Cabalgando al Tigre

Viernes, 7 marzo, 2008

Espiritualidad Creativa (I): introducción de Richard Tarnas

Filed under: Pensadores de interés — by Aspirante a domador @ 10:55 pm

espcreat.jpgBueno, pues preparaos. El libro del que en este y sucesivos posts os voy a traer algunos fragmentos se titula Espiritualidad Creativa. Una visión participativa de lo transpersonal, de Jorge N. Ferrer, Ed. Kairós, Barcelona 2003, 324 págs., traducido de Alicia Sánchez. Y digo preparaos porque es, debo decir, algo árido; requiere atención y el conocimiento siquiera somero del mundillo de las ideas tradicionales y de la psicología transpersonal, así como un cierto vocabulario específico de ésta, pero en último término nada que no se pueda suplir con algo de dedicación. Sinceramente, creo que merece la pena, aunque aviso: la aproximación perennialista (en la cual yo me encuentro cómodo) recibirá críticas tan duras como, creo yo, pertinentes. Veréis, los que tengáis la paciencia de leerlo, que Ferrer abre perspectivas muy dignas de tener en cuenta, junto a algún toque que a mí personalmente me resulta sospechosamente New Age, quizá por prejuicio… o quizá no. No importa; en definitiva lo esencial es que el autor se ha batido el cobre en serio, y ha escrito un jugoso compendio de las dos corrientes más importantes de la psicología transpersonal: el perennialismo y el contextualismo, los cuales expone, critica a continuación sus debilidades y por fin propone una visión alternativa: la participativa. Pero antes de dejar el texto, unas palabras sobre la no muy cuidada edición; las fuentes son de buen tamaño y los tipos de letra son claros, por lo que en este aspecto es correcta, mas no se puede decir lo mismo de las hojas de cartulina que hacen las veces de tapas, que mucho antes del otoño se os caerán. También es verdad que no las echaréis de menos, teniendo en cuenta la desasosegante composición con la que va vestida el libro; a la izquierda tenéis la portada, para vuestro solaz. Morado espíritu, eso sí. Y el título, ¿por qué no respetar el original, más apropiado y en consonancia con el contenido, Revisioning Transpersonal Theory (“Revisando la Teoría Transpersonal”)? ¿Quizá un movimiento de márquetin de «todo a cien»? Pues se han lucido. Qué lástima, un libro de texto disfrazado de manual de autoayuda. En cuanto a la traducción, pues flojo. Entre errores sintácticos, tipográficos y de coherencia he apuntado una veintena, algunos flagrantes (incluso en algunos párrafos trata al lector de usted y en otros le tutea); no me voy a entretener en eso (aunque si a alguien le interesan los tengo apuntados), pero es un elemento que dificulta la lectura de un libro ya de por sí denso. En fin, a lo que importa: de momento, parte del excelente prólogo con el que Richard Tarnas introduce el libro. Que lo disfrutéis, amigos.

————————————-

Pero, tal como ahora nos revela el trabajo de Jorge Ferrer, las propias circunstancias de los orígenes de la psicología transpersonal, nacida tal como fue, de una ciencia moderna enraizada filosóficamente en la Ilustra­ción, llevaron a este campo a construir sus fundamentos y estructuras teó­ricas sobre principios heredados que, aunque cruciales para su éxito inme­diato, demostraron ser profundamente problemáticos a largo plazo. Con el centro de atención de la modernidad puesto sobre el sujeto cartesiano in­dividual como base y punto de partida para cualquier comprensión de la realidad, con la extendida afirmación de la separación epistemológica en­tre el sujeto conocedor y una realidad objetiva independiente y, por último, con el moderno desencantamiento de la naturaleza y el cosmos, era prácti­camente inevitable que la psicología transpersonal emergiera como lo hizo: con un compromiso contundente de legitimar la dimensión espiritual de la existencia mediante la defensa del valor empírico de las experiencias intrasubjetivas individuales y privadas de una realidad espiritual universal independiente. La cosmología moderna, al vaciar de significado o estruc­tura espiritual el universo externo de público acceso, llevó a que la valida­ción empírica de una realidad espiritual fuera buscada en la experiencia in­trasubjetiva y privada. Y dado que la experiencia de dicha realidad espiritual última se consideraba compartida por los místicos de las distin­tas eras, tal experiencia era, al igual que la verdad científica, no sólo inde­pendiente de las interpretaciones y proyecciones humanas, sino también empíricamente replicable por cualquiera que estuviera adecuadamente preparado para implicarse en las prácticas necesarias. A su vez, esta reali­dad suprema validada por consenso se veía como constituyente de una única Verdad absoluta que podía incluir la diversa pluralidad de todas las perspectivas espirituales y culturales posibles dentro de su unidad última. Ésta era la Verdad esencial y trascendente en la que todas las religiones acababan convergiendo en su corazón místico.

El compromiso de la psicología transpersonal con dicha epistemología y ontología, sin duda, también reflejaba el poderoso legado del humanis­mo moderno y de la más antigua tradición humanista occidental que se re­monta al Renacimiento y a la Grecia clásica, la cual exaltaba el valor so­berano del individuo: de la experiencia individual humana, del potencial humano y de la autorrealización. Además, la expansión e intensificación de la subjetividad privada fruto de la experimentación psicodélica, factor clave en la transformación filosófica de toda una generación de pensadores transpersonales, jugó un papel crítico en reforzar el compromiso de la psicología transpersonal con tal empirismo interno.

Menos evidente, aunque no menos influyente, fue el gran drama sub­yacente del yo moderno occidental a medida que se esforzaba por emerger de su matriz histórica religiosa, es decir, a medida que se autodefinía como autónomo diferenciándose así en cierto sentido del cristianismo, el princi­pal contenedor del impulso espiritual de Occidente durante casi dos mile­nios. Todas las figuras más destacadas de la psicología transpersonal trabajaban dentro, y reaccionaban en contra, de una tradición cultural oc­cidental cuya imaginación religiosa había sido profundamente informada y problemáticamente dominada por el cristianismo. Las razones de tales tensiones son muchas y complejas, pero, en general, todo el colectivo transpersonal y el de la contracultura de la cual formaba parte, compartían una respuesta antagónica -a veces sutil, otras explícita- hacia el legado ju­deocristiano en Occidente, y esto a su vez influyó y fomentó su inmensa atracción hacia las riquezas espirituales de Oriente. Más allá de la dimen­sión explícitamente espiritual y religiosa de esta actitud, sin embargo, todos los líderes del movimiento transpersonal compartían el contexto más amplio de la lucha histórica de la Ilustración contra la religión cristia­na por el predominio en la visión moderna del mundo.

El impulso de la Ilustración privilegiaba la verdad universal de una re­alidad objetiva: una verdad independiente y sin ambigüedades que se pu­diera confirmar mediante la experiencia directa y los procedimientos ex­perimentales apropiados, que trascendiera la diversidad de las varias perspectivas culturales y personales, que limpiara la mente de toda distor­sión subjetiva e ilusión supersticiosa, que desmitificara la realidad de toda carga mitológica y proyecciones antropomórficas. Este impulso preponde­rante permitió al proyecto moderno liberar al pensamiento humano de las constricciones percibidas en un cristianismo dogmático.

Pero ahora la psicología transpersonal estaba motivada por el mismo impulso en una nueva conquista, esta vez centrada no en la naturaleza del mundo material sino en la naturaleza de la espiritualidad: a saber, liberar a la espiritualidad de su anterior asociación obligatoria con la ahora cada vez más relativizada religión cristiana y, al mismo tiempo, liberarla de su negación por parte de la ciencia moderna, sin dejar de ser fiel a los princi­pios científicos de comprobación y verificación empírica. A su vez, esta búsqueda se vio profundamente afectada por el difundido encuentro con diversas prácticas y perspectivas místicas asiáticas, por lo general despo­jadas de sus complejos contextos culturales y con el énfasis puesto en una meta contemplativa de trascendencia no dualista. El resultado combinado de todos estos factores fue el compromiso de la teoría transpersonal con una “filosofía perenne” la cual, en esencia, daba prioridad al mismo tipo de verdad en el mundo psicoespiritual que la Ilustración racionalista había fa­vorecido en el mundo físico: una verdad universal impersonal y pre-dada, independiente de toda interpretación cultural y subjetiva, que pudiera ser verificada empíricamente por una comunidad adecuada de investigadores mediante las metodologías apropiadas. Esta Verdad perennialista era la verdad más elevada, superior a todas las demás. Era la única Verdad capaz de incluir y definir a todas las demás verdades.

En cierto sentido, los principales pioneros y teóricos de la psicología transpersonal tenían dos objetivos. Por un lado, querían legitimar su nue­va disciplina y el valor ontológico de la espiritualidad a los ojos de la cien­cia empírica, la fuerza dominante en la visión moderna del mundo. Por otro lado, sin embargo, también pretendían legitimar la espiritualidad y su disciplina ante sus propios ojos, lo cual les exigió que satisficieran ciertos criterios y suposiciones de la ciencia empírica que ellos mismos habían in­ternalizado en el curso de su propio desarrollo intelectual.

La creencia en una realidad objetiva pre-dada -ya sea espiritual o ma­terial- que pudiera ser verificada empíricamente; la convicción adicional de que esta realidad era en última instancia singular y universal, indepen­diente de la diversidad de las interpretaciones humanas, y de que sus es­tructuras profundas podían ser descritas mediante representaciones cada vez más exactas a medida que la historia del pensamiento progresara; la creencia derivada de que sobre esta base se podían hacer evaluaciones cla­ramente bivalentes, ya fueran afirmativas o de rechazo, respecto a todas las perspectivas espirituales y psicológicas “rivales”, y que se podían esta­blecer clasificaciones jerárquicas de las distintas tradiciones religiosas y experiencias místicas como más o menos evolucionadas según su exacti­tud relativa en representar tal realidad independiente, en fin, todos estos principios, derivados de la ideología científica de la modernidad, fueron incorporados en el paradigma transpersonal. Y al ser incorporados, ayuda­ron a legitimar el paradigma al mismo tiempo que fueron generando un número cada vez mayor de tensiones internas, incoherencias teóricas e in­cluso conflictos interdepartamentales.

En la práctica -en el nivel básico, por así decirlo, en la realidad coti­diana- el mundo transpersonal fue desde el principio una comunidad de buscadores y de académicos, de estudiantes y de maestros, extraordinaria­mente inclusiva, tolerante y ricamente pluralista. Los multitudinariamente atendidos encuentros periódicos alrededor del mundo de la International Transpersonal Association, fundada por Grof en los años setenta, fueron acontecimientos de una riqueza excepcional, cada uno de ellos caracteri­zado por una combinación de congreso de psicologías de diversas orienta­ciones, festival cultural de la Nueva Era y algo semejante al World Parlia­ment of Religions (Parlamento mundial de las religiones). Pocos encuentros podían ser más fértiles en cuanto a diálogo se refiere. Un ethos similar impregnaba los seminarios, simposios y talleres del Esalen Institu­te, uno de los epicentros del mundo transpersonal durante muchos años.

Pero en el plano teórico, en libros, revistas y clases universitarias, los marcos conceptuales transpersonales más enérgicos y discutidos se carac­terizaban por un compromiso cada vez más intenso con una sola verdad universal absoluta, una lógica rígidamente bivalente y la construcción de metasistemas globalizadores que rechazaban o afirmaban con convenci­miento ciertas tradiciones espirituales y visiones filosóficas según crite­rios abstractos, clasificándolas jerárquicamente en secuencias evolutivas ascendentes. Este hecho ocasionó a su vez controversias y conflictos cada vez más agitados a medida que los representantes de una enorme gama de tradiciones y perspectivas -indígenas y chamánicas, esotéricas y gnósti­cas, románticas y neorrománticas, junguianas y arquetípicas, feministas y ecofeministas, espiritualidades neopaganas y del culto a la Diosa, misti­cismo natural, misticismos cristiano, judío e islámico, antroposofía, tras­cendentalismo americano, ecología profunda, teoría de sistemas, cosmolo­gía evolutiva, teología whiteheadiana del proceso, física bohmiana, entre otras muchas- todos afirmaban el valor intrínseco de sus posturas en con­tra de las superestructuras teóricas por las cuales se sentían marginados, devaluados y mal representados. La situación se complicó adicionalmente debido a que los propios datos de la psicología transpersonal -los descu­brimientos de la investigación moderna sobre la conciencia, las terapias experienciales, los informes psicodélicos, las emergencias espirituales, la investigación sobre los estados de conciencia no ordinarios, la antropolo­gía de campo, la tanatología, los relatos de los místicos de diferentes cul­turas y épocas- sugerían un cuadro mucho más complejo del que los prin­cipales sistemas teóricos podían acomodar. Hacia los años noventa, una especie de guerra civil se había declarado, una crisis que sumió a este cam­po de estudios en la controversia y el cisma.

[…]

Ferrer critica el empiris­mo intrasubjetivo importado de la ciencia experimental que ha dominado este campo y lo ha colonizado con requisitos inadecuados y contraprodu­centes de replicación, verificación y falsación. Y afirma la validez de una multiplicidad de liberaciones espirituales, en la cual las diversas tradicio­nes y prácticas espirituales cultivan y “enactúan” una pluralidad de autén­ticos principios espirituales últimos, engendrados a través de un proceso de participación co-creativa en un poder espiritual dinámico e indeterminado. Con esta intuición crucial sobre la naturaleza participativa, “enactiva” y pluralista de la verdad espiritual, el campo transpersonal se libera a sí mismo para entrar en un nuevo mundo de apertura al Misterio del ser que es su fundamento, una liberación que permite un renovado diálogo respe­tuoso y fructífero entre las diversas religiones, perspectivas metafísicas y prácticas espirituales. Al cortar el nudo gordiano que había ligado invisi­blemente a la teoría transpersonal con la Ilustración, como un cordón um­bilical todavía por caer, los estudios transpersonales pueden ahora abrirse a nuevos horizontes, con su visión ya no dividida por un fútil y tan a me­nudo intolerante debate carente de diálogo.

Aplaudo la afirmación enfática de Ferrer del Misterio que concierne a toda investigación transpersonal y espiritual, la ilimitada libertad creativa del fundamento último, su liberador desafío a todo esquema intelectual que reivindique teorizar sobre la totalidad de la realidad. Y esta afirmación no es alcanzada simplemente mediante declaración apodíctica, sino a tra­vés de un riguroso análisis epistemológico de las teorías transpersonales pertinentes, de una comparación igualmente meticulosa de los informes transculturales religiosos y místicos, y de una crítica incisiva de la prácti­ca espiritual contemporánea. Es un placer el observar aquí cómo una men­te poderosa se consagra al servicio de la apertura del Misterio de la exis­tencia, en lugar de intentar contener, categorizar y jerarquizar al servicio de las necesidades de un sistema teórico global.

[…]

Las realidades transpersonales nunca podrán ser descritas adecuada­mente o con exactitud mediante clasificaciones jerárquicas de los caminos y perspectivas espirituales de la humanidad, establecidas de acuerdo a una realidad universal pre-dada. En contraste, las realidades transpersonales sólo son discernibles a través de una actitud dialógica, dirigida inteligen­temente, y con corazón, hacia el Misterio que es la fuente de todo lo que existe. Una actitud dialógica respetuosa de la diversidad de las autorreve­laciones de la sabiduría, así como de las profundidades irreducibles de su misterio, inteligencia y poder. En resumen, un acto tanto del corazón como de la mente, ambos inextricablemente unidos.

Quizás ahora podamos reconocer la gran tentación a la cual sucumbió temporalmente nuestra disciplina, observable en ciertas etapas de la bús­queda intelectual y espiritual, una tentación que cualquier mente brillante y espiritualmente informada puede encontrar: intentar dominar intelec­tualmente el Misterio, sobrepasar su poder, someter su libre espontanei­dad, demostrar cómo todo encaja en nuestro sistema personal, evitar los miedos y ansiedades psicológicas intrínsecas a hacer frente a lo gran des­conocido, aquello que jamás podrá ser dominado. Este libro ofrece la ma­triz teórica para honrar este reconocimiento, para honrar al Espíritu que, como el viento, sopla «allá donde quiere». (Págs. 13-19)

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8 comentarios »

  1. Quizá se deba a mi desconocimiento de la psicología transpersonal, pero aunque se tenga por ciencia, me ha sorprendido que tuviera unos planteamientos tan positivistas, buscando la dominación intelectual del Misterio, la pretensión de verdad única y cómo no, de autoridad para clasificar y decidir la validez de lo espiritual.
    En mi humilde opinión, en el último párrafo está una de las claves para el acercamiento al Misterio, y es precisamente el abandono de toda intención de dominio, y la superación de “los miedos y ansiedades psicológicas intrínsecas a hacer frente a lo gran des­conocido”.
    Como creo que ya comenté una vez en este blog (perdona si me repito Aspirante, pero puede que en este post sea más pertinente), un misterio no es para explicarlo, sino para vivirlo, y la tentación de dar una explicación analítica y racional, puede trivializarlo y arrebatarle su verdadero poder transformador. Moverse cómodamente en la incertidumbre y la duda creo que es esencial para el acercamiento a estos temas, pero esta forma de pensar suele estar bastante alejada de los esquemas comunes en los que nos educamos. Hablo de conseguir una visión que nos acerque de forma cómplice, ambigua y dúctil a la realidad.

    Muy interesante el texto. Ya me ha picado la curiosidad saber en qué consiste la visión participativa que propone el autor.

    Un saludo.

    Comentario por Pola — Domingo, 9 marzo, 2008 @ 2:26 pm |Responder

  2. Estoy de acuerdo contigo, Pola, y es que tratar de poner bajo un foco aquello que pertenece a lo crepuscular lo desvirtúa y banaliza en el mejor de los casos, eso si no lo transforma directamente en un monstruo aterrador.
    En cuanto a la visión participativa… bueno, a mí tampoco me epata, la verdad, pero me interesa sobre todo como alternativa y actitud iconoclasta frente a lo establecido en la psicología traspersonal.
    Un saludo.

    Comentario por Aspirante a domador — Lunes, 10 marzo, 2008 @ 8:50 am |Responder

  3. Este comentario estaba colgado de Realidad Daimónica (VI); lo muevo aquí.

    Aspirante

    ——————————————-

    Les envío una reseña que hice hace algún tiempo de la obra de Ferrer.
    Saludos
    Jorge

    Jorge Ferrer:
    ESPIRITUALIDAD CREATIVA. UNA VISIÓN PARTICIPATIVA DE LO TRANSPERSONAL
    Editorial kairós, Barcelona, 2003, 324 pp.
    Este libro fue publicado originalmente en inglés, en los Estados Unidos, por el psicólogo y filósofo español Jorge Ferrer.
    Lo que más nos llama la atención de este libro es que el autor es capaz de poner en tela de juicio arraigadas ideas sobre lo espiritual que nos parecían de una solidez inconmovible.
    El término transpersonal fue acuñado en la década de los sesenta en los Estados Unidos en el ámbito de los terapeutas interesados por las tradiciones espirituales de Oriente y que, algunos de ellos, también experimentaban con drogas psicodélicas. Lo transpersonal son las inquietudes, motivaciones, experiencias, estadios evolutivos (cognitivos, morales, emocionales, interpersonales, etc.), modos de ser y otros fenómenos que incluyen pero trascienden la esfera de la personalidad individual, el yo o ego. Por lo tanto, la teoría transpersonal estudia la dimensión transpersonal y espiritual de la naturaleza humana y de la existencia.
    El autor parte por realizar una labor de deconstrucción de la teoría transpersonal en sus tres supuestos fundamentales que se han vuelto problemáticos, para posteriormente reconstruir la teoría transpersonal desde la visión participativa, que es la propuesta que nos propone. Las tres supuestos deconstruidos y reconstruidos son:
    1. El experiencialismo, es decir la suposición de que los fenómenos transpersonales y espirituales son experiencias interiores individuales, algo muy propio de la new age.
    Frente al experiencialismo el autor establece un marco conceptual alternativo: la visión participativa, es decir, un cambio de énfasis desde las experiencias intrasubjetivas hacia los eventos participativos en nuestra comprensión de los fenómenos transpersonales y espirituales. Los eventos participativos son fenómenos transpersonales que pueden emerger en el locus de un individuo, una relación, una identidad colectiva o un lugar. En otras palabras el autor quiere sacar a la espiritualidad de su confinamiento en el espacio subjetivo, donde existe el peligro del egocentrismo, y expandirla a los otros dos mundos, el objetivo y el intersubjetivo.
    2. El empirismo interno, es decir la suposición de que la investigación transpersonal ha de estar fundamentada en la ciencia empírica. Así, según algunos, se podría comprobar científicamente la realidad de los estados meditativos y contemplativos.
    Frente al empirismo interno el autor afirma que la validez del conocimiento espiritual está más relacionada con su poder de emancipación del yo, de las relaciones y del mundo, es decir, su capacidad para liberar a individuos, comunidades y sociedades de ideas egocéntricas sobre la realidad y de formas de vida relacionadas con las mismas.
    3. Y, finalmente, está el supuesto del perennialismo o tradicionalismo integral, es decir, la visión de que las distintas tradiciones e intuiciones espirituales corresponden a diferentes interpretaciones, dimensiones o niveles de un fundamento espiritual último que es ambas cosas: pre-dado y universal. En esta perspectiva se ubican René Guénon y Frithjof Schuon entre otros.
    El cuestionamiento del perennialismo es el aporte más novedoso e inteligente del autor, vamos a dar algunos argumentos del autor:
    a. Se cuestiona la teoría perennialista de que hay una realidad última pre-dada que el Intelecto humano puede conocer de forma objetiva. La objetividad pura y la subjetividad pura no existen, toda objetividad tiene una referencia subjetiva y viceversa, esto es válido tanto para los mundos corporales como para los espirituales. Para hacer esta afirmación, el autor se basa en las investigaciones sobre la cognición realizadas por los biólogos y epistemólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela.
    b. También se cuestiona la atribución perennialista de un mayor poder explicativo o valor ontológico a lo que es común entre las tradiciones religiosas. ¿Porqué sólo lo común y no lo diferente? Cuando se enfatiza sólo lo común se pierde la singularidad de los mensajes espirituales. Frente al perennialismo el autor señala que la teoría transpersonal no necesita de él como marco metafísico fundacional, ya que las tradiciones espirituales cultivan, alumbran y expresan, en interacción con un poder espiritual indeterminado y dinámico, una pluralidad de fundamentos espirituales últimos. El autor expresa esto con la siguiente bella metáfora: “el Océano de la Emancipación tiene muchas orillas”. Por lo tanto la liberación budista se realiza sólo siguiendo el camino budista, la liberación cristiana se realiza sólo siguiendo el camino cristiano, y así con las demás tradiciones espirituales. Cada liberación es única e irrepetible, porque es producto de una interacción, entre el hombre y Lo Divino, también única e irrepetible. Es por eso que el autor rechaza la idea perennialista de una unidad trascendente de las religiones a la que se pueda acceder.
    Tal vez podríamos hacerle algunas críticas secundarias al autor, pero el núcleo de lo que nos propone nos parece sugerente y bastante convincente. Se debería establecer un fecundo diálogo entre la perspectiva perennialista y la perspectiva participativa que el autor nos propone, no nos cabe duda que nacerían de ese diálogo más amplios horizontes hermenéuticos.
    JORGE FUENTES

    Comentario por Jorge — Martes, 11 marzo, 2008 @ 8:51 am |Responder

  4. […] a meternos ya en harina con este interesante fragmento de la Espiritualidad creativa en el que Ferrer establece el marco del pensamiento perennialista en sus diversas modalidades; […]

    Pingback por Espiritualidad Creativa (II): tipos de perennialismo « Cabalgando al Tigre — Viernes, 14 marzo, 2008 @ 3:14 pm |Responder

  5. Quisiera hacer una precisión sobre una cuestión de lenguaje que, creo, puede ser importante para hablar de este libro. Me refiero a términos, frecuentemente utilizados, como «enactivo», «enactuar», «enacción», etc., que pueden despistar a más de uno, y que son una traducción cómoda pero problemática —por lo menos— de enactive, to enact, etc. El inglés enact es, ciertamente difícil de traducir y podrá asumir matices diversos según los casos, pero básicamente recoge la idea de poner en acto aquello que estaba en potencia (es decir, «actualizar» en el sentido estricto, que no se corresponde exactamente con el habitual de «poner al día») o, en términos más coloquiales, de llevar a la «práctica» lo que sólo era una posibilidad «teórica».
    Saludos.

    Comentario por Agustín — Sábado, 15 marzo, 2008 @ 11:27 am |Responder

  6. Muchas gracias por lo precisión, Agustín, y un cordial abrazo.

    Comentario por Aspirante a domador — Lunes, 17 marzo, 2008 @ 10:22 am |Responder

  7. […] os dejo la incendiaria tercera parte de la Espiritualidad Creativa de Ferrer. Los que, como yo, os encontréis cómodos dentro del marco Tradicional, encontraréis […]

    Pingback por Espiritualidad Creativa (III): deconstrucción del perennialismo tradicional « Cabalgando al Tigre — Viernes, 28 marzo, 2008 @ 9:57 am |Responder

  8. […] entrega de la Espiritualidad Creativa de Ferrer, en la que, a modo de resumen, da un repaso rápido a lo tratado a lo largo del libro y a […]

    Pingback por Espiritualidad Creativa (y V): resumen final « Cabalgando al Tigre — Lunes, 14 abril, 2008 @ 7:30 am |Responder


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