Cabalgando al Tigre

Miércoles, 1 febrero, 2006

A propósito de la “Naturaleza” de la Tradición

Filed under: Notas "editoriales" — by Aspirante a domador @ 7:32 pm

Perrito.JPGEn relación a los comentarios del Dr. Piedra a propósito de la obra de Corbin y Sohravardî suscitados por el texto “El encuentro con el ángel”, de Agustín López Tobajas, el propio autor me envía por email una réplica que, por problemas técnicos, no ha podido colgar. Dado que considero que puede ser punto de partida de un interesante debate, voy a abrir con ella un nuevo hilo con el objeto de que opinéis sobre este siempre controvertido tema: la “naturaleza” de la Tradición y la vía de acceso al conocimiento transcendente. Una vez más, individualidad versus institución. Puños fuera.

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No es mi intención terciar en la conversación entre el «aspirante» y el «doctor» argumentando sobre Corbin o Sohravardî; creo que no tendría mucho sentido y, por otra parte, y para decirlo sinceramente, no tengo tiempo ni interés en ocuparme de cuántos guenones pueden equivaler a un corbin o viceversa. Agradeciendo al aspirante la atención prestada a mi texto y al doctor el tono amable con que se refiere a él, quisiera hacer, tan sólo, un par de observaciones más bien «metodológicas».En primer lugar, se impone una aclaración. Quien lea el comentario del doctor pensará sin duda que yo he dicho que la tradición es únicamente metahistórica o transcendente. Tal vez haya sido mi torpeza expresiva lo que ha llevado al doctor a atribuirme lo que yo nunca he pretendido decir. Afirmo, ciertamente, que «la tradición es, básica y esencialmente, una realidad metahistórica». ¿Quiere decir «básica y esencialmente» lo mismo que «únicamente»? A mí me parece que no. Si digo que la tradición es básica y esencialmente una realidad metahistórica, es, precisamente, porque creo que no es únicamente eso,  sino también una realidad histórica, si bien este aspecto está tan netamente subordinado a aquél ―o debería estarlo― como la tierra lo está al cielo, simbólicamente hablando, o el exoterismo al esoterismo.
Pero si este «deslizamiento semántico» es importante, no lo es, claro está, porque se desfiguren mis palabras, sino porque de esa forma se elude y se esconde el aspecto principal del asunto: la relación entre las dimensiones metahistórica e histórica de una tradición, problema arduo y tal vez espinoso desde el «institucionalismo» guenoniano. Que el doctor pretenda, además, cerrar la cuestión atribuyendo a la dimensión metahistórica el carácter de «intangible», como queriendo decir (no explícita, pero sí implícitamente) «intangible… y por tanto desdeñable», resulta un tanto desconcertante. ¿Es intangible la dimensión metahistórica de la tradición? Pues sí… en cierto sentido. Exactamente en el mismo en que lo es toda realidad espiritual. Intangible y, precisamente por eso ―diría yo― esencial.
Por lo demás, la argumentación del doctor para desautorizar a Sohravardî merece ser subrayada: Sohravardî formó parte del Islam, pero no de una tariqat; es decir, no se ajustó a las particulares opiniones de Guénon; por tanto, tiene que ser un filósofo;  por tanto, lo que dice TIENE QUE carecer de interés. Es decir, no se juzga al autor por la obra, sino a la obra por el autor; en definitiva, por lo que dice su carnet de identidad y no por los contenidos intelectuales de su discurso.Tal vez esto último sea tan sólo un lapsus del doctor que, en su entusiasmo guenoniano, no  ha reparado en que los medios utilizados para expresar las excelencias inigualadas de su mentor no eran quizá los más pertinentes. De ser así, no seré yo quien le acuse de ello; somos humanos y todos tenemos nuestras debilidades. El problema es que la citada «argumentación» se repite hasta la saciedad entre los adeptos de la escuela tradicional, en especial en ciertos sectores de la misma. Y eso puede ser indicio de algo más que unos descuidos.

Agustín

N.b.: No es preciso que se me aclare que Guénon no tenía opiniones y que no se le puede vincular a ninguna escuela. Conozco la historia.   

 

 

 

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5 comentarios »

  1. Estimados “bloguistas”:

    Me imagino que si el amigo Agustín tiene derecho a “cogérsela con papel de fumar” y quejarse de que se tergiversen sus palabras (incluso con mala intención, como parece sugerir al final de su mensaje) para que se le haga decir lo que no dice, yo debo tener el mismo derecho. De modo y manera que voy a ejercerlo para que quede claro de una vez por todas lo que se dice, lo que se quiere decir y lo que se oculta tras las palabras, de manera más o menos hábil. Y lamento si eso parece terminar con el ambiente algo distendido y jocoso que hasta el momento venía presidiendo los comentarios de este blog.

    1) Jamás he comparado a Corbin con Guénon ni he dicho en ningún sitio a cuánto equivale cada uno. En todo caso comparé el interés que para mí tienen las palabras de Teófano el Recluso con respecto a las de Sohravardi o las de Corbin. Lo único que he dicho respecto a Corbin es que me parece 6 órdenes de magnitud menos interesante que Teófano y que tan sólo es un filósofo (así lo afirma él cuando habla de sí mismo en alguno de sus textos que pueden visitarse desde esta misma web) y un buen traductor de persa, pero no un tan buen intérprete de las doctrinas que traduce.

    2) Es cierto que Agustín no afirma literalmente que la Tradición sagrada sea “exclusivamente” de orden metahistórico; ahora bien, de sus palabras puede deducirse sin demasiadas dificultades que la dimensión histórica o humana de la Tradición la reduce a una expresión puntual, esto es, a una relación individual entre el hombre (el individuo corporal, sensible) y su ángel (su contraparte sutil, suprasensible)…. y si no es así que se explique. Desde mi punto de vista la Tradición es cruciforme, tiene un brazo vertical, suprahumano, y un brazo horizontal, humano y, desde luego, tiene también una dimensión social que sería el nivel más exterior del brazo horizontal. Pero si suprimes un brazo, ya sea el horizontal o el vertical, ya no hay cruz, que es lo mismo que decir que ya no hay Tradición que merezca tal nombre. Por que una Tradición es algo que se transmite y que se recorre en horizontal y en vertical, que tiene muchísimos niveles de realidad y de comprensión y que no puede reducirse a una “dualitud” ni a una sicigia ni a un “individualismo místico”, el cual no oculta en realidad más que una filia por el equivalente al “libre examen” trasladado al ámbito de la realización iniciática operativa, por contradictoria que sea semejante cosa, y sean cuales fueren los adornos con que se la quiera vestir.

    3) No recuerdo haberme definido como “guénoniano” ni mucho menos como “institucionalista guénoniano” y no sé a qué clase de “patología” corresponde semejante “etiqueta”, la cual me parece más bien un “invento del tebeo” para intentar ocultar, bastante burdamente, dicho sea de paso, alguna carencia personal de quien la emplea para arrojársela a los demás a la cara sin venir a cuento. Me imagino que es muy fácil identificar la obra de Guénon con la utilización más o menos “delictiva” que algunos mal autodenominados “guenonianos” (sin acento) han hecho y hacen de ella. Pero ése no es un problema de dicha obra sino de aquellos que no saben, no quieren o no pueden distinguir una cosa de la otra, ni tienen más o menos claro un criterio decente para diferenciar ambas realidades. A mi modo de ver, tan “delictiva” es la tarea de quien se parapeta en la obra de Guénon para hacer de su capa un sayo y justificar lo injustificable, como la de quien, aprovechando esa desgraciada circunstancia, se apresura a denigrarla con mejor o peor suerte, pero sin exhibir ningún argumento de peso.

    4) Ciertamente la dimensión metahistórica (yo más bien diría inmutable) de la Tradición no puede ser sino intangible, ahora bien, ¿desde cuando intangible quiere decir explícita o implícitamente “desdeñable”, y mucho menos cuando se habla de temas tradicionales?. Bonito ejemplo de “deslizamiento semántico” y qué curioso que lo emplee con los demás quien se queja y se declara víctima de ello. Eso sí que es pura y simplemente una manipulación descarada…. felicidades.

    5) No he desautorizado en ningún momento a Sohravardi, ni he dicho que lo que dice carezca completamente de interés; lo único que he dicho es que no ha pertenecido a una tariqah (y eso no lo digo yo, lo dice él, lo dice Corbin y lo dice Agustín y, de paso, también lo dice Guénon en una reseña incluida en “Esoterismo islámico y taoísmo”) y que, por lo tanto, pongo en duda que su obra puede considerarse de orden esotérico y, de ahí, que quizá haya que considerarla como de orden puramente filosófico, neoplatónico para más señas.

    6) No creo que el hecho de pertenecer o no a una tariqah y, por lo tanto, a una orden iniciática islámica, para considerar a alguien como un iniciado y a su obra doctrinal como perteneciente al orden esotérico, responda en absoluto “a las particulares opiniones de Guénon” (contra el que Agustín parece demostrar algún tipo de animadversión, extrañamente casi personal); me da la impresión de que más bien responde a la propia estructura de la tradición islámica. Es incomprensible para mí que alguien discuta esto. Otra cosa es dilucidar cuál es el caso de Sohravardi y qué es esa “silsilat al-irfan” a la que se remite y con qué derecho lo hace. Cualquiera puede vincularse de manera ideal a lo que le venga en gana con el nombre que le venga en gana y no por eso hay que concluir que esa vinculación sea iniciática y/u operativa. Tenemos muchos ejemplos de ello tanto en la actualidad como en la historia. Y no estoy diciendo tampoco que Sohravardi haya hecho eso sino que habría que ver a qué se refiere exactamente.

    7) En definitiva, no veo por ningún lado cuáles son los “lapsus” que he cometido en mis anteriores mensajes, ni cuáles son las “debilidades” personales que se me achacan o los “errores” de mi argumentación. Por otro lado, estaría bien que Agustín nos aclarase quiénes son los “adeptos de la escuela tradicional” a los que se refiere y, en particular, cuáles son esos “ciertos sectores de la misma” en cuyas filas tan alegre y gratuitamente me sitúa. Y, por último, también sería sumamente instructivo que nos informase de qué “algo más” son “indicio” esos supuestos “descuidos” que no serían tales, a los que se refiere en la última línea de su mensaje.

    Hasta pronto.

    Comentario por Dr. Piedra — Viernes, 3 febrero, 2006 @ 1:17 pm |Responder

  2. Permitidme un par de preguntas.

    La primera hace referencia a la Tradición como fenómeno. Creo que estaremos todos de acuerdo en que Guénon considera la dimensión horizontal, es decir, institucional o histórica, como conditio sine qua non para aceptar como “válida” (el utiliza la palabra “ortodoxa”) una forma tradicional, tanto exo como esotérica, mientras que Corbin diluye la importancia de dicha dimensión horizontal hasta el punto de atribuirle un alcance preponderantemente (sino exclusivamente) social, del que el eje vertical, salvífico o metahistórico es prácticamente independiente. En este aspecto yo diría que ambas aproximaciones se contraponen, y creo que ahí estaría la parte más enjundiosa del debate; ¿qué punto de vista se aproxima más a la verdad?

    El segundo aspecto sobre el que me gustaría acotar una pregunta es el que sigue: en relación a la tradición Islámica, ¿es imprescindible la adhesión a una tariqat para poder considerarse un “iniciado” o existen otras vías iniciáticas tradicionalmente aceptadas? Me vienen a la cabeza los Malâmatiyya, por ejemplo, que aunque no recuerdo si pertenecen como tales a alguna tariqat, sí recuerdo que el propio Sulamî dice no se consideran sufíes, a los que, para más señas, desprecia.

    Por último os rogaría, si me lo permitís, que no tomaseis el debate como algo personal, ya que lamentaría que este medio sirviese de campo abonado para discusiones que entren en el terreno de la descalificación. Me gustaría que el tono se mantuviese distendido y jocoso, cosa que no creo reñida con un mínimo de rigor intelectual. Gracias, amigos.

    Comentario por Aspirante a domador — Lunes, 6 febrero, 2006 @ 9:56 am |Responder

  3. Queridos amigos: tenía escrito el siguiente comentario en respuesta al del Dr. Piedra, antes de leer el del Aspirante a domador. Por esa razón no hago referencia a este último en mi escrito. Me referiré a él en una próxima ocasión, pero de momento cuelgo lo que tenía escrito antes, insisto, de haber leído el del Aspirante a domador. Aquí va:

    Bueno, parece que el Doctor Piedra está un poco susceptible. No creo que mi mensaje justifique tan airada respuesta, pero, desde luego, no era mi intención molestarle y, si involuntariamente lo he hecho, no tengo el menor inconveniente en presentarle mis excusas.
    Quede claro, en todo caso, que ni he afirmado ni he pensado nunca que el doctor tergiversara mis palabras con pérfida intención. Sí creo que las malinterpretó sencillamente en virtud de ciertos hábitos mentales. Todos interpretamos un texto en función de la actitud mental con que nos acercamos a él; es decir, en función de nuestros pre-juicios. Nadie está libre de eso, aunque unos lo admiten y otros no. Por supuesto, también en mi comentario estaban presentes ciertos pre-juicios; una de las funciones más importantes de una conversación debería ser ―yo creo― hacernos recíprocamente conscientes de ellos. Eso exige una actitud de escucha y una voluntad de comprender al otro que, lamentablemente, no es fácil de alcanzar.
    En consecuencia, no recogeré el guante que me tira el Doctor Piedra. Espero que no se sienta decepcionado por ello. Puede el doctor tener la certeza de que no es desdén por sus palabras, sino la convicción de que no tiene sentido montar tormentas en un vaso de agua con lo que YO he dicho o dejado de decir, como si el futuro de la humanidad dependiera de nuestras palabras.
    No sólo creo que no hay nada de malo en comparar a Guénon con Corbin, sino que pienso que una comparación seria podría ser interesante, en la medida en que, pretendiendo ambos situarse en una línea de «esoterismo tradicional», tienen sin embargo actitudes contrastantes.
    Por ejemplo, en el asunto de las dimensiones histórica y metahistórica de la tradición, podría ser revelador el distinto énfasis que Guénon y Corbin ponen en una u otra, y que remite, a mi entender, a una diferencia en cuanto a la forma misma de entender lo que sea una tradición. Si a Guénon se le podría criticar una cierta tendencia a «burocratizar» y socializar la Tradición, a Corbin, de forma igualmente razonable, se le podría criticar, en sentido opuesto, una cierta tendencia a disolver toda tradición en un espiritualismo individualista. No digo que incurran o dejen de incurrir en esas tendencias, sino sólo que ésas son críticas que se han formulado, y que merecerían, en mi opinión, ser consideradas.
    Otro aspecto igualmente interesante, podría ser el concepto mismo de esoterismo, al que ambos se remiten pero con un sentido distinto. Estaríamos aquí ante dos concepciones de lo esotérico: la de Guénon, a la que algunos podrían considerar deudora de su institucionalismo y su pasado ocultista, y que tendría más que ver con la transmisión de «claves» e «influencias», y la de Corbin, que, con carácter más estrictamente noético, sería, para otros, un esoterismo meramente «natural» (según una expresión utilizada por Guénon) y un tanto ácrata o subjetivista. De ahí, que para el Doctor Piedra (espero que el doctor no se moleste por la alusión) y para la perspectiva guenoniana, el carácter esotérico parece venir fundamentalmente determinado por la vinculación con determinadas formas de organización, mientras que desde la perspectiva corbiniana lo único que determina el carácter esotérico o exotérico de un texto es el texto mismo, la «profundidad» de su contenido intelectual, su capacidad para poner de relieve niveles ocultos de significado correspondientes a otros tantos niveles de ser, por decirlo de algún modo.
    Otros muchos puntos se prodrían considerar en un análisis comparado. El problema es que desde el lado guenoniano, un diálogo real se me antoja extremadamente difícil, desde el momento en que se parte de un desequilibrio a priori: Guénon y Corbin no están ―se dice― en un mismo plano, y sus palabras no tienen la misma autoridad; en definitiva, y dejándose de eufemismos, Guénon tiene razón por definición, puesto que Guénon = Tradición = Verdad; Corbin, por el contrario, podrá tenerla sólo cuando sus propuestas no entren en contradicción con las de Guénon. Los guenonianos deberían entender que, o renuncian provisionalmente a esa pretensión, o una conversación desde estos presupuestos es sencillamente inviable, pues lo primero que desde una perspectiva corbiniana (en realidad desde cualquier perspectiva no-guenoniana) se pondría en cuestión es la validez misma de la ecuación citada. Es decir, ¿es Guénon lo que nos permite juzgar lo que es y lo que no es la Tradición, o es la Tradición la que nos permite juzgar a Guénon? En mi opinión, la mayoría de los guenonianos optan de palabra por lo segundo, pero de facto por lo primero. Ahora bien, desde una postura de superioridad se imparte enseñanza, pero no se dialoga; una «coraza impenetrable» sirve para pelear, no para hablar; con una «brújula infalible» (expresiones ambas que Vâlsan aplicó paradigmáticamente a Guénon) no se discute; de ahí que algunos guenonianos notorios hayan manifestado, no sin cierta coherencia, su desdén por cualquier tipo de debate.
    Otra dificultad habitual e importante en el diálogo sería la terminología. Guénon fijó una terminología estricta y precisa, para unos ajustada, para otros estrecha, que le era útil para los fines concretos que se proponía; ahora bien, puede haber quien no vea claro por qué la terminología y las categorías guenonianas deban ser las únicas válidas para referirse al esoterismo tradicional y a la metafísica. ¿Tiene los guenonianos algún derecho a exigir a sus interlocutores que utilicen el mismo lenguaje que ellos y a desautorizar a los demás por permitirse la osadía de utilizar un léxico distinto al utilizado por Guénon? Cualquier intento de diálogo exige una generosa apertura al lenguaje del interlocutor y un esfuerzo por entender lo que el otro pretende decir, renunciando a toda voluntad de ir a «pillar» al «contrario», buscando las vueltas a cada palabra o expresión.
    En el mismo orden de ideas, sería deseable renunciar a la tendencia a ver imposturas, conjuras perversas y actitudes maléficas múltiples en quienes no comparten todas las afirmaciones o posturas de Guénon. Aunque a algunos guenonianos les cueste creerlo, estoy en condiciones de asegurar que no estar de acuerdo con Guénon (o con quien asume sus posturas) no implica necesariamente ser un agente del Maligno o estar al servicio de Fuerzas Oscuras. No pretendo que todos los guenonianos piensen de este modo, pero no creo tampoco que se pueda negar que ésa ha sido una tendencia señalada en la perspectiva guenoniana.
    Éstos serían sólo algunos requisitos, pero no me quiero alargar enumerando más. Obviamente, también quienes asumen una postura más crítica ante Guénon deberían cumplir ciertas condiciones para hacer posible el diálogo. Por ejemplo, evitar la caricatura de algunos rasgos del pensamiento guenoniano, que, por su carácter en algún sentido radical, se prestan con facilidad a ser despojados de matices, y, sobre todo (actitud frecuente, a la que el Doctor Piedra alude con razón), evitar la identificación de Guénon con los guenonianos y, más particularmente, con ciertas tendencias del «guenonianismo» de las que en modo alguno se debería hacer responsable a Guénon. Desde el lado guenoniano se podrán, sin duda, señalar otras más en las que yo, en este momento, no reparo, pero que agradeceré me sean sugeridas por algún amigo “guenoniano”.
    En fin, que, para ser sincero, las posibilidades de un diálogo con sentido, dentro del contexto del esoterismo tradicional, entre guenonianos y no guenonianos me parecen aproximadamente las mismas que las que tenía la tortuga budista de acertar con el flotador… No obstante, si alguien lo quiere intentar, personalmente trataré de aportar mi granito de arena.
    Cordiales saludos.
    Agustín

    Comentario por Agustín — Lunes, 6 febrero, 2006 @ 4:30 pm |Responder

  4. Estoy de acuerdo, «Aspirante», con tu planteamiento respecto a Guénon y Corbin en tu punto 1, pero yo haría un matiz (no de disensión, sino de precisión) que me parece importante: lo que tú señalas como actitudes ante la tradición, no son posturas «teóricas» sino más bien actitudes «prácticas». Me explico. Así como Guénon afirma ocasionalmente la incuestionable preeminencia de la dimensión metahistórica de la Tradición sobre la dimensión histórica, Corbin, por su parte, afirma la necesidad de la coexistencia de exoterismo y esoterismo y la necesidad de la tradición en su dimensión «fáctica» o histórica. Así pues, la diferencia en cuanto a este punto no estaría tanto en las «declaraciones de principios» de uno y otro, sino en la actitud «práctica» que a lo largo de sus respectivas obras manifiestan. Tal vez podría decirse que tanto uno como otro se olvidan más o menos de esas declaraciones de principios para orientarse decididamente en los dos sentidos opuestos que tú señalas.

    Sin embargo, a tú pregunta: ¿cuál de los dos planteamientos se aproxima más a la verdad? no la acabo de ver. ¿Tiene sentido esa pregunta? ¿Es la verdad un dato del que se pueda estar siempre a distancias mensurables y comparables? ¿No implica eso una idea de la verdad espiritual más propia de las «verdades matemáticas»? La idea de que la realidad es algo semejante a un sistema matemático de ecuaciones precisas y exactas con una solución única y válida me parece una de las consecuencias más negativas que se deducen de la perspectiva guenoniana. Esto no implica que todo valga ni que haya que aceptar un relativismo absoluto; implica simplemente que la verdad espiritual es tan distinta de la verdad matemática como la unidad metafísica lo es respecto de la unidad aritmética.

    Volviendo al tema: la dimensión histórica de la tradición con todos sus mecanismos operativos es probablemente esencial desde un punto de vista colectivo para que la tradición no se pierda. Desdeñar la dimensión histórica podría ser condenar a la colectividad a quedarse sin una guía clara de orientación. Pero la dimensión metahistórica es ―al menos, según Corbin― lo único que puede salvar a la tradición de convertirse en tradicionalismo, a la Ley de convertirse en legalismo, lo único que, en definitiva, puede salvar a la persona como tal de quedar encerrada en el plano de lo religioso socializado.

    En cuanto a tu punto 2, yo te preguntaría primero qué entiendes por «tradición islámica». Para Guénon el chiismo era simplemente una heterodoxia, lo que, de hecho, era tanto como excluirlo de su particular idea de «Tradición». Para Corbin, por el contrario, la gnosis chiita, como vía espiritual diferente al sufismo, es la quintaesencia de la tradición islámica, su verdadero núcleo esotérico. Schuon adoptará una postura digamos «intermedia», aceptando la legitimidad del chiismo. Hossein Nasr, compartiendo la perspectiva llamada «tradicional», y conociendo el islam persa mejor que Guénon o Schuon, entra más detalladamente en el asunto y se acerca a la postura de Corbin (o, tal vez mejor: se aleja de la de Guénon) en muchos aspectos. Hay un trabajo de Hossein Nasr que, aunque discutible, en mi opinión, por su tendencia a enfatizar las concordancias e infravolarar las discrepancias (característica de todos los seguidores del «pensamiento tradicional»), me parece claro y muy interesante sobre las relaciones entre sufismo y chiismo y puede iluminar algunas de las cuestiones planteadas. Me refiero a: «Shi’ismo y sufismo», en Sufismo vivo, Herder, Barcelona, 1985, pp. 131-152 (agotado, se puede consultar también en webislam) y del que transcribo aquí un párrafo en el que Nasr daría una respuesta concreta a tu pregunta en lo que atañe a Persia:

    «Actualmente en el mundo shi’í y particularmente en la Persia shi’í se pueden distinguir tres grupos de gnósticos y místicos: 1) los que pertenecen a órdenes sufíes regulares, como la Ni’matullâhî y la Dhahabi, y que siguen un camino muy similar al de los sufíes en el mundo sunní; 2) los que también han tenido un maestro espiritual en particular y han recibido una iniciación regular, pero cuyo maestro y los que le precedieron no constituyen una orden sufí organizada e «institucionalizada», con una silsilah abiertamente declarada y un centro establecido o khâniqâh; 3) por último aquellos que claramente han recibido una inspiración gnóstica y mística, tienen visiones auténticas (mushâhadah) y experimentan estados espirituales (ahwâl), pero no poseen un maestro humano. De este último grupo, algunos son Uwaysîs, otros pertenecen a la línea de Khadir o Khidr en persa, y la mayoría alcanza el contacto espiritual con el Imâm, quien también es el guía espiritual interior. El desbordamiento del esoterismo en el shi’ísmo incluso en los aspectos más exteriores de la religión ha hecho que este tercer tipo de posibilidad sea más corriente aquí que en el Islam sunní. De hecho, algunos de los grandes teósofos y gnósticos que han alcanzado claramente el estado de visión espiritual, como lo atestiguan sus obras, pertenecen a esta última categoría y quizá también a la segunda porque también, en este caso, es muy difícil discernir el linaje espiritual exteriormente».

    Naturalmente, el mapa espiritual queda mucho más claro, más despejado, más nítido, más fácil de entender, si pensamos que la única espiritualidad legítima del islam es el sufismo y descalificamos a priori a quienes no se ajustan a las ordenanzas. La cuestión es si eso, aparte de ser, sin duda, mucho más cómodo para el observador, es o no es real. Termino con otra frase que saco del mismo trabajo de Nasr: «El fruto está ahí para probar que el árbol tiene sus raíces en un suelo que lo nutre; y el fruto espiritual sólo puede darlo un árbol cuyas raíces se hunden en una verdad revelada». En definitiva, «por los frutos los conoceréis». Y no por el carnet de identidad.

    Comentario por Agustín — Sábado, 11 febrero, 2006 @ 9:12 am |Responder

  5. […] Para evitar que el tema quede entrerrado en las profundidades del blog, continúo aquí con la conversación suscitada en el post “A propósito de la “Naturaleza” de la Tradición”. […]

    Pingback por Cabalgando al Tigre » A vueltas con la Tradición — Martes, 14 febrero, 2006 @ 9:13 am |Responder


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