Cabalgando al Tigre

Viernes, 12 diciembre, 2008

El pensamiento del corazón (I): sobre el himma y el deseo

Filed under: Textos recomendados — by Aspirante a domador @ 11:20 am
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el-pensamiento-del-corazonEn ésta y próximas entregas dejaré a vuestra discreción algunos fragmentos del muy recomendable libro El pensamiento del corazón, de James Hillman, Ed. Siruela (colección Biblioteca de ensayo), Madrid 1999 (trad. de Fernando Borrajo, 188 págs.).  Empecemos por estos breves pero enjundiosos fragmentos: el primero nos habla sobre  la facultad propia del corazón, el himma, y su alcance, y el segundo hace un análisis hermético del desear y establece su relación con el himma. Veréis que propone una perspectiva de lo más estimulante.

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Esta capacidad retórica imaginativa es el himma de que habla Corbin en su estudio sobre Ibn ‘Arabi:

Ese poder del corazón es lo que designa específica­mente la palabra himma, una palabra cuyo contenido tal vez aclare mejor el término griego enthymesis, que signifi­ca la acción de meditar, concebir, imaginar, proyectar, desear ardientemente: dicho de otro modo, de tener (al­go) presente en el thymos, que es fuerza vital, alma, cora­zón, intención, pensamiento, deseo. (CI, pág. 224)

Como explica a continuación, este himma -el pensamiento del corazón en Ibn ‘Arabi- es capaz de hacer esencialmente real un ser externo a la persona que está en esa situación de enthymesis. El himma hace «reales» las figuras de la imaginación, esos seres con los que dormimos, paseamos y char­lamos, los ángeles y demonios que, según Corbin, se encuentran fuera de la propia facultad de ima­ginar. El himma es el medio a través del cual las imá­genes, que consideramos invención nuestra, se nos presentan como algo ajeno, como creaciones puras, como criaturas auténticas; y, en opinión de Corbin, sin el don del himma caemos en los modernos en­gaños psicológicos. Interpretamos erróneamente el modo de ser de esas imágenes, las figuras de nues­tros sueños o las personas de nuestras fantasías.

Creemos que esas figuras son subjetivamente rea­les, cuando lo que queremos decir es que son imaginalmente reales: tenemos la ilusión de que son in­vención nuestra, de que nos pertenecen, de que forman parte de nosotros, de que son visiones. O bien creemos que esas figuras son externamente reales, cuando lo que queremos decir es que son esencialmente reales: tal ocurre con las ilusiones de la parapsicología y las alucinaciones. Confundimos lo imaginal con lo subjetivo e interno, y lo esencial con lo externo y objetivo. (Págs. 17-19)

 

Al mismo tiempo que arde, el azufre también se solidifica; eso es lo que pega: el mucílago, «la cola», el aglutinante, la viscosidad del acoplamiento. El azufre literaliza el deseo del corazón en el instante mismo en que el thymos se entusiasma. La combus­tión y la coagulación se producen simultáneamente. El deseo se hace indistinguible de su objeto. Estoy unido a lo que me quema; estoy ungido con la gra­sa de mi propio deseo, soy prisionero de mi propio entusiasmo, y por tanto estoy exiliado de mi pro­pio corazón cuando creo que más me pertenece. Perdemos el alma justo cuando la descubrimos: «Dulce Helena», dice el Fausto de Marlowe, «hazme inmortal con un beso./ Sus labios aspiran mi alma: ¡mira hacia donde vuela!». Por eso Heráclito tuvo que oponer thymos a psique. «Cuando el thymos desea algo, lo compra a costa del alma» (DK: 85).

La psicología llama ahora «proyección compul­siva» a este amor presente en el corazón del león. La base alquímica de este tipo de proyección es en realidad el azufre del corazón, que no quiere reco­nocer que está imaginando. El himma objetivo es literalizado en los objetos de su deseo. La imagina­ción es impulsada hacia delante. Así pues, la tarea no consiste tanto en rescatar este tipo de proyec­ciones (¿quién las rescata y dónde las coloca?) cuan­to en saltar tras lo que se proyecta y reivindicarlo como imaginación, reconociendo así que el himma requiere que las imágenes sean experimentadas siempre como cuerpos sensuales independientes. Hay diversos modos de proyección: no se trata de un mecanismo unitario. La proyección cordial re­quiere un tipo de conciencia igualmente leonino: orgullo, magnanimidad, coraje. Desear y compren­der el deseo: ése es el coraje que exige el corazón. […]. De momento basta con recono­cer que la proyección compulsiva es una actividad necesaria del azufre: la forma de pensar del cora­zón, donde pensamiento y deseo son una y la mis­ma cosa. (Págs. 29-31)

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8 comentarios »

  1. […] a domador @ 10:35 am Tags: corazon, harvey, hillman, infarto, pensamiento Segunda entrega de El pensamiento del corazón, en el que Hillman describe cómo el ser humano ha pasado de poseer el “Corazón del […]

    Pingback por El pensamiento del corazón (II): sobre el cambio de corazón « Cabalgando al Tigre — Viernes, 19 diciembre, 2008 @ 10:35 am |Responder

  2. A raíz de esta entrada busqué información sobre el himma y encontré un fragmento de una obra de Corbin (“La imaginación creadora en el sufismo de Ibn ‘Arabî”), donde narra algunos ejemplos de esta visión de la propia vida del shaykh. Me parecieron muy ilustrativos y hermosos y me apetacía compartirlos (tal vez ya los conozcas).

    El texto completo puedes encontrarlo aquí:

    http://unviajeespiritual.blogspot.com/2008/04/la-trayectoria-vital-de-ibnarabi-y-sus.html

    “(Durante su adolescencia, Ibn Arabí) cae gravemente enfermo y la fiebre le sume en un profundo letargo. Se le da por muerto, mientras él, en su universo interior, se ve asediado por un grupo de personajes amenazadores de aspecto infernal. Pero he aquí que surge un ser de belleza maravillosa, suavemente perfumado, que repele con fuerza invencible a las figuras demoníacas. “¿Quién eres?” le pregunta Ibn’Arabî. “Soy la sura Yasîn.” Su desdichado padre, angustiado junto a su lecho, recitaba en aquel momento esa sura (la 36 del Corán) que se salmodia especialmente para los agonizantes. Que la palabra proferida emita la energía suficiente para que la forma personal que le corresponde tome cuerpo en el mundo intermedio o sutil, no es en absoluto un hecho insólito para la fenomenología religiosa. Ésta fue una de las primeras ocasiones en que Ibn’Arabî penetró en el ‘âlam-al-mithâl, el mundo de las imágenes reales y subsistentes, el mundus imaginalis al que ya antes nos hemos referido.
    El hecho no tardó en repetirse. Los recuerdos de adolescencia de Ibn’Arabî parecen haber quedado particularmente marcados por dos amistades espirituales femeninas, dos venerables mujeres sufíes, dos shaykha con las que mantuvo una relación de filial amistad: una fue Yasmina de Marchena; la otra Fátima de Córdoba. Esta última fue para él una espiritual; Ibn’Arabî nos habla con devoción de su enseñanza orientada a la vida de intimidad con Dios. Sus relaciones se rodean de un aura extraordinaria. Esta venerable shaykha, a pesar de su avanzada edad, era todavía de una belleza y una gracia tal que se la habría tomado por una joven de catorce años (sic), y el joven Ibn’Arabî no podía evitar enrojecer cuando miraba de frente su rostro. Tenía numerosos discípulos y durante dos años Ibn’Arabî fue uno de ellos. Entre otros carismas que el favor divino le había dispensado, Fátima tenía “a su servicio” a la sura Fâtiha la primera del Corán. En una ocasión en que se precisaba con urgencia una ayuda misericordiosa para una mujer en peligro, recitaron juntos la sura Fâtiha, dándole así forma consistente, personal y corporal, aunque sutil y etérea. La sura cumplió su misión, después de lo cual la santa Fátima recitó una plegaria con profunda humildad. El mismo Ibn’Arabî nos dará la explicación de estos hechos en páginas que aquí analizaremos y que describen los efectos de la energía creadora producida por la concentración del corazón (himma).”

    Cuando Hillman explica: “creemos que esas figuras son subjetivamente rea­les, cuando lo que queremos decir es que son imaginalmente reales”, apela a la misma necesidad de contar con la existencia del mundo intermedio que Patrick Harpur cuando habla de que la realidad daimónica es real, aunque no literal. Según propone el propio Corbin: “cualquier filosofía que pierde el sentido del mundo imaginal se cierra el acceso a los acontecimientos cuyo escenario constituye, y será víctima de los más falsos dilemas”.

    Un abrazo.

    Comentario por Pola — Lunes, 29 diciembre, 2008 @ 1:24 pm |Responder

  3. No, no los conocía, amigo Pola. Muchas gracias por tu interesante aportación.

    Un abrazo.

    Comentario por Aspirante a domador — Jueves, 1 enero, 2009 @ 7:04 pm |Responder

  4. […] — by Aspirante a domador @ 11:41 am Tags: bello, corazon, feo, hillman Tercera entrega de El pensamiento del corazón, en la que Hillman continúa explorando el mundo del imaginal. En estos fragmentos nos centraremos […]

    Pingback por El pensamiento del corazón (III): sobre la belleza y la fealdad « Cabalgando al Tigre — Viernes, 2 enero, 2009 @ 11:42 am |Responder

  5. […] Aspirante a domador @ 12:34 pm Tags: corazon, estetica, hillman, notitia, vision Continuando con El pensamiento del corazón, prestemos ahora atención a los efectos positivos de desarrollar una visión estética y la […]

    Pingback por El pensamiento del corazón (IV): la notitia « Cabalgando al Tigre — Viernes, 16 enero, 2009 @ 12:34 pm |Responder

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  7. […] esta sexta selección de El pensamiento del corazón Hillman reflexiona sobre el Alma del Mundo. Quizá os propongo un fragmento algo largo, pero creo […]

    Pingback por El pensamiento del corazón (VI): cómo figurarse el Alma del Mundo « Cabalgando al Tigre — Viernes, 30 enero, 2009 @ 10:59 am |Responder

  8. […] fragmento de El pensamiento del corazón: veamos las consecuencias que, según Hillman, se extraen de la “despersonalización” […]

    Pingback por El pensamiento del corazón (y VIII): un mundo sin alma « Cabalgando al Tigre — Viernes, 13 febrero, 2009 @ 10:36 am |Responder


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