Cabalgando al Tigre

Viernes, 14 septiembre, 2007

Pan y la pesadilla (I): imagen y mito

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 12:23 pm

pan.jpgAquí os traigo un nuevo texto publicado por Ed. Atalanta, titulado Pan y la pesadilla (Trad. de Cristina Serna, Barcelona 2007, 240 págs.), de James Hillman, autor del que ya hemos hablado sucintamente aquí, aquí y también aquí: en breve diré que fue director del Instituto Jung en Zúrich y pasa por ser el mayor representante actual de la psicología analítica. También era colaborador asiduo del Círculo Eranos, de algunos de cuyos miembros también se ha hablado en este blog, como Jung, Eliade, Corbin o Scholem.

En cuanto al libro, consta de dos partes: en la primera, Hillman nos habla de Pan, el dios-cabra, que rige tanto el desenfreno sexual como lo que parece ser la otra cara de ese instinto: el pánico. La segunda parte es la traducción de un tratado filológico de Wilhelm Roscher titulado Los demonios de la noche, que según Hillman constituye el estudio psicológico más completo y radical que existe sobre Pan. Desde el punto de vista formal el libro está muy bien, como suele ser habitual en esta editorial; no insistiré en lo que ya he comentado otras veces. Pero en cuanto a la obra en sí, la verdad es que me ha decepcionado. La primera parte tiene algunas ideas interesantes, pero como siempre con Hillman, tengo la sensación de que a todas sus reflexiones y relaciones les falta un último eslabón para ser iluminadoras, para adquirir auténtico sentido. Sus textos son como una sucesión de interesantes promesas que siempre se quedan al borde de plasmarse. Por supuesto, esto se puede deber simplemente a mi incapacidad de elaborar ese último eslabón, que quizá sea trivial con la preparación adecuada pero el hecho es que cuando le leo siempre me quedo con hambre e insatisfecho. Aún así, sus aproximaciones proveen de abundante material de reflexión. A continuación os dejo algún extracto. En cuanto a la segunda parte del libro, el ensayo de Roscher, a mí no me ha interesado en lo más mínimo. Simplemente, esperaba otra cosa. En esta primera entrega recopilo para vosotros algunas notas al respecto de la imagen y el mito. Los epígrafes son míos.

————————–

GRECIA

El retorno a Grecia no es ni un retorno a un tiempo histórico del pasado ni a un tiempo imaginario, a una edad de oro utópica que fue o puede volver todavía. «Grecia», por el contrario, nos brinda la oportunidad de corregir nuestras almas y la psicología por medio de lugares y personas imaginales, más que por medio de un tiempo. Salimos por completo del pensamiento temporal y de la historicidad para movernos hacia una región ima­ginal, un archipiélago diferenciado de ubicaciones, el lugar donde están los dioses, no el tiempo en que estuvie­ron o estarán. (Pág. 19)

Independientemente de que seamos tibetanos o jamaicanos, que hayamos nacido a orillas del mar Rojo o del mar Amarillo, sin resto alguno de la Grecia real en nuestros huesos ni la más vaga idea acerca de los mitos griegos, desde el momento en que nos halla­mos inmersos de manera inexorable e innegable en el curso arrollador de aquello que ha conformado la civili­zación euro-americana-atlántica -sus nociones acerca de las leyes y la educación, de la tecnología y el razonamien­to, de la psique y la persona-, si queremos conocernos a nosotros mismos debemos retornar a Grecia, donde esta misma idea fue formulada por primera vez. (Pág. 21)

PENSAR EN IMÁGENES

Desde sus inicios, en los filósofos presocráticos y en el Antiguo Testamento, la tradición filosófica occidental se ha mostrado contraria a las imágenes (phantasia), decantándose por las abstracciones del pensamiento. Desde Descartes y la Ilustración, la conceptualización ha mantenido su preeminencia; la tendencia de la psique a personificar ha sido rechazada con desdén por antropo­mórfica. Uno de los principales argumentos contra el modo de pensar mítico estriba en que trabaja con imáge­nes, que son subjetivas, personales y sensuales. Esto se debe evitar por encima de todo en la epistemología oc­cidental, como también en las descripciones de las fuer­zas de la naturaleza. Personificar ha significado pensar de un modo animista, primitivo, prelógico. Los sentidos engañan; las imágenes que transmitirían la verdad sobre el mundo deben ser purificadas de sus elementos antro­pomórficos. Las únicas personas del universo son las personas humanas. No obstante, la experiencia como personas de los dioses, de los héroes, ninfas, demonios, ángeles y potestades, de los animales, lugares y cosas sagrados es en realidad anterior al concepto de personifi­cación. No es que nosotros personifiquemos, es que las epifanías se nos muestran como personas.

[…] Durante milenios y en casi todas partes, resultó muy evidente que las figuras divinas y demoníacas aparecían como personas. Pero la Weltanschauung científica, con su separación entre observador y observado, nos apartó de esta evidencia, y su testimonio se convirtió en pensa­miento mágico, creencias primitivas, superstición, locu­ra. Puesto que las figuras imagínales todavía se aparecen de vez en cuando a las personas más cultas y educadas, como ocurre en las pesadillas, por fuerza hemos de ser nosotros quienes hemos creado esas figuras. (Págs. 39-41)

SOBRE EL VERDADERO SENTIDO DEL MITO

El tratamiento académico del mito en términos de competencias departamentales ha dado como resultado una plétora de teorías del mito y varias conclusiones fala­ces. Todos nosotros conocemos alguna. Hoy, resulta casi imposible oír contar un mito sin tener que soportar al mismo tiempo que te expliquen su significado. Destaca, además, por encima de todos los errores de lectura, la simplificación.

La complejidad de un mitema, o de uno de sus perso­najes, se nos presenta como la descripción de un proceso social, económico o histórico, o bien como el testimonio pre-racional de determinado asunto filosófico o enseñan­za moral. Los mitos son tomados en consideración en cuanto exposiciones metafóricas de ciencias naturales, metafísica, orgullo tribal, opresión de género o religión. Ahora bien, antes que cada una de estas aplicaciones del significado mítico, existe el propio mito y el efecto puro y simple que produce en el alma humana, que en primer lugar creó el mito y después lo perpetuó embelleciéndo­lo; y el alma todavía re-sueña estos temas en su fantasía, su comportamiento y sus estructuras de pensamiento. El enfoque primario del mito debe ser, por lo tanto, psico­lógico, desde el momento en que la psique proporciona tanto su fuente original como su contexto perennemen­te vivo. Cabe señalar, no obstante, que aquí el enfoque psicológico no significa un intercambio simplificado de términos, metáforas exóticas utilizadas para presentar conceptos que resultan del todo obvios, lo grande empequeñecido para su fácil aplicación.

Un enfoque psicológico, tal y como yo lo entiendo, no implica una interpretación psicológica. No significa llevar el mito al departamento de psicología o a una es­cuela de análisis de lo profundo, para preparar así una nueva serie de reducciones equivalentes en su estrechez de miras a otras simplificaciones departamentales (disfra­zadas con tecnicismos presuntuosos) que yo quisiera poner en cuestión. Del mismo modo que el mito pertene­ce más a la theoria que a la pragmática, su comprensión pertenece más a la exégesis y a la hermenéutica que a la interpretación a base de fórmulas.

Un enfoque psicológico es lo que su propio nombre indica: una vía a través de la psique hacia el mito, una conexión con el mito que pasa a través del alma, inclu­yendo especialmente su fantasía extraña y su sufrimiento (psicopatología), un desvelar y extraer del alma que con­duce al significado mítico, y viceversa. Sólo cuando la psique se reconoce a sí misma como una puesta en esce­na de mitemas puede entender el mito, de modo que una exégesis psicológica del mito comienza con la exégesis de uno mismo, con el hacer-alma. Y, recíprocamente: sólo cuando el mito es reconducido hacia el alma, sólo cuando el mito asume importancia psicológica se convierte en una realidad viviente, necesaria para la vida, y deja de ser un artificio literario, filosófico o religioso. La filología se inscribe en este proceso como parte del enfoque psicoló­gico. ¿Cómo podríamos aproximarnos a la realidad míti­ca si no es sumergiéndonos en su campo, en los contex­tos que la alimentan, en las imágenes que ha venido mos­trando a lo largo de la historia? Ahora bien, la filología se convierte entonces en un método de hacer-alma, en lugar de ser un simple método de conocimiento. La revivifica­ción terapéutica de la psique y el renacimiento del mito son dos procesos inseparables que podrían considerarse idénticos.

[…]. Sería ideal que estos dos tipos de contribución se sumasen el uno al otro, pero con fre­cuencia los modernos filólogos clásicos consideran las exorbitantes fantasías de sus antecesores como fracasos intelectuales. No se dan cuenta de que a ellos les está afectando el fenómeno contrario: la pobreza de fantasía, las ingenuidades psicológicas, la enorme aridez emotiva que impregna sus investigaciones intelectuales y que revela fracasos imagínales no menos graves. (Págs. 129-131)

Anuncios

8 comentarios »

  1. Para empezar comentar que no he leído el libro y por tanto el comentario puede deberse al sesgo de haber visto sólo los extractos que has puesto aquí, pero cuando trata el tema del pensamiento en imágenes, tal vez sí parte de la tradición filosófica occidental rechace su uso, pero siempre han tenido gran importancia, como en el pensamiento del renacimiento donde resurgió el interés por ejemplo del antiguo arte de la memoria y eran las imágenes el centro del pensamiento filosófico y mágico de muchos autores. Es posible que en los lugares de tradición protestante las imágenes hayan sido más abandonadas, pero en el catolicismo tienen gran protagonismo y existe aún gran riqueza, en parte por supuesto asimilando imágenes paganas.
    Por cierto, que hablando de riqueza de imágenes, sincretismo y Pan, en Valencia hay una procesión en Corpus de origen medieval e imágenes muy vistosas y curiosas. Se exponen en la calle unas carrozas llamadas “roques” (la más antigua creo que es del siglo XIV) que representan diferentes escenas o símbolos. Mi preferida es la “roca diablera” o “roca de Plutón” sobre la que está representado el diablo. En la parte trasera tiene una inscripción que me parece gloriosa. Dice así:
    “Ladre con su rabia el can,
    arda en el fuego plutón,
    que todo trofeos son
    en la fiesta del dios Pan.”

    Comentario por Pola — Lunes, 17 septiembre, 2007 @ 9:13 pm |Responder

  2. Qué interesante inscripción,
    muchas gracias por la información.
    A ver si un año tengo la ocasión
    y puedo ver esa procesión.
    (Tres de las rimas fueron al albur y no resistí el impulso infantil de buscar la cuarta)

    Comentario por Aspirante a domador — Martes, 18 septiembre, 2007 @ 8:55 am |Responder

  3. La roca diablera
    como veneno nuevo
    afiebra mi cuerpo,
    en lo que Pan espera.

    Interesante fiesta Pola.

    Aspirante a Domador, yo tampoco puedo resistirme a una rima, pero tengo los redaños suficientes para no culpar al azar del resultado :P (jejeje…)

    He leído el libro y me ha gustado. Como tengo debilidad por los junguianos voy a dejar el comentario aquí (la otra opción es escribir uno de 1200 líneas a poquito que me piquen ;-)

    Comentario por Filousia — Martes, 18 septiembre, 2007 @ 10:15 pm |Responder

  4. Te quejarás de mi habilidosísima rima, Filousia: he utilizado las únicas cuatro palabras que tiene el español acabadas en “-ión”.
    ¿Y el comentario que prometes? ¿Quizá en “aquí” querías poner un vínculo hacia tu comentario? Si es así y no puedes, mándamelo (bien por email, bien colgándolo aquí, y yo lo enlazo. ¿O acaso, como en la canción de Kiko Veneno, “prometes lo que no tienes”? ;-)

    Comentario por Aspirante a domador — Miércoles, 19 septiembre, 2007 @ 7:20 am |Responder

  5. No me quejo de tu rima, es que no conocía la poesía iónica y me ha costado algo acostumbrarme… ;-)
    En principio, cuando dije que lo dejaba “aquí” me refería a que no iba a alargarme más en el comentario por no ocupar tu espacio con uno de mis rollos interminables. Eso no me exime de haber “prometido lo que no tengo”, tal y como mi subconsciente ha delatado en el poema. Es más, al pensar en hablar de Pan he entrado en pánico y mi cuerpo se ha afiebrado. Ya ves, nunca soy más auténtica que cuando escribo poesía (por poco inspirada que sea, como es mi caso).
    Un beso,
    F.

    Comentario por Filousia — Miércoles, 19 septiembre, 2007 @ 6:07 pm |Responder

  6. La “poesía iónica”, qué difícil y a la vez incomprendida disciplina. Por cierto que “pronto” aparecerán aquí algunos post sobre la autobiografía interna de Jung que ya tengo seleccionados.

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 20 septiembre, 2007 @ 9:43 am |Responder

  7. ¡Oh! Gracias, Jung es un pensador incisivo, profundo y original. Su biografía es tan interesante como su teoría. Estoy deseando leer tus artículos :-)

    Comentario por Filousia — Domingo, 23 septiembre, 2007 @ 2:19 pm |Responder

  8. […] os traigo la segunda y última entrega de Pan y la pesadilla. Los epígrafes son […]

    Pingback por Pan y la pesadilla (y II): apreciaciones sobre la masturbación, la conducta y la locura « Cabalgando al Tigre — Martes, 16 octubre, 2007 @ 10:57 am |Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: