Cabalgando al Tigre

Viernes, 11 julio, 2008

Introducción a la vida angélica (I): sobre el Ángel

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 4:49 pm
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En éste y sucesivos posts voy a dejaros algunos fragmentos extraídos de la Introducción a la vida angélica de Eugenio D’Ors, Editoriales Reunidas S.A. Argentina, Buenos Aires 1941 (208 págs.). Estos recortes se refieren a diversos aspectos del “ángel”: primero a la deturpación que su “imagen” (a pesar de lo impropio del término) ha sufrido, después a su unión con el hombre y finalmente subraya una más que probable relación entre la Fravati (el ángel de la persa mazdea) y ángel custodio del cristianismo. Espero que os guste.

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Porque, si es cierto que de la fianza de que los pequeñuelos del Señor tengan su Ángel Custodio no puede inducirse que los demás no lo tengan, también es cierto que a tales o cuales disposiciones blanduchas del senti­mentalismo humano y al sentido de la vida propio de las épocas barrocas, ha podido tentarles caer en la presunción, sino en la doctrina, de que lo angé­lico tiene una relación casi exclusiva con lo infan­til; como si el sentido de esta asistencia superior le ligara a la inocencia y a la indefensión, y no como en otras concepciones más viriles, al combate, a la fuerza, a la inteligencia.

De lo cual, a la bastarda concepción del “Ángel-Nurse” no hay más que un paso, y otro hasta la concepción menos legítima aún, del “angelito”. Cupidillo mal disimulado, bebé con aletas. Concep­ciones y figuras culpables en fuerte proporción del carácter, tan difícilmente superable, de fábula y devoción pueriles en que han venido prácticamente a caer dentro de nuestro mundo moderno, la teoría de los Ángeles y su culto. (Págs. 101-102)

 

[Me pregunta un dominico francés:] ¿Cómo ve usted la unión entre «e1 Ángel y el alma humana, a lo largo del terreno existir del hombre?”.

Con la misma nitidez (que también nosotros so­mos, en nuestra guisa humilde y profana, un poco dominicos; es decir, milicianos, sino milites, de la inteligencia) contestamos: Vemos esta unión reali­zada en términos análogos a los de la unión, en el mismo terreno existir, del cuerpo con el alma. El hombre, como individuo, se compone de alma y cuerpo. El hombre, como persona, se compone de alma, cuerpo y Ángel.

Es una manera de unión funcional, sin equívoco de substancias. Pertenece, -digámoslo figurativa­mente, para abreviatura-, al orden de lo nupcial. El campo de las nupcias del alma y el cuerpo se llama “subconsciencia” o, aproximadamente, “ins­tinto”. El campo de las nupcias entre el Ángel y el alma se llama “sobreconsciencia” o, también aproximadamente “vocación”. A la actividad es­piritual que, consciente ya, frisa con la subcons­ciencia, cabe darle el nombre de “voluntad”, -en el amplio sentido leibniziano o schopenhaueriano-. A la actividad espiritual que, consciente aún, frisa con la sobreconsciencia, cabe darle, -en aná­logas condiciones-, el nombre de “representa­ción ”.

¿El cuerpo sin el alma puede subsistir? Sí, a condición de desindividualizarse, o sea, de conver­tirse en simple materia. ¿El Ángel sin el alma puede subsistir? Sí, a condición de despersonali­zarse, o sea de convertirse en pura sobrenaturalidad. (Págs. 203-204)

 

¿Tiene la noción del Ángel Custodio, que en el Nuevo Testamento encontramos madura y defi­nitiva, otro precedente al lado del bíblico, en las antiguas religiones de la Mesopotamia, el mazdeísmo especialmente? Sin duda. Pero en los lími­tes de tal precedente; sin llevar la idea a lo que llamaríamos su estado adulto; sin fijarla en clara formulación. Dentro de esos términos, por otra parte, no sólo cabe inquirir y encontrar anticipa­ciones en la Persia, sino más atrás, justamente en el animismo primitivo, o que tal se llama. Y algo os diremos también de éste, antes de referirnos a los destinos de lo angélico en la Iglesia cristiana…

Hoy por hoy, empero, lo que nos sale al paso, para la meditación de este lunes, es la tropa de los “Fravashis” del Avesta, brillante ejército alado, alguno de cuyos tránsfugas ligeros, bien pudo filtrarse hacia el cosmos religioso del pueblo de Israel, cuando la cautividad de Babilonia.

En rigor, poca necesidad tenía este último de recibir refuerzos tales. Substancialmente, ya lo he­mos dicho, el Ángel de Tobías es el Ángel de Agar. El paso del uno al otro, bien pudo realizarse sin recurso a influencias extrañas. Añadamos que, en términos generales, eso de explicar, en el campo de la cultura, “semejanzas” por “influencias”, constituye un expediente de crítica ya tan anticua­do como fué sobado; y que parte del error de igno­rar la existencia de “constantes” históricas, tra­ducidas a las épocas más distintas y a los lugares más separados, por una implícita dialéctica de las formas, independiente de los contactos materiales. Así, cuando la bailadora, “Argentina” -y perdo­nadnos lo profano del ejemplo-, encuentra un día, de “tournée” en el Japón, que ciertas expansiones líricas de allá se parecen muchísimo al auténtico “cante jondo” de aquí, ello no quiere decir ni que haya habido jamás una colonización nipona del Puerto de Santa María, ni que al revés, un día las “puellae gaditanae” se hayan extraviado hasta convertirse en “geishas” al pie del Fusiyama. Tampoco, y pese a todos los Strzygowski del mun­do, del hecho de que la ojiva de las catedrales gó­ticas aparezca antes en las construcciones navales o naviloides de los vikings significará necesaria­mente que esos hiperbóreos fuesen los maestros de los masones en la Isla de Francia. Pues, de igual modo, pudo al Arcángel de la visión de Ezequiel salirle una mano debajo del ala, sin necesidad de aprender de ningún “Fravashi” mesopotámico las ventajas de esta duplicación en las extremidades superiores.

Nuestro saber no nos permite, por otra parte, en el estado actual de los conocimientos relativos a este lejano mundo religioso, discernir de una ma­nera terminante la concepción del “Fravashi” en­tre los persas de su concepción del “alma del muerto”. Tampoco es fácil la discriminación entre el “Fravashi”, considerado como espíritu puro, y el “principio de animación” atribuido a ciertos elementos naturales, tales los astros, los agentes elementales, los cuerpos simples, los fenómenos meteorológicos. La complicación de los factores étnicos en juego acaba de complicar el problema. De una manera aproximada, hay lugar a atribuir a cuanto en semejantes creencias está marcado por un sello tosco y naturalista, que no parece conocer intermediario entre lo divino y lo material, un ori­gen semítico, particularmente, babilónico; al paso que lo procedente de manantial ario, los residuos, permanencias o resurrecciones de la vieja teogonia del Irán, conservan mejor un espiritualismo acorde con la devoción a entidades invisibles autónomas. Los “Fravashi” se incluyen, según toda probabili­dad, en el número y censo de éstas. Mas ¿cómo asegurarlo a través de interpretaciones cuya dificul­tad filológica constituye el primer y no el único obstáculo a cualquier pretensión de literalidad?

Ante este obstáculo -y puestos a mostrar la ge­neralidad de una creencia en el recuerdo de sus manifestaciones múltiples y espontáneas-, nuestro deber está, naturalmente, en dar una exégesis op­timista. Tratemos de simpatizar con los “Fravashis” y, para ello, de escoger la versión relativa a su existencia, atributos y funciones que resulten más próximas a las necesidades de nuestra concien­cia de hombres cristianos y modernos. Tales re­servas declaradas de antemano, podemos ya ver en los ” Fravashi” unos Ángeles Custodios. Y gustar plenamente, no sólo de la pureza moral de la doc­trina avéstica a ellos referente, no sólo de su poesía embriagadora, sino de su profundidad filosófica y de su verdad. (Págs. 105-108)

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3 comentarios »

  1. […] Introducción a la vida angélica (II): retrato y biografía Archivado en: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 1:45 am Tags: angel, biografia, d’ors, retrato Continuemos ahora con algunas apreciaciones interesantes sobre el retrato y la biografía, extraídos de la Introducción a la vida angélica. […]

    Pingback por Introducción a la vida angélica (II): retrato y biografía « Cabalgando al Tigre — Sábado, 26 julio, 2008 @ 1:45 am |Responder

  2. […] último, un breve párrafo sobre lo que D’Ors pensaba del psicoanálisis, extraídos de la Introducción a la vida angélica. Como veréis, D’Ors comparte la crítica fundamental que el pensamiento Tradicional siempre […]

    Pingback por Introducción a la vida angélica (y III): sobre el psicoanálisis « Cabalgando al Tigre — Viernes, 22 agosto, 2008 @ 5:41 pm |Responder

  3. Estoy muy interesada en conseguir un ejemplar de: INTRODUCCION A LA VIDA ANGELICA del autor; EUGENIO D`ORS
    Muchas gracias

    Angeles Ruibal

    Comentario por angeles ruibal — Lunes, 17 agosto, 2009 @ 12:01 pm |Responder


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