Cabalgando al Tigre

Miércoles, 2 enero, 2008

Realidad daimónica (VI): Muerte y renacimiento

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 1:38 pm

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Otro extracto de la Realidad daimónica, en la que se traza un paralelismo, en algunos momentos yo creo que abusivo, entre los ritos de iniciación y las abducciones. Y digo abusivo porque aunque en algunos aspectos se pueden encontrar elementos comunes en sus naturalezas, como agudamente señala Harpur, desde luego no dan el mismo fruto. Lo que sí es cierto es que lo terrorífico juega un papel destacado en ambos. A ver qué os parece.

————————-

La esencia de la iniciación, tanto para los abducidos como para los chamanes, consiste en la muerte y el rena­cimiento. En los ritos de pubertad, el yo infantil muere para que el yo adulto pueda vivir; el chamán es desmem­brado y resucitado, muriendo su antigua perspectiva cor­pórea y emergiendo de nuevo con una nueva perspectiva daimónica. Muchos pueblos tribales establecen «socieda­des secretas» cuyo propósito es iniciar a los adultos en el misterio de la muerte y el renacimiento mediante ritos que son del mismo tipo, aunque más suaves, que las ini­ciaciones chamánicas. Esta era también la norma en la antigua Grecia, donde cualquier persona mínimamente digna estaba iniciada en los Misterios que tenían lugar en Eleusis. La sabiduría de Sócrates y la filosofía de su dis­cípulo, Platón, no puede entenderse con propiedad sin tener en cuenta su iniciación en los Misterios de Eleusis. Puesto que estaba prohibido hablar de ellos, sabemos poco al respecto; pero, de manera significativa, se creía que giraban alrededor del mito de Deméter-Core-Hades: el mito clásico, en otras palabras, de muerte y rena­cimiento.

En su tratado De anima, Plutarco compara específica­mente la iniciación a los Misterios con la experiencia de muerte. Pues el alma, en la agonía, nos dice, «tiene la misma experiencia que aquellos que están siendo inicia­dos en los grandes misterios». Al principio, uno vaga de aquí para allá en las tinieblas; luego se topa con horrores que causan «escalofríos, temblores, sudor y asombro», hasta que al fin «lo prende una luz maravillosa» y es reci­bido en «prados y regiones puras, con voces y danzas y la majestad de sonidos y formas sagradas».

Proclo nos cuenta que «en el más sagrado de los mis­terios, antes de que el dios aparezca, se presentan ciertos dáimones terrestres [esto es, ctónicos], hay riñas que per­turban a quienes han de ser iniciados, los apartan de bie­nes no profanados y les hacen centrar su atención en la materia». Aquí, los dáimones nos distraen del elevado y simbólico propósito de la iniciación y dirigen de nuevo nuestra atención hacia el mundo físico o, mejor aún, lite­ral. Está claro que estos dáimones se cuentan entre los horrores de Plutarco, pues «los dioses nos exhortan a no mirarlos, hasta que estemos fortalecidos por los poderes que confieren los misterios. Pues así lo dicen: no es apro­piado que los contemples hasta que tu cuerpo no esté ini­ciado».

Acordémonos de que en enero de 1984 Kathie Davis regresó mediante hipnosis al momento en que comenza­ron sus singulares experiencias (y su rememoración de experiencias aún más tempranas): la extraña luz que vio en su caseta de la piscina. Aquel recuerdo que empezaba a aflorar la asustó tanto que tuvieron que sacarla del estado hipnótico; había oído una voz en su cabeza diciéndole que, si recordaba algo más, moriría. Y, en efecto, expli­có que sentía el cuerpo «como si fuera a morir». No dijo que iba a morir ella, sino tan sólo su cuerpo.

El hecho es que, al final, acabó recordando los acon­tecimientos de aquella noche y, por muy temibles que fuesen, su cuerpo no murió. Así pues, quizá podríamos pensar en su sensación de inminente muerte física como la clase de muerte asociada a la iniciación, aquella sensa­ción pasmosa de que a uno le desmiembran y le dan la vuelta a la propia perspectiva corpórea, de que lo arran­can de la realidad literal, de este mundo y de nuestro lazo con él. Ésta puede ser una muerte más dolorosa que la física porque es la muerte de todo aquello que pensamos que somos. También es el principio de un nuevo tipo de yo, un renacimiento.

Como los iniciados a los Misterios (como los abducidos), todos los chamanes hacen hincapié en el horror de la iniciación, incluyendo el encuentro con sus espíritus asistentes o tutelares, que pueden parecer aterradores. Pero, como advirtió un chamán australiano, podemos obtener el poder de los espíritus siempre que no nos inti­miden hasta dejarnos llevar por el pánico. En otras palabras, no hay nada que indique que el miedo y el dolor sean malos o erróneos, como tienden a sugerir las ideologías y psicoterapias modernas y laicas. Los sueños están repletos de miedo y dolor. Igual que los mitos y las religiones. Sólo hay que pensar en la Crucifixión como modelo de muerte iniciática y resurrección: el heroico Dios-hombre ruega que aparten de Él el amargo cáliz. No sucede así. Lo azotan, lo coronan con espinas, lo atra­viesan con clavos y con una lanza en el costado; lo cuel­gan de una cruz y lo dejan morir; desciende al Infierno y, al tercer día, asciende a los cielos, donde se sienta a la derecha de Dios Padre.

En la experiencia de casi muerte del señor Cunningham (el hermano Drythelm), que estableció el patrón para la mayoría de los subsiguientes viajes cristia­nos ultramundanos, recordemos que los demonios le infligían dolor y terror en el reino intermedio del Purgatorio. Aquí, la iniciación se cristianiza en forma de cas­tigo por el pecado, mientras que el renacimiento se tra­duce en conversión. Algo de esta influencia cristiana -de esta influencia demonizante- persiste en los modernos mitos de abducción. El primer informe completo de una abducción por parte de los «grises», que ya nos resultan familiares, es el de la que sufrieron en septiembre de 1961 Betty y Barney Hill, mientras conducían por una carre­tera desierta. Las dos víctimas fueron sometidas a la habitual operación de exploración: mientras que a Barney le colocaron un artilugio con forma de copa en los genitales -que le dejó un anillo de marcas rojas-, Betty recordó (bajo hipnosis) que le habían atravesado el abdomen con una aguja. Se trata, por supuesto, de una tortura tradicional empleada por los demonios en la ico­nografía cristiana; la misma operación puede verse, por ejemplo, en el Kalendrier des Bergiers del siglo XV, donde aparecen demonios torturando a las almas condenadas. Así pues, los cristianos fundamentalistas, especialmente locuaces en los Estados Unidos, no carecen completa­mente de justificación al ver a los grises como poco más que demonios al servicio de Satanás.

Otro enfoque, esta vez laico, que se ha puesto de moda en Norteamérica es tratar a los presuntos abducidos no como a pecadores castigados por demonios, sino como a víctimas. Se determina que sufren un «desorden y estrés post-traumático», y se les contempla con indepen­dencia de toda creencia en el origen de su trauma, del mismo modo que a las víctimas de violaciones o a los supervivientes de guerras. En otras palabras, su experien­cia se considera una cuestión médica y se despoja de su potencial hondo e iniciático, por no decir religioso. (Págs. 344-347)

 

En los viejos tiempos, los sueños se tenían en gran consideración. Hemos tendido a suprimirlos, a mostrar­nos recelosos con ellos, a escudriñarlos en busca de signos de locura. No es extraño que lleguen con dificultad y dis­torsionados. Tal vez nos toque a nosotros abandonar nuestro mundo iluminado y egoísta e ir adonde están ellos, en lo oscuro, aunque haya que hacer lo imposible. Y es que soñar puede ser el único método de iniciación que nos queda: cada noche nos trae una «pequeña muer­te» con que irnos aclimatando al Otro Mundo, ensayan­do el viaje que todas las almas deberán realizar al final. (Pág. 351)

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8 comentarios »

  1. Hola Aspiranteadomador, si se demostrara una abducción extraterrestre, no habría mayor rito iniciático que a uno le pueda pasar. Mientras llega ese momento (…?) existen en muchas culturas ritos de paso que nos llevan de un estado a otro, de un espacio y un tiempo a otro, y que, por tanto, nos “abducen” o separan del estado inicial. Y mientras, en nuestro estado liminar (o limbo), seguimos alejados de nuestros daimones. Se hace urgente buscar un cruce de caminos, a ver si allí nos encontramos a Hermes… ¿Alguien tiene el telefono de un buen chamán? ;-)

    Comentario por Filousia — Miércoles, 2 enero, 2008 @ 7:51 pm |Responder

  2. Dicen, amiga Filousia, que esas cosas aparecen cuando uno está preparado, pero a mí personalmente me preocupa muy poco en los últimos años: pienso que la vida que a uno le toca vivir es expresión de su propia naturaleza, para bien y para mal. Soy consciente de las implicaciones que tiene lo que digo y las muchas críticas que se pueden hacer a esto incluso más allá de la vaguedad de la formulación, pero desde muchos puntos de vista lo veo consistente con lo que observo. Qué importante es asumir la propia responsabilidad de lo que a uno le pasa… y qué difícil. Feliz año nuevo.

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 3 enero, 2008 @ 1:15 pm |Responder

  3. Existe una canción de la banda británica Radiohead que expresa a la perfección esa nostalgia por ser abducido para vivir la experiencia como una iniciación que te permita entender el sentido de la vida. Es muy bonita, tal vez la hayáis escuchado alguna vez. Pertenece a su álbum “Ok Computer”.
    Os dejo aquí la letra. Pura poesía:

    “Subterranean Homesick Alien”

    The breath of the morning
    I keep forgetting
    The smell of the warm summer air

    I live in a town
    Where you can’t smell a thing
    You watch your feet
    For cracks in the pavement

    Up above
    Aliens hover
    Making home movies
    For the folks back home

    Of all these weird creatures
    Who lock up their spirits
    Drill holes in themselves
    And live for their secrets

    They’re all uptight
    Uptight.. [x7]

    I wish that they’d swoop down in a country lane
    Late at night when I’m driving
    Take me on board their beautiful ship
    Show me the world as I’d love to see it

    I’d tell all my friends
    But they’d never believe
    They’d think that I’d finally lost it completely

    I’d show them the stars
    And the meaning of life
    They’d shut me away
    But I’d be all right
    All right..

    I’m just uptight
    Uptight.. [x7]

    Comentario por Pola — Jueves, 3 enero, 2008 @ 1:48 pm |Responder

  4. Existe una canción de la banda británica Radiohead que expresa a la perfección esa nostalgia por ser abducido para vivir la experiencia como una iniciación que te permita entender el sentido de la vida. Es muy bonita, tal vez la hayáis escuchado alguna vez. Pertenece a su álbum “Ok Computer”.
    Os dejo aquí la letra. Pura poesía:

    “Subterranean Homesick Alien”

    The breath of the morning
    I keep forgetting
    The smell of the warm summer air

    I live in a town
    Where you can’t smell a thing
    You watch your feet
    For cracks in the pavement

    Up above
    Aliens hover
    Making home movies
    For the folks back home

    Of all these weird creatures
    Who lock up their spirits
    Drill holes in themselves
    And live for their secrets

    They’re all uptight
    Uptight.. [x7]

    I wish that they’d swoop down in a country lane
    Late at night when I’m driving
    Take me on board their beautiful ship
    Show me the world as I’d love to see it

    I’d tell all my friends
    But they’d never believe
    They’d think that I’d finally lost it completely

    I’d show them the stars
    And the meaning of life
    They’d shut me away
    But I’d be all right
    All right..

    I’m just uptight
    Uptight.. [x7]

    Comentario por Pola — Jueves, 3 enero, 2008 @ 1:49 pm |Responder

  5. Muy interesante.

    No creo que sea adecuado relacionar las abducciones con lo iniciático. Sea lo que sea lo que ocurre en realidad en los casos de abducción “extraterrestre” -la hipótesis de que se trate de alguna clase de manifestación demoníaca, infrahumana o de las regiones más oscuras del subsconsciente no me parece en principio descabellada, pero vaya usted a saber-, como tú bien has comentado, Aspirante, los frutos no son los mismos.

    Me parece muy interesante (además de inquietante) el detalle que Harpur hace notar sobre la semejanza entre las torturas de los demonios medievales y las de los modernos “extraterrestres”. Es quizá una pista importante para averiguar de qué se trata, pero -desde mi ignorancia del asunto, desde luego- pienso que para ello habría que partir de la base del conocimiento del cosmos de la sabiduría tradicional, para evitar extraviarse. Y tener en cuenta que, desde el punto de vista del Absoluto, no hay tales demonios (aunque los haya, vaya).

    Un saludo cordial y feliz año nuevo.

    Comentario por Candelero — Jueves, 3 enero, 2008 @ 10:06 pm |Responder

  6. Gracias Pola por la canción; no la conocía, aunque la verdad a mí no me gustaría nada sufrir una abducción; qué experiencia terrible, que encima abriría puertas que yo no me siento capaz de manejar. Otra cosa sería una iniciación, con su guía y su marco tradicional, en la línea de lo que Candelero dice. Llamadme cobarde, no faltaréis a la verdad, pero abrir la caja de Pandora (en mi opinión las abducciones lo hacen) no tiene marcha atrás, y yo hay (muchas) cosas con las que no me siento capaz de bregar.

    Comentario por Aspirante a domador — Viernes, 4 enero, 2008 @ 1:53 pm |Responder

  7. Bueno, bueno, el que habla de su deseo de ser abducido es Thom Yorke, no yo…
    En realidad opino lo mismo que Candelero y tú, sólo que en la canción la abducción se asemeja más a lo que yo llamaría una iniciación.
    Aún a riesgo de cansar con el tema (es lo que tiene cuando algo te apasiona, jeje), hay otra canción de Radiohead en su último disco que (según mi interpretación) sí habla de un proceso de iniciación pero más parecido a la llamada del chamán. Si te apetece leer un post que he escrito sobre lo que me inspira lo tienes en:
    http://nekamu.wordpress.com/2007/12/08/weird-fishesarpeggi-la-transmutacion-segun-radiohead/

    Y Filousía, cuando el ánimo se encuentra trasformado, cuando sí es oro todo lo que reluce, no es difícil encontrarse con Hermes sentado tranquilamente bajo el árbol de un parque.

    Por cierto, siento haber publicado dos veces mi comentario anterior, ha sido un error.

    Un abrazo y feliz año!

    Comentario por Pola — Viernes, 4 enero, 2008 @ 3:14 pm |Responder

  8. Gracias, Pola, te he dejado un comentario en Nekamu.

    Abrazos y felices Reyes Magos; que os traigan mucha magia.

    Comentario por Aspirante a domador — Domingo, 6 enero, 2008 @ 12:57 pm |Responder


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