera introduct­oria. Cf. Pedro Vela, Dante y el esoterismo de los Fieles de Amor, en Letra y Espíritu n° 5.

11 Infierno, canto IV.

12 Salmo 22:4.

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4 comentarios »

  1. Sin L-y-E no sé lo que haríamos los que no nos conformamos con la hetero-ortodoxia jipiesca -new age- ni el tradicionalismo politiquero nacional-católico.
    Cada número se superan.¡Ole!

    Comentario por bukowsky in loive — Lunes, 20 agosto, 2007 @ 11:35 pm |Responder

  2. Además de lo señalado por “aspirante”, creo que merece destacarse de este número el texto de René Guénon “La idea de Infinito”, que es inédito y no está recogido en ninguno de sus libros, si bien es evidente que se trata de un antecedente directo de “Les principes du calcul infinitésimal” (recientemente editado en castellano, por cierto, con el título de “Metafísica del Número”).

    Por otro lado, también me parece sumamente destacable y oportuno el artículo de Jean Reyor “¿Se ha leído bien a René Guénon?”, (inédito en castellano, como todo lo que se ha publicado de él en LyE) porque pone el dedo en la llaga con respecto a las lecturas apresuradas, superficiales y poco meditadas de su obra y, por consiguiente, de las consecuencias incongruentes que puedan derivarse.

    Finalmente, estoy absolutamente de acuerdo con lo que comenta el “enamorado Bukowsky”.

    Saludos.

    Comentario por Dr. Piedra — Miércoles, 29 agosto, 2007 @ 12:07 pm |Responder

  3. Les informo que en Peru, América del Sur, se esta publicando la revista semestral “Serpiente Emplumada”: una revista que de estudios tradicionales que tiene como fuente inspiratrice la obra magistral y providencial de René Guénon. En esta revista se publican estudios y traducciones de autores pertenecientes a las diversas formas tradicionales particulares, orientales y occidentales, boreales y australes, con un especial enfasis en las milenarias tradiciones amerindias.

    Quisiéramos intercambiar nuestra publicacion con publicaciones del mismo caracter. A los interesados les rogamos nos escriban.

    Muy cordialmente,

    Javier Solis Salcedo
    Apartado Postal n° 1241
    Lima, Peru

    Comentario por Javier Solis Salcedo — Viernes, 13 junio, 2008 @ 1:20 pm |Responder

  4. Amigos,

    A propósito de las milenarias tradiciones amerindias, les sugiero visitar el sitio web:
    http://tradiciones-amerindias.blogspot.com/

    Cordialmente,

    Pumasunqu

    Comentario por Pumasunqu — Martes, 12 mayo, 2009 @ 2:21 pm |Responder


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